Arstemplum.digital El templo de la formación - Vocationem doccere


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“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICO MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

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Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  LA FANTÁSTICA "LEYENDA" DEL SANTO GRIAL.

 ¿Qué será lo que tenemos que buscar?

"En País lejano, inaccesible a vuestros pasos,

había un castillo de nombre Monsalvado;

un luminoso templo se alza allí en el medio,

así precioso, cual nada semejante se conoce en la tierra. 

Y en él una copa de milagrosa virtud,

se guarda como la más sagrada de las reliquias:

ella fue para que los más puros entre los hombres la cuidasen,

en tierra por una formación de ángeles llevada;

cada año desciende del cielo una paloma,

para dar nueva fuerza a su milagrosa virtud: 

ese es el Grial; y beata purísima fe

para Él se comparte a toda su corte.

Quien entonces es elegido para servir el Grial,

a este Él suministra un sobrehumano poder;

en contra de Él se pierde el engaño de todo malvado; 

cuando Él Lo contempla, se le disipa la noche de la muerte.

 También quien del Grial es en lejano País enviado,  

y elegido a campeón a defensa de la virtud, 

no es por cierto despojado de su santa fuerza,

hasta que como su caballero allí no sea reconocido.

De tal augusta naturaleza en efecto es la virtud del Grial,

que, descubierto… Él debe huir de los ojos de los profanos. 

Y por ello ninguna duda debéis nutrir acerca de su caballero;

pero si los reconocéis… entonces se debe de ustedes partir…

¡Ahora oíd, como yo recompenso la vedada pregunta! 

Del Grial fui yo entonces cerca de ustedes mandado: 

Parsifal mi padre lleva su corona, 

Y su caballero yo soy… llamado Lohengrin". 

Tercer Acto, Escena Tercera del Lohengrin de Richard Wagner, 1847.


"El Grial, tallado en la esmeralda de setenta y dos facetas despegado de la frente de Lucifer durante la caída, perdido por Adán, recuperado por Set y extraviado de nuevo, fue salvado durante el diluvio por Noé y sucesivamente fue utilizado por Melchisedek para bendecir Abraham y Sara".


Diversa leyendas, frecuentemente contradictorias, narran que un barco, sobre el que viajaban muchos seguidores de Jesús de Nazaret, en fuga de la Palestina: María Magdalena, María Salomé (madre de Juan y Santiago), María Jacob (hermana de la madre de Jesús y madre de Santiago el Menor y Tadeo), Marta y su hermano Lázaro, Maximino y Sidonio (el ciego de Jericó) además de Sara (¿sierva o princesa?), convertida en la patrona de los gitanos. Aproaron en un campo romano, anteriormente Gallo:

“Oppidum Rá”, hoy Le Saintes Maries de la Mer, capital de La Camargue. María Magdalena desembarcó con un hijo de Jesús, estableciendo así una dinastía mesiánica. Desde este punto de vista el Santo Grial sería una copa que recoge la sangre de Cristo. La conversión de la palabra santo grial en sangreal  (sangre real), identifica la genealogía de los descendientes de Jesús (linaje de David), hasta hoy. Tras las primeras persecuciones en la patria fue aquí que estos personajes llevaron el credo cristiano. Aconteció esto, en el ‘48. Mientras Magdalena se habría dirigido hacia Sainte Beaume , Lázaro a Marsella, Marta a Tarascón, María Salomé, María Jacob y Sara se abrían establecido cerca del oppidum evangelizando la región.

Según el "Codex Askewianus" (más conocido como "Pistis Sophia"), tras la resurrección, Cristo, al fin de instruir a los apóstoles sobre los misterios, se entretuvo en la tierra once años. Como otros evangelios gnósticos de entonces, este contiene una supuesta “revelación secreta” de Jesús resucitado a los discípulos reunidos en asamblea (incluidas cuatro mujeres: María Magdalena, Salomé, la Virgen y Marta). Durante estos once años, como se indica en el primer capítulo de la obra, Jesús habría llevado a sus discípulos solo hasta un cierto nivel de conocimiento, para llevarlos posteriormente a grados superiores de conocimiento, describiendo que la transmisión de un conocimiento (gnosis), superior, le requirió (a Jesús), la ascensión al cielo con la relativa transfiguración. Una famosa versión de esta historia se encuentra en la "Leyenda Áurea" de  Jacobo de Varazze (siglo XIII). La primera citación referente al habitado gallo se remonta al siglo I, por parte del poeta y geógrafo Festo Avieno que señalaba un oppidum priscum Ra , una antigua fortaleza dedicada a Ra, el dios egipcio, posiblemente en una isla del delta cenagoso del Ródano. En era cristiana se habría traducido como “ratis”, o sea “barcaza” o “islote”. De aquí, el antiguo nombre de Notre Dame de Ratis, luego Notre Dame de Radeau (islote), y por fin Notre Dame de la Mer. El origen del título “Estrella del Mar”, dado a la Virgen María, estaría en los versículos del Primer Libro de los Reyes 18,41-45. Sobre esta base, San Jerónimo, San Isidoro de Sevilla, Alcuino, Pascasio Radberto y Rabano Mauro, habrían animado el uso de este título. La leyenda quiere también que las ciénagas de Camargue estuvieran habitadas por el terrible monstruo “La Tarrasque”, que se pasaba el tiempo aterrorizando a la población. Santa Marta, solo con las plegarias, lo hizo achicar a un tamaño tan pequeño de convertirlo en inofensivo, y lo condujo a la ciudad de Tarrascón. Desde hace varios siglos la Iglesia de las Santas Marías es una etapa del peregrinaje a Santiago de Compostela. La Estrella Maris o Virgen del Mar es La Kundalini, que según los alquimistas medievales representa la correspondencia astral del esperma sagrado. 

“En su aspecto psicológico, en la anatomía oculta del ser humano, La Kundalini se encuentra enroscada tres veces y medio dentro de un cierto centro magnético ubicado en el hueso coccígeo.

En el centro de aquel chakra existe un triángulo hembra o Yoni, donde se establece un Lingam  macho. En este Lingam anatómico o mágico que representa el poder creador sexual de Brama, se enrolla la sublime serpiente Kundalini…

 …El poder hipnótico de la serpiente descendente mantiene la humanidad sumergida en la inconciencia. Solo la serpiente ascendente por oposición, nos puede despertar. Esta verdad es un axioma de la Sabiduría Hermética. Ahora comprenderemos mejor el  profundo significado de la sagrada palabra: Kundalini.

 La voluntad sagrada está siempre representada por la Mujer Sacra, María, Isis, que aplasta la cabeza de la serpiente descendente…

 …Es la Doble Serpiente del Caduceo de Mercurio, es la serpiente tentadora del Edén;  pero es también, sin la menor duda, la Serpiente de Cobre de Moisés, entrelazada en el TAU, o sea en el Lingam generador.

 Es el Macho Cabrío del Sabbath y el Bephonet de los Templarios gnósticos; l’Hyle del gnosticismo universal; la doble cola de serpiente que forma las garras del Gallo Solar de los Abraxas.

En el Lingam Negro ebutido en el Yoni metálico, símbolo del dios Shiva, la divinidad hindú, se encuentra la llave secreta para el despertar y desarrollar la serpiente ascendente o Kundalini, a condición de no derramar Jamás en la vida el vaso de Hermes Trimegisto, el tres veces grande dios Ibis de Coth.” 

Abraham, nacido en Ur, la ciudad mesopotámica donde el diluvio universal se narra ya en la Epopeya de Gilgamesh por boca de Utnapishtim, de vuelta de la guerra contra los reyes de Sodoma y Gomorra, en una fortaleza encuentra a Melkisedék, el Genio de la tierra. Celebra en su presencia la unción gnóstica del "cum panis et vini" y recibe de él, el vaso de Hermes, el Santo Grial.

"Noé y Nir le miraron mucho, diciendo: “Esto (llega) del Señor, hermano mío.” Y pronto el sello del sacerdocio (era) sobre su pecho y (era) de aspecto glorioso. Noé dijo a  Nir. “Hermano, ya el Señor renueva la demora de la santificación después de nosotros.”  Nir y Noé se apresuraron y bañaron el infante y lo revistieron con las vestes del sacerdocio. Nir le dio los paños benditos y él comió. Y lo llamaron con el nombre de  Mellkisedék".

La figura de Melkisedék representa, probablemente, el más complejo enigma del Viejo y, sobre todo, del Nuevo Testamento. 

“Tú eres sacerdote en eterno según el orden de  Mellkisedék.” 

(Hebreos 5:6).

“Este Melkisedék, rey de Salém, era sacerdote del Dios altísimo. Él se acercó a Abraham, mientras que este volvía tras haber derrotado a unos reyes, y lo bendeció. Y  Abraham les dio un décima de cada cosa. Él es antes de todo, traduciendo su nombre, Rey de justicia; y pues también rey de Salém, es decir Rey de paz. No tiene padre, ni madre, sin genealogía, sin inicio ni fin de vida, similar entonces al Hijo de Dios. Este  Melkisedék se queda sacerdote en eterno.” 

Hebreos 7:1).

“Hay que notar que la palabra “Salém”, en contra de la opinión común, en realidad nunca ha designado una ciudad, sino que, si se toma como nombre simbólico de la residencia de “Melki-Tsedek”, puede considerarse como un equivalente del termino “Agarttha”.

De todos modos es un error ver en ella el nombre primitivo de Jerusalén, porqué aquel nombre era “Jebus”; al contrario, si el nombre de Jerusalén fue dado a aquella ciudad cuando allí los hebreos fundaron un centro espiritual, fue para indicar que de aquel momento ella era como una imagen visible de la verdadera “Salém”; es necesario observar que el Templo fue edificado por Salomón cuyo nombre (“Shlomoh”), derivado el también da “Salém”, significa el “Pacifico.”

Aquí se pierden de momento las huellas de la copa, alegoría de lo Yoni femenino que contiene “el néctar de la inmortalidad, el Soma de los místicos, la suprema bebida de los Dioses Santos.” 

La pista se reanuda con la mediación de la Reina de Saba, presunta amante del Rey Salomón.

Según la Biblia, la homónima reina de la tierra de Saba vino a conocimiento de la gran sabiduría del rey de Israel Salomón, y se puso en viaje hacia su tierra llevando consigo como dones: especias, oro y piedras preciosa (1 Rey 10,1-13;2 Crónicas 9,1-12). La preciosísima copa fue probablemente consignada, junto con 4,5 toneladas de oro, al tercer rey de Israel, sucesor de Rey David y conservada en su palacio, en cuyos parajes inútilmente la fueron buscando los caballeros cruzados. El Templo de Salomón fue destruido por el babilónico Nabucodonosor II en el 586 a.C. 

Se puede presumir que la santa copa viajo junto con los hebreos exiliados en Babilonia y luego devuelta de nuevo desde donde había llegado. El Segundo Templo se completó en el 515 a.C., tras el exilio babilónico, así como cuenta el Libro de Neemia, y destruido en el 70 d.C. por el general romano Tito. Según fuentes rabínicas de la Tora Oral, el Templo fue destruido 420 años tras su construcción. Admitiendo que allí hubiera sido redepositada la reliquia, cayó entonces en las manos de los invasores romanos. Herodes el Grande, a partir del 19 a.C., realizó un ampliación importante del Segundo Templo; por esta razón el Templo de Jerusalén desde aquella fecha viene también llamado Templo de Herodes. En el año ’46 Herodes, segundo hijo de Antipater , gobernó Galilea por orden de Caesar.

Herodes residía en el palacio de la capital galilaica Tiberiade, situada cerca del lago de Jenezarét, antes de la ampliación del palacio de Jerusalén, donde con toda probabilidad se custodiaba el tesoro sustraído y las armas. Podría tratarse también del palacio de los Asmonei, cuya ubicación relativamente cierta sería el centro de la Ciudad Santa, un poco más a occidente con respeto al templo.

“Había de la misma manera un tal Judas, hijo de Ezequías, aquel temible caudillo de los bandoleros que precedentemente Herodes no consiguió detener tras las mayores dificultades. Este Judas reunió en las cercanías de Sepphoris, en Galilea, un tropa de desesperados y llevó a cabo una incursión en el palacio real. Se apoderó de todas las armas que allí se encontraban, equipó con ellas todos los que lo rodeaban y se llevó todas las riquezas que habían recogido en dicho lugar.” 

(Flavius Josephus, Antigüedades Judaicas, XVII,10).

Según Aberlain, aquel “bandolero”, es decir Ezequía, era el jefe de estirpe real, un “hijo de David”. Un “rey en potencia que ya había recibido la unción y su bandolerismo era, de echo, la manifestación de la resistencia judía.” 

El saqueador del palacio, hijo de Ezequía y por ende rey también ¿encontró en el botín el Santo Grial? ¿Podría él, Judas de Gamála, haberlo consignado en las manos de su hijo, también rey de Israel, descendiente de la estirpe de David ben Yeshay, el Gran Kabír Jesús el Cristo? Jesús bebió de esta copa en la sagrada ceremonia de la última cena y José de Arimatea la llenó con la sangre que emanaba de sus heridas en el monte Calvario.

Volviendo a nuestra increíble tripulación de las “Santas Marías”, “casualidad” manda que el propietario y comandante de la embarcación se llamase José de Arimatea, propietario también del sepulcro donde fue depuesto el cuerpo de Jesús tras la crucifixión (Mateo, 27,57-61). El cual, José, había sido encarcelado por los judíos, acusado de haber sustraído el cuerpo y robado varias pertenencias suyas, y seguidamente librado. “Por lo tanto es evidente que el seudo pueblo de Arimatia, inexistente en la época de  Jesús, forma su nombre basándose en un barbarismo trivial que reposa en el hebreo har’math, que significa tanto un cementerio como una sepultura.

En una palabra, José de Arimatea es José el sepulturero, el guardián del cementerio, si Jesús fue inhumado en la necrópolis ritual de Los Olivos (sureste de Jerusalém), o el  guardián de la fosa infame si fue inhumado en el Gólgota. 

(R. Ambelain, Ob. Cit.).

Nuestro “enterrador” desembarcó el también en Oppidum Ra, y desde allí podemos seguir por lo menos tres versiones principales de la continuación de la leyenda: la española, la francesa y la británico-americana.

✠ ESPAÑA: 

Arimatea continuó su viaje por mar inspirado por la aparición en sueños de un ángel que le ordenó sepultar el cáliz en un templo ubicado en Montserrat, Cataluña, España. El monasterio es el centro de la leyenda del Sacro Grial: en la ópera de Wolfram von Eschembach, el Grial fue puesto a salvo en el castillo de Munsalvaeshe (mon salvationis), o Montsalvat, al cuidado de Titurel, el primer rey del Grial. Algunos han identificado el castillo con el monasterio de Montserrat; Richard Wagner dice en su Parsifal que Montsalvat está: “en las montañas del norte de España.” En 1940 el comandante de las SS Himmler, hizo una breve visita al monasterio para pedir datos sobre la posibilidad que allí fuese custodiado el Grial. Esta leyenda no encuentra tradición en Montserrat; la tradición hispánica del Grial lo sitúa en el monasterio de San Juan de la Peña (Huesca), y sucesivamente en el palacio de Barcelona y finalmente en la catedral de Valencia, donde se halla actualmente.

✠  FRANCIA:

Después de que los soldados del emperador Tito saquearan y destruyeran el Templo de Jerusalén en el 70 d.C., el botín, el tesoro del Templo de Salomón fue trasladado a Roma, donde se quedó por más de tres siglos, hasta que el Imperio empezó a desmigarse. En 410 los Visigodos, bajo el mando de Alárico, saquean Roma, tomando “El Tesoro del Templo”.Dos años después desembarcan en la costa meridional de la Galia. Tras la llegada de los Visigodos a Rennes hubo dos siglos de relativa estabilidad, hasta que en el siglo IV vinieron del Norte los Merovingios, que extendieron sus dominios sobre el reino visigodo. Estos invasores eran portadores de una sofisticada cultura y sepultaban sus gobernantes con joyas y tesoros. Uno de estos reyes, Dagoberto II, casó en Rennes-le-Chateau con la  princesa visigoda Giselle de Razas. Sobra decir que la legendaria riqueza de los Merovingios, bien documentada por la arqueología, ha dado vida a fabulosas historias de tesoros aún sin descubrir en la región de Rennes. Entre ellos "la preciosa copa". Otra versión que reconduce al mismo lugar de Francia es aquella de los Caballeros Templarios de los cuales se decía que hubiesen dirigido las excavaciones en el interior del monte del Templo de Jerusalén y que hallaron el Grial que ocultaron en su vuelta en la región de Rennes-le-Chateau. 

Nos desplazamos en 1885, precisamente el primero de junio, cuando se convirtió en curado de Rennes-le-Chateau, Berenguér Sauniére. Un curado muy particular, interesado por los fenómenos exotéricos. La iglesia estaba casi destruida y completamente por reestructurar. Iniciaron las obras de la pavimentación; unos obreros encontraron en una cazuela, “cosas que destellaban. ”Sauniére dijo que solo eran medallitas de la Virgen de Lourdes sin valor, pero regaló el mismo año al abad Grassaud un cáliz esplendido, de plata dorada, con símbolos de los Cuatro Evangelistas y una figura de mujer más arriba...” 

El Priorato de Sión empezó a producir, entre 1964 y 1967, toda una serie de documentos, bajo el nombre de <Dossiers secretos de Henri Lobineau>, a menudo de distribución limitada y publicados en ediciones privadas. Los argumentos de estas cartas eran de lo más genéricos, pero en todos ellos estaban insertadas referencias, más o menos explicitas, de un presunto pasado milenario del Priorato; muchos de estos documentos además conectaban este oscuro pasado con el misterio del curado Berenguér Sauniére. Los documentos fueron depositados en la Biblioteca Nacional de París bajo varios seudónimos.

Y más o menos del mismo periodo es la publicación de "Le tresór maudit" (1967), una novela best-seller escrita por Gerad de Séde en el cual se afirma que el abad Sauniére habría encontrado unos misteriosos pergaminos indicantes de un tesoro del que procederían sus misteriosas riquezas.

La notoriedad del Priorato de Sión se iniciará precisamente en el periodo en que Pierre Plantard entra en contacto con Gerard de Séde, ya escrito enr un libro sobre la historia de la ciudad de Grisos: <Los templarios están entre nosotros> (1962).

Este encuentro determinará la publicación de un sucesivo libro de De Sede, El oro de Rennes (1967), que constituirá la base del best-seller de Dan Brown: El código da Vinci.

 En el libro se cuenta el hallazgo, por parte de Sauniére, de unos pergaminos compuestos  por algunos testimonios.

 En realidad, los pergaminos reproducidos en el libro del de Séde habían sido redactados  por el marques Felipe de Chérisey (1923 – 1985), humorista de la radio francesa y actor (bajo el nombre de Amédée), amigo de Plantard que en 1979 declararó: <Les parchemins ont été fabriques par moi, dont j’ai pris le texte en oncéale à la Bibliothèque Nationale sur l’auvre de Dom Cabrol, l’Archéologie chrétienne> (Los  pergaminos han sido fabricado por mi tomando el texto en gótico de la obra de Dom Cabrol en la Biblioteca Nacional).

El mensaje escondido en los pergaminos hacía referencia a un tesoro que pertenecía a Sión (entonces al Priorato), y a Dagoberto II y a alguien que había <muerto allí> (en Rennes-le-Chateau).

 El personaje que habría muerto en Rennes era, según Plantard, Sigisberto IV. Presunto hijo de Dagoberto que históricamente se considera fallecido muy joven y sin hijos junto con el padre, mientras que en el cuento de Plantard se convierte sin embargo en el anillo de conjunción entre los Merovingios y los señores de Rennes, de los cuales, a su vez, el afirmaba descender.

Rennes-le-Chateau se encuentra justo en el medio del epicentro geográfico, donde nos conducen las infatigables búsquedas del Grial:

Languedoc. 

Las tierras comprendidas entre los confines del contado de Toulouse, los vizcondados de Carcassone, Bézier y Álbi, el vizcondado de Narbonne y el condado de Foix. Esta tierra poco distante de la región de La Camargue y entonces de Le Sanintes Maries de la Mer o

Oppidum Rá. 

Es la tierra donde se implanta la Iglesia de los "bons hommes", es decir donde se atestigua la presencia de los Cataros ya en el siglo XI. Que el Grial estuviese en manos de los Templarios y sobre todo de los Cataros es tesis sostenida por Otto Rahn.

Desde su juventud se interesó en la busqueda del Santo Grial, sosteniendo que los Cataros lo hubiesen conservado en Montsegur, la última fortaleza catara en caer en las manos de la Inquisición durante la cruzada albigense. En 1929 se realizaron varias investigaciones arqueológicas en Provenza y Languedoc, donde se supone se que desarrolla la leyenda de Parsifal, que creyó ser esencialmente alineada a la historia de los Cataros. Montsegur, Monsalvat (Munsalvaesche), y Montserrat es probablemente el mismo lugar, o sea Montsegur. La confusión con Montserrat se crea por Wagner que dice a su Parsifal que Montsalvat está “en las montañas del Norte de España.” La Ocitania francesa efectivamente formó parte ya en 1910 del Contado de Barcelona y más tardes de la Corona de Aragón, ello ha engendrado la confusión.

René Guenon en su “El Rey del Mundo” nos habla de este sitio:

“Pues hay un símbolo que se conecta a otro aspecto de la leyenda del Grial, y merece de especial atención: aquello del <Montsalvat> (literalmente “Monte de la salvación”), el pico situado <en los lejanos confines donde ningún mortal se aproxima>, representado como surgente del mar, en una región inaccesible y detrás del cual se elevaría el sol. Es al mismo tiempo <la isla sagrada> y la <montaña polar>, dos símbolos equivalentes de los cuales volveremos a hablar más adelante; es la <Tierra de inmortalidad>, que se identifica naturalmente con el Paraíso terrenal.” 

En 1244 cae la fortaleza de Montsegur decretando el fin del Catarismo. Doscientos veinticinco cataros fueron quemados en la hoguera. Aquello que deja un misterio es la relación Cataros y Caballeros  Templarios, ambos guiados por una visión gnóstico-maniquea procedentede Oriente, ambos residentes en la misma zona, ambos perseguidos al mismo tiempo, pero que no parecen tener puntos de contacto relevantes. Han circulado últimamente en la Red (www), falsos documentos que han traído el engaño por varios ciberautores.

Reenviamos al lector a los estudios de Michel Roquebert y de Edmond Bergheaud, además de aquellos de Alessandro Lorenzoni.

No podemos resistirnos, a mero titulo informativo, de establecer una cronología comparativa de los principales eventos históricos que interesan... Cataros y Templarios:

✠ 1118 – Hugues de Payns crea la Orden del Templo. 

✠ 1131 – Alfonso de Aragón, El Batallador, muere dejando su reino a las órdenes de la Orden del Templo. 

✠ 1167 – Primer concilio de la Iglesia Catara en St. Felix (Languedoc). 

✠ 1206 - Domenico de Guzmán inicia su predicación en contra de los Cataros en Languedoc. 

✠ 1208 - El Papa Inocencio III llama a la cruzada en contra de los Cataros Albigenses. 

✠ 1209 - Comienza al cruzada albigense (contra los Cataros de Languedoc). 

✠ 1244 - Toma de Montsegur. 

✠ 1255 - Última intervención armada y final de las revueltas cataras. 

✠ 1307 - Felipe IV El Hermoso, rey de Francia, decide suprimir la Orden de los Caballeros Templarios. En un solo día por orden del inquisidor de Francia, Guillermo Imbert, y del consejero del Rey, Nogaret, son detenidos todos los Caballeros Templarios de Francia.

✠ 1312 - En el Concilio de Viena, el Papa Clemente V, condicionado por Felipe IV El Hermoso, rey de Francia suprime la Orden. 

✠ 1314 - El último Maestre de los Caballeros Templarios, Jaques de Molay, por haberse retractado de las confesiones que se le habían obligado bajo torturas insoportables, es quemado vivo en París junto con Geoffroy de Charnay.

✠ 1321 - Muere en la Hoguera Guillermo Belibasta, último “perfecto” cátaro de Languedoc.

Alfonso I en 1131 asedió Bayonne, donde redactó el testamento que dejaba todos sus reinos a la Orden del Templo del Santo Sepulcro y que conquistó tras un año de sitio. Bayonne es Gascuña o País Vasco Francés, en aquel entonces Condado de Equitania, en el Camino Primitivo a Santiago de Compostela hacia St.Jean Pied de Port. Territorios estos pertenecientes, junto con Languedoc de la llamada Occitania. La Occitania, según algunos autores, caso emblemático de nación-nonación o nación prohibida (es decir existente como realidad que va más allá de los estados legalmente constituidos que su territorio atraviesa), comprende el sur de Francia (hasta el límite del Macizo Central), parte de España (Val d’Arán y zonas circunscritas de Cataluña), incluyendo las regiones de Languedoc y Roussillon, que inicialmente fueron demarcaciones administrativas del Imperio Carolingio. El Rey de Francia Felipe El Hermoso, durante un consistorio en Poitiers el 28 de mayo de 1308, afirmó reinar sobre dos naciones, una de lengua gala y otra de lengua occitana; y todavía en 1381 Carlos VI de Francia observa: “Quas in nostro Regno occupare solebar tam in linguae Occitanaequam Ouytanae.” A pesar de las “demostraciones” de Maurice-René Maziéres, los misteriosos hallazgos de Rennes-le Chateau, las leyendas sobre Rennes-les-Bains y sobre Le Bezú, o Blanchefort, o Lavaldieu; todas localidades limítrofes a Montsegur, están fuertemente puestas en duda por los testimonios documentales conservados hoy en los archivos del Templo de Douzens y de Mas Déu, y entonces la misma presencia de los mismos Templarios en Languedoc y todavía más sus relaciones con los Cataros.

“…El echo de que un templario fuese también el señor de Reddas o de Alberdun no prueba en absoluto que en Reddas o en Albendun hubieras Encomiendas. Esto es lo que los exegetas modernos no comprenden, quizás más por obstinación que por incapacidad. Nunca fueron los Templarios en ir a los señoritos, al contrario eran precisamente estos señoritos que se desplazaban hacia el Templo. Los papeles demuestran que los Templarios nunca se establecieron en Bezú o en Rennes, sino que Petri y Boneti de Reddas, además de Bernard Sesmundi, se movieron hacia aquellos que se habrían convertidos en vida, o tras la muerte, en sus hermanos.

“También está la presunción según la cual los Templarios dieron asilo a los “buenos hombres” cataros nos parece algo sospechosa., y nos hace pensar que podríamos estar frente a la enésima tradición mistificadora, porqué fueron los Hospitalarios, gracias a lazos muy  fuertes con las familias de la zona, en dar su apoyo indirecto a la resistencia en contra de los cruzados. Por otra parte, la confusa amalgama entre Hospitalarios y Templarios y entre Monjes Guerreros y Ordenes Religiosas de otro género es cosa bastante común en el imaginario colectivo. Entonces, si tal vez hubo una presencia catara en la Orden del Templo, esto se explica simplemente con el hecho objetivo que el Templo encontraba nuevos adeptos en primer lugar entre la pequeña y mediana nobleza. En el Midi, y sobretodo en la región de Albi, la probabilidad de que un señorito local o un noble fuesen cataros o adherido al catarismo era muy alta. Pero hay que subrayar que los templarios sostuvieron a los señores del norte durante la cruzada albigense y, cosa aún más importante, si la Orden se corrompió por la presencia catara, nada autoriza a opinar que los Templarios fuesen los únicos en reclutar en sus filas a algunos herejes. En suma: atribuir una cierta exclusividad a los Templarios en el fenómeno de reclutamiento de herejes, nos parece, no solamente anti histórico, sino dictado más que otra cosa por fútiles sofismas y  paralelismos (a escoger entre las dos posibilidades…). 

✠ GRAN BRETAÑA Y AMERICA: El simbolismo del que habla Guenón en relación con Montsalvat, la “isla sagrada” y la “montaña polar”, son reconocibles en la leyenda bretona de la Isla de Avalon. Lugar mágico, la Isla de Avalon (Glastorbury Tor), según la leyenda de Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda. Se establece así de nuevo la conexión caballeresca real que vincula el Santo Grial con los Caballeros Templarios. Glastorbury Tor es una colina cerca de Glastorbury, en el condado de Somerset, Inglaterra; en la cumbre del cerro se encuentra la Torre de San Miguel. A partir de comienzo del siglo XI, tomó cuerpo la tradición según la cual Arturo fue sepultado en la Glastorbury Tor, que antaño estaba rodeada de agua, precisamente como una isla. Famosa por sus bellas manzanas, desde luego, su nombre, literalmente quisiera decir Isla de las Manzanas (también si según algunas teorías, lapalabra “avalón” podría ser una transliteración inglesa del término celta Annwyn, es decir reino de las hadas o Neverworld). La isla de Nunca-jamás de Peter Pan. El primer documento escrito que nos habla de Avalon asignándole el significado de Isla de las Manzanas se encuentra en “Historia Regnum Britanniae” de Gofredo de Monmouth; esta es la traducción más probable, visto que en bretón y en crónico el término utilizado para indicar manzana, es Aval, mientras en galés es Áfal, pronunciado aval. Además el concepto de un “isla de los beatos”, ubicada en el extremo occidental (el lugar del tramonto), está presente también en otro lugar en la mitología europea, especialmente en el Tir na nÓg y en el mito de las griegas Hespérides (famosas ellas también por sus manzanas). En 1892 allí se hallaron los restos de un antiguo asentamiento de la edad del hierro.

En la misma zona se encuentra Stonhenge cerca de Amesbury en Wiltshire. Wiliam Blake, poeta místico inglés, creía en la profecía Biblica de la “Nueva Jerusalén” según la cual una nueva era hubiera dado inicio a “Engelland” (la “Tierra de los Ángeles”, nombre que con el tiempo setransformó en “England”), irradiándose desde el “Templo de los druidas”de Stonehenge y Avebury. Otro sitio señalado en aquella que llamaremos: “Geografía Sacra”. Directamente conexa con la visión de la “Nueva Jerusalén” es Glastobury (definida la “Tierra Santa” de Inglaterra). También Glastombury como Avebury está situada sobre una de las antiguas Ley Lines (líneas de energía). Según otra teorías, (sin fuentes), Avalon sería l’Ile Aval o Daval, en la costa de la Bretaña, o Burgh-by-Sands nel Cumberland, que en el tiempo de los romanos era la fortaleza de Aballava, a lo largo del Valle de Adriano, y cerca de Camboglanna, por encima del río Edén, ahora Castlesteads. Por una coincidencia el sitio de la última batalla de Arturo se llamaría Camlan. Por otros Avalon se debería ubicar sobre el Monte de San Miguel, en Cornualles, que se encuentra cerca de otras localidades asociadas con las leyendas artúricas. Este monte es en realidad una isla que se puede alcanzar cuando hay baja marea. La cuestión es confusa por leyendas similares y topónimos presentes en Bretaña. La Isla de Avalon era llamada también “Inis witrin” (isla de cristal) por la abundancia de guado, planta que esfuma sobre el azul y que los guerreros celtas usaban para teñirse el rostro antes de la batalla.

Según algunas leyendas (ved el poeta Robert de Boron), Avalón sería el lugar visitado por Jesús y José de Arimatea y aquel donde, precisamente José de Arimatea, después de haber recogido la sangre de Cristo en una copa de madera (el Santo Grial), se refugió en el año sesenta y tres, fundando también la primera iglesia de la Bretaña. Aquí el Grial vino custodiado y utilizado como cáliz durante la celebración de la misa, de la cual participaba la comunidad entera. Probablemente José no estaba solo, sino acompañado por Nicodemo, el discípulo que le había ayudado a bajar el cuerpo de Cristo en el Golgota:

“Nicodemo, que anteriormente había ido con Jesús de noche, vino el también, llevando una mixtura de mirra y de aloe de cerca de cien libras. Ellos entonces cogieron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en fajas con los aromas, según la manera de sepultar en uso por los judíos. En el lugar donde Él había sido crucificado había un jardín, y en aquel jardín un nuevo sepulcro, donde nadie había sido todavía enterrado. Allí entonces pusieron a  Jesús,a modo de la Preparación de los Judíos, porqué el sepulcro estaba cerca.” (Juan 19,39-42).

Este desdoblamiento de la figura de Arimatea con Nicodemo devendrá, gracias a la suplantación del mito, lo mismo que Rey Arturo y Merlín, en otras palabras,el poder regio y el sacerdotal. Arturo y Merlín formaron las tercera Mesa del Grial, llamada Mesa Redonda. La primera Mesa fue construida por el mismo Arimatea en el exilio con un pequeño grupo de fieles (Oppidum Rá), debía adornar el cenáculo, de hecho, había trece puestos de los cuales uno era ocupado por un pez, que representaba a Jesús, y otro que representaba el escaño de Judas, era llamado “Escaño peligroso”. Las etapas históricas que la reliquia habría seguido están descritas en un texto medieval del escritor Robert de Boron, titulado Joseph d’Arimathie. Resumimos esquemáticamente este minestrón de mitos y leyendas, asociándolo a las reciprocas superposiciones e interpretaciones paleodemólogicas 

✠ 1.- José partió para las tierras inglesas, donde en Glastonbury fundó la primera iglesia cristiana, que dedicó a la Madre de Cristo. Anu, Danu o Dana, la gran diosa Madre de los celtas, de la divina raza de Irlanda: “el pueblo de la Diosa Danu”, es decir los Tuatha De Danann. En el cristianismo ha devenido en la Santa Brigida Irlandesa, la Santa Ana de la Bretaña, la Black Annis en Inglaterra (espantapájaros para los niños), la dócil Ana en Escocia, que rige el poder sobre las tempestades. Vease más arriba la descripción del mito de la Kundalini.

✠ 2.- A la muerte de José la custodia pasó a Bron, el cual se hizo famoso con el nombre de “Rico pescador”.

La elección del nombre “Rey Pescador” puede estar vinculada a una serie de posibles implicaciones: en la simbología cristiana, el pez simboliza a Cristo; los primeros apóstoles fueron “pescadores de hombres”; en la simbología celta, el pez (el salmón), está ligado con la sabiduría; una implicación sería dada también por la asonancia entre las palabras francesas pèsceur y pésceur (“pescador” y “pecador”).

✠ 3.- A la muerte de Bron se convirtió en tercer custodio del Grial un hombre de nombre Alain. Se construyó un castillo en Muntszlvach, la Montaña de la Salvación (cuya ubicación es desconocida), precisamente para custodiar el Grial, y nació una específica Orden caballeresca, llamada Orden de los Caballeros del Grial, surgida con motivo de defender el cáliz. Ellos se sentaban a la Segunda Mesa del Grial. El guardián del Grial asumió el titulo de Rey y Sacerdote. Se ha tratado profusamente sobre el tema de Montsalvat y del significado iniciatico que le ha dado Guenón. A el acudimos también para explorar las raices de la figura del rey-sacerdote del Brahatma de las Upanishad:

“…al Brahatma (vérticedel triangulo iniciativo), pertenece la plenitud de los dos poderes sacerdotales  y regios, considerados principalmente y en cierto sentido, en estado diferenciado; los dos poderes se distinguen luego para manifestarse, el Mahatma (principio mediador), representa entonces en particular el poder sacerdotal y el Mahanga (base del triangulo), el poder regio.”

Cristo es homenajeado por los Reyes Magos , soberanos de la Agarttha, y saludado como Rey (oro), y Sacerdote (incienso), Incorruptible (mirra).

✠ 4.- Tras unas generaciones ascendió al trono un hombre llamado Anfortas, el cual recibió una herida misteriosa que lo convirtió en estéril. El rey se hizo celebre con el nombre de Rey Herido, y la tierra de su reino fue golpeada por un periodo de sequía: se habla, a propósito de este periodo de Tierra Desolada (Waste Land). La terre gaste de los poemas épicos medievales, o sea un territorio devastado, estéril y mortal que deben cruzar los caballeros para llegar al Grial, “La tierra desolada” es probablemente la obra más famosa del poeta americano T. S. Helliot, que vivió entre los siglos XIX y XX, y está considerada como una de las obras maestras de la literatura modernista. The Wast Land es un prestito de Jessie L. Weston, autora de “From Ritual to Romance”, obra a la cual Helliot debe mucho, donde la antropóloga analiza el amplio material sobre mitos y leyendas de la edad medieval, en particular sobre el Sacro Grial y la baraja de los tarot. En From ritual to romance, obra de 1920, Weston identifica las analogías entre los antiguos ritos mistéricos y naturales, es el tema fundamental de la “búsqueda del Sacro Grial”. La primera analogía por ella encontrada es la presencia de elementos masculinos (la lanza), y femeninos (la copa), susfusión en vista del tema arquetípico de la fecundidad. La lanza con la que el rey fue penetrado fue identificada con la Lanza de Longinos, el soldado romano que, según la tradición bíblica,habría perforado el costado de Cristo en la cruz. Como nos ilustra René Guenón:

“El nombre Longinos es emparentado con el nombre de la lanza, en griego loghé (que se pronuncia, lonké); en latín lancea, del resto tiene la misma raíz… el simbolismo de la lanza está a menudo en relación con el <Eje del Mundo>; en este sentido la sangre que brota de la lanza tiene el mismo significado del rocío que emana del <Árbol de la Vida>; como es notorio, todas las tradiciones son unánimes en afirmar que el principio vital está íntimamente ligado a la sangre.” 

✠ 5.- Con el fin de encontrar el Grial, el Mago Merlín fundó la "Tercera Mesa del Grial", llamada "Tabla Redonda". Tras haber educado al joven Arturo, este último devino rey de Camelot y se rodeó de una compañía de doce caballeros, que tomaron el nombre de“Caballeros de la Mesa Redonda”. En el ciclo arturiano, la Mesa Redonda era la mesa del castillo de Camelot donde se sentaban los Caballeros y el Rey Arturo para discutir cuestiones de importancia crucial para el reino. En algunas versiones, también el Mago Merlín tenía un asiento. El fin de la Mesa Redonda era evitar conflictos de autoridad, entre otros. En efecto, al no haber nadie como cabeza de mesa, cada caballero tenía su puesto igual que todos los demás y también el Rey  Arturo se sentía como cualquier otro caballero. El uso de soluciones similares en los grupos célticos antiguos estádo cimentado también por otras fuentes. Según la tradición, un sitio en la mesa, dicho siège périlleux (escaño peligroso), estaba reservado por Merlín al caballero de purísimo corazón destinado a encontrar el Grial; cualquier otro que allí se sentase era condenado a muerte instantánea. La silla se quedó por largo tiempo vacía, hasta ser ocupada por Galahad. Hijo ilegitimo de Lancelot. La misma estructura la encontramos en el “consejo circular del Dalhai-Lama,constituido por doce Nome-khan, los doce miembros del circulo interno del Agarttha, los doce signos del zodiaco, los doce Aditya que representan también los doce meses, los doce meridianos principales de la medicina china en los cuales discurre el Ch’i oenergía vital, los doce grandes dioses del Olimpo, los doce apóstoles… Saynt-Yves describiendo los distintos grados o círculos de la jerarquía iniciatica dice que :

“El círculo más alto y más cerca del centro misterioso se compone de doce miembros, que representan la iniciación suprema y se corresponden, entre otras cosas, a la zona zodiacal.” 

 ✠ 6.- El día de Pentecostés el Grial apareció en el centro de la Mesa envuelto en un nimbo de luz, desapareciendo en breve. Los caballeros entonces, se empeñaron en una búsqueda iniciática del Cáliz: Los más celebres fueron Lancelot, Galván, Bors, Parsifal y Galahad. Lancelot estuvo a la altura de acercarse al Grial, pero fue afectado de ceguera a causa de su adulterio con la mujer de Arturo, Ginebra. Galván alcanzó el Castillo del Grial, pero no consiguió cogerlo a causa de su naturaleza demasiado atada a las cosas mundanas; el estaba falto de aquella sencillez requerida al investigador. Solamente tres lograron alcanzar el Grial y fueron capaces de participar a sus misterios: Galahad, caballero virgen, Parsifal, el Inocente y Bors, el hombre común, que fue el único en volver a la corte de Arturo llevando la noticia del hallazgo.Ninguno de ellos, sin embargo, pudo apoderarse de él. Parsifal, tras haber errado por cinco años, encontró el camino al castillo del Rey Herido (también llamado Rey Pescador), y después de dirigirle una extraña pregunta: “¿Quién sirve el Grial?” saneó la herida del soberano. El agua volvió a fluir en la Tierra Desolada haciéndola florecer. Galahad, Parsifal y Bors retomaron la búsqueda, llegando a la ciudad oriental de Sarras, la Ciudad del Paraíso, donde el Grial había sido trasladado. 

Desde ahora en adelante, la caballería fantástica deja lugar a los caballeros cruzados y sobre todo a las Órdenes caballerescas de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén y a los Pauperes commilitonis Christi templique Salomonis, que identificarán Sarras con la Jerushalaim celestial y por ende con la terrenal. Pero ¿Qué debemos pensar cuando descubrimos que Sarras es un municipio francés de 2.140 habitantes en el departamento del Ardèche de la región del Rodano-Alpes a menos de trescientos kilómetros en la perpendicular norte con respeto a Notre Dame de la Mer? 

Quizás la Jerusalén celestial se encuentre en la ruta recorrida por José de Arimatea en su viaje hacia Inglaterra. O quizás, siempre por asonancia de nombres, por historia y por localización, ¿podría Arras, otra localidad francesa situada en el departamento del Paso de Calais, ser la localidad miseriosa? 

En el siglo IX fueron frecuentes las de incursiones vikingas (más adelante veremos el nexo), Arras es citada en el reportaje del itinerario de Singerico de Canterbury el cual, en torno al 900 se fue a Roma para recibir el Palio de las manos del Pontífice Juan XV; tal recorrido en los siglos siguientes se habría llamado Vía Francigena. La penúltima etapa antes del trans-tiber. 

San Pedro en Roma era la iglesia de San Juan Bautista de los Florentinos, lugar de adoración del “pié” de  La Magdalena. Uno de los principales caminos por tierra que convergían hacia Santiago de Compostela y que se describen el "Codex Callistinus" (Liber Sancti Jacobi). En el detalle la localidad de Arras, representaba la etapa LXXV de aquel itinerario ya mencionado el el Prefacio: “El recorrido más antiguo partía probablemente de la iglesia de St. Andrew, en Escocia, destruida por los protestantes, pasando en época templaría, por la misteriosa capilla de Rosslyn, al sur de  Edimburgo…” La tradición masónica esta repleta de referencias sobre la supervivencia de los Templarios en Escocia.

La Orden del Templo fue abolida el veintidós de marzo de 1312, con la bula Vox in excelso, por Clemente V, “no sin amargura y tristeza de animo, no por sentencia de juicio, sino por medida o decisión apostólica.” 

La presencia de los Caballeros del Templo en la batalla de Bannockburn (23-24 junio, 1314), al lado del futuro Rey de Escocia, durante la primera guerra de independencia escocesa (1296-1328), no está suficientemente documentada. La relación del líder de la revuelta Robert I Bruce con el Templo puede ser avalada por sus orígenes normandos y por la leyenda local, por la cual, según el deseo de Robert Bruce, su corazón debería de ser enterrado en Jerusalén en la Iglesia del Santo Sepulcro. 

En 1330 al menos cinco Caballeros Templarios se embarcaron para cumplir la aspiración de Robert Bruce. Durante el viaje la comitiva fue bloqueada por los sarracenos. Según la leyenda local, uno de los caballeros, llevó el corazón en batalla como talismán. Parece que el corazón fue llevado de vuelta a Escocia y enterrado en la abadía de Melrose. Bruce estuvo frecuentemente en contacto con el héroe escocés William Wallace.

Michael Baigent, Richard Leight, en sus libro “The temple and the Lodge”, y después juntos con Henry Lincoln, intentan ofrecer una respuesta de lo que habría sucedido tras la supresión de la Orden a la flota templaría anclada en La Rochelle. La autoridad de esta fuente es por lo menos dudosa, vista la biografía de los mencionados señores y las sucesivas vicisitudes legales de los primeros dos, ligadas al libro “El código da Vinci” de Dan Brown, acusado de haber plagiado sus “The Holy Blood and the Holy Grail”, más comúnmente conocido como “El Santo Grial”.

Los mismos operaron unas investigaciones en Francia respecto al misterio de Rennes-le-Chatteau, sobre el guión de “Le trèsor maudit” (1967), la novela escrita por Gérard de Sède.

Seguidamente ellos escribieron “El Santo Grial”, publicado el 18 de enero de 1982. Umberto Eco, en la rubrica “La bustina di Minerva” en “L’Espresso” de 23 agosto de 2001, p. 166, listando los libros que cuentan más fanfarronadas sobre los Templarios, indicaba: “El Santo Grial” de Baigent, Leigh y Lincoln como el modelo de historia-ficción más descarado, afirmando con respecto a los autores que sus mala fe es tan evidente que el lector vacunado puede divertirse como si hiciera un juego de rol.

No es posible a estas alturas no unir la trayectoria de la Orden y del Grial con la historia de la familia Sinclair (St. Clair). Según una genealogía que mezcla miembros realmente existidos con otros de no comprobada existencia, Henry Sinclair, Conde de Orkney (Orcadas), descendía del normando Guillermo el Conquistador y del príncipe vikingo Rollón.

Catherine de St. Clair se casó (¿?) en 1101 con Huges de Payens, fundador con Gofredo de Saint-Omer,de la Orden de los Templarios, según el historiador alemán R. Hiestand, entre enero y septiembre de 1118. Esta unión no está confirmada, parece que Hugens tuviera una mujer y al menos un hijo, Teobaldo, luego abad del monasterio de Sainte-Colombe en Troyes. Como se casó antes de ser sometido a los votos monásticos, podía hacerse una excepción. A pesar de ello, por ser de veras guía de sus caballeros, Hugens abandonó a su esposa y tomó los mismos votos de los demás caballeros. El sobrino (¿?) de Henry Sinclair era Jean Gisors, un personaje realmente existido (1133 – 1220), que fue un señor normando fundador de la ciudad de Portsmouth. Según “Les Dossiers Secret de le Prieuré de Sion”, fundó en 1188 la Orden de la Rose-Croix (Rosacruz). Sobre este punto es necesario puntualizar dos cosas. La primera es que la Antigua y Mística Orden de la Rosa Cruz, mundialmente conocida bajo las siglas A.M.O.R.C., afirma sobre si misma que no es un movimiento filosófico de reciente creación, remontando su fundación al faraón Thutmosis III (1504-1447 a.C.). “Su origen se remonta a la escuela de los misterios del antiguo Egipto.”  Y todavía: “En ciertas tesis relativas a la historia rosacruz, se habla de un personaje de nombre <Christian Rosenkruz> (1378- 1484), mostrándolo como fundador de la Orden, por lo que algunos deducen que la Orden de la Rosa-Cruz no empezó su desarrollo hasta el siglo XIV. Esto es un error…Este anuncio era alegórico y las iniciales >C.R.C.> no designan a una persona que hubiese existido. Eran un titulo simbólico que algunos dirigentes habían recibido de la Orden.” 

La segunda es que el único Priorato de Sion de que se tienen noticias históricas ciertas es una pequeña asociación fundada el 7 mayo de 1956 en Annemasse por Pierre Plantard (¿de St. Clair?).

El origen del titulo St. Clair está vinculado, como requiere esta genealogía, a los reyes de Noruega y a los vikingos. Rollón se casó con Gisele (¿?), hija del Rey Carlos El Simple, que le cedió la actual Normandía, con el tratado de Saint-Claire-sur-Epte, de donde procede el nombre de la familia. Hay dos versiones sobre el matrimonio. Una es aquella que Rollón fue bautizado y que casó con Gisele, hija ilegitima de Carlos, convirtiéndose en su vasallo. Una segunda narra que sería casado more danico (unión pagana de uso vikingo), con Popa de Bayeux, hija del conde franco de Bayeux y marques de Neustria, Berengario, que él mismo había matado en la toma de la ciudad. Le sucedió el hijo Guillermo "Larga-espada", asociado al poder desde 927, mientras que la hija, Gerloc (917-926, rebautizada Adela), de Normandía, fue esposa de Guillermo III, Conde de Poitiers y Duque de Aquitania.

Volvamos a las nobles familias que forman sus propios blasones en las orillas del Río Epte, zona que, a pesar de hallarse en el actual territorio de Francia, posee un fuerte ligado con la Isla Británica, los Saint Clair y los Gisors. En efecto en 911 Rollón sitió Chatres y el rey carolingio con el citado tratado le cedió parte de la Neustria, es decir los condados de Rouen, Lisieux y Evreux más la porción de territorio entre los ríos Epte, un afluente a la derecha del Sena, Bresle y el mar. La Nustria es una región histórica nacida en 511, situada entre Aquitania y el Canal de la Manga, aproximadamente la mayor parte del norte de la hodierna Francia con Paris y Soisson como ciudades principales. La Neustria constituye la parte más occidental del Reino de los Francos durante la dinastía de los Merovingios desde el siglo VI hasta el VIII.

“El confin mas atormentado, fue el que está separado hoy por la línea del Río Epte, afluente del Sena, al noroeste de París. Sobre estas orillas se observaban y enfrentaban varias estructuras militares y fortificaciones menores de propiedad de los condes normandos locales, ahora fieles a la corona francesa, ahora fieles a la inglesa. Por la naturaleza poco clara de la política conducida por estos potentados, Enrique I (¿?) decidió edificar una serie de castillos reales dependientes directamente de él…Uno de los  primeros castillos en ser construido, de naturaleza puramente defensiva, fue el Castillo de Grisors.

La novedad que nos ha convencido en estudiar Grisors, es la fama de este, por ser el  primer castillo construido en piedra, y no más en madera. Tal era la fama y la potencia de este castillo entre los caballeros, que en seguida se alimentaron una serie de extraordinarias vicisitudes que lo han investido hasta nuestros días.

La excepcionalidad de esta construcción devino focal e inspiró la más clásica iconografía castrense hasta el setecientos.

La fecha de fundación acertada por Mesquí, ronda el 1089, y las sucesivas manipulaciones se atestan en torno al 1123-1124.” 

Por coherencia de fechas hubiera sido Guillermo II "El Rojo", predecesor de Enrique, en confiar el proyecto a Roberto de Bellème.

Pasa a la Orden delos Templarios en 1158; es aquí que en 1188 fue proclamada la tercera cruzada y en este periodo probablemente toma el nombre de Grisors. Los subterráneos del castillo, nunca completamente explorados, están hoy interdictos a los visitantes a causa de las excavaciones abusivas de Roger Lhomoy, hombre empleado por De Sede. En 1956 De Sede se convirtió en factor de finca, y fue durante este periodo de su vida que conoció a Roger Lhomoy que era su porquero. Lhomoy había trabajado como  anterioridad como guía turístico en el Castillo de Gisors en Normandía y declaraba haber descubierto un acceso secreto a un sótano de treinta metros largo, ancho nueve y alto cerca de cuatro y medio, bajo el torreón interno al castillo. En el interior de este sótano Lhomoy sostenía haber visto diecinueve sarcófagos de piedra, cada uno de dos metros y largo sesenta centímetros, pero Lhomoy fue considerado un mentiroso; no obstante, este episodio sirvió de inspiración a Gérard de Sède para escribir un articulo sobre Gisors, lo cual le hizo conocer a Pierre Plantard. De Sède, que en su libro habla de los Templarios (que efectivamente ocuparon Gisors, pero solo por tres o cuatro años), de sus fuga de París el día de la detención masiva de los caballeros, y del tesoro que habrían transportado en la noche también a Grisors. Hipótesis probables, pero no verificables, así como la presencia, en los subterráneos de Gisors, de una supuesta Capilla de Santa Catarina, cuya descripción, tomada de un boceto de  Alexandre Bourdet, fechado en 1696, lleva, que casualidad, a la descripción echa por Lhomoy. Según De Sède la cripta no solamente contenía el tesoro, ¡sino también el mítico Santo Grial! 

Un descendiente reciente, Andre Sinclair (Oxford, 21 de enero de 1935), escritor, historiador, critico literario y director británico, publica en 1993 “The sord and the Grial”. Esta obra trata de las relaciones del antepasado Henry con la flota templaria que viajó y estableció una colonia en 1398 en Massachuttes, en el actual costa noreste de los Estados Unidos de América. Figura clave es precisamente el Conde William de St. Clair, príncipe de las Orcadas, enterrado en la cripta de la Capilla de Rosslyn, que mandó construir entre 1446 y 1450. En la capilla se encontraría (¿?) también la tumba de Henry St. Clair, abuelo de William. Richard de Saint-Clair y Brittel de Saint-Clair son ambos mencionados en el Domesday Book.

Guillermo de Saint-Clair acompañó a Santa Margarita de Escocia, hija de Hedard, en el exilio en aquel País en 1068, donde se casó con Malcom III. A cambio de sus esfuerzos el rey, presumiblemente concedió en el sigloXII a los Saint-Clair/Grisors la baronía de Rosslyn, en Midlothian. El Príncipe Enrique de Sinclair nació en 1345 en el Castillo de Rosslyn, y era descendiente de los Saint-Clair/Grisors.

“El Príncipe Enrique en 1379 se ganó también el condado de Orkney. El condado comprendía Shetland, las islas Faroer y probablemente también Islandia. En total cerca de doscientas islas del Norte Atlántico. La familia Sinclair había formado parte de los Templarios desde 1118, y mientras que Bruce era Soberano Gran Maestre del Arte y de las Corporaciones, Sir Guillermo Sinclair (padre de Enrique), era Gran Maestre Heredero. Sir Guillermo murió en España cuando intentaba transportar el corazón de Bruce en Tierra Santa. El Príncipe Enrique en 1365 se asoció a la Cruzada de Rey Pedro, y mientras se hallaba en Venecia, encontró a la famosa familla Zeno.

Los venecianos fueron los ganadores de esta campaña, pero sus puertos en la región estaban cerrados por los enemigos. Esta podría haber sido la razón por la cual Antonio y  Nicolás se unieron al Príncipe Enrique. Los ciudadanos de Venecia eran mercaderes, y con sus puertos cerrados, se hacía necesario y vital abrir nuevas vías de comercio. 

En 1391 Nicolás se fue a Orkey desde donde, inmediatamente después, invitó a su hermano Antonio a alcanzarle. A la edad de cincuenta y tres años, el Príncipe Enrique navegó hacia occidente de Orkey a Islandia.” 

En 1558 otro Nicoló (1515-1565), descendiente del navegador, publicó en Venecia un mapa del Norte Atlántico junto con una serie de cartas que declaró haber encontrado en un almacén de familia en la ciudad lagunar. Hay muchas dudas sobre la autenticidad del mapa, mientras según unos estudiosos, el viaje de los hermanos Zeno hecho a finales de 1300 tras petición de un principe de las Orcadas, llamado Zichmini (¿Saincaire?), se desarrolló de verdad (el libro describe bien el territorio y las gentes deIslandia). Según algunas interpretaciones, Nicolás y Antonio Zeno alcanzaron el Norte de América. En el mapa están además ilustradas también muchas tierras inexistentes, entre las cuales Frislandia que quedó en los mapas del Atlántico por más de un siglo. Quien ha visto y estudiado el mapa, nutre serias dudas en su propósito. Demasiado preciso en la demarcación de Islandia y Groenlandia gracias a la técnica de las proyecciones cónicas, técnica descubierta tres siglos después. Alguien se atreve a decir que aquel mapa haya sido recabado de otros, mucho más antiguos, trazados por antiguas poblaciones de norte, como aquella del almirante turco Piris Reis, sobre el cual parece haberse basado Colón. En algunos casos también de mapas mitológicos, como Thule, Iperborea, etc.

Roger D. Macleod (Rumford, Maine – 9/11/1937-Lowell 21/03/2012), asistente catedrático en la Universidad Lowell en Massachuttes, sugiere la idea de una colonia escocesa, entre 1003 y 1403, a causa del nombre que seda a la tribu Passmquoddy-Zeebayen-geeling, que en gálico (lengua celta extinta) se traduce como “Los escoceses de las tierras altas que pescan salmones con cañas”.

Según un mito precolombino recogido en México por el cronista español del siglo dieciséis, Juan de Torquemada (Valladolid, 1388-Roma, 26 de septiembre 1468), el dios de los nativos, Quetzacoatl era “un hombre rubio de  piel clara y larga barba”.

Louis Charpentier en “El misterio de los templarios” (1971), propone como explicación por el interés de los templarios hacia América, una razón muy básica: La plata. Por otra parte aparecen por lo menos inquietantes los relieves de la columna del aprendiz masón, en la Capilla de Rosslyn, erigida en1446, que representan cactus y maíz americano. Así como inquietante es la leyenda del homicidio del aprendiz que la realizó, asesinado por su propio Maestro Masón, envidioso por aquella perfecta maravilla del artesonado. Muerte que está en directa relación simbólica con la del arquitecto del Templo de Salomón, Hiram Abif. En la masonería el concepto de Hiram resucitado está en identificar el logro de la Iluminación. La pequeña capilla no termina de sorprender todavía hoy en día. El 14 de mayo de 2011 se ha tenido un encuentro en el Grand Hotel Mediterráneo, en Florencia, con la participación del Gran Maestre del GOI, Gustavo Raffi, de Lord Malcom Ian Sinclair, archivista e historiador del Clan Sinclair, en la convención internacional del Gran Oriente de Italia, del presidente del Collegio Circoscrizionale della Toscaza, Stefano Bisi, del doctor Paolo Corallini y de numerosas autoridades masónicas y civiles.

“Allí abajo – ha subrayado Lord Sinclair al nutrido público – hay algo muy importante que quizás pueda dar muchas respuestas” también sobre los últimos secretos de los Caballeros del Templo. “Estamos rescribiendo la historia de la Capilla de Rosslyn  – explicó – y por hacerlo debemos adquirir pruebas ciertas que después serán presentadas a los estudiosos en cuanto tengamos confirmaciones”. En el trasfondo, otros importantes hallazgos, entre los cuales los restos de un caballero, en Cumbría (Noroeste de Inglaterra), que prometen clamorosas revelaciones.

“Debajo de la piedra roja – ha explicado Lord Sinclair – podría quizás esconderse un pergamino, en un contenedor de madera, posiblemente sellado con pez. Una pista sobre la cual ahora se concentra la investigación de los estudiosos, esperando tiempos y confirmaciones. “Cuando vayáis a Rosslyn, sentaos allí y dejad que la Capilla de Rosslyn venga a vosotros”, ha sido la invitación de Lord Sinclair.

La Orden de los Hospitalarios recibió todos los bienes de los Templarios cuando este última Orden fue abolida el veintidós de marzo de 1312, con la bula "Vox in excelso", por Clemente IV. Quizás algunos de estos tesoros y entre ellos la famosa Copa, fueron salvados. Podría el Grial haber sido ocultado en diversos lugares siguiendo un itinerario de sur a norte de Francia?, como en Montsegur pasando por Sarrat o Arrat o por la vecina Gisors, para zarpar siguiendo la Vía Franquigena hacia las costas inglesas y finalmente a Rosslyn, mientras que con una maniobra diversiva la flota templaría llegaba vía mar. Precisamente cerca de Rosslyn, en la diminuta isla de May en el Firth of Forth, la profunda ría creada en la costa oriental escocesa por el estuario del Río Forth, según una tradición masónica ,habrian sido trasladados inicialmente a bordo de tres navíos, los documentos y las riquezas de los últimos templarios en fuga del puerto de La Rochelle. ¿Y desde allí haciendo escala en Portugal, cruzando el océano haber sido llevado a América? Son solamente hipótesis.

Alguien hace notar que el nombre Portugal sea algo del tipo Port-O-Grial, el puerto del Grial, y se pueden comprobar también analogías del rol que la masonería tubo en la formación de los Estados Unidos de América y en la independencia del Brasil, colonia portuguesa. 

“¿Porqué los templarios siempre han querido su independencia? Quizás parte de la explicación se halla en los orígenes masónicos de los Estados Unidos, así como en la obra <Utopía> de Francis Bacón, o en la historia de la trama masónica conocida como la <estrecha observancia escocesa>, muy fuerte en los EE. UU. Es interesante saber que la ciudad de Washington se erige sobre un plan donde los principales monumentos, edificios públicos, administrativos y de gobierno, así como todas las áreas representativas de la ciudad, las antiguas y las modernas, se encuentran en los cruces exactos de líneas que dibujan serie de cruces templarías, el hexagrama y el pentagrama.” 

El punto exacto donde habría surgido la nueva capital fue escogido por elmismo George Washington y el proyecto confiado a un arquitecto (¿como no?) francés, Pierre Charles L’enfant en 1791. Es curioso notar que también la famosa estatua de la libertad en Nueva York, fue proyectada por los franceses Fréderic-Auguste Bartholdi y Gustav Eiffel. L’enfant no fue pagado por su trabajo y cayó en desgracia, murió en la pobreza y fue enterrado en las posesiones de un amigo en Prince George Country en el Maryland.

El origen celta que se le reconoce al Grial, deja entender que los Druidas deben ser considerados entre los custodios de la tradición primordial.

La copa de la vida de los celtas es el “Calderón de Dagda”, portado en el mundo material por los Tuatha De Danaan, representantes ultra terrenales del “pequeño pueblo”. Capaz de alimentar un número ilimitado de personas sin vaciarse nunca, recoge en si el simbolismo del inagotable  conocimiento, la gnosis perfecta. Calderón, noto por los comics de Astérix y Obelix, en los quel el druida Panoramix, mezclaba la poción mágica que daba la victoria en batalla. Algo a que se hace alusión en todas las tradiciones, que a partir de una cierta época se habrían perdido. El Soma védico de los hindúes en el Haoma mazdeo de los persas, el néctar de la inmortalidad.

La pronunciación del Nombre de Dios entre los hebreos o la búsqueda de la palabra perdida de la masonería. Palabra que es Lógos o Unidad antes de la dialéctica entre el apolíneo y el dionisiaco. El Andrógino anterior a la división entre varón y hembra. El estado primordial “más allá del bien y del mal”. Para los alquimistas representa el conocimiento, y su búsqueda equivale a aquella de la Piedra Filosofal o del Elixir de larga vida. Un conocimiento olvidado que se transmite en forma secreta solo a los iniciados mediante un complicado y hermético lenguaje simbólico. Así como los maestros masones transmitían el secreto de las catedrales, comunicando sus pensamientos sin ser entendidos por los profanos. Y lo hacían en Argot.

“Para nosotros <arte gótica> no es otra cosa que una deformación ortográfica de la  palabra <argótico>, cuya homofonía es perfecta, de acuerdo con la ley fonética que disciplina, en todos lo idiomas y sin tener en cuenta la ortografía, la Cabala tradicional…Los <agotiers>, o sea aquellos que utilizan este lenguaje son descendientes herméticos de los argonautas, que gobernaban la nave <Argos> y hablaban las lengua argótica.” En torno a 1210, en el poema Pasifae, el alemán Wolfram Von Eschenbach confirió al Grial ulteriores connotaciones. No se trata de una copa, sino de “una piedra del género más puro… llamada lapis exillis".

El termino lapis exillis ha sido interpretado como “Lapis ex coelis”, es decir "la piedra del cielo". Wolfram escribe que la piedra era una esmeralda despegada de la frente de Lucifer en el momento de su caída y llevada en tierra por los ángeles que se quedaron neutrales durante la rebelión y con la cual tallaron la preciosa copa. Algunos dicen de otra forma, caída de la corona de Lucifer, siendo este el Ángel de la corona, en hebraico Hakatiel, nombre que en la Cabala corresponde al número 666. René Guenón nos sugiere que “Tal esmeralda recuerda de forma sorprendente la <urna>, la perla frontal que en el simbolismo hindúes (del cual ha pasado al budismo) a menudo ocupa el sitio del tercer ojo de Shiva, representando el sentido de la eternidad.” 

“Hic lapis exillis estat precio coque vilis, spernitur a stultis, amatur plus ab edoctis.” 

 (Esta piedra se encuentra a demasiado bajo precio en el mercado, depreciada por el tonto, es amada por el más docto). El Gris tiene el doble significado de vaso (grasale) y libro (gradale). Una scutella lata et aliquantulum prufunda. En suma una taza, una vasija, un cáliz, un cuenco.


Estudio inconcluso...

FUENTES:

✠  Michele Santonastaso 

✠  Academia Edu


“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICO MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

✠ ✠ ✠ nnDnn ✠ ✠ ✠

Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  LAS RELIQUIAS, EL GRIAL Y LOS TEMPLARIOS.

Una reliquia es un objeto que se venera por su relación con alguna persona santa o sagrada, pudiendo ser de tres clases:

✠ Partes del verdadero cuerpo, por ejemplo, un hueso, cabellos, etc.

✠ Partes de sus vestiduras o un objeto que se considera vinculado personalmente al santo. De gran importancia ya desde el siglo II, adquirieron en la centuria siguiente un prestigio taumatúrgico, teniendo como fin primordial estimular la emulación de las virtudes de los santos y obtener su intercesión.

✠ La costumbre de celebrar la Misa sobre la tumba de algún mártir, dio lugar a la tradición que requiere que la Misa se celebre, para que sea lícita y válida, sobre un ara que descanse sobre alguna reliquia. Entre las innumerables reliquias existentes, son famosas las astillas procedentes de la Cruz de Cristo o Vera Cruz, también conocidas como “Lignum Crucis”, los Clavos de la Crucifixión, la Santa Lanza y el Santo Sudario, algunas de ellas "descubiertas" en Jerusalén hacia el año 325 por la emperatriz Santa Elena, madre del emperador Constantino el Grande.

✠ UN NEGOCIO PRÓSPERO.

Ahora bien, es el culto y veneración de las reliquias la idea que está presente en el origen de las peregrinaciones a los lugares o a los sepulcros sagrados. Tras ser construida en Jerusalén la basílica del Santo Sepulcro, en el 335, se inició un flujo de peregrinos occidentales tan grande hacia Tierra Santa que se hizo necesario instalar posadas y hospitales para acogerlos. Esta situación continuó en aumento durante todo el periodo bizantino. Los musulmanes, dueños de Tierra Santa desde finales del siglo VII, fueron tolerantes por regla general con los peregrinos, aunque cobraban una especie de impuesto. Pero la llegada de los turcos seldyukies (seldyucidas), en 1077  inició un periodo de opresión grave, lo que llevó a la cristiandad occidental al planteamiento de las cruzadas y a la toma de Jerusalén en 1099,  con lo que se inició un periodo de libre acceso a Tierra Santa, organizada políticamente en una serie de dominios territoriales regidos por príncipes cristianos europeos que duraría hasta 1187.

Esta es la etapa de formación de las grandes órdenes Militares de la cristiandad occidental, como el Hospital de San Juan de Jerusalén o la Caballería del Templo (La Orden del Temple, (Pauperes commilitones Christi Templique Salomonici), nacidas para albergar los primeros y proteger los segundos, a los peregrinos que llegaban a Tierra Santa, puesto que seguían expuestos a asaltos y violencias en los caminos por parte de los musulmanes. También en este periodo histórico se inicia un gigantesco tráfico de reliquias, o supuestas reliquias, procedentes de Medio oriente que a veces llega a hacer intervenir a los Papas para limitar lo que se llega a convertir en algún momento en situaciones propias de la picaresca y del timo más burdo.

No obstante, el número de reliquias pintorescas que se veneran en diversos lugares del mundo es ciertamente elevado. Entre las que se custodian en España pueden mencionarse:

✠ Cámara Santa de la Catedral de Oviedo: Cinco espinas de la corona de Cristo;  leche de la Virgen María (¡!); un santo Sudario del Rostro y la caña que Pilato dio a Jesús como cetro.

✠ Catedral de Valencia: Un Santo Grial de ágata, en competencia con el que se conserva en la ermita del alto del Cebrero, entre otros; la toalla con la que Jesús secó los pies de los apóstoles antes de la cena pascual; un manto de Jesús y el manto de púrpura que Herodes le impuso cómo “rey”.

✠ Santa María de Arriaga (Valladolid):  Otro Manto de Jesús.

✠ Coria (Cáceres): el Mantel de la Última Cena.

✠ Catedral de Sevilla: La mesa de la última cena y cuatro espinas de la Corona de Cristo.

✠ Catedral de Jaén: Un velo de María (existe otro en la catedral de Chartres.

✠ Sangüesa (Navarra): Otro velo de María; un cabello de María; un cabello de la Magdalena y una Santa Síndome.

✠ Liria (Valencia): Una pluma del ala del arcángel San Miguel (no se sabe si del ala izquierda o derecha).

✠ Santiago de Compostela: El santo prepucio, de Jesús.

✠ Velilla de Ebro: Una campana de cobre hecha con una de las 4 monedas de Judas Iscariote.

Sin ánimo de ser iconoclastas, debemos decir que existen varias Sábanas Santas repartidas por diversos santuarios europeos, de las cuales la más famosa es la de la Catedral de Turín, y que hay varias Santas Lanzas, o que juntando todos los “lignum crucis”, se podría recomponer una cruz imposible, de unos seis metros de longitud o que existen múltiples clavos de la crucifixión, más de tres. La relación no es exhaustiva, sino meramente indicativa del grado de credulidad que se pudo alcanzar durante el medievo con este comercio. Cada cual saque sus propias conclusiones.


✠ Clavos de la crucifixión.




✠ La Santa Laza (lanza de Longinos).




✠ El Santo Sudario de Turín (La Sábana Santa).



✠ LA CORONA DE LUCIFER.

Pero algunas reliquias tienen entretejida sobre si y vinculadas, toda una serie de leyendas que se engarzan con mitos y tradiciones aún mucho más antiguas. Tal sucede con el llamado Santo Grial, un objeto cuya búsqueda constituye uno de los temas más apasionantes del cristianismo, no sin antes señalar que se conservan varios "santos griales", todos ellos supuestamente auténticos, que se reparten entre Génova, Lucca, Gorionda, Lyon o Reims, además de los mencionados de Valencia o el Cebrero, en la ruta jacobea.

Según la leyenda el Grial fue el recipiente utilizado por Cristo durante la Última Cena, tallado tal como lo refiere la tradición griálica, sobre una esmeralda que se desprendió de la corona-diadema que portaba Lucifer sobre la frente y que se desprendió en el momento de su caída a los infiernos al ser derrotado por el arcángel Miguel.

✠ El Santo Grial de Valencia (España).


Resulta significativo que antes de su caída, según la tradición de la Kabbala, Lucifer era el ángel de Kether, la Corona, la primera de las séfiras, y que su nombre hebreo sería Ha kathriel, la Corona de Dios, cuyo valor numérico es 666.

Este recipiente es mencionado ampliamente en la literatura neotestamentaria, aunque hay discrepancias entre si fue un cáliz, un plato o una fuente. Otras tradiciones afirman que este recipiente, un plato o vasija de arcilla, además de ser utilizado durante la Última Cena, contuvo la mezcla de sangre  y de agua, recogida por José de Arimatea, procedente de la herida del costado de Jesús, que produjo la lanza. De aquí que otras tradiciones aludan al recipiente como Sangreal  (Sangre Real). Pero acaso no era Jesús de estirpe real? En cualquier caso, José de Arimatea, quien pudo ser tío de Jesús, según algunas leyendas recogidas en los evangelios apócrifos, lo recuperó de Poncio Pilato, a cuyas manos había ido a parar, y lo llevó a la isla de Britania, quedando oculto o perdido en algún lugar próximo a Glastonbury, el centro cristiano más antiguo de Britania, no lejos de Salisbury.

✠ UNA VISITA A BRITANNIA.

Las "evidencias" circunstanciales son, en principio, incitantes. El "hecho histórico", a secas, registrado en los textos de los evangelios sinópticos, es que José de Arimatea y Nicodemo recogieron el cadáver de Jesús y lo enterraron. Hay sugerencias en la literatura apócrifa que hacen plausible que José de Arimatea fuera tío o un pariente muy cercano de Jesús, como por ejemplo que Pilato accediera a entregarle el cadáver del ajusticiado. Recordemos que Jesús fue condenado por los romanos como reo de un delito de lesa majestad. Así lo recalcaba la sentencia oficial, el "titulus" colocado en la cruz según era costumbre en las ejecuciones, "Iesous Nazare (tha)nus  Rex 'ludaeorum", y los romanos carecían de sentido del humor cuando aplicaban la ley. Tampoco hacían frases rimbombantes para las especulaciones de exégetas venideros. En disposición de esta ejecución debía haber sido enterrado en la fosa común preservada para los criminales, a extramuros de Jerusalén, a menos que, según las leyes romanas y judías, un pariente reclamara el cadáver para disponer de él.

San Mateo da a entender en su evangelio, sin que haya razones para dudarlo, que José era un  hombre rico o, al menos, que tenía una buena posición social. Además de que parece haber sido quien puso a disposición de Jesús y los discípulos el lugar donde se celebró la Última Cena, desde luego, si pudo poner los medios para dotar a Jesús con una sepultura individual excavada en la roca, debió haber contado con una fortuna apreciable. También hay tradiciones que sugieren que hizo su fortuna particular con el comercio del estaño. O la ruta legendaria que siguió para llevar el Grial hasta Britania, concuerda de una forma notable con la ruta comercial del estaño que, seguían los púnicos, muy vinculados histórica y lingüísticamente con los judíos, hacia las islas Casitérides, fuente de este metal.

Tradiciones independientes procedentes del norte de Francia, Irlanda occidental, Gloucester y de la región minera del estaño en Cornualles, muy concretas y específicas estas, coinciden todas en las vinculaciones de José de Arimatea con el comercio del estaño. Un viejo minero de la región, rememorando las antiguas tradiciones, comentaba a principios del siglo XX: "Los trabajadores de la metalurgia constituimos una antiquísima fraternidad y, como otros artesanos, conservamos nuestras propias tradiciones. Una de estas, cuya memoria está preservada en esta invocación, es la de que José hizo viajes a Cornwall con sus propios barcos, y en una ocasión le acompañaron el Niño y su Madre y desembarcaron en el monte Saint Michael, en el extremo más suroccidental de Britania.”

Si bien nada se conoce con certeza de Jesús entre los doce y los treinta años, siendo posible toda especulación, se supone que viajó con cierta frecuencia, dados los medios de la época. Ahora bien, una visita a Britania emprendida por un joven y acomodado Jesús acompañando a José de Arimatea, armador judeo-fenicio, es históricamente factible y, aunque con grandes reservas, se asienta en un cierto número de leyendas locales. Por ejemplo, en la desembocadura del río Camel, en Cornualles, en el camino de Glastonbury, hay un Jesus Well (Manantial de Jesús). En la pequeña aldea de Priddy, a unos doce kilómetros al norte de Glastonbury, está firmemente arraigada la leyenda de que Jesús estuvo allí cuando era niño, lo que se vincula con la historia de cierta energía que emana de una cavidad bajo la iglesia del lugar. Incluso una locución muy utilizada para recordar alguna aseveración consiste en decir: "Tan cierto como que nuestro Señor estuvo en Priddy."

✠ DRUIDAS: EL RESURGIR PAGANO.

En el texto medieval de la "Demanda del Santo Grial", terminado hacia 1230, al ser presentado Galaz, "el puro entre los puros", esperado durante siglos por todos como el salvador, cuya vida es paralela a la de Jesús, el anciano dice así: "Rey Arturo, te traigo al Caballero Deseado, del alto linaje del rey David y emparentado con José de Arimatea. Con Él culminarán las maravillas de este país y de tierras extrañas." Más adelante se encuentra el relato que hace a Galaz el caballero de las armas blancas, aquel por cuyo mandato Galaz ha recibido un escudo prodigioso, blanco con una cruz roja: "Cuarenta y dos años después de la Pasión de Jesucristo, sucedió que José de Arimatea, el gentil caballero que bajó a nuestro Señor de la Santa Vera Cruz, se fue de la ciudad de Jerusalén acompañado de muchos de sus familiares." Tras vagar por múltiples lugares y después de diversas peripecias, José de Arimatea y su hijo Josofes llegaron a Gran Bretaña en donde difundieron el cristianismo.

Dejando aparte leyendas, que no corresponde tratar aquí, qué duda cabe de que hay vínculos y conexiones entre Britania y los relatos evangélicos. Se apoyan en fuentes tanto histórico-literarias como arqueológicas. Y resulta un hecho innegable que la religión cristiana fue practicada en Britania casi inmediatamente después de la muerte de Cristo. Gildas, que escribió en el siglo VI, decía que su difusión comenzó durante el último año del reinado de Tiberio, es decir, cuatro años después de la fecha de la crucifixión. Junto al muro de Adriano se halló un recipiente metálico usado como vaso que se ha datado en el siglo I de la era cristiana y muestra un símbolo cristiano inconfundiblemente primitivo. Hay antiguos textos religiosos que mencionando a Glastonbury por su anterior nombre de Glastonia, sitúan en ella una iglesia antes de que en el siglo VI llegaran a la isla los misioneros cristianos.

¿Guarda relación el nombre de Glastonia con algún recipiente de piedra, glass-stone? Más aún ¿Está o estaba allí oculto o enterrado –bury, en inglés- algún recipiente de piedra?  Se cuenta que la acacia que crece en la abadía, de la variedad espino blanco (cratageus osycantha), procede de la que plantara José de Arimatea, desarrollándose al instante. No da frutos, pero florece en Mayo y, más raramente, a principios de enero, la Navidad según el calendario juliano, fecha en que la celebra la Iglesia Ortodoxa.

Es cierto que las leyendas griálicas, tal como las conocemos, fueron confeccionadas en el siglo XII por clérigos errantes y por bardos que usaron materiales procedentes de fuentes célticas, a los que disfrazaron con ropajes cristianos. Como demostró Robert Graves en "La diosa blanca", en el momento en que se estaban desarrollando las narraciones sobre el Grial hubo un resurgir del druidismo en Gales, es decir, un renacimiento de la religión pagana y sus ideas quedaron reflejadas cuando el grial entra a formar parte de la literatura arturiana de Gales en el siglo XI o hacia 1135 en Francia con Chretién de Troyes.


✠ UNIDOS ¿EN LA POBREZA?

En la época en que se daban a conocer los relatos del Grial, se desarrollaba otro acontecimiento: el nacimiento de una poderosa organización conectada, ciertamente, con el Grial: la Militia Christi o Caballería del Templo, conocidos vulgarmente como los Templarios. según el arzobispo Guillermo de Tiro, que escribió en el siglo XII una "historia de las gestas de Ultramar", la Orden del Templo de Salomón fue fundada en Jerusalén en 1118 por nueve caballeros, de discutido origen, que siguiendo inicialmente la regla agustiniana de los canónigos del Santo Sepulcro, tomaron los tres votos canónicos (pobreza individual, castidad y obediencia a sus superiores) ante Gormond de Piquigny, Patriarca de Jerusalén, unidos a la promesa de defender con las armas a los peregrinos en los pasos de los Santos Lugares: "Ut vias et itinera, ad salutem peregrinorum contra latronum et incursantium insidias, pro viribus conservarent." ("Para guardar los caminos y veredas, para la seguridad de los extraños, contra las emboscadas de ladrones y asaltantes, para la fortaleza), lo que les convertía en algo absolutamente nuevo, en monjes guerreros, monjes que tomaban las armas para defender a los cristianos. En sus sellos pusieron, como símbolo de identificación en la pobreza, a dos caballeros cabalgando sobre un mismo caballo. Se denominaban así mismos  "los pobres conmilitones de Cristo" (compañeros soldados), y cuando el rey Baldwin les cedió como alojamiento una parte de su palacio -que después les cedió totalmente- asentado sobre lo que se consideraba haber sido el Templo de Salomón, comenzó a llamárseles "Milicia del Templo" o "Caballería del Templo."

Para saber cómo era la ciudad de Jerusalén al comenzar la segunda mitad del siglo XII,  leamos el interesante relato que hace el judío español Benjamín de Tudela, quien inició un viaje hacia 1160 que, recorriendo las costas mediterráneas europeas, le llevó Pasta Palestina:

“Desde allí (Gibón la Grande), hay tres leguas hasta Jerusalén, que es una pequeña ciudad, fortificada bajo tres murallas. Hay en ella muchas personas; los ismaelitas les llaman jacobitas, armenios, griegos, georgianos y francos, así como gentes de toda lengua... hay como unos doscientos judíos habitando al pie de la Torre de David, al extremo de la ciudad. En la muralla, que está junto a la Torre de David, está la primitiva obra de basamiento -como unos diez codos- construcción de los antiguos muros que edificaron nuestros padres. El resto es obra de los ismaelitas. No hay en toda la ciudad un lugar más fuerte que la Torre de David. Allí hay dos casas; una, el Hospital  -de él salen cuatrocientos caballeros-, allí reposan todos los enfermos que acuden... La segunda casa, que llaman Templo de Salomón, es el palacio que hizo el rey Salomón -la paz sea sobre él: Allí descansan los Caballeros Templarios, y de él salen trescientos caballeros diariamente para guerrear, además de los caballeros que vienen del país de los francos y de tierra de cristianos, comprometiéndose mediante voto que servirán allí, días o años, hasta el cumplimiento de su voto. Allí está la iglesia que llaman Sepulcro; allí está sepultado aquel hombre al cual acuden todos los peregrinos... La puerta de Josafat, delante del Templo que había en los días de antaño. Allí está el Templum Domini , que era el sitio del Templo. Sobre él construyó Umar ibn al-Jattab una enorme y hermosa cúpula. Los gentiles no introducen allí ninguna cruz ni imagen, sino que allí se acude a rezar. Frente a ese lugar está el muro occidental, que es uno de los muros que había en el Santo de los Santos y le llaman puerta de la Misericordia.... Allí en Jerusalén, en la casa que fue de Salomón, están las caballerizas que hizo construir. Es un edificio muy fuerte, de grandes piedras, no se ve construcción como ella en todo el país. Allí se ve, aun hoy día, la pileta donde los sacerdotes degollaban las víctimas”.

Hay aspectos enigmáticos en torno a la Orden del Templo, y sobre su leyenda se han escrito muchas cosas, la mayoría divagaciones absurdas y sin rigor histórico o documental. Pero han dejado tal huella en la historia de occidente que, después de su abolición en 1310, se han visto surgir una multitud de organizaciones que se han proclamado sus continuadores y herederos, algunas de ellas ramas de la francmasonería nacida en el siglo XVIII.

En teoría estaban sujetos al papa, aunque no ejercía sobre ellos la influencia de facto que le correspondía y que imponía sobre otras organizaciones similares. De hecho los Templarios estaban dirigidos exclusivamente por su Maestre (el Maestre de Ultramar), quien actuaba aconsejado por el Capítulo General.

La Orden creció con inusitada rapidez, reclutando miembros no solo entre la nobleza sino entre personajes ciertamente oscuros y turbios: excomulgados, criminales, perjuros, adúlteros, etc., aunque arrepentidos y buenos para la guerra.

En menos de cien años después de su fundación poseían inmensas riquezas en rentas, tierras, ganados, granjas, molinos, alquerías, iglesias, aldeas y fortalezas y se habían convertido en prestamistas de los reyes de Francia, Inglaterra y Aragón. Mantener sus castillos y tropas en Tierra Santa se llevaba la gran mayoría de sus beneficios.

Finalmente el rey de Francia Felipe IV “el hermoso”, después de intentar convertirse, sin éxito, en Gran Maestre de una Orden unificada de Templarios y Hospitalarios, presionó al Papa Clemente V, un cardenal francés (Bertrand de Got), muy temeroso del rey, (llevó la sede papal de Roma a Avignón, en Francia), hombre débil y enfermizo, elegido por las influencias e intereses del monarca francés, a quien se doblegó en su intento para conseguir la condena y abolición de la Orden del Temple. Así Felipe IV, al mismo tiempo que eliminaba de su territorio una poderosa milicia armada independiente, no sometida a su soberanía, podía apoderarse de sus riquezas y evitar el pago de la fastuosa deuda que tenía contraída con los Templarios.

✠ EL SECRETO QUE LIBERA.

Una de las herejías que se imputaron a los templarios, en el vergonzoso, cruel e injusto proceso que se siguió contra ellos, es particularmente notable y sobre ella se ha especulado notablemente, habiéndosele visto entre otras muchas, relaciones con el Grial: la adoración de un ídolo llamado Bafomet, que se describe habitualmente, y así figura en el acta de inquisición papal, como un cráneo, una cabeza humana o una cabeza de triple rostro a la que se atribuían virtudes "mágicas". Pero lo que resulta paradójico es que ese culto del que se les acusaba estaba arraigado en la religión céltica y es posible que los templarios, que servían ostensiblemente al pontificado por una parte, por otra fueran defensores secretos de otros cultos o tradiciones, en un espíritu de tolerancia que ya se manifestaba por aquella época ampliamente en Hispania, a causa de la convivencia entre tres religiones supuestamente hostiles con las que los templarios supieron convivir en Tierra Santa.

En otras palabras, los templarios buscaban el cristianismo más puro, el más cercano a Dios, no estando de acuerdo, a veces, con las decisiones de la Iglesia y pudieron haber protegido algún elemento heterodoxo dentro del catolicismo ortodoxo. Algo más allá, desconocido y olvidado en Roma. Recordemos que durante la Edad Media no hubo unos claros límites separadores entre la magia blanca y la brujería, la brujería de los cultos pre-cristianos, o de los propios cultos de otras herejías más oscuras del cristianismo. A la brujería se la llamaba la "Antigua Religión". El Grial pasó a través de todo esto con notable facilidad y curiosas transiciones.

Existe un secreto liberador que  ha sido transmitido desde los comienzos del mundo. La posesión del secreto que libera, de la llave que abre las puertas del Reino, constituía el objetivo de los Misterios. Existía algo, conocido de unos pocos y que debía ser transmitido a los nuevos elegidos. El secreto ha caminado a través de las edades. El burgundio Robert de Boron, autor del relato más antiguo y destacado sobre el Grial, escribió: "Entonces Jesús enseñó a José de Arimatea las palabras secretas que nadie puede pronunciar ni escribir, a menos que haya leído el Gran Libro en que están consignadas. Son las palabras que pronunció en el momento de la consagración del Grial."

✠ LA CRUZADA CONTR A EL GRIAL.

En el entretejido de las leyendas griálicas o sobre su trasfondo de realidad, si es que la leyenda oculta algún secreto, faltan por dilucidar las relaciones entre la Caballería del Templo, la Iglesia de los Cátaros y entre ambas el Grial.

El rey Pedro II de Aragón, quien murió en 1213, durante el sitio de la ciudad de Muret, defendiendo a sus vasallos cátaros frente a las hordas de los cruzados francos, encomendó a su hijo, el futuro Jaime I “el Conquistador”, bajo la custodia del Temple en la fortaleza de Monzón, bastión de la última resistencia templaria en Aragón. Apenas setenta años separan la tragedia del exterminio definitivo de los templarios, exponentes de un cristianismo puro y esotérico, del asedio y rendición de la última fortaleza donde resistieron los cátaros en 1243: el castillo de Montsegur, identificado por algunas fuentes con el castillo de Montsalvatge, donde los caballeros templarios custodiaban el Grial. No podemos dejar de sorprendernos  cuando comparamos algunas creencias de la Iglesia Cátara -negación de la Encarnación, de la Pasión, de la Resurrección y del símbolo de la Cruz- con las acusaciones mantenidas durante el proceso seguido contra los templarios, casi coincidentes punto por punto. Al igual que los predicadores del catarismo -los Perfectos- que viajaban siempre de dos en dos, los templarios tienen por honra cabalgar dos caballeros en un mismo caballo y así son representados en algún sello de la Orden. Teniendo en cuenta que la teogonía de los cátaros se remonta hasta el dualismo mesopotámico, no es nada raro que haya ciertos nexos entre la Leyenda del Grial y algunas leyendas babilónicas. Wolfram von Eschenbach, que escribió el Parsifal en el siglo XIII, afirma, sin lugar a dudas, que el Grial era una piedra a la que llama “lapsit exillis”, que procedía de la Corona de Lucifer y la relaciona con la caída de los ángeles. Esta leyenda pertenece al Oriente; la versión babilónica sustituye a Lucifer por el dragón.

Pero el simbolismo, las interpretaciones alegóricas, el conjunto de "la búsqueda" en la literatura griálica, llevan generalmente a una visión cisterciense del mundo, la doctrina en definitiva de San Bernardo de Claraval, el gran mentor de los templarios y creador de su Regla monástica.

✠ San Bernardo de Claraval.


FUENTES:

Justo A. Navarro "Wakán"

Academia Edu.



“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

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Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  El lago Tana (Etiopía), las aguas que esconden el cofre dorado de las tablas de la ley.

Según algunas creencias, el cofre dorado que contiene las tablas de la ley que Moisés recibió de Dios se halla en la zona.

El Arca de la Alianza era un cofre sagrado que contenía las tablas de piedra donde figuraban los Diez Mandamientos que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Dicho cofre estuvo custodiado en el Templo de Jerusalén construido por Salomón. (Templo donde nació la Orden del Temple, siglos después).

El Arca de la Alianza es un cofre de madera cubierto de oro descrito en relatos bíblicos que, según la tradición judía, fue diseñado y creado por mandato divino para guardar las tablas de los diez mandamientos. 

En ellas venía escrito contundentemente un decálogo o lista de diez mandamientos que el pueblo judío debía seguir para conservar un pacto que Moisés le había implorado al Señor a cambio del perdón por la idolatría de su pueblo.

✠  Un pescador a bordo de una 'tankwa', una embarcación típica, en el lago Tana. (Getty Images). 




Según los monjes coptos etíopes y, sorprendentemente, algunos investigadores históricos reputados se atreven a apoyarlo, el cofre dorado que contiene las tablas de la ley que Moisés recibió de Dios se halla en su país. Concretamente, en el lago Tana.

Sería tan fácil como acercarse allí y comprobarlo. Pero el caso es que el templo que se halla sobre una de las 37 islas del Tana está custodiado y vedado a las visitas. Solo el guardián del tesoro sabe lo que contiene, y él no alberga duda alguna: el arca que contiene directamente la palabra de Dios y todo su poder asociado está allí.

El lago Tana es la superficie lacustre más grande de Etiopía y la quinta más importante de África. Es el lugar de nacimiento del río Azul que, al fundirse con el Nilo Blanco a la altura de Jartum (Sudán), da pábulo al segundo cauce fluvial más largo del mundo tras el Amazonas, superando los 6.500 kilómetros de recorrido.

Mientras que las fuentes primigenias del Nilo fueron un quebradero de cabeza para los europeos hasta bien entrado el siglo XIX, en que John Hanning Speke fijó que se hallaban en el lago Victoria, las del Nilo Azul eran bien conocidas desde mucho antes. El misionero español Pedro Paéz fue el primer europeo en llegar allí, en el año 1618.

✠  Iglesia Ura Kidane Mehret, uno de los numerosos templos que salpican las islas de lago Tana. (Ivan Vieito Garcia). 




El lago Tana es uno de los buenos motivos por los que viajar a Etiopía. En sus 2.100 kilómetros cuadrados se registra una vida interesantísima. No solo es un paraíso para los aficionados a la ornitología, sino también para los interesados en las culturas de la zona y las historias y leyendas que los rodean.

Por ser lugares sagrados y de acceso relativamente difícil, algunas de la treintena larga de islas e islotes sirven como tumba para los reyes de Etiopía. En la mayoría hay iglesias y monasterios coptos, ricamente decorados. De hecho, siempre se dice que la iglesia etíope suele relatar la historia sagrada como si de un cómic se tratara. Las escenas bíblicas y los pasajes más destacados de la vida de los santos se hallan dibujados en vivos colores en paredes y techos. Normalmente, hay un religioso guardián de cada cenobio y templo, y de él depende exclusivamente que se pueda acceder al interior.

En el monasterio de Qirqos se hallaría la roca donde la Virgen María se sentó a descansar tras un viaje a Egipto.

El asunto de las leyendas no se detiene en el arca de la Alianza que, según cuentan gustosos los monjes, estuvo guardada en el monasterio de Qirqos durante 800 años gracias a que Menelik I, hijo de Salomón y la reina de Saba, se hiciera con ella (sin especificar cómo). También en el mismo lugar se hallaría la roca donde la Virgen María se sentó a descansar tras un viaje a Egipto. Hay más: San Frumencio de Axum, el introductor del cristianismo en Etiopía, estaría enterrado en el mismo cenobio.

En la isla Dagase hallan las tumbas de los emperadores Dawit I, Fasilides, Za Dengel y Zara Yaqob.

✠  El lago Tana se encuentra al sur de Gondar, la mítica ciudad fortaleza etíope. (Getty Images/iStockphoto). 




Navegar por el lago Tana e ir desembarcando en sus islas representa un gran viaje. Algunas, como Dek, están pobladas por miles de personas y albergan bonitas iglesias levantadas con arcilla tomada prestada de la orilla y techadas con palma vegetal. Las embarcaciones clásicas son las tankwas, que los autóctonos utilizan para desplazarse de islote en islote. Están fabricadas con una conjunción de cuerda de cáñamo, papiro y bambú, por lo que son extremadamente frágiles. Los turistas utilizan chalupas de madera o aluminio, mucho más seguras y rápidas.

El lago Tana se encuentra al sur de Gondar, la mítica ciudad fortaleza etíope, antigua capital imperial. Los desplazamientos por todo el país son siempre fatigosos, con carreteras en mal estado que obligan a la utilización de vehículos todoterreno. Y, aun así, las travesías son largas y azarosas, así que vale la pena calcular por lo menos tres días para ir desde Gondar a navegar por el lago Tana y conocer algunas de sus misteriosas historias, amén de observar de primera mano el nacimiento del Nilo Azul.  

FUENTES:

SERGI RAMIS.

LA VANGUARDIA. 

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“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

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Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  CRUZADOS Y PEREGRINOS LEONESES Y CASTELLANOS EN TIERRA  SANTA. ( SS. XI-XII).

✠  3ª PARTE.

Durante estos turbulentos años, coincidiendo con la muerte de Doña Urraca en  1126, peregrina a Jerusalem el conde gallego Fernando Pérez de Traba,  acompañado de su hermano Vermudo.

Al igual que ocurre con los Lara, nos encontramos con dos individuos estrechamente vinculados con la dinastía reinante en León y Castilla pues, si  el conde Pedro de Lara mantuvo relaciones adúlteras con la soberana Doña Urraca y su hermano Rodrigo desposó con la infanta Sancha, hija también de Alfonso VI, por su parte Fernando de Traba, fallecido Enrique de Borgoña, hará lo mismo con Teresa, hermana de las anteriores, y, para completar el estrecho círculo que vinculaba a estos magnates con el linaje regio, Vermudo Pérez de Traba casa con Urraca Henríques, hija de la anterior y su primer esposo (véase árbol genealógico adjunto).

Fruto de estas relaciones con la condesa-rainhaTeresa de Portugal, y de su presencia en Tierra Santa en los años inmediatos a la creación de la Orden del Temple, (1118),  es la donación conjunta, el 19 de marzo de 1128, vuelto Fernando de Traba a sus tierras, del castillo de Soure con sus términos.

Una fortaleza que pertenecía al magnate gallego y que entregan a “Deo et militibus Templi Salomonis”.

Desde esta fecha, y durante las décadas siguientes, aumentan las concesiones a la neonata orden militar en Portugal, de tal manera que ésta se convierte en la garante de uno de sus más peligrosos sectores de frontera.

No será la única vez en la que se crucen los nombres de los Traba, o los Lara, con el del Temple, como veremos a propósito de Rodrigo González de Lara y de sus intervenciones militares en Tierra Santa.

Resulta de sobra conocida la tirante relación que Alfonso Henríques, primer monarca portugués, mantuvo con su madre y con el conde Fernando que, perdida su posición preeminente en los estados de la infanta Teresa, retorna a Galicia desde donde jugará un destacado papel en la política intervencionista de Alfonso  VII,  garantizando la estabilidad del limes y frenando a menudo las ambiciones del luso, capaz de adentrarse en territorio galaico y desafiar allí a los principales magnates al servicio del emperador.

Estos leales servicios se vieron recompensados con la entrega de las tenencias, no sólo de Traba y Trastámara, sino de Galicia, entre 1140- 1147. Año éste en el que tiene lugar la campaña de Almería, empresa en la que tomó parte el magnate al frente de la hueste reclutada en las tierras al oeste del Cebrero indicándonos, además la misma fuente, que Fernando de Traba ejerce las funciones de ayo de Fernando II al igual que, antaño, su padre Pedro Froilaz de Traba se ocupó del joven Alfonso Raimúndez,  más tarde Alfonso VII.

Poco después de la toma de la ciudad mediterránea, en la cima de su poder, peregrina el conde por segunda vez a los Santos Lugares acompañado de su hermano Vermudo, tal y como recoge un diploma del monasterio de Sobrado, datado en 1153, en el que el propio caballero recuerda que «...ego comes Fernando secundo Ihemsolimam perrexi...»*.

Dos años más tarde fallece en Galicia, siendo sepultado en Santiago de Compostela aunque a Iniciativa de Vermudo de Traba, será trasladado al cenobio de Sobrado.

Abandonemos Galicia y detengámonos otra vez en León y Castilla pues, entre ambas peregrinaciones de los Traba, en 1137, se produce una nueva aventura en Ultramar protagonizada por un miembro de la Casa de Lara: Rodrigo González hermano de Pedro.

Regresemos algo más de una década atrás en el tiempo. El mismo año en el que se data la primera peregrinación a los Santos Lugares del conde Fernando de Traba, fallecía en Saldaña (Palencia),  la reina Urraca, la gran favorecedora del linaje de Lara.

Debido, quizás, a la nueva situación o, posiblemente, por la marcada animosidad mostrada por el sucesor Alfonso VII hacia el amante de su madre, Pedro González de Lara, el hecho es que ambos, Pedro y su hermano Rodrigo se niegan a acatar la autoridad del joven monarca.

En principio éste se encuentra incapaz de hacer sentir todo su poder a estos dos magnates que mantienen sus tenencias arrogantemente libres de toda intervención real y osan, incluso, desafiar al rey desde ellas,  llegando a aliarse con Alfonso I de Aragón, como es bien sabido.

La muerte del conde Pedro en el sitio de Bayona en combate personal con Alfonso Jordán, señor de Tolosa, no impide que su hermano Rodrigo de Lara mantenga su altanera posición desde sus territorios de Castilla y las Asturias de Santillana.

Capturado el conde, encarcelado por orden de Alfonso VII y liberado pocos días después, recibe de manos del monarca grandes dominios en la frontera:

Castilla y aún la misma Toledo, circunstancias que evidencian, fuera de toda duda, la destacada posición que ocupa Don Rodrigo de Lara.

Sin embargo, sus cada vez más prolongadas ausencias de la corte, unidas a la callada labor en su contra llevada a cabo por sus enemigos, le llevan, aprovechando la magnífica oportunidad brindada por el concilium convocado por Alfonso VII en Burgos, en  septiembre de 1136, a devolver al soberano las tenencias recibidas de él y después de besar las manos del rey y despedirse de sus gentes y amigos, marchar en peregrinación a Jerusalem.

La última mención documental del magnate en Castilla se data en febrero de 1137 por lo que suponemos que abandonaría la Península poco después.

Su presencia en el reino latino de Oriente coincide con los años del reinado de Fulko de Anjou. En 1137, momento de su llegada, se producen diversas incursiones árabes contra los territorios cruzados. Entre ellas debemos destacar el ataque a Homs, llevado a cabo por Zengi  (Junio),  y más tarde el asedio de Montferrand finalizado en Agosto.

Según la Crónica del Emperador Alfonso,  el conde de Lara combatió en diversas ocasiones a los musulmanes en Tierra Santa, especialmente en el sector sur de la frontera,  cerca de la plaza de Ascalon, y será precisamente entre los meses de Junio y Julio de 1137 cuando se documenta la dura campaña emprendida por la guarnición árabe de esta ciudad contra la de Lydda, aunque sin resultados fatales para los cruzados.

La auténtica amenaza encubierta en estas empresas militares se encuentra en la cercanía de los mismos con la capital del reino latino: Jerusalem.

Por ello, a iniciativa de Fulko de Anjou se refuerza la frontera sur donde existían ya tres castillos que defendían la ciudad santa de los ataques procedentes de Egipto: Ibelin, Blanche-garde y Bethgibelin.

✠ Fulko de Anjou, rey de Jerusalem.




Será en este momento cuando se date la construcción de la fortaleza  de Toron des Chevaliers, que, según las referencias proporcionadas por la Crónica del Emperador Alfonso, mandó edificar a sus expensas el conde de Lara para, una vez bien dotada de hombres e impedimenta donarla a la Orden del Temple en cuyas manos permanecerá en adelante, pues no hay que olvidar que la defensa del sector sur de frontera es una más de las causas que motivan la aparición de esta orden militar.

La documentación hispana nos demuestra que Rodrigo González, terminada su aventura en Ultramar, decidió regresar a sus estados en1139, aunque el emperador Alfonso VII se negó a recibirle, no así a algunos de sus vasallos como Pedro Núñez de Fuente Armegil que aparece en los diplomas del monarca en febrero de ese año.

La última noticia constatada del conde se data en 1140 cuando, junto con otros miembros de su propio linaje, dona una villa al monasterio de Arlanza (Burgos).

La actitud del soberano hacia el magnate le forzó, de nuevo, a abandonar el reino y buscar amparo en las cortes de Ramón Berenguer de Barcelona, García de Navarra y finalmente, en Valencia donde «...los musulmanes le dieron un brebaje y cayó enfermo de lepra...».

✠ Ramón Berenguer, conde de Barcelona.




✠ Rey García de Navarra.




Siempre según la Crónica del Emperador, Rodrigo salvó milagrosamente la vida y por ello decidió regresar a Jerusalem donde «...permaneció hasta el día de su muerte...».

En esta ocasión tan sólo tres caballeros le acompañaron en su última aventura siguiendo el deseo del propio conde: Pedro Núñez de Fuente Armegil, Rodrigo González de Ceballos y Gutierre Rodríguez de Langueruella quienes, a su muerte en 1140 en Tierra Santa, según Don Juan Manuel, regresaron con el cadáver del magnate y en esta oportunidad si fueron recibidos por el emperador en los alrededores de Osma  (Soria).

Sin duda éste fue el postrero honor que se rindió al conde Rodrigo González de Lara.

✠ Conde Rodrigo González de Lara.




Un año más tarde, en 1141, los diplomas castellanos conservan la memoria de algunos de sus vasallos: Pedro de FuenteArmegil, Guillen Rendol, Gualter Alesmes y Gonzalo Pérez de Sión.

Así terminó la segunda aventura cruzada de un miembro de la Casa de Lara.

Como hemos podido comprobar a lo largo de las páginas precedentes los testimonios conservados en los que se nos relata la participación de nobles leoneses y castellanos en la empresa de Ultramar se ciñen básicamente a tres estirpes: Lara, Traba y a la familia del conde Suero Vermúdez, es decir: Rodrigo Vela

Descendiente de este último caballero será el conde Rodrigo Álvarez,  tenente de Sarria y Montenegro, desde 1167 a 1175, en quien se unen las sangres de dos peregrinos: Rodrigo Vela y Fernando Pérez.

Llevado de un singular fervor religioso este magnate abandonó sus estados para profesar en la Orden del Temple aunque pronto desechó tal idea y optó por el hábito de Santiago al tiempo que su esposa ingresaba en el Císter siendo seguida en tal decisión por el propio caballero que, sin ningún consentimiento previo,  comenzó a utilizar la cruz blanca y roja por mitades.

Santiaguista pero bajo la observancia del Císter el conde obtuvo la aprobación de Roma de esta nueva orden que desde su nacimiento mantuvo continuos roces con la milicia del apóstol hasta el extremo de trasladarse a Aragón y a finales de la década de los años setenta de la duodécima centuria peregrinar a Jerusalem donde el conde Rodrigo adquiere la Iglesia y cenobio sitos en Montegaudio junto a la Ciudad Santa.

Su llegada coincide con el momento de mayor debilidad del reino latino.

La muerte de Amalarico propició la entronización de un joven de trece años marcado por la lepra, Balduino, bajo la tutela de Raimundo de Trípoli, regente durante tres años .

✠ Amalarico I de Jerusalém.




La temprana desaparición de este soberano dejó el gobierno en manos de un niño de apenas seis años cuyo fallecimiento convirtió en nuevo monarca al segundo marido de su madre la princesa Sibila: Guido de Lusignan.

✠ Guido de Lusignan.




Las campañas de Nurai-Din primero, y el arrollador empuje de Saladino, invirtieron la balanza de poder entre los estados cruzados y sus vecinos musulmanes creando un estado de ansiedad entre los cristianos que hacía presagiar la propia caída de la capital del reino, como así ocurrió en 1187.

✠ Saladino.


La llegada del conde Rodrigo Álvarez no podía acontecer, pues, en peor momento. Su obra, como el propio estado latino de oriente, tampoco estaba llamada a perdurar en el tiempo pues, si bien en 1180 el papa Alejandro confirma todas las posesiones de la milicia en los reinos de León, Aragón y en Tierra Santa, en 1186, casi coincidiendo con la toma de Jerusalem por las fuerzas de Saladino (1187), se desata la crisis en la milicia de Montegaudio ya que el Maestre peninsular entrega al Temple todos los bienes de la Orden.

La muerte de Rodrigo Álvarez, la pérdida de la Ciudad Santa y por tanto, de la sede en Palestina, propicia el principio del fin de la obra de este último cruzado del XII.

En 1215 parte de sus bienes se incorporan al Temple y en 1221,sus caballeros se funden con los de Calatrava.

Si recapitulamos sobre lo expuesto podemos extraer una serie de conclusiones: en primer lugar la presencia constante de peregrinos procedentes del noroeste peninsular en Tierra Santa reducidos en número si pero no lo olvidemos hemos de ceñirnos a las referencias documentales conservadas pues la parquedad de las fuertes no siempre nos permiten recomponer la totalidad del cuadro social ni siquiera completar el panorama cronológico que aquí intentamos abordar.

Seguidamente podríamos establecer la estrecha relación existente entre estos cruzados de las primeras décadas del s XII y la implantación de la Orden del Temple en los reinos de León,  Castilla y Portugal.

Quizás el ejemplo más destacable sea la concesión de 1128 a esta milicia por parte de Fernando de Traba y la infanta Teresa poco tiempo después del regreso del caballero desde Jerusalem.

Vínculos que unen a los milites Templi y esta nobleza cruzada y que se mantienen no sólo en la Península sino también en los Santos Lugares.

Buena prueba de ello resulta la entrega del castillo de Toron des Chevaliers,  construido por Rodrigo de Lara a la mencionada Orden del Temple.

Esta fortaleza dotada edificada y con una guarnición completa es cedida por el magnate para contribuir a la protección de la capital del reino.

Asimismo nos parece relevante que estos peregrinos y cruzados cuya vida hemos podido recomponer pertenezcan mayoritariamente a los primeros linajes del reino y además resulten personajes estrechamente unidos a la propia dinastía:

Fernando de Traba a través de la rainha Teresa, Vermudo de Traba desposado con la infanta Urraca Henríques,  Rodrigo de Lara marido de Sancha de León, Pedro de Lara  fiel apoyo y compa ñero de la misma reina Urraca o el conde Rodrigo Álvarez,  nieto de los primeros y en quien confluyen sus sangres.

No quisiéramos poner punto y final sin recordar la necesidad de establecer lazos de cooperación con los centros de Investigación del antiguo Este Latino,  pues sólo mediante una estrecha interrelación,  podremos avanzar en el estudio de las mutuas influencias que han unido ambos territorios y que aguardan un estudio en profundidad.

 

FUENTES:

Margarita C. Torres Sevilla-Quiñones de León.

Historia Medieval – Universidad de León.


“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

✠ ✠ ✠ nnDnn ✠ ✠ ✠

Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  CRUZADOS Y PEREGRINOS LEONESES Y CASTELLANOS EN TIERRA  SANTA. ( SS. XI-XII).

✠  2ª PARTE.

Sabedor de los deseos de su ahora yerno y buscando, probablemente, garantizar la seguridad de su hija la infanta Elvira al tiempo que participar en esta empresa europea con un contingente armado, Alfonso VI formaría un grupo de caballeros a los que encomendaría tales líneas de actuación.

Apoya nuestra hipótesis la desaparición documental del propio alférez de la hueste real leonesa, Pedro González de Lara, personaje experimentado en la guerra contra el infiel, hombre joven y,  sin duda, de la confianza del monarca ya que a él había encargado la dirección del ejército de León y Castilla durante los difíciles momentos posteriores a Sagrajas.

Consideramos que, al frente de este grupo, se encontraría Pedro de Lara ya que los diplomas silencian su presencia en la corte, en Burgos y Palencia, donde se hallan las tierras de su linaje, en Campos, la Frontera oriental, Galicia, y las distintas Asturias, sin olvidar el Área portuguesa.

Tal desaparición sólo puede deberse a una partida del magnate del territorio cristiano peninsular o a una prolongadísima prisión en manos de los musulmanes hispanos que, sin embargo, jamás aparece reflejada e ningún acto jurídico posterior ni en las crónicas, pese a la importancia que este caballero llegará a alcanzar en tiempos de Doña Urraca y su hijo y sucesor Alfonso VII.

✠ Alfonso VII.




Fue precisamente este silencio documental el que nos llevó a considerar la posibilidad de que, si su regreso a los diplomas leoneses y castellanos se producía poco después de la muerte del conde de Tolosa o acompañando el regreso de la infanta Elvira a Europa, entonces Pedro de Lara habría participado en la Primera Cruzada que culminó con la conquista Jerusalem el 15 de julio de 1099.

En efecto, tal y como sospechábamos, esa parece ser la evidencia derivada de la ausencia documental del magnate. Pero sigamos detenidamente el final del proceso. El 28 de febrero de 1105 fallece Raimundo de Saint-Gilíes en Tierra Santa, dejando estipulado en su testamento que la tutoría de su único hijo legítimo, Alfonso Jordán, quede en manos de la infanta Elvira, madre del muchacho y de su primo Guillermo conde de Cerdaña que se confirmará como el auténtico regente de los territorios adquiridos por el señor de Tolosa durante la empresa de Ultramar.

✠ Guillermo, conde de Cerdaña.




S. Runciman considera, partiendo de las fuentes documentales y cronísticas del este latino y el sur de Francia, que, al poco tiempo, se conoció en el feudo tolosano la noticia del fallecimiento de Raimundo y que todos aceptaron la sucesión de Beltrán, habido por el conde en Berta de Provenza, pero que, al saber que dejaba de su unión con la infanta Elvira de León un hijo legítimo, enviaron emisarios a Oriente para pedir a la condesa viuda que se hiciera cargo de la herencia francesa del muchacho.

En los primeros meses de 1108 la infanta embarcó rumbo a Francia. Poco después, en el verano de ese mismo año, su hijastro Beltrán partió para Oriente dispuesto a regir el señorío de Trípoli.

En palabras de Runciman «...la condesa Elvira no puede ser culpada por preferir para su hijo las ricas tierras del sur de Francia a un precario señorío en Oriente...»

Pues bien, siete meses después del fallecimiento de Raimundo de Tolosa, el 22 de septiembre de 1105,  reaparece,  en la documentación real de Alfonso VI, Pedro de Lara junto a su padre Gonzalo Núñez de Lara, su hermano Rodrigo y otros miembros de la “schola regís”.

Si suponemos que muerto el conde en Oriente y encomendados sus territorios latinos de Ultramar a Guillermo de Cerdaña como regente, la infanta Elvira hubiera necesitado de alguien de su confianza para garantizar los derechos sucesorios de su hijo, entonces podríamos considerar como una posibilidad, digna de ser tenida en cuenta, que al poco de perder la vida Raimundo de Saint Gilíes, Pedro de Lara embarcara hacia Tolosa y la Península Ibérica para comunicar su desaparición tanto a los vasallos franceses del conde como al propio emperador.

En su aceptación de la muerte del conde por aquellos hay dos fases:

Por una parte alguien recién llegado de los Santos Lugares informa del fallecimiento a los tolosanos y éstos confirman a Beltrán como sucesor. 

Poco después otra persona debió de indicarles que en Oriente aguardaba el hijo legítimo de Raimundo y Elvira de León: Alfonso Jordán.

✠ Alfonso Jordán.



A continuación,  conocedores de los derechos del niño nacido en Palestina,  los tolosanos solicitan a la condesa viuda la merced de su pronto regreso.

Todo este proceso, evidentemente, sirve para confirmar la posición de Elvira y su hijo que, de no haber enviado a un emisario de su plena confianza a Tolosa, deberían de haber afrontado la inevitable permanencia, en sus feudos del reino Latino de Oriente, bajo la no siempre generosa regencia de Guillermo de Cerdaña. Tal vez nos movemos en el peligroso campo de las suposiciones, la infanta necesitara de algo más que la confirmación verbal de los derechos de Alfonso Jordán y por ello notificara esta nueva de la muerte del conde de Tolosa  y de la existencia de un vástago de ambos a su progenitor el rey de León y Castilla,  uno de los monarcas más considerados de la cristiandad occidental del momento y vinculado por matrimonio a las tierras francesas.

En cualquier caso no deja de sorprendernos que después de trece largos años de ausencia documental Pedro González de Lara reaparezca en fechas tan acordes con el devenir de los mencionados acontecimientos en Ultramar y además reciba la dignidad condal en 1106 de forma tan repentina y extraña para alguien que no ha tomado parte en la vida del reino durante tan extenso período.

Queda valorada, por tanto, la posible existencia de un contingente armado procedente de León y Castilla en la primera Cruzada, grupo de dimensiones desconocidas, pero sin duda no excesivamente significativas, ya que apenas si se escapan algunos retazos de su presencia en las fuentes coetáneas, y cuya jefatura creemos que debió de recaer en el alférez real Pedro González de Lara, quien seguiría el camino emprendido por el conde Raimundo de Saint-Gilíes y su esposa la infanta Elvira de León.

✠ Infanta Elvira de León.




De ser así las noticias facilitadas por la Gran Conquista de Ultramar en la que se nos habla de «...una compañía de caballeros españoles que allí había...», en Nicea, una de las principales batallas de la primera Cruzada,»... que aguardaban al conde de Tolosa, de que él hiciera caudillo a Don Pero González "el Romero", que era muy buen caballero de armas, y era natural de Castilla...», reflejarían acontecimientos referidos a Pedro González de Lara.

Este mismo caballero, ¿Pedro de Lara?, aparece también en esta fuente a propósito de un incidente ocurrido en Antioquía en el cual el conde de Flandes quedó, debido a una imprudencia suya, a merced de los musulmanes quienes le mataron el caballo obligándole a defenderse a riesgo de perder la vida allí hasta que, a su socorro, llegaron dos caballeros, el uno procedente de Francia, el segundo Don Pedro González «...más el español que llegó primero, dio tan gran golpe a un moro por las espaldas con una lanza que traía a sobre mano que se la sacó por los pechos más de un codo y dio con él muerto en tierra...».

El mismo M. Fernández de Navarrete, de quien hemos tomado las dos referencias anteriormente citadas, mantiene que el papado, en concreto Pascual II,  se vio forzado por Alfonso VI a amonestar a los vasallos del leonés para que no acudieran a Tierra Santa los unos y volvieran de ella los otros.

✠ Papa Pascual II.




Antes de la Bula, expedida en San Juan de Letrán el 8 de abril de 1109, en la que constarían estas llamadas de atención a los caballeros leoneses y castellanos, a instancias del emperador, el pontífice advirtió a los hombres de Alfonso VI en el mismo sentido por dos veces: en 1100 y 1105. 

Precisamente en este último año, 1105, datamos el regreso de Pedro de Lara.

De su posterior “cursus honorum”  en la corte, una vez nombrado conde por el monarca,  podemos destacar su matrimonio, entre 1108-1109, con Eva, hija del vizconde Almanricus de Rochechouart, que acudiera con los demás caballeros franceses al llamamiento de Alfonso VI, después de la derrota de Sagrajas.

Poco después fallece el monarca y es sucedido por Doña Urraca comenzando una turbulenta relación personal que unirá de forma estrecha a la Casa de Lara con la dinastía real.

Pero regresemos a Tierra Santa después de la Primera Cruzada.

La situación en el oriente latino, tras la rápida conquista franca, proporcionó, en inicio, los suficientes años de tranquilidad como para permitir el asentamiento de aquellos que participaron en la aventura de Ultramar y de todos los recién llegados que acudían a visitar los Santos Lugares de la Predicación de Jesucristo.

Afianzado en el trono de Jerusalem Balduino I, recompensados los principales caballeros que se destacaron en esta empresa, debilitados los musulmanes ante sus propios problemas internos, todo hacía presagiar un largo período de paz y estabilidad que, sin embargo, resultaría tan fugaz como la vana ilusión sobre la que se asentaba.

✠ Balduino I de Jerusalem.




La desaparición de los primeros jefes cruzados, la sucesión de éstos en cada uno de sus feudos, así como la incipiente recomposición de las fuerzas ismaelitas, llevarán a los cristianos a asegurar su posición en el Este Latino, especialmente después del desastre de la batalla conocida por los cronistas como “Ager Sanguinis”, Campo de Sangre, en la que las fuerzas de Ilghazi consiguieron destrozar al ejército de Roger de Antioquía 1119.

✠  “Ager Sanguinis”, Campo de Sangre.




El norte y la frontera cercana a Ascalon resultaban los dos sectores más débiles del organigrama político-militar de los primeros  monarcas de Jerusalem por lo que sus más destacadas actuaciones siempre tuvieron como objetivo estas dos áreas geográficas sin descuidar, por supuesto, el reconocimiento de su propia soberanía entre los demás señores.

Poco después de la triste jornada en la que perdió la vida Roger de Antioquía,  según las fuentes documentales gallegas , tuvo lugar la peregrinación a los Santos Lugares del  conde Rodrigo Vela, hijo de Vela Ovéquiz, conde de Lemos Sarria y Montenegro, uno de los principales magnates del reinado de Doña Urraca, que, a su muerte, aparece calificado en la Crónica del Emperador Alfonso VII como «...Rodrigo Vela, conde de Galicia...».

En 1120, cuando el noble leonés decide emprender el camino a Tierra Santa, mientras Hugo De Payns reclutaba para la neonata Orden del Temple (1118),  combatientes por la Fe en Europa, el rey Balduino II regresaba a Antioquía, sector por el que Bulaq, gobernador de Athareby, hombre de Ilghazi, realizaba incursiones con el objetivo de apoyar los ataques de su señor en Edesa.

✠ Hugo De Payns, fundador y 1º Maestre de la Orden del Temple.




✠ Balduino II de Jerusalem.




Aunque ambas campañas terminaron en rotundos fracasos, el temor a la llegada de los musulmanes forzó al monarca a dirigirse hacia el norte para socorrer a los cristianos de estos territorios.

Acompañaba a este ejército la Vera Cruz, la sagrada reliquia en la que confiaban los miembros de la hueste, y cuya custodia le correspondió durante el viaje al patriarca Gormundo.

Esta expedición culminó en una tregua entre Ilghazi y Balduino que permitió a ambos fijar las fronteras.

✠ Ilghazi ibn Artuk, gobernador turcomano artúquida .




En 1121 el monarca cruzaba el Jordán y asolaba la fortaleza de Jerash para garantizar la estabilidad de su pacto y evitar posibles razzias sureñas que pusieran en peligro la misma capital o, en su defecto, la rica región de la Galilea.

Ciertamente las conquistas militares de la Primera Cruzada se habían ceñido, en esencia, a una estrecha franja costera, circunstancia que aumentaba el peligro de aislamiento de los distintos territorios cristianos en caso de una campaña musulmana lo suficientemente arriesgada como para seccionar los estados latinos.

La protección del reino y de sus fronteras forzó a los primeros monarcas de Jerusalem a promover la llegada de peregrinos y colonos europeos con el único objetivo real de aumentar los ingresos de las no demasiado pujantes arcas regias al tiempo de facilitar el asentamiento de estos contingentes humanos creando una reserva militar.

Pero el camino no estaba exento de dificultades y peligros. Así, por ejemplo, en 1118 se documenta un ataque ismaelita a un grupo de peregrinos que sufrieron cuantiosas bajas.

Esta inseguridad sirvió como base a la creación de la Orden del Temple,  cuyo objetivo inicial  será, precisamente, garantizar la integridad física de los devotos europeos que acudan a los Santos Lugares.

Continuará…

FUENTES:

Margarita C. Torres Sevilla-Quiñones de León.

Historia Medieval – Universidad de León.


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✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  CRUZADOS Y PEREGRINOS LEONESES Y CASTELLANOS EN TIERRA  SANTA. ( SS. XI-XII).

✠  1ª PARTE.

Los investigadores que se han ocupado hasta el presente de analizar el así llamado fenómeno de las Cruzadas consideran que la participación en ellas de los nobles procedentes del noroeste peninsular fue mínima, mencionando, tan sólo los nombres de un puñado de caballeros la mayoría de ellos originarios de las tierras de Aragón, Navarra y Cataluña.

La invasión musulmana del 711, la posterior llegada de los almorávides y después, los almohades, marcarán un largo período de enfrentamientos constantes entre los reinos de León y Castilla y al-Andalus primero y los estados taifas más tarde.  Luchas que servirán para justificar la ausencia de esta aristocracia norteña de Tierra Santa,  empeñada como se encontraba en su propia y particular Cruzada hispana. 

Pero, más allá de esta aparente y continua oposición de fuerzas,  ni los reyes leoneses y castellanos siempre consideraron a los musulmanes como el único enemigo a combatir ni sus estados dejaron de enviar representantes al Este Latino.

Si a lo largo del siglo X y primeras décadas del XI los escasos períodos de paz interna permitieron a los monarcas norteños aumentar sus territorios y consolidar la frontera, durante los breves intervalos de paz que las frecuentes rebeliones nobiliarias les ofrecían, no es menos cierto que esta dura dinámica terminó por desgastar a la propia corona y servir como plataforma para el afianzamiento territorial y político de la aristocracia descendiente de aquellos viejos linajes condales que realmente desgarraron las tierras cristianas con sus Intrigas y alianzas con el Islam.

La entronización de la dinastía navarra en León supuso el principio de una nueva etapa en las relaciones entre ambos grupos de poder: nobleza y monarquía.

Alrededor de  la figura del soberano a su servicio  comienza a prosperar un grupo de estirpes todas ellas  derivadas de  los troncos  magnaticios  asturleoneses que a  su vez  terminarán  por convertirse en el referente genealógico de las principales casas bajomedievales.

La conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085 representó el mayor avance de la undécima centuria: la antigua capital del reino visigodo retornaba a poder cristiano y los reinos taifas, la mayoría ya vasallos de este monarca, temían al cada vez más poderoso vecino del norte y parecían entrever su posible final.  Pero apenas si un año más tarde la invasión almorávide de la Península sentencia esta evolución política en la derrota de Sagrajas, batalla que casi le cuesta la vida al soberano de León.

✠ Alfonso VI.




Sin duda asistimos a un antes y un después marcados por esta victoria musulmana. 

El rey, previendo una dura campaña, solicita la ayuda de todos los caballeros europeos dispuestos a defender la cristiandad frente al enemigo norteafricano.

Su llamamiento llegó sin duda en el momento oportuno y desde Francia acuden a esta petición los condes Raimundo de Saint Gilíes y Enrique y Raimundo de Borgoña.

 Como es sabido los tres fueron recompensados, por su ayuda, con la mano de las hijas del monarca:

Raimundo de Saint Gilíes desposó a Elvira,  Enrique a Teresa, ambas nacidas de las relaciones extramaritales de Alfonso VI y Jimena Muñiz , y Raimundo de Borgoña fue premiado con la mano de Urraca, algunos años más tarde, heredera del trono.

✠ Raimundo de Saint Gilíes.




✠ Raimundo de Borgoña.




Parece una conclusión evidente que, con tales problemas en el interior, los caballeros leoneses y castellanos difícilmente podían mostrar interés en el llamamiento papal de Clermont al que sí acudió Raimundo de Saint Gilíes, poco tiempo después uno de los caudillos de la Primera Cruzada.

Sin embargo, si bien la lógica nos lleva a considerar que en las huestes del conde de Tolosa debieron encontrarse caballeros al servicio de la infanta Elvira,  su esposa, la evidencia documental nos permite probar que las noticias de la caída de Jerusalem,  el 15 de julio de 1099, alcanzaron León  en fechas relativamente tempranas pues, en breve, asistimos a la peregrinación a Palestina de ciertos nobles del noroeste peninsular y durante el reinado de Doña Urraca, a la misma asistencia militar de algunos de éstos a las huestes cruzadas.

✠ Doña Urraca (Museo del Prado).


Entre la abundante bibliografía que se ha ocupado de abarcar el estudio del marco cronológico comprendido entre la caída de Jerusalem y la tercera cruzada, apenas si algunos estudios refieren, siempre de forma escueta y parca, la presencia,  ya como peregrinos, ya como fuerza militar de caballeros procedentes de León y Castilla.

Enfrentarse a este vacío nos llevará a rastrear las breves notas de situación y los retazos procedentes de crónicas y documentos hispanos y del este latino, referencias en ocasiones lo suficientemente ricas como para justificar algunas reconstrucciones prosopográficas.

Pero antes debemos regresar de nuevo a 1087.

Como dijimos, ese año, después del desastre de Sagrajas, nobles procedentes de allende los Pirineos llegaron al reino de Alfonso VI acudiendo a su llamamiento de ayuda.

En 1087 es alférez real de la hueste leonesa y castellana Pedro González de Lara, hijo de Gonzalo Núñez, dignidad palatina que mantiene hasta finales de 1091, siendo sustituido en este oficio por Gómez González.

En 1092 se data el matrimonio entre Doña Urraca y el conde Raimundo de Borgoña y,  posiblemente , también el de su hermana la infanta Elvira con Raimundo de Saint-Gilíes.

Poco después, en 1095, en el Concilio de Clermont, el conde de Tolosa decide emprender la aventura cruzada, empresa en la que le acompañan un grupo de caballeros hispanos.

Deseamos reclamar la atención sobre este punto por cuanto resulta de inestimable ayuda para la futura comprensión de los acontecimientos.

ESTUDIO INCONCLUSO…CONTINUARÁ…

 

FUENTES:

Margarita C. Torres Sevilla-Quiñones de León.

Historia Medieval – Universidad de León.


“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

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✠ ✠ ✠ nnDnn ✠ ✠ ✠

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✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠ EL CALENDARIO GREGORIANO.

Una de las glorias de España es la creación del calendario gregoriano, el que rige hoy mismo en el mundo.

Por supuesto no se trata del primer calendario, que siempre ha existido en diversas versiones. 

En tiempos remotos la medida del tiempo se basaba en la luz, siguiendo el curso del Sol y de la Luna. Fue la civilización la que dio lugar a la utilización de calendarios; así nos encontramos con calendarios budistas, chinos, musulmanes, persas, egipcios, helénicos, mayas, romanos…

En busca de la exactitud de medición, el año 46 a.C., vio la luz el calendario juliano, proclamado por Julio César, que tendría aplicación en el Imperio Romano y que vería prolongado su uso, tras la caída del Imperio en parte de Europa y América.

La aplicación del calendario juliano, en sustitución del calendario egipcio, provocó un desfase que alargó la duración del 46 a.C. hasta los 455 días, dando lugar a la creación de dos meses extraordinarios (enero y febrero).




Con el calendario Juliano se determinó que todos los años constaran de 365 días, y cada cuatro años se contarían 366, para ajustar el desfase que significaba la duración real del año, que se estimaba, ya en el precedente calendario egipcio, en 365,25 días.

Pero esa estimación era errónea, ya que como siglos después señalaría la Universidad de Salamanca, la duración del año es de 365,242189 días, error de 11 minutos y 14 segundos que hacía que se acumulara un día cada 128 años que tenía como consecuencia que las estaciones y las fiestas móviles del catolicismo (como la Semana Santa) tuviesen lugar en una estación y momento diferente.. Las modificaciones aplicadas por el calendario gregoriano hacen que el desfase sea de un día cada 3300 años.

La preocupación por la exactitud del calendario juliano tuvo una importante expresión en el Concilio de Trento, donde se instaba a adecuar los cambios de estaciones y las fiestas religiosas móviles, como la Pascua. Y al estudio del asunto se dedicó la Universidad de Salamanca, que presentó dos estudios científicos en 1515 y en 1578.

Para la corrección de errores provenientes del tiempo que tarda la Tierra en dar la vuelta al Sol: 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos, señala un año bisiesto cada cuatro.

Con base en el estudio de 1578, Gregorio XIII, mediante bula Inter Gravissimas,  implantó el calendario que lleva su nombre, eligiendo el momento de su aplicación en unas fechas con pocas festividades: entre el 5 y el 14 de octubre. Así, en 1582 se eliminaron 10 días y en la noche del 4 de octubre desaparecieron los días comprendidos entre el 5 y el 14 de octubre, pasando directamente al día 15.

Aún así hay una ligera diferencia, ya que el calendario gregoriano es 26 segundos más largo que el año astronómico, lo que implica un día de diferencia cada 3323 años, es decir que el año 4000 y el 8000 no serán años bisiestos para arreglar esta discrepancia.

Toma como referencia el año supuesto de nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, lo que da lugar a dos grandes períodos históricos: antes de Cristo (a.C) y después de Cristo (d.C). El año del nacimiento de Jesús sería el año 1 d.C, mientras que el año anterior a su nacimiento se considera el año 1 a.C.

La implantación fue muy rápida. España Portugal e Italia lo implantaron inmediatamente, con lo que medio mundo lo adoptó. Inglaterra y sus colonias, como Estados Unidos, todavía tardaron doscientos años en hacerlo. A finales del siglo XIX, Japón comenzó a utilizarlo, y a principios del siglo XX lo hicieron China y Turquía.


FUENTES:

Cesáreo Jarabo 

España en la historia.


“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

✠ ✠ ✠ nnDnn ✠ ✠ ✠

Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  BERNARDO DE CLARAVAL Y LA ORDEN TEMPLARIA.

✠ INTRODUCCIÓN:

Bernardo de Clairvaux (Claraval en español) fue un monje cisterciense francés y Abad del Monasterio de Claraval. Con él la Orden del Císter se expandió por toda Europa y personalmente pasó a ocupar el primer plano de la influencia religiosa. Participó en los principales conflictos doctrinales de su época y se implicó en los asuntos importantes de la Iglesia Católica.




Es una personalidad esencial en la historia de la iglesia y la más notable del siglo XII, llegando incluso a ser el principal impulsor de la naciente Orden Templaria y un apasionado predicador de la Segunda Cruzada. Ejerció una gran influencia en la vida política y religiosa de Europa en el siglo XII. Sus contribuciones han perfilado la religiosidad cristiana, el canto gregoriano, la vida monástica y la expansión de la arquitectura gótica.

Bernardo falleció en el Monasterio de Claraval el 20 de agosto de 1153 y la Iglesia Católica lo canonizó el 18 de enero 1174 por el Papa Alejandro III, y Pío VIII le declaró Doctor de la Iglesia en 1830.

✠ INFANCIA Y JUVENTUD:

Bernardo nació en el año 1090 en Fontaine-les-Dijon, en la Borgoña, Francia. Sus padres, Tescelín, señor de Fontaine, y su madre Aleth de Montbard, pertenecían a la alta nobleza de Borgoña.

Bernardo, tercero de una familia con siete hijos, entre ellos una sola mujer, fue educado con un cuidado especial porque, aún antes de nacer, un hombre devoto había anunciado a su madre que el hijo al que iba a dar a luz iba a tener un gran destino.

A los nueve años de edad Bernardo fue enviado por su padre a la famosa escuela de Chatillon- sur-Seine, que seguía la antigua regla de San Vorles. Bernardo tenía una gran inclinación por la literatura y se dedicó durante algún tiempo a la poesía.

Ganó la admiración de sus maestros con su éxito en los estudios, y no menos destacable fue su crecimiento en la virtud. El gran deseo de Bernardo fue el de progresar en el campo de la literatura con vista a abordar a fondo el estudio de la Sagrada Escritura.

Bossuet, clérigo, predicador e intelectual francés, decía que todo en Bernardo era piedad. Tenía una devoción especial a la Santísima Virgen y nadie ha hablado de Ella de manera más sublime.

Bernardo tenía 19 años cuando en 1109 murió Aleth de Montbard, su madre. Fue un momento muy difícil para él y durante algún tiempo se enfrió su fervor y empezó a inclinarse hacia lo mundano. Pero las amistades mundanas, por más atractivas y brillantes que fueran, lo dejaban vacío y lleno de hastío. Después de cada fiesta se sentía más desilusionado del mundo y de sus placeres.

Incluso en medio de la vida mundana que llevaba, Bernardo poseía un extraordinario carisma de atracción personal. Era amable, simpático, inteligente, bondadoso y alegre. Incluso muy apuesto, puesto que su hermana Humbelina le llamaba cariñosamente con el apelativo de ojos grandes.

✠ SU LLAMADO:

Bernardo no se hallaba feliz dentro de la vida mundana; él deseaba salirse de ella y encontrar el camino que le condujera a la paz personal y espiritual que anhelaba. Y por fin llegó. Una noche de Navidad y en plena celebración litúrgica en el Templo, Bernardo se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de María, y que la Madre le ofrecía a su Hijo para que lo amara y le hiciera amar por los demás.

Desde ese día Bernardo ya no pensó en otra cosa que no fuera consagrarse a la religión y al apostolado. Fue al Monasterio de monjes benedictinos del Císter y pidió ser admitido en la orden. El superior, Esteban Harding, lo aceptó con profunda alegría.

Bernardo regresó con su familia para contarles la noticia, pero todos se opusieron a su decisión. Sus amigos le decían que eso era desperdiciar una gran personalidad para ir a sepultarse vivo en un monasterio. Su familia no aceptaba su decisión de ninguna manera. Pero Bernardo les habló tan acertadamente sobre las ventajas y cualidades que tiene la vida religiosa, que logró llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su tío y a treinta compañeros de la nobleza local, que dejaron todo para unirse a Cristo.

Cuando le dijeron a Nirvardo, su hermano menor, que iban al Císter para convertirse en religiosos, el muchacho les respondió: ¡Ajá! ¿Con que vosotros vais a ganaros el cielo y a mí me dejáis aquí en la tierra? ¡Esto no lo puedo aceptar! Y un tiempo después también Nirvardo se hizo religioso del Císter.

Pero antes de entrar al Monasterio, Bernardo llevó a su finca a todos los que deseaban entrar en la Orden para prepararlos durante varias semanas, entrenándolos acerca del modo de cómo debían comportarse para llegar a ser unos monjes fervorosos.

En el año de 1112, a la edad de 22 años, Bernardo entra al monasterio benedictino del Císter acompañado por el grupo al que había preparado. Más tarde entra en la orden Tescelín, su padre, que era viudo, su hermana Humbelina, su cuñado y su hermano Guido, quien estaba casado y tenía dos hijas. Humbelina ingresó en el convento de Jully, en que ya estaban su cuñada Isabel y su sobrina Adelina.

Pero en 1115, ante el doble problema que representaba la masiva presencia del clan de los Fontaine encabezados por Bernardo, y el repentino hacinamiento que habían provocado en el Monasterio, el Abad Esteban Harding decidió enviar a Bernardo y a su grupo a fundar el Monasterio de Claraval, cerca de la frontera suiza (actual Clairvaux-les-Lacs), que fue una de las primeras fundaciones cistercienses.

Bernardo fue designado Abad del nuevo Monasterio, puesto que desempeñó hasta el fin de su vida. Fue el Obispo de Chalons-sur-Marne, el filósofo Guillermo de Champeaux, quien ordenó sacerdote a Bernardo y le bendijo como Abad de Claraval. Guillermo de Champeaux vió siempre en Bernardo al hombre predestinado, al siervo de Dios. Desde este momento nació una fuerte amistad entre el Abad Bernardo y el Obispo Guillermo, quien fue profesor de teología en Notre Dame de París y fundador del monasterio de San Víctor.

✠ LA ORDEN DEL CÍSTER:

En el siglo III los primeros monjes cristianos provenientes de Egipto y Siria eran en gran parte ascetas solitarios, anacoretas que posteriormente pasaron a vivir en comunidad por razones de supervivencia. Estas congregaciones fueron organizándose hasta establecer determinadas reglas monásticas que asegurasen la convivencia y que con el tiempo se fueron perfilando y difundiendo. Las premisas para los monakos (solitarios) consistían en dejar atrás todos sus vínculos para adaptarse a una nueva comunidad que les ofrecía una vida dedicada a la oración y al ascetismo.

En el siglo IV Benito de Nursia fundó entre Roma y Nápoles el Monasterio de Monte Cassino, donde aplicó la práctica de la Regla del Maestro, principal referente de la vida monástica cristiana del Occidente medieval. Tras la invasión lombarda, que supuso la destrucción del Monasterio y su posterior reedificación, la orden benedictina se tomó como modelo ideal de vida monástica y proliferaron fundaciones del mismo orden religioso en diferentes países. La importancia de los oratores (monjes) aumentó hasta el punto de convertirse en uno de los pilares imprescindibles de la sociedad, junto con los laboratores (trabajadores) y los bellatores (guerreros).

Con el tiempo las costumbres iniciales se fueron degenerando. Los objetivos de los primeros ascetas quedaban prácticamente irreconocibles ante las prácticas y el modo de vivir de aquellos monjes. Tras el intento de reforma de la Abadía de Cluny en el año 910, nació en muchos monjes la necesidad de aplicar de nuevo los principios de “ora et labora” (reza y trabaja).

En el año 1075 el Monasterio de Molesmes regresaba a los ideales de Monte Cassino. Desde Molesmes 21 monjes fundaron en un bosque cercano a Dijon, llamado Citeaux, una nueva comunidad que potenciaba la caridad y el voto de pobreza. La Orden se fue configurando durante medio siglo (1075 al 1125) y en el 1119 se celebró el primer Capítulo y se aprobó la Carta de la Caridad, los preceptos de la organización del monasterio. Ahí dio inicio lo que sería conocida como la Orden del Cister.

Para ellos, el monje había descuidado su labor y su lugar en la iglesia. Según ellos los abades no encarnaban la imagen propuesta por la regla benedictina y se dedicaban a la vida mundana, pasando demasiado tiempo en las Cortes e interviniendo demasiado tiempo en política. Acumulaban demasiadas tierras y riquezas y hacían excesos en el comer y en el beber, todo ello muy alejado de la pobreza, penitencia y soledad que debían practicar para seguir fielmente la Regla de San Benito. El monje debía llevar una vida de oración, trabajo y acogida de peregrinos, y poseer una razonable medida de lo material.

La Orden del Císter forma parte de ese movimiento renovador. Conocida como el Císter, es una orden religiosa fundada por Roberto de Molesmes en 1098. Debe su nombre a la Abadía del Císter, donde se originó (la antigua Cistercium romana, localidad próxima a Dijon, Francia). En la Edad Media se les llamó los monjes blancos por el hábito blanco que usaban bajo sus escapularios negros, lo que les diferenciaba de los monjes negros, que eran los benedictinos.

Del Císter salieron en poco tiempo más de sesenta mil monjes que se diseminaron por Francia, Italia, España y la Europa Central fundando nuevos monasterios, siempre en zonas yermas o inhóspitas pero con abundancia de agua.

Durante el siglo XII, considerada su Edad de Oro, los cistercienses constituían la Orden con más influencia dentro de la Iglesia católica. Alcanzaron obispados y desempeñaron diversas funciones eclesiásticas. También tuvieron un fuerte protagonismo en la economía de la Edad Media, en especial en el desarrollo de técnicas para hacer utilizables terrenos baldíos, y en la creación de métodos de producción, distribución y venta de granos y de lana. Fueron en gran parte los responsables de la expansión de la arquitectura gótica por toda Europa y dedicaron mucho tiempo y esfuerzos en la recogida y copia de manuscritos para sus bibliotecas.

Cuando Roberto de Molesmes, primer Abad de la Orden, dejó la Abadía del Císter en Citeaux para regresar a su Molesmes natal, dejó el gobierno de la nueva Abadía a Alberico, quien falleció en 1109. Esteban Harding le sucedió en 1113 como tercer Abad y fue quien propició el ingreso de Bernardo de Claraval en la Orden del Císter.

Posteriormente Esteban Harding envió al joven Bernardo al frente de un grupo de monjes para fundar una comunidad en el valle de Absinthe, o Valle de la Amargura, en la Diócesis de Langres.

✠ LA ABADÍA DE CLARAVAL:

Para erigir la Abadía Bernardo eligió un lugar apartado en el bosque donde sus monjes tuvieran que derramar el sudor de su frente para poder cosechar lo que habían sembrado por sí mismos, y le puso el nombre de Clairvaux (Claraval), que significa valle claro ya que allí el sol ilumina con fuerza todo el día.

Los comienzos de Claraval fueron confusos y penosos. El régimen impuesto por Bernardo era muy austero y afectó a su salud. Cuando el Capítulo General del Císter se enteró de sus dificultades delegó en el Obispo Guillermo de Champeaux la resolución de las mismas. El Obispo, al darse cuenta de la deplorable salud de Bernardo, le obligó a suavizar la falta de alimentación y la implacable mortificación que se imponía a sí mismo. Bernardo se vió obligado a dejar la comunidad temporalmente y a trasladarse a una cabaña que le servía de enfermería y donde era atendido por otras personas ajenas a la Orden.

Sin embargo el Monasterio progresó rápidamente y acudieron gran número de discípulos deseosos de ponerse bajo la dirección de Bernardo. Con ello Claraval pronto quedó pequeño para la gran cantidad de religiosos que acudieron, siendo por ello necesario enviar diferentes grupos a fundar nuevas comunidades.

En el año 1118 se fundó el Monasterio de las Tres Fuentes, en la Diócesis de Chalons; en 1119 el de Fontenay, en la Diócesis de Dijon y en 1121 el de Foigny, cerca de Vervins, en la Diócesis de Soissons. A partir de 1130 se extienden las primeras abadías por Alemania, Inglaterra, Italia y España.

A pesar de esa prosperidad Bernardo, Abad de Claraval, tuvo sus pruebas. Durante una ausencia suya de Claraval, el Gran Prior de Cluny, Antonio de Blé, Barón de Uxelles, influyó para atraerse al sobrino de Bernardo, Roberto de Chatillon, lo cual fue motivo de la más larga y sentida carta del Abad de Claraval. El Barón de Uxelles logró su objetivo y, ante la ausencia de Bernardo, Roberto de Chatillon junto con otros monjes salió de la Abadía de Claraval y fundó la Abadía de Noirlac, cerca de la ciudad de Saint-Amand.

Sin embargo posteriormente, Bernardo dio su bendición a su sobrino y a su fundación y, en un momento de gran apuro económico para la Abadía de Noirlac, fue el propio Bernardo quien hizo las gestiones necesarias ante el Abad Suger, consejero del Rey Luis VII, quien cubrió las necesidades de la Abadía enviándoles una remesa de trigo.

✠ EL ABAD BERNARDO DE CLARAVAL:

En la historia de la Iglesia es difícil encontrar otro hombre que haya sido dotado por Dios de un poder de atracción tan grande para atraer a personas a la vida religiosa como el que recibió Bernardo.

En las universidades, en los pueblos y hasta en los campos, los jóvenes al oírle hablar de las excelencias y ventajas espirituales de la vida monástica, se iban en grupos a que él les instruyera y formara como religiosos. Incluso las muchachas tenían terror de que su novio hablara con Bernardo.

Durante su vida fundó más de trescientos monasterios e hizo llegar a la santidad a muchos de sus discípulos. Le llamaban el cazador de almas y vocaciones y con su apostolado consiguió que más de novecientos monjes hicieran vocación religiosa.

Las gentes llamaban a Bernardo doctor melifluo (el doctor boca de miel). Su inmenso amor a Dios y a la Virgen María y su deseo constante de salvar almas lo llevaban a estudiar durante horas cada sermón que iba a pronunciar y, como sus palabras iban precedidas de mucha oración y de grandes penitencias, el efecto era fulminante entre los oyentes. Escuchar al Abad Bernardo de Claraval era sinónimo de mejoría espiritual.

Bernardo fue el gran enamorado de la Virgen María. Se adelantó en su tiempo a considerarla como mediadora de todas las gracias y poderosa intercesora nuestra ante su Hijo Jesús. A Bernardo se le deben las últimas palabras de la Salve: “Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María”. Las dos ideas fundamentales transmitidas por Bernardo en cuanto a la Virgen María son: la mediación universal de María y la necesidad de invocarla en todas las circunstancias.

El mayor deseo de Bernardo era el de permanecer en su Monasterio de Claraval dedicado a la oración y a la meditación junto con los demás monjes. Pero tanto el Papa como los obispos, los pueblos y los gobernantes le pedían continuamente su ayuda y asesoramiento, y él siempre estuvo dispuesto a dársela.

Con una salud sumamente débil por habérsele dañado el aparato digestivo en los primeros y austeros días como monje cisterciense, Bernardo recorrió toda Europa poniendo paz donde habían guerras, deteniendo las herejías, corrigiendo errores, animando a desanimados y hasta reuniendo ejércitos para defender la fe católica. Era el árbitro deseado y aceptado por todos.

Espiritualmente hablando, Bernardo fue un místico y se le considera uno de los fundadores de la mística medieval. Tuvo una gran influencia en el desarrollo de la devoción a la Virgen María.

Bernardo habitualmente se desplazaba a pie, acompañado siempre de un monje que hacía de secretario y que escribía sus dictados durante los desplazamientos. Predicó en la región del Languedoc a los cátaros o albigenses, por quienes fue elogiado. Sin embargo, en Verfeil, cerca de Toulouse, los mismos cátaros que en un principio le elogiaban, le abuchearon. Después de la muerte de Bernardo los cátaros fueron declarados herejes por el Vaticano y su comunidad fue disuelta a la fuerza. Posiblemente debido a los abucheos infringidos contra Bernardo unos años antes, muchos cistercienses se pusieron al frente de la cruzada que reprimió el movimiento cátaro.

✠ LA ACTIVIDAD PÚBLICA DE BERNARDO DE CLARAVAL:

Debido a su gran capacidad histriónica Bernardo era requerido donde se suscitaba cualquier tipo de situación que pudiera ser perjudicial para la Iglesia. Ello significó que Bernardo tuviera distintas intervenciones públicas en cualquier país europeo.

A continuación se detallan algunas de las más importantes intervenciones suyas.

✠ 1.- ORGANIZACIÓN DE LA ORDEN DEL TEMPLE.

(1127): En el año 1099 los cruzados recuperaron Jerusalén y los lugares santos de Palestina. Los peregrinos eran atacados y robados en los caminos y algunos caballeros decidieron prolongar su voto y dedicar su vida a la defensa de los peregrinos. En 1127, Hugo de Payens, fundador de los Templarios, solicitó al Papa Honorio II el reconocimiento de su organización.


Recibieron el apoyo del Abad Bernardo, sobrino de uno de los nueve Caballeros fundadores y a la postre quinto Maestre de la Orden, André de Montbard. Así se reunió un Concilio en Troyes para regular su organización.

En el Concilio solicitaron a Bernardo que redactase su regla, que fue sometida a debate y con algunas modificaciones fue aprobada. La Regla del Temple fue pues una regla cisterciense, pues contiene grandes analogías con la misma; no podía ser de otra forma ya que el abad era su inspirador.

Era típica de las sociedades medievales, con estructuras jerarquizadas y poderes totalitarios. Regula la elección de los que mandan y estructura las asambleas para asistirlos y, en su caso, controlarlos. Después de esta primera redacción hubo una segunda debida a Esteban de Chartres, Patriarca de Jerusalén, denominada regla latina y cuyo texto se ha mantenido hasta nuestros días.

Bernardo escribió en 1130, el “Elogio de la nueva milicia templaria”, que asoció a los lugares de la vida de Jesús con infinidad de citas bíblicas. Intentó equiparar la nueva milicia a una milicia divina.

✠ 2.- INTERVENCIÓN EN EL CISMA DE ANACLETO EN DEFENSA DE INOCENCIO II (1139):

Fallecido el Papa Honorio II, se produjo una doble elección papal. La mayoría de los cardenales apoyaron al cardenal Pietro Pierleoni, que adoptó el nombre de Anacleto II, mientras que una minoría de cardenales se decantó por Gregorio Papareschi, quien se llamó Inocencio II.

La aparición de dos papas provocó el cisma y enfrentó a media cristiandad, que apoyaba a Anacleto II, con la otra media, que defendía a Inocencio II. Este último contaba con el apoyo de Bernardo, que se recorrió Europa desde 1130 a 1137 explicando sus puntos de vista a monarcas, nobles y prelados.

Su intervención fue decisiva en el Concilio de Estampes, convocado por rey francés Luis VI. Así mismo, la influencia de Bernardo favoreció la confirmación de Inocencio II, consiguiendo los apoyos de Enrique I de Inglaterra, el emperador alemán Lotario II, Guillermo de Aquitania, los reyes de Aragón y de Castilla, Alfonso VII, y las repúblicas de Génova y Pisa. Finalmente, Anacleto fue rechazado como papa y fue excomulgado.

✠ 3.- CONTROVERSIA CON ABELARDO (1139):

Abelardo, uno de los primeros escolásticos, se había iniciado en la dialéctica y mantenía que se debían buscar los fundamentos de la fe con similitudes basadas en la razón humana. Así argumentaba: Me dispuse a explicar los fundamentos de nuestra fe mediante similitudes basadas en la razón humana. Mis alumnos me pedían razones humanas y filosóficas y me reclamaban aquello que pudiesen entender y no aquello sobre lo que no pudiesen discernir. Decían que no servía de nada pronunciar muchas palabras, si no se hacía con inteligencia; que no se podía creer nada que previamente no se hubiese entendido; y que es ridículo que alguien predique nada que ni él ni sus alumnos no puedan abarcar con el intelecto.

(Pedro Abelardo/HistoriaCalamitatum)

Estas nuevas ideas de Abelardo fueron rechazadas por los que pensaban de forma tradicional, entre ellos el Abad Bernardo. Así en 1139, Guillermo de Saint-Thierry encontró 19 proposiciones supuestamente heréticas de Abelardo y Bernardo de Claraval las remitió a Roma para que fuesen condenadas. En el sínodo de Sens exigieron a Abelardo retractarse y al no hacerlo, el Papa confirmó al Sínodo de Sens y lo condenó por hereje a perpetuo silencio como docente.

Bernardo en carta a Inocencio II (Contra errores Petri Abaelardi), refutó los supuestos errores de Abelardo, pues consideraba que la fe sólo debe ser aceptada. La opinión de Bernardo, acerca del mal empleo que hacía Abelardo de la razón, se ganó el apoyo de místicos e irracionalistas, que estuvieron de acuerdo con él.

✠ 4.- PREDICACIÓN DE LA SEGUNDA CRUZADA.

(1145): En la Segunda Cruzada Bernardo asumió el papel político más importante de su vida al convertirse en el predicador de la nueva guerra santa. El fracaso de la misma le supuso el declinar de su influencia política.

Cincuenta años antes, durante la Primera Cruzada, se estableció en Palestina un reino feudal gobernado por nobles franceses. En 1144, los ejércitos del Islam tomaron la ciudad cristiana de Edesa y Jerusalén y Antioquía estaban amenazadas con parecido desastre.

Delegaciones de los obispos de Armenia solicitaron ayuda al Papa y el Rey de Francia también envió embajadores. En 1145 Luis VII de Francia propuso la cruzada y pidió a Bernardo que la predicase. Este respondió que sólo el papa le podía encargar esa predicación. El Rey realizó la petición al Papa y fue entonces cuando Eugenio III, que había sido monje en Claraval y discípulo de Bernardo, pidió al Santo que predicase la cruzada y las indulgencias que de ella sederivaban.

El Bernardo que predicó la Cruzada mostró una personalidad diferente a lo que había sido hasta entonces. Él entendía la vida interior como unión del alma humana con Dios e identificaba la vida interior con la vida de toda la iglesia, de todo el cuerpo místico, siendo su concepción de la cruzada básicamente mística.

Bernardo consideraba que la Iglesia Católica podía llamar a las armas a las naciones cristianas para salvaguardar el orden establecido por Dios. Según él, si Dios juzgaba necesario que los ejércitos defendieran su reino, si el mismo Papa le ordenaba predicar la Cruzada, estaba claro para él que se trataba de una misión divina. Por tanto transmitió a los cristianos que se trataba de una guerra santa, pues así la concebía él.

En un escrito posterior dirigido al Papa así reflexionó sobre la cruzada: Me lo ordenasteis y obedecí. La autoridad del que me mandaba hizo fecunda mi obediencia. Abrí mis labios, hablé y se multiplicaron los cruzados, de suerte que quedaron vacías las ciudades y castillos, y difícilmente se encontraría un hombre por cada siete mujeres.

La predicación realizada en Alemania lo fue en contra de la voluntad del Papa y ganó para la causa al emperador Conrado III y a numerosos príncipes.

Según Maschke, Bernardo es mucho más fogoso como predicador que como hombre de Estado y, como político de la Iglesia, electriza a los pueblos de Occidente infundiéndoles la sola voluntad de acudir a la Cruzada.

Los cruzados fueron derrotados por el Islam, lo que provocó un gran pesimismo en toda la cristiandad. Bernardo de Claraval, quien había sido el principal animador y el que había encendido a los pueblos, fue llamado embaucador y falso profeta. El fracaso de la Segunda Cruzada dañó profundamente la confianza en el pontificado y se habló abiertamente de que la fe cristiana había sufrido un duro revés.

Bernardo quedó muy afectado, aunque le consoló en parte el pensar en que por lo menos había sido criticado él y no Dios. Así lo escribió en “De Consideratione”, dirigido al Papa Eugenio III.

✠ IMPULSOR DE LA ARQUITECTURA CISTERCIENSE:

Su Apología a Guillermo estableció también los criterios teóricos que luego se emplearían en la construcción de todas las abadías cistercienses. En este escrito, Bernardo criticó duramente la escultura, la pintura, los adornos y las dimensiones excesivas de las Iglesias de los cluniacenses. Partiendo del espíritu cisterciense de pobreza y ascetismo riguroso, llegó a la conclusión de que sus monjes, que habían renunciado a las bondades del mundo, no precisaban de nada de esto para reflexionar en la ley de Dios. La crítica la desplegó sobre dos ejes. En primer lugar, la pobreza voluntaria: las esculturas y adornos eran un gasto inútil; despilfarran el pan de los pobres. En segundo lugar rechazaba también las imágenes porque distraían la atención de los monjes y los apartaban de encontrar a Dios a través de la Escritura.

Cuando en 1135 tenían unas 90 abadías y aumentaban a un ritmo de 10 nuevas por año, Bernardo debió pensar que la Orden estaba consolidada y con un crecimiento desmedido, siendo urgente un modelo de abadía que garantizase la uniformidad de la Orden. También debió reflexionar que la Orden no podía seguir con las efímeras construcciones de madera y adobe, precisando monasterios en piedra que sirviesen a las generaciones futuras de monjes.

Ello lo concretó en la construcción en piedra de las dos primeras abadías, Claraval II (a partir de 1135), y Fontenay (comenzada en 1137), que se construyeron de forma simultánea. En las dos intervino de forma decisiva, ya que de Claraval era su Abad y Fontenay era filial suya. Él fue el inspirador de ambas construcciones y de sus soluciones formales. Para él, la arquitectura cisterciense debía reflejar el ascetismo y la pobreza absoluta llevada hasta un desposeimiento total que practicaban a diario y que constituía el espíritu del Císter. Así terminó definiendo una estética de simplificación y desnudez que pretendía transmitir los ideales de la orden: silencio, contemplación, ascetismo y pobreza.

Estas primeras abadías se construyeron en estilo románico borgoñés, que había alcanzado toda su plenitud con la bóveda de cañón apuntada y bóveda de arista.

Posteriormente, cuando en 1140 surgió el estilo gótico en la benedictina abadía de Saint Denis, los cistercienses aceptaron rápidamente algunos conceptos del nuevo estilo y empezaron a construir en los dos estilos, siendo frecuentes las abadías donde conviven dependencias románicas y góticas de la misma época. Con el paso del tiempo, el románico se abandonó.

Al prescindir de todo lo superfluo, el estilo cisterciense consiguió unos espacios desnudos, conceptuales y originales que lo hace plenamente identificable.

✠ NFLUENCIA EN EL PAPA EUGENIO III.

Eugenio III era hijo espiritual de Bernardo. Antes de ser elegido Papa, Eugenio estuvo durante diez años en Claraval siendo monje cisterciense, bajo la autoridad espiritual de su Abad Bernardo. Después, durante otros 5 años, fue abad de un monasterio filial de Claraval, el de las Tres Fuentes y por lo tanto, seguía manteniendo esa relación de dependencia espiritual.

Ya siendo Papa, mantenían frecuente correspondencia entre ellos, pidiéndole Eugenio que le escribiera un tratado sobre las obligaciones de ser Papa. El Abad así lo hizo y escribió el tratado “De Consideratione” en cinco libros. El primero lo escribió en 1149, el segundo en 1150, el tercero después del desastre de la cruzada en 1152 y los dos últimos a continuación. Es su tratado más conocido y aunque lo escribió para el Papa Eugenio, en la práctica lo estaba haciendo también para todos los papas posteriores. De hecho se conoce la importancia que muchos papas han dado a este texto.

Bernardo seguía sintiéndose el padre espiritual del papa Eugenio III y así lo manifestó repetidamente en el prólogo de “De Consideratione”:

“El amor que os profeso no os considera como Señor, os reconoce por hijo suyo entre las insignias y el esplendor de vuestra excelsa dignidad. Os amé cuando eras pobre, igual os he de amar hecho padre de los pobres y de los ricos. Porque bien os conozco, no por haber sido hecho padre de los pobres dejáis de ser pobre de espíritu”.

En este escrito Bernardo insiste en la necesidad de la vida interior y de la oración para aquellos que tienen las mayores responsabilidades de la Iglesia. Escribió sobre el peligro de dejarse llevar por los asuntos de Estado y descuidar la oración y las realidades de lo alto.

Sobre los poderes del Papa le escribió defendiendo la supremacía del poder espiritual y el derecho de la Iglesia a emplear los ejércitos seglares. Se basaba en las palabras que los apóstoles dijeron a Jesús cuando lo apresaron, recogidas en el Evangelio de san Lucas y que él interpretó para fundamentar de nuevo la doctrina de las dos espadas, presente en el pensamiento cristiano desde los inicios de la Edad Media:

“Si la espada material no perteneciese a la Iglesia, el Señor no habría replicado? Es bastante? a los apóstoles cuando le dijeron? Aquí hay dos espadas?, sino ?Es demasiado? Por tanto, de la Iglesia son la espada espiritual y la espada material, pero ésta ha de ser manejada para la Iglesia, y aquella, por la Iglesia”.

“De consideratione”.

También le escribió que el poder del papa no es ilimitado: Yerras si, como creo, piensas que tu poder apostólico es el único instituido por Dios. Dice el apóstol: ?No hay poder que no proceda de Dios…Todos han de estar sometidos a las autoridades superiores?. No dice? la autoridad superior?, como si se refiriese a una, sino ?las autoridades superiores?, como si se refiriese a varias. Por tanto, tu poder no es el único que procede de Dios, también proceden de? Él?, el poder de los medianos y de los pequeños.

“De consideratione”.

Estaba convencido de que todos los cargos de la Iglesia procedían directamente de Dios y así lo escribió al Papa: La santa Iglesia romana no es la señora, sino la madre de las iglesias. Vos no sois el señor de los obispos, sino uno de ellos.

“De consideratione”.

✠ BERNARDO Y SU DOCTRINA:

Sus fuentes fueron fundamentalmente las Sagradas Escrituras y también las fuentes de la tradición cristiana. Ambas fueron siempre sus grandes argumentos.

Bernardo creía en la revelación verbal del texto bíblico. Esta creencia, considerada hoy errónea por la teología católica, la heredó de Orígenes, su maestro en Exégesis.

Así, en cada palabra de la Biblia buscaba interpretaciones y sentidos desconocidos y ocultos. Cuando no comprendía unas frases o un sentido del texto, se humillaba y pedía a Dios que le iluminara, pues entendía que si Dios había puesto esa palabra o esa frase y no otra, lo hacía por una razón concreta. Esta fe en la revelación verbal le originó importantes periodos místicos que quedaron recogidos en sus escritos.

Su búsqueda de la interpretación del texto sagrado, sin limitarse al sentido pretendido por el escritor sagrado para obtener de él la justificación de sus experiencias personales, profundiza en la reflexión y en la contemplación de la misma forma que la Iglesia primitiva y siguiendo la tradición mística de los padres griegos de la Escuela de Alejandría.

Resulta esclarecedor lo que pensaban de él los dos principales artífices de la Reforma Protestante.

Martín Lutero dijo que "Bernardo supera a todos los demás Doctores de la Iglesia", y Juan Calvino lo alabó: "El abad Bernardo habla el lenguaje de la mismaverdad".

Los libros de la Biblia que más citó y por lo tanto con los que más se identificaba son: el libro de los Salmos: 1519 veces; las Cartas de Pablo: 1388 veces; el Evangelio de Mateo: 614 veces; el Evangelio de Juan: 469 veces; el Evangelio según san Lucas: 465 veces; el Libro de Isaías: 358 veces y el Cantar de los Cantares: 241 veces.

La segunda fuente para él era la Tradición. En su tiempo había dos escuelas teológicas contrarias: la escuela antigua o tradicional, de la que él era el principal exponente, y la escuela moderna, patrocinada por Abelardo y basada en especulaciones y en la crítica filosófica de las ideas. Bernardo consideraba estéril la filosofía, pues argumentaba que en nada sirve al hombre para alcanzar su fin último.

Despreciaba a Platón y Aristóteles. En cierta ocasión dijo: "Mis maestros son los apóstoles; ellos no me han enseñado a leer a Platón ni a ejercitarme en las disquisiciones de Aristóteles".

Sin embargo Bernardo tenía una concepción neoplatónica del alma humana, que consideraba estaba creada a imagen y semejanza de Dios y destinada a una unión perfecta con Él.

Los Padres de la Iglesia que más seguía eran los que entonces se consideraban los maestros más autorizados de la Iglesia: se declaró fiel discípulo de San Ambrosio y de San Agustín de Hipona, los llamó las dos columnas de la Iglesia y escribió que difícilmente se apartaría de su parecer (Tratado sobre el bautismo).

En moral su referencia era Gregorio Magno. Copió con frecuencia, aunque sin citarlo, a Casiodoro en sus comentarios sobre los Salmos. Muchos bellos pensamientos que describió Bernardo en realidad son de Casiodoro. Entre los Padres griegos, citó a menudo a Orígenes y a Atanasio. Tenía una gran devoción a Benito de Nursia y a su única obra, la “Régula monasteriorum” (la regla de los monjes).  Esta obra era la maestra de su corazón y de su intelecto, y estaba convencido que, como la Biblia, era un libro directamente inspirado por Dios.

Cuatro de sus obras tienen similitudes con otras de la literatura patrística:

Los sermones sobre el Cantar de los cantares.

En el Concilio de Sens, Berenguer de Escocia le recriminó haber copiado descaradamente a Orígenes, Ambrosio, Rexio de Autun y Beda el Venerable.

Los 17 sermones sobre el salmo 90 están copiados de la doctrina de San Agustín.

Las 4 homilías de alabanzas de la Virgen María tienen plagios de Ambrosio y de San

Agustín

Su escrito Sobre la gracia y el libre albedrío es un resumen de la doctrina de San

Agustín.

Misticismo: Bernardo de Claraval fue el primero que formuló los principios básicos de la

mística, contribuyendo a configurarla como cuerpo espiritual de la Iglesia católica.

Su devoción a la humanidad de Jesús se trató de una innovación basada en el Cristo de los

Padres y de San Pablo. Su forma de relacionarse con Cristo llevó a nuevas formas de espiritualidad basadas en la imitación de Cristo.

Su teología mística tuvo como fin principal mostrar el camino de la unión espiritual con Dios. Su doctrina de búsqueda de unión a Dios se inspiró en el estudio de las escrituras y de los Padres de la Iglesia, así como en su propia experiencia religiosa.

El esquema de la mística bernardiana propone ascender desde lo más profundo del pecado original hasta lo más elevado del amor, la unión mística con Dios. En este ascenso enumeró cuatro grados de amor, descritos en su tratado Del amor de Dios:

En primer lugar, pues, se ama el hombre a sí por sí mismo, pues es carne, y no puede gustar nada fuera de sí. Mas cuando ve que no puede subsistir por sí, comienza a buscar a Dios por la fe y a amarle, como que le es tan necesario. Ama, pues, en el segundo grado a Dios, pero por sí, no por Él mismo. Ya después que comenzó, con ocasión de la propia necesidad, a reverenciarle y frecuentarle, meditando, orando, obedeciéndole, poco a poco en virtud de este género de familiaridad, se da a conocer Dios y consiguientemente se hace también más dulce, y así pasa al grado tercero, para amar a Dios no ya por sí, sino por Él mismo En este grado se está mucho tiempo y desde entonces, juntándose a Él, será con Él un espíritu. Cuando se entra en estas grandezas espirituales y divinas habría de ser despejado de todas las enfermedades de la carne.

Del amor de Dios.

Devoción mariana: En el occidente cristiano y a partir de finales del siglo XI, se desarrolló masivamente el culto popular a la Virgen María. Bernardo tuvo un papel importante en la propagación de ese culto mariano. Su teología sobre María fue rápidamente aceptada por los fieles y sus sermones se difundieron por toda la cristiandad.

La figura de María no se entendía como hoy. Así el abad mostró sus dudas sobre la Inmaculada Concepción: Con toda certeza, sólo la gracia hizo limpia a María del contagio original. La fiesta de la Inmaculada Concepción es una fiesta que desconocen los ritos de la Iglesia, ni recomienda la tradición antigua.

Inclusivo no se puede afirmar que patrocinara la Asunción de María, lo cual coincidía con la corriente antiasuncionista que por aquel entonces predominaba. La influencia del pensamiento de Bernardo de Claraval sobre misticismo y devoción mariana en las órdenes religiosas europeas fue muy importante.

✠ LOS ESCRITOS DE BERNARDO:

Sus escritos no son numerosos, ocupan solo los tomos 182 y 183 de la Patrología latina de Migne (compilación de los escritos de los Padres de la Iglesia y de otros escritores eclesiásticos publicados entre 1844 y 1865). Esta cifra es pequeña comparada con otros Padres de la Iglesia. Sus numerosas actividades no le permitieron un trabajo extenso. Por lo general, son obras de ocasión, rápidas, solicitadas por terceros. Muestran al hombre de acción, al renovador del Císter, a un reformador de la sociedad laica y religiosa y defensor del papado. También reflejan la seguridad de la personalidad religiosa más influyente del siglo XII, como San Agustín en el siglo V o Santo Tomás en el siglo XIII. Dejó una producción de unas 500 cartas, del orden de 350 sermones y varios tratados doctrinales.

Sus escritos más conocidos son los sermones (el sermón en los monasterios de la Edad Media tenía mucha influencia en la formación religiosa e intelectual del monje). Después los tratados, breves pero de enorme valor espiritual para la Iglesia católica, desarrollando una doctrina precisa y coherente. Empleó un elegante latín y fue de los escritores más notables de su época, junto a Abelardo y Gilberto de la Porée.

✠ LOS ÚLTIMOS AÑOS DEL ABAD BERNARDO DE CLARAVAL.

Los últimos años de la vida de Bernardo se vieron entristecidos por el fracaso de la Cruzada que había predicado, cuya completa responsabilidad recayó sobre él. Bernardo había acreditado la empresa con milagros, pero según él mismo dijo, la empresa había fracasado debido a la falta de disciplina y presunción de las tropas alemanas, las intrigas del príncipe de Antioquía y de la reina Leonor, la avaricia y evidente traición de los nobles cristianos de Siria al impedir la toma de Damasco y, finalmente, los infortunios y las desgracias ocasionadas por los pecados de los cruzados y de los hebreos (Libro de Meditación, dirigido al Papa Eugenio III).

La muerte de sus contemporáneos sirvió de aviso a Bernardo de su próximo fin. El primero en morir fue Suger en1152, sobre quien el Abad escribió a Eugenio III: Si hay algún vaso precioso adornando el palacio del Rey de Reyes, es el alma del venerable Suger. Thibaud, Conde de Champagne; Conrado, emperador de Alemania, y su hijo Enrique, murieron ese mismo año. Desde el comienzo del año 1153, Bernardo sintió aproximarse su muerte. El fallecimiento del Papa Eugenio le dio el golpe fatal al apartarle del que consideraba su mejor amigo y consolador.

Fruto aún de las severas restricciones monásticas que él mismo se había autoimpuesto al principio de su vida monacal, en 1153 Bernardo sufrió una grave enfermedad estomacal y digestiva y por ello no podía retener la comida y las piernas se le hinchaban. Ello le ocasionó una gran debilidad y, finalmente falleció el 20 de agosto del 1153 a la edad de

63 años, de los cuales 40 habían transcurrido dentro de la vida monacal.



“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

✠ ✠ ✠ nnDnn ✠ ✠ ✠

Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  LOS TEMPLARIOS: LAS JERARQUÍAS.

El Maestre era el soberano, aunque en asuntos de gravedad debía someter su decisión al Capítulo, en cuyo cuerpo sólo tenía un voto. Los símbolos jerárquicos eran el bastón o ábaco y el látigo o vara. Algunos han querido ver en el bastón a la unidad de medida. Con el Maestreen batalla, iba siempre el estandarte o baussant/gonfalon, bandera/estardarte compuesto por los colores blanco y negro y la cruz roja en el centro y todos debían seguirlo y protegerlo hasta la muerte.

✠  Baussant templario.




El baussant jugaba un papel muy importante en las batallas, ya que una vez comenzada, el polvo de la tierra envolvía a los combatientes, y el griterío en el fervor de la batalla, hacía imposible comunicarse hablando, aquí es donde entra la función del baussant.

Señalaba el lugar de concentración de las tropas de la Orden mientras durase la batalla, dentro de un grupo formado no por más de diez caballeros, se debía mantener alzado, no pudiendo ser bajado para cargar contra el enemigo cuando se llevara sujeto posiblemente en una lanza. 

Considerado un objeto santo, era protegido por los más distinguidos caballeros, como depositario del honor de la Orden, y portado por un caballero.

Mientras permaneciera ondeando, la batalla no debía pararse y mucho menos abandonar el campo de batalla;  marcaba el ritmo y la movilidad de los miembros templarios en combate.



“Algunos dignatarios poseían en permanencia un gonfalón: el Maestre, el Senescal, los Comendadores de Jerusalén, de Trípoli y de Antioquía, y el Gonfalonero”.

     En el caso que el baussant cayera o fuera apresado por el enemigo, el Comendador  llevaba otro de repuesto, si cayera de nuevo obedecerían la bandera de los hospitalarios, si también sucumbiera, seguirían la de cualquier otro pendón cristiano.

 “El abandono del gonfalón que se tenía a cargo, para huir por temor al enemigo, conllevaba la pérdida de la casa; soltarlo para golpear al enemigo o para cargar sin permiso conllevaba la pérdida del hábito, una sanción a la que a veces se añadía la prohibición de portar en adelante el gonfalón”.

El Gran Consejo, compuesto por 13 miembros elegía al Maestre. El Consejo se constituía de esta manera: el Senescal y el Mariscal escogían otros dos Hermanos para componer el primer núcleo. Los cuatro escogían otros dos y eran seis. Los seis otros dos y eran ocho, los ocho dos más y eran diez, los diez otros dos para reunir el número de los Apóstoles. De los doce, ocho debían ser caballeros -de nuevo ocho- y cuatro escuderos y en conjunto elegían al Capellán -decimotercer miembro- que representaba a Cristo.

El Gran Consejo procedía entonces a nombrar de la nómina al Maestre. Y el Senescal, una vez elegido, le decía: «Hermano ¿prometes ser obediente cada día de tu vida al convento, conservar las buenas costumbres de la casa y garantizar el buen uso de sus bienes?» Entonces, cantando el Te Déum los electores tomaban en sus brazos al Maestre recién elegido y lo llevaban triunfalmente dentro de la capilla para presentarlo ante Dios. El Senescal era la segunda autoridad, aunque el cargo representara a lo que hoy llamaríamos Jefe de Logística. Al igual que el Maestre debe tener un compañero de rango, función que se explica más adelante. El Mariscal es el comandante militar y por ende responsable del entrenamiento y la disciplina. Da las órdenes en cada jornada, aún en presencia del Maestre

En combate, el Mariscal es quien lleva el baussant como señal de reunión y cuando la caballería carga le corresponde hacer de punta de lanza. En ausencia del Maestre y del Senescal, corresponde al Mariscal celebrar el Capítulo. Cuando van armados «todos los hombres de la Casa están a las órdenes del Mariscal». No puede ser designado Comendador de una Provincia a menos que haya sido relevado de esas funciones. El Pañero se ocupa de la ropa de los hermanos, la indumentaria y la ropa de cama. Además debe «procurar que todos los hermanos lleven el pelo cortado pulcra y honestamente». 

Los Comendadores, especie de gobernadores zonales, tenían a su vez un Mariscal y un pañero bajo sus órdenes. Respondían al Maestre y al Capítulo General. Eran los tesoreros del convento. Todo lo ganado en la guerra debía ir a parar a sus manos para su postrer distribución y utilización según necesidades, excepto las armas y pertrechos de uso militar que se ponían a disposición del Mariscal. Estaban también bajo su jurisdicción todos los navíos atracados en el puerto de San Juan de Acre. En Jerusalén tenían a sus órdenes a diez caballeros para protección de los peregrinos, volviendo así a la primitiva función. Llevaban también animales y víveres adicionales para quienes lo necesitaran. Otra función es el privilegio de custodiar la Vera Cruz. 

El Gonfalón o Gonfaloniero era un sargento que mandaba a los escuderos y celebraba capítulo para juzgar y castigar sus faltas. A su vez el Turcopliero hacía lo propio con los turcoples. Reportaba en forma directa al Maestre y al Mariscal. Se llamaba compañero de rango al caballero que debía acompañar, en temas de importancia, en todo momento y circunstancias al Maestre, Comendador o Bailío. Además de los caballeros la Orden tenía «sargentos», que eran combatientes no nobles y que combatían a la par de los caballeros. Se distinguían por el color de su túnica: mientras era blanca para los caballeros, era parda o negra para los sargentos. A los Capellanes les correspondía el cumplimiento de los deberes religiosos... 

Eran elegidos, debían cumplir un noviciado con el Temple y si no conformaba su actuación podían ser despedidos. Otra categoría existente era la de Hermano Templario de Oficio (HTO) y como su nombre indica cumplían con las indispensables labores y abastecimientos en herrería, armas, carpintería, telares, etc. Los escuderos cumplían la función tradicional del cuidado y portación de armas y el servicio de los guerreros. 

Fuentes: 

Los Caballeros Templarios. Dr. Horacio Della Torre. 

Víctor Hugo Bassino  

 

“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

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✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  LA PENÍNSULA IBÉRICA EN TIEMPOS DE LAS NAVAS DE TOLOSA.

✠  LAS NAVAS DE TOLOSA: CRISTIANDAD E ISLAM.

✠  LAS NAVAS  DE TOLOSA Y EL PARADIGMA BÉLICO MEDIEVAL.

✠  PARTE 2.-  LA ESPADA Y LA PALABRA: POSTURAS FRENTE AL “OTRO”  DURANTE LA ÉPOCA ALMOHADE.

✠ ALMORÁVIDES Y ALMOHADES FRENTE AL YIHAD, (GUERRA SANTA).

Los movimientos que dieron lugar a los así llamados imperios beréberes – el de los almorávides y los almohades– están estrechamente asociados en la bibliografía existente a la práctica del ŷihād. Esto es especialmente así en el caso de los almorávides. Basta pensar en títulos de libros en distintas lenguas y procedentes de distintos mundos académicos como Dawr al-murābiṭīn fī l-ŷihādbi-l-Andalus 468-530/1086-1147, Les almorávides. Le djihad andalou (1106-1143), o The Almoravids and the meanings of jihad, en los que la asociación con el ŷihād ocupa un lugar prominente. Es una asociación que tiene que ver con los propios orígenes del movimiento almorávide, pero también con la rapidez con la que el movimiento almorávide se vio involucrado en la lucha contra los cristianos en la Península Ibérica y lo decisivo que fue ese factor en el hecho de que los almorávides acabasen extendiendo sus dominios a al-Andalus sin encontrar una oposición fuerte. En efecto, los almorávides podían alardear de que su intervención había sido requerida por los reyes de taifas para frenar el avance cristiano y que había sido la incapacidad y mal gobierno de estos –ejemplificados en el abandono de la lucha militar contra los cristianos y en la imposición de impuestos ilegales– los que habían legitimado su sustitución en la dirección de los asuntos de la comunidad musulmana andalusí. 

La intervención almohade en la Península estuvo en cambio determinada por otros factores. Contrariamente a lo que ocurre en el caso almorávide, en los estudios dedicados a los almohades se insiste más en su programa de reforma religiosa dirigida hacia los musulmanes, o mejor dicho, contra ellos. No faltan naturalmente estudios dedicados a destacar el papel de los almohades en la práctica del ŷihād contra los cristianos, estudios que son obra fundamentalmente de investigadores musulmanes. Posiblemente fue en época almohade–pero sólo a partir de un determinado momento, como veremos– cuando más poemas y más obras de distinto tipo se escribieron sobre el tema, aparte de que siguiese circulando la literatura procedente de épocas anteriores. Pero esos poemas y esa literatura no caracterizan a los orígenes del movimiento almohade, surgiendo en una etapa posterior a la de formación del imperio almohade en la que el principal objetivo fue acabar con los no almohades. Piénsese que en el Kitāb, atribuido a Ibn Tūmart (m. 524/1130) –el fundador del movimiento almohade– no hay una parte específica dedicada al ŷihād, ya que la sección dedicada a éste se añadió en una época posterior, en concreto, en época del segundo califa almohade Abū Yaʽqūb Yūsuf (r. 558/1163-580/1184). Este “desinterés” de Ibn Tūmart se explica si se tienen en cuenta cuáles eran las prioridades de los almohades de la primera época.

✠ El ŷihād interno de los Almohades. 

El movimiento almohade se inició con las actividades de un personaje llamado Ibn Tūmart, un beréber Masmuda nacido en Igilliz, al sur de Marrakech. Según la biografía oficial, su trayectoria política y religiosa fue una combinación de la palabra y la espada. A su regreso de Oriente donde habría estudiado con el reformador más famoso de la época, al-Gazālī (m. 505/1111), nuestro Algacel–relación esta que ha sido puesta en duda con sólidos argumentos–, censuró de palabra aquellas prácticas que le parecieron reprobables entre los musulmanes con los que tuvo contacto: que no se enterrase como a los demás musulmanes a un judío converso, que los hombres vistiesen como las mujeres, que se empleasen instrumentos musicales, que se consumiese vino, que se cobrasen impuestos ilícitos, así como que se castigase de forma reprobable, por ejemplo, crucificando a personas vivas. Al tiempo que ordenaba reconstruir mezquitas abandonadas y fundaba otras nuevas a lo largo de su periplo por núcleos urbanos norteafricanos, Ibn Tūmart debatía con los ulemas locales en cruces dialécticos de los que siempre salía triunfante. No se limitó a la palabra. En Bugía, atacó físicamente a un grupo mixto de hombres y mujeres que celebraban juntos el final del ayuno de ramadán. En Tremecén, paró la procesión de una boda, rompiendo los tambores que se tocaban y sacando a la novia de la silla en la que la transportaban. Esta conducta llamó la atención de las autoridades, quienes o bien lo expulsaban o bien le obligaban a marcharse temiendo por su vida. Fue en Marrakech donde su censura le enfrentó a los emires almorávides.

✠ Ibn Tūmart.





Ibn Tūmart llegó a Marrakech en el año 514/1120. En plena capital almorávide, censuró que los hombres llevasen velo –los hombres almorávides eran conocidos por su costumbre de llevar un velo que les cubría la cara, al estilo de los modernos tuaregs– y que las mujeres, en cambio, fuesen desveladas. Los seguidores de Ibn Tūmart fueron a los mercados, cumpliendo con el precepto de ordenar el bien y prohibir el mal, llegando incluso a arrojar piedras a una hermana del emir almorávide porque no iba velada. Los debates que Ibn Tūmart tuvo con los ulemas locales en presencia del emir almorávide sirvieron para alertar del peligro que representaba desde el punto de vista doctrinal, aparte de que se habría reconocido en él a una figura mesiánica conocida como el hombre del ‘dirham cuadrado’ (los almohades acuñarían más tarde monedas de plata de forma cuadrada). Los ulemas aconsejaron al emir que lo expulsase de la ciudad e incluso que le diera muerte. El emir almorávide –a pesar de la gravedad dela censura– se limitó a ordenar que expulsasen a Ibn Tūmart de su territorio, momento en el que nuestro personaje se instaló en un cementerio de la ciudad, dando a entender que ése no es propiamente dominio del emir.

La presión, sin embargo, acabó obligándole a abandonar Marrakech, dirigiéndose finalmente a su pueblo natal, de donde emigraría luego hacia el norte, a Tinmal, en el Alto Atlas. Esta huida de la ciudad impía almorávide y las subsiguientes ‘emigraciones’ señalan el momento en el que la palabra y la espada empiezan a cobrar igual importancia en la trayectoria de Ibn Tūmart, así como también el momento en el que, de ser un reformador, nuestro personaje se convierte en un “mahdī ”, una figura mesiánica a la que se caracterizará por su impecabilidad e infalibilidad. Ibn Tūmart predicó a los beréberes de su tribu y de otras tribus vecinas del Sūs y del Atlas, enseñándoles aleyas coránicas y la verdadera profesión de fe, pero también los pasó por la espada para asegurarse su obediencia. En tanto que mahdī o Mesías, conocía con certeza quiénes eran verdaderos creyentes y quiénes no, conocimiento que servía para reforzar su poder, ya que aquellos que lo rechazaban demostraban de esa manera su verdadera naturaleza religiosa haciéndose así merecedores del castigo que se les imponía y que solía ser la muerte. Desafección política, infidelidad religiosa y eliminación física iban estrechamente unidas y lo seguirían estando también bajo su sucesor ʽAbd al-Muʼmin, el primer califa almohade.

✠ Califa almohade Abd al-Muʼmin.


 



Ibn Tūmart y sus seguidores empuñaron la espada no sólo para asegurar la obediencia y la fe correcta de aquellos que se habían unido al movimiento, también para luchar contra el ‘otro’ por antonomasia, los almorávides. Estos debían ser derrotados no solo en tanto que enemigos políticos, sino fundamentalmente porque no eran verdaderos creyentes: descalificados como antropomorfistas, su infidelidad servía para proclamar que los verdaderos creyentes en la unidad divina (tawhīd) –o dicho de otra manera, los verdaderos unitarios, los muwahhidūn, de dónde viene nuestro término “almohades”– eran quienes les combatían. La desviación religiosa de los almorávides era la prueba de que los almohades luchaban por imponer la creencia verdadera en un Dios único en los territorios que a ellos se sometían. La herejía de los unos confirmaba la ortodoxia de los otros. Los almorávides en tanto que antropomorfistas habían sido declarados infieles por los almohades o, mejor dicho, eran infieles porque habían sido acusados de antropomorfistas. Por ello era legítimo arrebatarles el poder y sustituirles –a ellos y otros emires locales que no seguían la verdadera religión– como soberanos del Occidente islámico. Esta visión negativa de los almorávides se construyó de mil maneras, pues los almohades fueron maestros en la agitación propagandística y en la demonización del adversario. Además de acusarles de antropomorfismo, los almohades llamaron a los almorávides zarāŷina, término beréber local que hacía referencia a un pájaro que es a la vez blanco y negro por fuera, pero en su interior el corazón es negro: si los almorávides tenían algo de blanco como los zarāŷina era porque habían contribuido a la defensa de al-Andalus, pero su verdadera naturaleza era negra. Por todo ello, los almorávides fueron combatidos con saña y con una gran violencia, pudiendo hablarse de una política de terror por parte de los almohades contra sus oponentes musulmanes, sobre todo en la primera época. Sobre esta violencia revolucionaria almohade en la que se hace una representación maniquea de la realidad se han escrito ya varios estudios. Precisamente porque en sus orígenes fue un movimiento legitimado por la lucha contra otros musulmanes acusados de haberse desviado del camino recto, cabe preguntarse hasta qué punto su verdadero espíritu de lucha estuvo siempre más dirigido hacia el interior que no hacia el exterior. En una de las obras que se escriben hacia el final de la primera época almohade y que refleja cuestiones centrales en el devenir del movimiento como es el Filósofo autodidacta de Ibn Ṭufayl (m. 581/1185), la preocupación central sigue siendo con aquellos ‘musulmanes’ o incluso con aquellos monoteístas receptores de una Revelación a través de un profeta–como los judíos y los cristianos ḏimmíes– incapaces de acceder al verdadero conocimiento de Dios.

En tanto que herejes, aun más, infieles, los almorávides podían y debían ser combatidos por los almohades en una lucha que se asimilaba al ŷihād: si no se convertían a la verdadera religión traída por el Mahdī Ibn Tumart, a los almorávides y, en general, a los habitantes de los territorios conquistados se les podía no solo dar muerte, sino también reducirles a esclavitud, aunque se llamasen musulmanes. En el derecho islámico, los musulmanes derrotados en un combate armado no pueden ser esclavizados, a diferencia de los no musulmanes. Sin embargo, los califas almohades consideraron esclavos suyos (ʽabīd), a las poblaciones de los territorios por ellos conquistados, algo que todavía se les recordaba muchas décadas después, cuando el movimiento había sufrido grandes cambios que lo habían ido alejando cada vez más de sus orígenes mesiánicos y revolucionarios. Muchas de las decisiones tomadas en aquellos primeros momentos no encajaban bien en la trayectoria posterior del movimiento y se empezó a someterlas a una política de silencio y de olvido.

Eran decisiones que tenían que ver con el uso de la coerción: coerción universal porque afectó a los musulmanes que no eran almohades, pero también a los demás monoteístas. Judíos y cristianos, en efecto, fueron también obligados a convertirse a la religión de los almohades. La conversión consistía fundamentalmente en el aprendizaje de una profesión de fe –la ʽaqīda de Ibn Tūmart– que afirmaba sin concesiones la unicidad divina, así como en el reconocimiento del liderazgo y del mahdismo de Ibn Tūmart. La figura del Profeta Muḥammad tenía escasa cabida entre estos dos polos. Es verdad que el Profeta aparece en la fórmula tripartita de las monedas almohades (Allāhu rabbu-nā Muhamma dnabī-nā al-Mahdī imāmu-nā: Dios es nuestro Señor, Muhammad es nuestro profeta, el Mahdī es nuestro imán), pero esas monedas comenzaron a ser acuñadas en época de ʽAbd al-Mu’min y deben ser entendidas dentro de los cambios que tuvieron lugar bajo su mandato en la orientación del movimiento con objeto de asegurar su control y la sucesión dinástica dentro de su familia. Uno de esos cambios fue la incorporación de las tribus árabes –derrotadas en Sétif en el año548/1153– al ejército almohade, incorporación que trajo consigo nuevas prácticas, como fueron los banquetes de los que se hablará a continuación, así como la integración cada vez mayor de la figura del Profeta Muḥammad entre el Dios almohade y su Mesías impecable, ya que, en los orígenes del movimiento, ese Mesías se entiende mejor como un nuevo profeta –profeta esta vez beréber, no árabe como lo había sido Muḥammad, con un mensaje en beréber dirigido a los beréberes que les unía para construir un imperio que les librase de su dependencia de los árabes.

✠ El ŷihād almohade contra los cristianos.

La campaña de Ifrīqiya llevada a cabo por ʽAbd al-Mu’min en el año 553/1158 señala el momento en que el califa se enfrenta directamente a un poder cristiano, el de los normandos, a quienes arrebató Mahdiyya. Las tropas cristianas con las que había combatido anteriormente eran soldados mercenarios a sueldo de los almorávides. Teniendo en cuenta que el movimiento almohade había comenzado hacia 510-511/1116-7 (cuando Ibn Tūmart desembarcó en el Norte de África), o mejor dicho, hacia 514/1120 (cuando Ibn Tūmart abandona Marrakech, preludio de la actividad militar contra los almorávides), los almohades tardaron más de cuarenta años en hacer propiamente ŷihād al estilo sunní, es decir, en combatir contra poderes cristianos. Unos años antes, tropas almohades habían intervenido en la Península Ibérica, cruzando el Estrecho en 541/1147, pero lo hicieron no como los almorávides para enfrentarse a un ejército cristiano, sino para arrebatar sus dominios a los almorávides, aunque naturalmente se produjeron enfrentamientos en los que combatieron contra cristianos.

La práctica del ŷihād contra los no musulmanes empezó a adquirir cada vez mayor importancia a medida que la legitimidad otorgada inicialmente por la lucha contra los descalificados como infieles o herejes entre los musulmanes disminuía. Esa práctica estuvo determinada no sólo por el peligro real representado por los avances cristianos en la Península, sino también porque el primer califa almohade –y sobre todo sus sucesores– vieron en ella la solución a varios problemas.

En primer lugar, la integración en el ejército almohade de las tribus árabes derrotadas en Sétif en el año 548/1153 no era fácil –de ahí esos banquetes en los que corrían arroyos de arrope de los que nos hablan las fuentes almohades y con los que se buscaba crear vínculos de obligación entre los árabes y el califa almohade–, al tiempo que tenerlas inactivas habría constituido un grave problema de seguridad interno. La solución fue el ŷihād: a los árabes se les tendría ocupados en combatir a los cristianos con las consiguientes oportunidades de botín, combate que servía a la vez para justificar su entrada en el ejército tribal beréber. La incorporación de los árabes fue unida a la reivindicación de una genealogía árabe por parte de ʽAbd al-Muʼmin. Este era un beréber Zanata que se esforzó por limitar el poder de la familia de Ibn Tūmart y de su tribu, los Harga, que eran Masmuda. La incorporación al ejército de las tribus árabes permitió a ʽAbd al-Mu’min reducir su dependencia militar de las tribus beréberes que se habían unido a Ibn Tūmart, obteniendo gracias a los árabes una mayor autonomía que se concretó sobre todo en su adopción del título de califa y, en estrecha relación con ello, de una genealogía árabe.

Contrariamente a los almorávides, los almohades irrumpieron por tanto en la Península Ibérica teniendo a su frente a un califa –es decir, a un “árabe”– y con un ejército imperial que, en tanto que tal, constaba de soldados de distintas procedencias étnicas. Los almorávides muy pronto se habían dado cuenta de que el ŷihād por sí solo no garantizaba su legitimidad política. En efecto, los oponentes de los almorávides plantearon si era lícito el ŷihād llevado a cabo bajo el mando de quien no pertenecía a la tribu de Qurayš. Este problema es mencionado en la carta en la que el califa ʽabbāsí nombraba delegado (nāʼib) suyo al sultán almorávide, poniendo fin de esta manera a las burlas que este último sufría cuando afirmaba que era un “servidor” (jādim), del imām ʽabbāsí. 

El califa ʽAbd al-Muʼmin empezó a organizar el traslado de las tribus árabes de Ifrīqiya a al-Andalus “para que con la guerra santa se redimiesen de sus pasadas faltas”, es decir, se redimiesen por el hecho de haberse enfrentado a los almohades durante sus campañas en el Magreb central y en Ifrīqiya. Esas tribus árabes –que habían sido enviadas al Norte de África por los califas fatimíes para castigar a los ziríes cuando estos abandonaron la obediencia a los califas de El Cairo– estaban asociadas además al pillaje y a la destrucción de las regiones en las que se movían. Los árabes tenían, pues, mucho que redimir. También mucho que ofrecer, sobre todo, la oportunidad ya mencionada para los mu’miníes de encontrar una base militar que les diese cierta autonomía frente a las tribus beréberes originales del movimiento, cuyos jeques –los shaykhs almohades– gozaban de un gran poder y, sobre todo, no querían perderlo. Un factor decisivo en el eventual colapso del imperio almohade será precisamente la lucha interna entre los mu’miníes y los jeques almohades.

Parte del fracaso militar almorávide había sido debido a la aparición de un peligroso enemigo interno, el Mahdī Ibn Tūmart quien, aunque no consiguió conquistar Marrakech, sí obligó a los almorávides a invertir grandes recursos y soldados en la defensa de su capital. Había sido ʽAbd al-Muʼmin quien logró finalmente conquistar Marrakech en el año 541/1147 tras haber dominado el norte y el centro de Marruecos en una campaña que duró varios años y que supuso nuevamente una fuente de debilidad militar para los almorávides en su lucha contra los cristianos. A partir del año 535/1140 y especialmente en 539/1144, los andalusíes se rebelaron contra los almorávides bajo el liderazgo en el Algarve de un sufí, Ibn Qasī, mientras que en ciudades como Córdoba, Jaén, Málaga, Granada, Murcia y Valencia eran los cadíes quienes se ponían al frente de las revueltas, mientras un jefe militar, Ibn Hūd (m. 540/1146), intentaba hacerse con el liderazgo del levantamiento. Hubo regiones de al-Andalus que lograron darse un gobierno autónomo, en otras los almorávides mantuvieron el control. En el año 546/1151 –tras una primera sumisión que había tenido lugar en 542/1147–, los gobernantes de las regiones occidentales de al-Andalus cruzaron el Estrecho para prestar obediencia a ʽAbd al-Muʼmin, con la excepción de Ibn Qasī, quien –aunque había establecido contacto anteriormente con los almohades– se había aliado luego con el rey de Portugal, alianza que acabó costándole la vida. Las alianzas con los cristianos, sin embargo, eran tan frecuentes entre los distintos bandos y facciones musulmanas que sólo se recordaban en el contexto de la propaganda y la lucha ideológica. De hecho, los almohades también acabaron incorporando cristianos a su ejército y de igual manera que había pasado en época almorávide, los intentos por activar una versión individualizada del ŷihād también fracasaron en época almohade.

Cuando ʽAbd al-Muʼmin cruzó el Estrecho en el año 555/1160 –tras varios años de lucha por controlar el territorio andalusí por parte de las tropas almohades y tras la victoriosa campaña de Ifrīqiya–, recibió a los poetas, a los alfaquíes, a los notables (kubarāʼ), a los almohades y a los santos puros (al-awliyāʼ al-ṭuharāʼ), celebrando con ellos la Fiesta del sacrificio y anunciando la dedicación almohade al ŷihād contra los cristianos. Como recoge Ibn Ṣāḥib al-ṣalāt, entonces se “satisficieron las demandas de la gente y sus necesidades y deseos, y se hizo al ofendido justicia de su ofensor y se les prometió una atención continua en su defensa contra los infieles”. Además, el califa excitó y arengó a la gente y les recordó los premios que Dios les ofrecía por luchar en la guerra santa contra los cristianos. Entre los poemas que los poetas andalusíes recitaron en aquella ocasión, no faltaron las referencias a la guerra santa. ʽAbd al-Muʼmin no pudo, sin embargo, llevar a cabo la gran campaña que organizaba para acabar con los almorávides y atacar a los cristianos, pues murió antes de volver a cruzar el Estrecho.

Fue durante el reinado del sucesor de ʽAbd al-Muʼmin, su hijo Abū Yaʽqūb Yūsuf (r. 558/1163-580/1184), cuando la incitación al ŷihād cobró mayor impulso, hasta el punto que se añadió el opúsculo sobre el ŷihād ya mencionado al Kitāb de Ibn Tūmart, opúsculo que habría sido escrito por el propio califa. Se trataba de una compilación de tradiciones proféticas que habría hecho copiar con objeto de animar a sus seguidores en la lucha contra los infieles. Es también durante este reinado cuando Ibn Ṭufayl escribe –por orden del califa– su largo poema incitando a la guerra santa, en el momento (año 565/1170), en que el califa convocaba a las tribus árabes para atacar a los cristianos. Lo mismo hará ʽAyyās b. ʽAyyāš, entre otros muchos poetas que escribieron poemas sobre el ŷihād. También se compusieron obras recordando las expediciones militares del Profeta y de los primeros califas. A pesar de esta incitación, el fracaso en la desastrosa campaña de Huete del año 567/1172 será atribuido por el cronista Ibn Ṣāḥib al-ṣalāt a la incompetencia, desorganización y carencia de espíritu de ŷihād. En cualquier caso, la prioridad que va adquiriendo el combate contra los cristianos y que se refleja en tantos poemas de la época –en al-Andalus como en las regiones del mundo islámico afectadas por las Cruzadas– se concreta en el hecho de que Abū Yaʽqūb Yūsuf, a diferencia de su padre, encontró la muerte en el trascurso de la expedición que dirigió con objeto de arrebatar Santarén a los cristianos.

El tercer califa almohade Abū Yūsuf Yaʽqūb (r. 580/1184-595/1198), reaccionando ante la presión cristiana y sobre todo del rey castellano Alfonso VIII (r.1158-1214), proclamó en 585/1189 el ŷihād en al-Andalus, y no se limitó a recurrir a su ejército sino que convocó a los voluntarios. Averroes (m. 595/1198) –quien formaba parte de las elites político-religiosas almohades– predicó el ŷihād en la mezquita de Córdoba y se mostró partidario de una guerra agresiva en sus escritos. Poco después, Abū Yūsuf Yaʽqūb tomará el título de al-Manṣūr por su victoria en la batalla de Alarcos (591/1195) contra el rey de Castilla. Antes de esa batalla, el cadí Abū ʽAlī b. Ḥaŷŷāŷ predicó un elocuente sermón, exhortando a todos a hacer la guerra santa con la más pura y ardorosa intención. Al recibir la noticia de la victoria, Averroes se prosternó en la mezquita en acción de gracias.

✠ Abū al-WalīdʾMuhammad ibn Aḥmad ibn Muḥammad ibn Rušd (Averroes).


 

 


En la expedición contra los cristianos del año 592/1196, al-Manṣūr hizo acudir a  gentes piadosas que le precedían en la marcha y a los que llamaba el verdadero ejército; a su regreso los recompensó. Parece, pues, que el ŷihād almohade no se santifica por sí mismo y por estar dirigido por el califa, necesitando añadir la santificación de aquellos ‘santos’ y hombres virtuosos cuya piedad religiosa les aproxima a Dios. De hecho, es entre los años 565/1170-610/1213 cuando D.Urvoy registra un número mayor de ulemas muertos en combate. Un miembro de una conocida familia de sufíes sirios, los Awlad al-shaykh, fue en 593/1197 al Magreb y sirvió durante siete años en el ejército de los califas almohades. Uno de los maestros del místico murciano Muḥyī al-dīn Ibn ʽArabī, Abū l-ʽAbbās al-Šaqqāq, marchó a la zona de Jerumenha (Portugal), para luchar allí.

El interés del califa por el ŷihād se limitó, sin embargo, a la zona occidental del orbe islámico. En el año 585/1189-90, Saladino mandó una petición de ayuda a al-Manṣūr frente a la amenaza cruzada, en una carta en la que relataba el gran triunfo que había sido la toma de Jerusalén y el peligro que amenazaba nuevamente a la dār al-islām.

✠ Saladino. 





✠ al-Manṣūr.





El califa almohade no dio una respuesta favorable: si los cruzados estaban ocupados en Tierra Santa, eso quería decir que la presión sería menor en sus territorios; por otro lado, Saladino había estado apoyando hasta hacía poco a sus enemigos, los almorávides Banū Gāniya, y además reconocía al califa ʽabbāsí. La carta y la embajada no tuvieron ningún eco.

Tras la muerte de al-Manṣūr en el año 595/1198, la amenaza de los Banū Gāniya en Baleares y en Ifrīqiya distrajo a los almohades de la lucha contra los cristianos, aunque no faltaron poetas que siguieron cantando la necesidad de la guerra santa. Fue sobre todo tras la batalla de las Navas de Tolosa y con el avance cristiano posterior cuando se incrementaron los poemas que urgían al cumplimiento del ŷihād, tal y como ha señalado Teresa Garulo en un excelente artículo del que tomamos gran parte de lo que sigue. El famoso poeta Ibn Sahl (m.649/1151), compuso un poema en el año 640/1242 con motivo de la llegada a Sevilla del jefe militar de las tribus árabes de Ifrīqiya:

“Acudid a la aguada de la guerra, su éxito es seguro;

es alcanzar la gloria en este mundo 

y conquistar la vida eterna …

Dejad los aduares por la morada eterna 

y navegad por el mar agitado hacia el verde paraíso.

Dejad las turbias aguadas … 

y abrevad en las límpidas aguas de las albercas,

exponeos a los peligros del mar salobre

por cuya causa llegaréis al río Kawṯar.

Soportad el ardor del mediodía 

y tendréis una sombra en la otra vida.”

También hace referencia a la nobleza inherente al hecho de ser árabe y de haber apoyado al islam en sus comienzos: 

“Árabes que habéis heredado el honor 

a través de antepasados ilustres …

Bien merecéis la victoria de la fe del Profeta 

que por vosotros fue poderosa en épocas antiguas:

construisteis sus pilares, 

apuntalad ahora el edificio con las oscuras lanzas,”

así como a la situación de la fe musulmana en la península y el alivio de tantos males que supondrá la intervención de los árabes: 

“La religión se queja de sed y vosotros 

sois sombra y agua como una primavera lluviosa.

La oscuridad se cierne sobre la península 

y vuestras vainas guardan la mañana radiante.”

Tras insistir en las pérdidas territoriales y en las consecuencias de un gobierno cristiano sobre tierras que eran del islam, Ibn Sahl se lamenta: 

“no le queda al Islam más que un poco de tierra…

Los infieles extienden sus posiciones… 

¡Cuántas veces han abolido 

las leyes consuetudinarias del Profeta 

y robado la joya de la confesión de un único Dios

de la cima de los almimbares!,”

y vuelve a increpar a los musulmanes que no parecen interesarse por sus correligionarios,

“¿Dónde está la cólera que no se ha despertado con esto? 

¿Dónde las decisiones que no se han tomado? 

¿Acaso hay entre vosotros quien pueda empuñar 

la espada y la religión de Mahoma no recibe ayuda?”

Y termina representando al islam como un suplicante, ligado a estos árabes para los sagrados vínculos del parentesco,

“y si fuese a pedir ayuda, a vosotros recurriría 

y os llamaría, familia y tribu mías”.

En el dīwān de Ibn al-Abbār (595/1199-658/1260), se encuentran no menos de cinco poemas incitando a los gobernantes –en su caso, los sultanes hafsíes de Túnez–, a socorrer a los musulmanes de la Península: uno es compuesto tras la caída de Valencia en el año 635/1238 y otro tras la caída de Sevilla en 646/1248. A partir del siglo VII/XIII se componen numerosas elegías llorando la pérdida de las ciudades de al-Andalus que, con frecuencia, también incluyen una llamada a la guerra santa. En ellas se tocan temas que ya habían aparecido en poemas anteriores, especialmente los compuestos tras la caída de Toledo en poder de Alfonso VI en 478/1085: el desconsuelo por la pérdida sufrida, semejante a la de la madre privada de sus hijos, la comparación con otros edificios famosos en la literatura, el dolor de ver las mezquitas convertidas en iglesias (“Ahora sus mezquitas son iglesias, ¿Qué corazón conservará la calma?¿qué mente la razón?”) … Naturalmente, la situación era mucho peor ahora y ello se refleja en los poemas como el recogido por Ibn ʽIḏārī al dar cuenta del asedio de Sevilla en el año 645/1247-8, comentando que, en su opinión, se trata de versos capaces de conmover el corazón más duro. Se describe así la ciudad perdida:

“Tu hermosura

era la seductora juventud,

mas, cuando te alcanzó la suerte, 

se convirtió

en la decrepitud y la fealdad.

Oh paraíso

cuya ornamentación destruyeron nuestras culpas,

dejándonos tan sólo,

la pesadumbre y el remordimiento.”

Se da cuenta también del desacuerdo entre los dirigentes musulmanes, avivado por los cristianos, quienes

“se dirigieron a Sevilla en tan gran número

que no había espacio capaz de contenerlo, 

y cubrieron los valles y colinas;

el mar en sus bajeles de velas desplegadas

tembló el espanto,

la tierra con sus bestias de enjutos costillares 

se ocultó aterrada…”

y se pasa a describir la suerte de los habitantes de la ciudad recién conquistada:  

 “¡Cuántos cautivos, a la cadena atados!...  
¡Cuántos niños de pecho,

arrebatados a sus madres, fueron 

en las ondas del río destetados! 

Llamaba el hijo al padre que, abstraído

en su copioso llanto, no escuchaba. 

¡Cuántas mujeres y hombres, consternados,

no volvían la vista si se les dirigía la palabra! …”

Finalmente, se recoge el lamento por lo que se ha perdido: 

“aquella vida que ha pasado,

dejando tras de sí tristezas, 

como si hubieran sido un sueño …

Ojos, llorad por la ciudad; 

decidle que el llanto que vertéis son lágrimas de sangre.”

La caída de Sevilla inspiró también el poema más famoso, la elegía por las ciudades de al-Andalus de Abū l-Baqāʼ de Ronda (m. 683/1285), de la que disponemos de una conmovedora versión al castellano por Juan Valera a partir de la traducción alemana, en la que aparece el tema del ubi sunt:

“El decoro y la grandeza

De mi patria, y su fe pura,

Se eclipsaron;

Sus vergeles son maleza,

Y su pompa y hermosura

Desnudaron.

Montes de escombro y desiertos

No ciudades populosas,

Ya se ven; ¿Qué es de Valencia y sus huertos? 

¿Y Murcia y Játiva hermosas? 

¿Y Jaén? 

¿Qué es de Córdoba en el día,

Donde las ciencias hallaban

Noble asiento,

Do las artes a porfía

Por su gloria se afanaban

Y ornamento? 

¿Y Sevilla? ¿Y la ribera

Que el Betis fecundo baña

Tan florida?...

Cada ciudad de éstas era

Columna en que estaba España

Sostenida.

Sus columnas por el suelo, 

¿Cómo España podrá ahora

Firme estar?

Con amante desconsuelo

El Islam por ella llora

Sin cesar.

Y llora al ver sus vergeles,

Y al ver sus vegas lozanas

Ya marchitas,

Y que afean los infieles

Con cruces y con campanas

Las mezquitas.”

También Ibn Sahl había hecho mención de la conversión de mezquitas en iglesias (“¡ … cuántos templos cambiados!), tema recurrente éste –el de la transformación de los templos– en los escritos tanto de musulmanes como de cristianos. Abū l-Baqāʼ de Ronda invoca asimismo a los musulmanes del norte de África para que auxilien a los andalusíes:

“Y vosotros, caballeros

Que en los bridones voláis

Tan valientes,

Y cuál águilas ligeros,

Y entre las armas brilláis

Refulgentes;

Que ya lanza ponderosa 

Agitáis en vuestra mano,

Ya, en la oscura

Densa nube polvorosa,

Cual rayo, el alfanje indiano

Que fulgura;

Vosotros que allende el mar 

Vivís en dulce reposo,

Con riquezas

Qué podéis disipar, 

y señorío glorioso

Y grandezas;

Decidme: los males fieros 

Que sobre España han caído 

¿No os conmueven? 

¿Será que los mensajeros

La noticia a vuestro oído

Nunca lleven?”.

✠ Un ŷihād estatalizado.

Sin quitarle la importancia que tuvo, es preciso recordar que la ideología del ŷihād que promovieron los almorávides se mantuvo restringida dentro de unos límites bien señalados por Dominique Urvoy.  Este investigador – hace ya casi cuarenta años– puso de relieve la ausencia en al-Andalus de una ideología activista relativa al ŷihād, señalando que, en la doctrina mālikí, el ŷihād no ocupa un lugar destacado en la jerarquía de las obligaciones, además de ser una obligación que no incumbe al individuo directamente (farḍ ʽayn). La preponderancia del mālikismo y la ausencia de un medio jurídicamente más diversificado habrían impedido la aparición de un repensar ‘activista’ de la guerra santa. Los almorávides no parecen haberse planteado en ningún momento enrolar en la lucha contra los cristianos a la población andalusí, con la que habrían podido compartir la responsabilidad en caso de fallar en dicha lucha, mientras que si el peso del ŷihād recaía tan sólo sobre ellos, el fracaso socavaría inevitablemente su legitimidad. Es cierto que hubo casos individuales de ulemas andalusíes que, como Abū Bakr b. al-ʽArabī, incitaron a gobernantes y gobernados al ŷihād ; también los hubo que tomaron parte en expediciones militares. Urvoy cree que el escaso número de ulemas combatientes durante la época almorávide indicaría que los alfaquíes se reservaban para la defensa de la ortodoxia, dejando la guerra santa en manos de los norteafricanos. La falta de activismo ‘yihadista’ pudo haberse debido, pues, a los propios ulemas, aunque parece que se produjo una confluencia entre la renuencia de los gobernantes almorávides a armar a la población indígena y la doctrina malikí que veía al ŷihād como un precepto que incumbía a la comunidad musulmana en su conjunto, de manera que si había un grupo que se ocupaba de su puesta en práctica el resto quedaba exento (farḍkifāya). Los escasos intentos por parte de algunos ulemas ‘activistas’ por “universalizar” el ŷihād fracasaron y ese fracaso habría sido decisivo en la incapacidad musulmana para hacer frente a los cristianos, cuya organización político-social potenciaba su expansión militar. La caída de Zaragoza en 512/1118, la derrota de Cutanda en 514/1120, la incursión de Alfonso el Batallador por tierras andalusíes en el año 519/1125 y otras derrotas, todo ello terminó produciendo un sentimiento de desesperanza y de hostilidad hacia los almorávides, que se refleja en una de las cartas escritas por el secretario de la corte almorávide, el andalusí Abū Marwān b. Abī l-Jiṣāl. Pierre Guichard señaló hace tiempo su sorpresa ante el tono crítico tan duro de esta carta y se pregunta hasta qué punto fue fruto del “patriotismo” del andalusí o bien si Ibn Abī l-Jiṣāl se olvidó de que los soldados almorávides, a los que criticaba por haber sido derrotados por los cristianos, eran del mismo grupo de los gobernantes para los que escribía. La hostilidad andalusí hacia los beréberes se encuentra también en la maqāma bar - bariyya de al-Aštarkuwī, donde los beréberes son calificados de “bestias, hienas, acémilas, serpientes, indóciles y primitivos”, ataques que serán retomados por al-Šaqundī (m. 629/1232) ya en época almohade. En esa misma maqāma barba-riyya de al-Aštarkuwī, la mala imagen de los beréberes se compensa con la conciencia de que son absolutamente necesarios para los andalusíes, ya que son ellos quienes los defienden frente a los cristianos.

Pero el fracaso del ŷihād contra los infieles, la progresiva utilización de milicias cristianas contra los musulmanes disidentes o rebeldes y el hecho de que las necesidades militares (tanto ofensivas como defensivas), llevaron a un incremento de esos mismos impuestos ilegales que los almorávides habían prometido abolir, todo ello provocó una pérdida de legitimidad del gobierno almorávide que alimentó la hostilidad en su contra, insistiéndose en los rasgos ‘foráneos’ que caracterizaban al grupo dirigente, sobre todo la distinta forma de vestirse. Ahora bien, según Guichard, en el caso de Valencia, la oposición a los almorávides no parece que fuese ideológica ni fruto de una hostilidad fundamental contra el régimen, sino derivada de la propia crisis del estado almorávide. En otras palabras, si los almorávides hubiesen tenido éxito en la defensa contra el enemigo exterior, los andalusíes habrían continuado aceptándolos como gobernantes, tal y como hicieron sus correligionarios orientales con otros gobernantes ‘extranjeros’, los ayyubíes, porque estos sí lograron frenar el avance cruzado. El éxito militar podría haber asegurado la legitimidad almorávide como lo hizo con Saladino, el conquistador de Jerusalén en el año 583/1187.

Mientras que algunas fuentes árabes hablan de la ausencia de virtudes militares entre los andalusíes, Guichard ha señalado cómo los historiadores “tradicionalistas” españoles han querido interpretar la ausencia de espíritu de guerra santa por la antipatía andalusí hacia los beréberes norteafricanos, que les habría llevado a aceptar la idea de una cohabitación pacífica de todos los hispanos en la Península. Esta común “hispanidad” habría unido a los habitantes del norte y del sur de la Península más profundamente que la diferencia de religión y cultura. Guichard no acepta esta tesis, y puesto que no parece que hubiese inferioridad técnica, cultural o política o administrativa por parte de los musulmanes, piensa que la organización feudal de los reinos cristianos dio a éstos una ventaja importante, así como una demografía más vigorosa. Por otro lado, a la hora de explicar por qué no surgió en al-Andalus una dimensión cultural del ŷihād, piensa Guichard que la razón hay que buscarla en el concepto de estado predominante en al-Andalus, con un poder central fuerte o que multiplica los signos exteriores de su fuerza, percibe los impuestos y los redistribuye a las clases dirigentes, extremando su función de representación y de dirección de la comunidad, lo cual llevó a los andalusíes a no disponer ni de los instrumentos intelectuales ni de las concepciones políticas que les habrían permitido repensar su sistema político-militar y sus relaciones con los cristianos en términos nuevos. Resumiendo: ideológicamente, el medio andalusí no era receptivo como el medio oriental a una reelaboración efectiva de la noción de guerra santa. Esta permanece como un deber colectivo, que sólo atañe individualmente en caso de peligro inminente. Los andalusíes confiaban en el estado para llevara cabo la lucha contra los cristianos, pero aunque orgullosos de su cultura y siempre dispuestos a reivindicar el andalusismo frente a los magrebíes e incluso a los orientales, no tenían verdadero patriotismo político, pues la noción misma de estado territorial o dinástico no era justificable en las concepciones jurídico-religiosas de los alfaquíes mālikíes. La ausencia de espíritu de ŷihād, el debilitamiento del poder estatal centralizado del final de la época almohade y después de la crisis post almohade, la incapacidad de los andalusíes, a causa precisamente del ambiente cultural en el que vivían, de concebir una respuesta conjunta a la amenaza cristiana, la ausencia de autonomía de la aristocracia con respecto al estado, favorecieron la conquista cristiana de mediados del s. XIII. Sivan, por su parte, cree que en los andalusíes emigrados se nota una sensibilidad especial a propósito del ŷihād, de manera que podría parecer que fuera de al-Andalus, los andalusíes ponen mayor énfasis en el deber individual y colectivo del ŷihād que el que ponían cuando vivían en el territorio peninsular.

✠ El ŷihād de los santos.

Se ha mencionado antes cómo el califa al-Manṣūr hizo marchar con su ejército a los ‘santos puros’ en una campaña contra los cristianos. A medida que la amenaza cristiana aumentaba y en un contexto de fracasos e impotencia de los musulmanes, se refuerza el recurso a los milagros para explicar lo que está pasando. Hemos analizado este último aspecto en un estudio anterior, por lo que nos vamos a limitar a recordar los puntos principales de dicho análisis. Para el cronista almohade Ibn Ṣāḥib al-ṣalāt, las victorias almohades contra los cristianos y contra los rebeldes musulmanes son milagros, āyāt Allāh. Con objeto de contrarrestar el poder cristiano, se necesitan soldados, pero estos no pueden conseguir nada sin la ayuda de Dios. En el campo militar, Dios hace esos milagros, pero estos solamente tienen lugar si los líderes musulmanes se han hecho merecedores de ellos al no desviarse del camino indicado por Dios. Si no, ocurrirá lo que ocurrió en Huete, donde Dios pareció ayudar a los cristianos en vez de a los almohades.

Si esta es la situación en el campo militar, ¿qué pasa cuando la amenaza cristiana afecta a los individuos? Se necesita la ayuda de musulmanes virtuosos y santos. Es precisamente en el s. VI/XII cuando surge una tradición hagiográfica en al-Andalus. Para Ibn Baškuwāl (m. 578/1183), la autoridad religiosa de los ulemas no deriva solo de su conocimiento religioso (ʽilm), sino de su capacidad para manipular las fuerzas divinas. Los sufíes Ibn Ṭāhir al-Ṣadafī (vivo entre 552/1157-572/1177) y Muḥyī al-dīn Ibn ʽArabī (m. 638/1240) escribieron diccionarios biográficos de sufíes y santos, género este que no tenía apenas precedentes en al-Andalus. 

¿Qué pueden hacer estos hombres santos para contrarrestar la amenaza cristiana? Pueden librar a los musulmanes del cautiverio, convertir a cristianos al islam y participar en el ŷihād, participación de la que ya se ha hablado. Por lo que se refiere a los otros dos puntos, el papel de los hombres piadosos y de los santos en la liberación milagrosa de los cautivos musulmanes ya está atestiguado en siglos anteriores, pero el material es mucho más abundante en los siglos VI/XII-VII/XIII, época de la que procede una anécdota recogida por Muḥyī al-dīn Ibn ʽArabī en la que el gobernante ideal es asociado con aquél bajo cuyo gobierno no hay cautivos y los caminos están seguros. El asceta andalusí al-Šarafī logró librarse de las cadenas que lo mantenían sujeto por el cuello y con un amigo hacer en tan solo una hora el camino que habían tardado en hacer un día entero cuando fueron capturados y llevados a territorio cristiano. Otro piadoso andalusí que vivió también en el s. VI/XII, al-Šāṭibī, ofreció resistencia a cien soldados cristianos que querían capturarlo y en otra ocasión logró que un barco cristiano que llevaba cautivos musulmanes acabase en la orilla. Los musulmanes fueron liberados y los cristianos obtuvieron lo que se merecían. Otro hombre santo lograba que cautivos musulmanes fuesen liberados milagrosamente. El cronista Ibn Ṣāḥib al-Ṣalāt tuvo una experiencia parecida. Unos parientes suyos habían sido hechos prisioneros por los cristianos en al-Anda-lus y viajó a Marrakech para intentar conseguir su liberación. Marchó luego a Azemmour y entró en la mezquita del sufí Abū Šuʽayb Ayyūb b. Saʽīd al-Ṣanḥāŷī (m. 561/1166), quien estaba sentado, cabizbajo, rezando. Ibn Ṣāḥib al-Ṣalāt empezó a rezar con él y de pronto oyó un sonido como de lluvia cayendo sobre la esterilla en la que estaba sentado, pero se dio cuenta de que era el sonido de las lágrimas del santo. Ibn Ṣāḥib al-Ṣalāt le contó el cautiverio de sus parientes y Šuʽayb rezó por su liberación. Antes de que transcurriese un año pudo reunirse con ellos en Marrakech.

Lo que los hombres santos podían hacer también era predecir las victorias musulmanas y contrarrestar la conversión de los musulmanes al cristianismo con la conversión cristiana al Islam. Otro maestro de Muḥyī al-dīn Ibn ʽArabī,Abū Muḥammad Majlūf al-Qabāʼilī, quería cavar un pozo en su casa y le dieron un prisionero cristiano para que le ayudase a hacerlo. El šayj dijo: “Este hombre ha sido enviado para que nos ayude, por lo que debemos rezar a Dios para que se convierta al islam”. Cuando llegó la noche, el šayj se retiró para rezar. Cuando el prisionero llegó a la mañana siguiente, anunció que era musulmán. Al preguntarle al respecto, el hombre dijo que el Profeta se le había aparecido durante el sueño y al ordenarle que creyese en él, había obedecido. Entonces el Profeta le informó que gracias a la intercesión de Abū Muḥammad Majlūf, le aceptaba en el islam. La conversión de un cristiano fue también atribuida a un contemporáneo de al-Qabāʼilī, el sufí magrebí Abū Muḥammad ʽAbd al-Ŷalīl b. Wihlān (m. 541/1146). Un día, un hombre le dio una túnica que valía diez dinares y ʽAbdal-Ŷalīl se la dio a un cristiano, causando gran escándalo por ello. Pero antes de que hubiesen pasado siete días, el cristiano se había convertido al islam. Un seguidor de la doctrina de la wahdat al-wuŷūd, Abū ʽAlī al-Ḥasan b. Hūd al-Ŷuḏāmīal-Mursī (633/1235-699/1300), después de asentarse en Damasco donde judíos y cristianos asistían a sus clases, convirtió a algunos al islam.

✠ Palabras para debatir "con el otro" y palabras para ver la unidad religiosa.

Fue en época almohade cuando floreció la literatura de polémica religiosa. En general, esa literatura servía más para reforzar las concepciones ya pre-existentes sobre el ‘otro’ que para conocerlo y ello incluso cuando se producían debates en los que participaban miembros de distintas religiones. En último término, lo que animaba a entrar en esas polémicas y debates –en general, dirigidos sobre todo a un consumo interno– era la convicción de que la religión a la que uno pertenecía era la verdadera y que los demás erraban al no aceptar dicha verdad.

Durante la primera etapa del gobierno de los almohades se había producido la conversión forzosa –de judíos y cristianos, pero también de los musulmanes no almohades– impuesta por los nuevos gobernantes. De otro tipo eran las conversiones mediante la palabra y los actos por parte de los hombres santos que acabamos de ver. Pero los hombres santos no sólo tenían el poder de convertir, sino también de ver la unidad religiosa más allá de las diferencias confesionales o, dicho de otra manera, de ver a las distintas religiones como caminos todos ellos válidos que conducían a un mismo destino. Quienes se caracterizaban por esta creencia eran los sufíes que seguían la doctrina de la wahdat al-wuŷūd. La idea de una unidad que une de manera inextricable a Dios, al mundo y a la humanidad permitía un enfoque universalista en el que las diferencias religiosas entre seres humanos eran consideradas como irrelevantes. También influía la importancia que los místicos daban al combate espiritual contra el yo más bajo del hombre, el ego humano (nafs), pues era necesario librarse del orgullo y la arrogancia para purificarse espiritualmente y poder unirse a Dios. Por eso muchos místicos no criticaban ni a los demás musulmanes ni a los no musulmanes. Al mismo tiempo, casi todos expresaban una visión del mundo jerárquica en la que el islam era superior a las otras religiones y en la que los santos eran superiores al resto, de ahí que los místicos entrasen a veces en encarnizadas polémicas con sus oponentes.

Uno de los máximos representantes de esta tendencia fue el místico murciano Muḥyī al-dīn Ibn ʽArabī (m. 638/1240). Para él, el islam era como el sol y las demás religiones como estrellas. De la misma manera que las estrellas permanecen cuando se levanta el sol aunque no se vean, las otras religiones siguen siendo válidas después de la aparición del islam. Los seres humanos perfectos aceptan la verdad de toda creencia, pero sólo creen en Dios tal y como Él se ha revelado a la humanidad a través de un profeta determinado. Es verdad que IbnʽArabī a veces no reconoce la validez de las otras religiones en su época, pero según W. W. Chittick, ello se debe a que él había tenido poco contacto real con los cristianos y los judíos en su entorno andalusí (recuérdese que se había producido una conversión forzosa), y que posiblemente nunca se había encontrado con un representante ‘santo’ de ninguna de esas religiones, así como nunca habría leído nada acerca de esas dos religiones excepto lo que estaba escrito en las fuentes islámicas. Por ello no hay razón para que hubiese aceptado la validez de esas religiones excepto en principio, pero esta cualificación es importante. Mantener la excelencia particular del Corán y la superioridad de Muḥammad sobre los demás profetas no implica negar la validez universal de la revelación ni la necesidad de que la revelación aparezca en expresiones particularizadas o específicas. Muḥyī al-dīn Ibn ʽArabī fue muy influido tanto por el legado sufí como por un tipo de misticismo ismāʽīlí neoplatónico próximo al de las Epístolas de los Hermanos de la Pureza. Para Muḥyī al-dīn Ibn ʽArabī, aunque todas las creencias difieren entre sí, todas tienen el mismo objetivo y son caminos que conducen a Él. Según su ontología mística, la creación es un proceso en curso de manifestación divina a través del cual Dios se revela a sí mismo (taŷallī), en las diversas formas del universo. Cada ser creado es un objeto de esta auto-manifestación divina. Lo mismo ocurre en la esfera de la religiosidad humana: la diversidad en las creencias se debe a la diversidad de la auto-manifestación divina. Cada creyente y cada grupo religioso adoran a su Dios de acuerdo con la forma en la que Dios se ha manifestado a ellos. Está aquí el fundamento de la posición de Ibn ʽArabī con respecto a la controversia religiosa: los teólogos no pueden percibir la unidad divina que subyace a las diferentes formas adoradas por el ser humano, por eso niegan las creencias de los demás, se dedican a polemizar e incurren en takfīr (declarar infieles a los demás). Los místicos, en cambio, reconocen a Dios en cada forma en la que es adorado por los seres humanos y por eso no descalifican a los demás como infieles. Como dice Corán 2:115: “hacia donde quiera que te dirijas, está el rostro de Dios”. Los místicos, por tanto, tienen una actitud abierta que deriva de tres perspectivas: la relativa, la esotérica y la neoplatónica, analizadas por Ebstein. La perspectiva relativa se refiere a que cada creyente adora a su propio Dios, es decir, el aspecto o atributo divino que se manifiesta en una forma específica para ese creyente. Todas las religiones son pues relativas, en el sentido de que son el producto de circunstancias específicas humanas, pero al mismo tiempo toda forma de adoración es divina, ya que representa una de las infinitas auto-manifestaciones de Dios. La perspectiva esotérica se refiere a que la diversidad y el desacuerdo en la religión afectan sólo al aspecto exterior, no al interior en el que la religión es siempre la misma a través del tiempo. Para Ibn ʽArabī, las acusaciones de antropomorfismo –que como hemos visto fueron cruciales en la justificación de la toma del poder por parte de los almohades– derivan del empleo de la razón humana frente a la Revelación, ya que textos religiosos que pueden ser considerados antropomorfistas se encuentran en todas las Revelaciones divinas y los profetas no vieron problema alguno en ellos. La perspectiva neoplatónica es que la creación emana del Uno que es Dios. En ese proceso de emanación, los diferentes niveles del universo se van desplegando uno tras otro en un orden descendente: todos los seres creados tienen su origen en Dios y derivan de Él. Como la luz del sol, las bendiciones y las gracias de Dios manan constantemente hacia el mundo; la forma en que los seres existentes reciben ese flujo depende de sus capacidades personales. Son como las letras en el habla del ser humano–difieren según el lugar de articulación.

A partir de estas perspectivas, señala Ebstein, Ibn ʽArabī recomienda la compasión hacia los seres humanos y considera de forma negativa la violencia y el derramamiento de sangre, aunque se lleven a cabo en nombre de Dios y según las normas legales religiosas, por ejemplo, llevando a cabo el ŷihād. Su concepción de la escatología es también relativa, ya que las líneas que separan a los del paraíso y los del infierno se difuminan por la compasión de Dios y la unidad divina que subyace a la diversidad del universo. Si la creación es producto de la auto-manifestación divina, si todos los seres son manifestaciones de los nombres y atributos de Dios y actúan de acuerdo con su Voluntad, los pecadores también tienen un lugar en el plan divino. Incluso los que acaban en el infierno acabarán disfrutando de alguna manera del paraíso.

Dentro de este espíritu, el sufí Abū al-ʽAbbās al-Sabtī, quien predicaba la caridad y la renuncia de todas las posesiones mundanas, recomendó a uno de sus seguidores que entregase el dinero que tenía con él a la primera persona que encontrase, incluso si se trataba de un cristiano o de un judío. Por su parte, el sufí al-Ḥarrālī (m. 637/1240) se dirigió a las autoridades eclesiásticas de Tarragona, ciudad en la que varios miembros de su familia se encontraban cautivos. En la carta que les envió insistía en la unidad de la raza humana y les incitaba a ver más allá de las fronteras religiosas a las que negaba un significado religioso verdadero. Tenemos aquí otra de las paradojas aparentes de la época almohade: un movimiento que había traído consigo la conversión forzosa de judíos y cristianos acabó generando un ambiente propicio a la indagación de lo que las religiones tenían en común y de su esencial unidad más allá de la aparente diversidad.

FUENTES:

Sociedad Española de Estudios Medievales.

Maribel Fierro.

Preceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

ESTUDIO INCONCLUSO, EN PROCESO DE ANÁLISIS Y PUBLICACIÓN.



“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

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Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  LA PENÍNSULA IBÉRICA EN TIEMPOS DE LAS NAVAS DE TOLOSA.

✠  LAS NAVAS DE TOLOSA: CRISTIANDAD E ISLAM.

✠  LAS NAVAS  DE TOLOSA Y EL PARADIGMA BÉLICO MEDIEVAL.

✠  PARTE 1.

✠ 1.- Introducción.

Aproximadamente un cuarto de siglo después de que tuviera lugar la batalla de Las Navas de Tolosa, Lucas de Tuy, que en 1212 debía de tener entre diez y treinta años y que, por lo tanto, había sido contemporáneo del acontecimiento, resumía en su “Chronicon Mundi” lo que había sucedido en el verano de aquel año en unos términos largamente expresivos: tuvo lugar esta felicísima guerra en el lugar que llaman Navas de Tolosa. Nunca en España hubo una guerra igual”.

Por supuesto desconocemos si la fuerte impresión que se desprende de estas palabras fue el resultado de las noticias que circularon por el reino de León inmediatamente después de la victoria cristiana y que Lucas alcanzó a conocer en su juventud o su temprana madurez, o si por el contrario tan categórica expresión es una opinión aquilatada con la distancia y formulada desde la perspectiva histórica que el cronista tenía al escribir su crónica, dos décadas después del choque. Como quiera que fuese, de lo que no cabe duda es que para este contemporáneo la batalla había sido un hecho de guerra extraordinario para el que no encontraba comparación posible en toda la historia hispánica.

Varias décadas más tarde, ya a finales del siglo XIII o quizás a principios del XIV, los compiladores alfonsíes daban un paso más y no dudaban en colocar a la batalla de Las Navas entre los más grandes hechos que habían acontecido no ya en la historia hispánica, sino en la historia del mundo desde su creación: “uno delos mas grandes fechos que en el mundo contesçieran de quando el mundo fuera criado fasta en aquella sazon, la batalla que dizen de Hubeda fue”.




Sirvan estas dos evaluaciones para demostrar que tanto los contemporáneos como las generaciones posteriores a la batalla de Las Navas tuvieron plena conciencia de la excepcionalidad de lo que había ocurrido el 16 de julio de 1212. Por supuesto fueron diversas las razones que confluyeron para que llegaran a forjarse unos puntos de vista tan contundentes sobre la magnitud histórica de dicho acontecimiento.

Pero sin duda a ello no fue ajeno la singularidad de aquel hecho bélico dentro de las pautas habituales de hacer la guerra. Y es que hay que reconocer, desde el principio, que si los contemporáneos se sintieron tan impresionados fue –insistimos que entre otras razones– porque el enfrentamiento que había tenido lugar en Las Navas de Tolosa desbordaba los cauces ordinarios por los que discurrían normalmente las operaciones y usos militares. O dicho de otra forma, porque contrastaba con el paradigma bélico de la época. Se entiende, pues, que para calibrar en su justa medida el carácter extraordinario que, desde un punto de vista estrictamente militar, tuvo la batalla de Las Navas de Tolosa, resulte necesario conocer previamente el perfil habitual de la conflictividad bélica y responder, en consecuencia, a dos cuestiones básicas: ¿hubo realmente un paradigma bélico durante la Edad Media? Y si lo hubo, cuáles fueron las características estratégicas y tácticas de este patrón de comportamiento militar? La primera pregunta creemos que tiene una respuesta relativamente simple: todos los especialistas que se han acercado al análisis de los usos militares durante la Edad Media parecen estar de acuerdo en que, tras el fin del Imperio Romano de Occidente y hasta la formación de los “estados modernos” y la aparición de los primeros ejércitos permanentes y profesionalizados, los guerreros medievales actuaron siguiendo unas pautas diferentes a las que caracterizan el modo de actuación de los ejércitos que les precedieron en época romana y de los que les sucedieron a partir del siglo XV.

Estos usos y prácticas de combate, estas formas de hacer la guerra, presentarían no solo una identidad específica o cuanto menos unas particularidad es que los harían fácilmente reconocibles y distinguibles de otros anteriores o posteriores, sino que además se atendrían a unos modelos lo suficientemente uniformes a lo largo de toda Europa y del Mediterráneo como para hablar de un paradigma bélico propio del Occidente medieval. El consenso sobre esta cuestión en la literatura especializada es tan amplio que nos exime de remitir a ningún autor en particular. Más complicado resulta, en relación con la segunda cuestión que planteábamos anteriormente, dar una respuesta clara y establecer cuáles fueron los rasgos característicos de aquel modelo, puesto que ello nos obliga a enfrentarnos con un problema de carácter historiográfico: desde el siglo XIX hasta nuestros días, la opinión de los historiadores o de los especialistas sobre lo que hemos denominado “el paradigma bélico medieval”  ha cambiado sustancialmente, pudiéndose señalar al menos dos grandes propuestas de interpretación o, si se quiere, dos paradigmas bien distintos.

✠ 2.- El paradigma bélico medieval según la historiografía decimonónica.

El más antiguo lo encontramos en algunos de los textos clásicos de la historiografía decimonónica y de la primera mitad del siglo XX sobre “el arte dela guerra” en la Edad Media, aunque su eco llega –si bien de manera bastante atenuada– hasta nuestros días. Según esta primera propuesta, tres serían los rasgos fundamentales que, resumidamente, habrían identificado a lo que hemos denominado como el “paradigma bélico medieval”.

✠ 2.1. - La ausencia de principios tácticos y estratégicos.

Según este punto de vista, el patrón de comportamiento militar predominante habría estado caracterizado por la ausencia de principios o de pensamiento estratégico y táctico, lo que llevaría consigo actitudes y conductas tales como la falta de planificación, la carencia de entrenamiento colectivo, la irreductible e incontrolable individualidad del caballero, la indisciplina, los comportamientos impulsivos que se guiaban más por el impulso de la sangre caliente o del honor que por la experiencia, la prudencia y la inteligencia.

En este sentido, hay que reconocer que el punto de vista de uno de los más importantes e influyentes historiadores militares del siglo XIX, Charles Oman, marcó profundamente la imagen de la guerra medieval hasta bien entrado el siglo XX. A su juicio, la Edad Media occidental –más específicamente el período comprendido entre los siglos XI y XIII, lo que obviamente incluye a la época de Las Navas– contempló la práctica desaparición de las nociones de táctica y de estrategia: los ejércitos feudales, subrayaba Oman, eran agrupaciones temporales de guerreros, lo que imposibilitaba la instrucción colectiva y el aprendizaje de maniobras conjuntas y coordinadas; estaban dirigidos por nobles que no necesariamente eran comandantes experimentados y que habitualmente se dejaban llevar por unas consideraciones de valor, de honra o de gloria que muchas veces anulaban el buen juicio; las cadenas de mando eran inexistentes, discutidas o articuladas según criterios de preeminencia social y no de conocimiento de los usos militares. Así las cosas, la torpeza, la desorganización, la insubordinación y la indisciplina estaban a la orden del día. Por utilizar sus propias palabras, inicialmente publicadas en 1885:

“Cuando el simple coraje toma el lugar de la destreza y la experiencia, la táctica y la estrategia desaparecen igualmente. La arrogancia y la estupidez se combinan para dar cierto color característico a la manera de proceder de una hueste feudal normal”.

Unos años más tarde, en 1898, ampliaría sus consideraciones en uno de los grandes hitos historiográficos de la historia militar medieval –su “A history of the Art of War” –, pero su juicio sobre el modo de actuación regular de los ejércitos feudales no cambió en absoluto. Baste recordar, si no, su apreciación sobre la falta de planificación y de liderazgo militar efectivo de los contingentes de la Primera Cruzada:

“Los ejércitos de la 1ª cruzada demostraron todos los defectos de la hueste feudal en su más alta expresión. No estaban encabezados por un único jefe, con un rango lo suficiente mente alto como para garantizar la obediencia de las tropas… Si para un rey medieval era difícil gobernar sus propias levas feudales y no podía contar nunca con una obediencia incuestionable por parte de sus barones, qué clase de disciplina o subordinación podría esperarse de una hueste reclutada en todas partes de Europa?”.

Partiendo de estas consideraciones, Oman no podía más que expresar su perplejidad ante el hecho de que aquellos contingentes pudieran alcanzar algún éxito:

“Quizás resulta más sorprendente que los cruzados lograsen algo, a que no llegasen a conseguir más de lo que realmente lograron. Cuando nos fijamos en la naturaleza del consejo de guerra, numeroso e incontrolable, que dirigía el ejército que tomó Jerusalén, sólo nos sorprende el hecho de que no se saldara con más desastres y con menos éxitos”.

Podría decirse que, siempre según Oman, los comandantes y ejércitos medievales no alcanzaban sus objetivos gracias a su habilidad, sino a pesar de su incapacidad. Respecto a las metas militares de la Primera Cruzada –acabar con la presión de los turcos contra Constantinopla y conquistar Tierra Santa–, reconoce que se consiguieron en buena medida, pero concluye que “estos fines fueron logrados de la manera más costosa, mediante los métodos más sangrientos y con el máximo coste de vida y materiales”.

Y por si todavía quedara alguna duda añade, al referirse a las difíciles circunstancias que tuvieron que sufrir a lo largo de su viaje:

“La mayoría de los problemas fueron creados por ellos mismos y tuvieron como causas sus descuidos, presunción, improvisación y soberbia. Incluso cuando estaban en el buen camino, eran capaces de extraviarse por su vanidad ciega o su carencia de disciplina”.




Como decíamos, estas ideas de Oman tuvieron un enorme peso en la historiografía, que durante décadas repitió los mismos tópicos en torno a los comportamientos irracionales o estúpidos de los guerreros y comandantes medievales. Algunos especialistas llegaban a reconocer que quizás aquí o allá se podía encontrar algún atisbo de inteligencia, de planificación o de prudencia en los dirigentes militares de la Edad Media, pero todo ello no dejaba de ser una excepción en un mar de disparates. Así lo creía un autor cuyas ideas sobre estrategia militar estaban llamadas a tener una gran influencia en el pensamiento militar británico de la primera mitad del siglo XX,  Basil H. Liddle Hart, cuando consideraba que “en el Occidente europeo, el espíritu bélico de la caballería feudal se mostró durante toda la Edad Media rebelde a toda teoría del arte de la guerra, aunque la obscuridad de su estúpido desarrollo se ilumine a veces con algunos fulgores brillantes”.

La raíz de todo ello la encontraban estos autores en el colapso que sufrió el sistema militar romano como consecuencia de las invasiones germánicas, que vino a suponer un cambio radical en la consideración del mando, de la actitud y del comportamiento de los comandantes y de los guerreros: el orden, la disciplina, el adiestramiento colectivo, la planificación y los principios tácticos y estratégicos fueron sustituidos por valores mucho más primarios, como la fuerza bruta, la habilidad en el combate individual y el uso de las armas, el coraje ciego... Hans Delbrück, por ejemplo, uno de los historiadores de la guerra con mayor repercusión en el ámbito alemán y anglosajón durante las primeras décadas del siglo XX, sostenía al respecto que “la decisión en las batallas medievales no llegaba, como en el caso de las legiones romanas, por el estricto mantenimiento de las formaciones, las maniobras inteligentes y la fuerza de unidades disciplinadas y tácticamente entrenadas, sino por la habilidad personal y el coraje de los individuos”.

No puede extrañar que, al reflexionar sobre la estrategia de los ejércitos medievales, concluyera que “las técnicas y con ellas el arte de las tácticas y estrategia no tenían [en la Edad Media] , una sustancia real”,  de ahí la importancia trascendental que atribuía a la personalidad de los líderes en la resolución de los conflictos. En fin, por no alargar este listado de testimonios, baste recordar que el coronel Fuller, otro bien conocido historiador militar de la primera mitad del siglo XX cuyos ecos todavía resuenan en la historiografía porque algunas de sus obras aún son objeto de reediciones en colecciones especializadas, sostenía, en la misma línea, que en Occidente, “al desaparecer la organización militar, el valor en su forma más primitiva poseyó al soldado”,  mientras que por el contrario en Oriente una organización militar mejorada apelaba a la inteligencia.

Por mucho que estas formas de interpretar los comportamientos bélicos medievales estén muy superadas, al menos en el ámbito de la producción medievalista, este tipo de consideraciones todavía tienen hueco en la historiografía dela segunda mitad del siglo XX, de modo que la ruda imagen del guerrero o del dirigente que antepone la fuerza y el valor a la inteligencia aún resulta relativamente frecuente. Cuando un gran medievalista, como Georges Duby, afirma de Guillermo el Mariscal que ascendió socialmente “gracias a este gran cuerpo infatigable, poderoso, hábil en los ejercicios de caballería,  gracias a ese cerebro aparentemente demasiado pequeño como para estorbar con razonamientos superfluos el desarrollo natural de su vigor físico: pocos pensamientos, y cortos, un testarudo apego, en fuerza limitada, a la muy zafia ética de las gentes de guerra cuyos valores se resumen en tres palabras: proeza, largueza y lealtad”, o cuando un reconocido historiador de la guerra, Archer Jones, sostiene que los comandantes medievales, al tomar parte personalmente en los combates, no solo mostraban que tenían corazones de roble, sino que además actuaban como si sus cabezas –sus cerebros– también fueran de madera, no hacen sino realimentar los viejos tópicos decimonónicos, los mismos que llevaban a un conocido especialista en la historia del Derecho a escribir a finales del siglo XX que “la batalla muchas veces carecía de estrategia, salvo la de matar los más enemigos posibles”.




✠ 2.2.- La superioridad de la caballería pesada.

El segundo rasgo que viene a caracterizar al paradigma bélico creado por la historiografía decimonónica es la absoluta superioridad de la caballería pesada, la consecuente irrelevancia de la infantería y,  por supuesto, la incapacidad para combinar ambas armas. El asunto podría resumirse con la famosa consideración expresada por Lynn White a propósito de las consecuencias de la invención del estribo:

“El Hombre a caballo, tal como lo hemos conocido durante el milenio pasado, fue posible gracias al estribo, que unió al hombre y a su cabalgadura en un solo organismo combatiente. La Antigüedad imaginó el Centauro; la temprana Edad Media lo convirtió en el amo de Europa”.

Por supuesto, los especialistas nunca dejaron de consignar la presencia en los combates de otros actores que no luchaban a caballo y ninguno de ellos puso en duda que jinetes y peones, caballería e infantería, constituían las dos armas básicas de cualquier hueste medieval. El problema radica en la importancia y el papel que los estudiosos del siglo XIX y buena parte del XX quisieron adjudicar a cada una de estas ramas: por decirlo con pocas palabras, básicamente lo que vino a ocurrir es que, en este paradigma bélico, la imagen del caballero pesadamente equipado llenaba completamente el escenario de los conflictos armados, hasta el punto de que llegó a sintetizar, en sí misma, la naturaleza de la guerra y de los ejércitos medievales, al menos durante buena parte del período. 




Ello era consecuencia de la absoluta superioridad táctica que atribuían a la caballería pesada frente a cualquier otro tipo de brazo o de arma, tal como la caballería ligera o la infantería. Para Hans Delbrück, por ejemplo, la caballería pesada –feudal– llegó a constituir una rama del combate realmente única en comparación con lo que había sido en el ejército griego o romano, o con lo que llegaría a ser la caballería moderna, puesto que ninguna de las demás armas existentes en el mismo período – jinetes ligeros, caballería pesada desmontada y arqueros– podía aisladamente enfrentarse a ella con éxito: la decisión en el campo de batalla dependía, a juicio de este autor, solo de su actuación, de ahí que el caballero se convirtiera en el armazón del ejército medieval, en tanto que el resto de las armas no habrían sido sino meras fuerzas auxiliares.

De nuevo la opinión de Charles Oman, cuya influencia en el terreno de la historiografía especializada, ya hemos señalado, puede servirnos para resumir este segundo rasgo de lo que hemos denominado el “paradigma bélico decimonónico” de la guerra medieval. No en balde fue el primero en considerar que el período histórico comprendido entre mediados del siglo XI y las primeras décadas del XIV fue la época de la “supremacía de la caballería feudal”, identificándose a esta última con el concepto de caballería pesadamente armada. Sus palabras no pueden ser más elocuentes: “entre el último combate de la infantería anglo-danesa [en Hastings, 1066], y el ascenso de los piqueros y arqueros del siglo XIV se extiende el período de la supremacía del caballero feudal enmallado… la infantería fue en los siglos XII y XIII absolutamente insignificante: los peones acompañaban al ejército con el propósito de desarrollar deberes poco importantes en el campo o para prestar asistencia en alguno de los innumerables cercos del período. Ocasionalmente ellos eran empleados como tropas ligeras, para abrir las batallas con demostraciones inefectivas”.

Ajustándose a estas ideas, la imagen convencional de la guerra medieval durante este período presenta a las batallas, al menos las que tuvieron lugar con anterioridad al siglo XIV, como una sucesión de cargas de la caballería pesada. Tales combates habrían respondido principalmente a un único modelo táctico: el formado por dos o tres líneas de caballeros –acies– que, organizadas en pequeñas formaciones de 10 o más hombres –denominadas conrois–, chocaban frontalmente contra otras formaciones. Esta táctica trataría de aprovechar el ímpetu de la carrera del caballo y la solidez del conjunto formado por la montura, el jinete enmallado –apoyado en los estribos y sujetado por una silla alta– y la larga lanza fuertemente asida bajo su brazo –lance couched–, a fin de destrozar las filas enemigas. Se ha llegado a considerar que la inmensa potencia de choque de una formación de caballeros acorazados era capaz de superar la resistencia de cualquier otro cuerpo armado y que el efecto visual de la carga sería tan terrorífico que difícilmente un enemigo tenía la prestancia suficiente como para esperar el impacto, a no ser, claro, que dicho enemigo también presentara una formación táctica similar.

✠ 2.3.- La centralidad de la batalla campal.

Estas últimas consideraciones nos colocan ante la tercera característica básica que define, en este paradigma que estamos comentando, el perfil de los comportamientos bélicos de los hombres de la Edad Media: la centralidad de la batalla campal en los usos militares de la época. La historiografía que creó este primer paradigma no ignoraba que, en el panorama bélico medieval, las batallas campales eran sucesos muy poco frecuentes y que, por el contrario, las campañas se desarrollaban habitualmente a base de incursiones devastadoras, cabalgadas de diverso radio y de asedios de castillos y ciudades amuralladas. En palabras de Charles Oman, que de nuevo puede servir como ejemplo de este modelo historiográfico, "muchos años de hostilidad producían solo unas cuantas escaramuzas parciales; comparadas con las campañas modernas, los combates generales eran increíblemente pocos. Federico el Grande o Napoleón I lucharon en más batallas en un año que un comandante medieval en diez”.

Sin embargo, puestos a analizar la forma de los combates, el único escenario en el que encontraban algún elemento digno de interés era en la batalla. A este respecto, cabría recordar, con Philippe Contamine, que muchos de estos autores eran militares profesionales interesados en buscar en el estudio de las guerras del pasado enseñanzas útiles para la formación que se impartía en las academias militares: dada la experiencia personal de aquellos autores y el tipo de guerra característico del Occidente europeo en el siglo XIX y primera mitad del XX, fuertemente marcado por las grandes batallas, se entiende que sólo en los choques frontales en campo abierto, en sus planteamientos tácticos y en sus carencias encontraran algún tipo de lección, aunque solo fuera porque iluminaban sobre las actitudes y comportamientos que todo buen oficial debía evitar. Por su parte, los historiadores académicos que no se ajustaban al perfil biográfico de los estudiosos militares, tampoco dudaron en seguir sus planteamientos.

En consecuencia, “el paradigma bélico” resultante quedaba en estas obras completamente deformado, puesto que precisamente aquellas operaciones y formas de actuación más comunes en el panorama militar permanecían en la penumbra, reducidas a la mera constatación de su existencia, tratadas de manera superficial –al menos en comparación con la que dedicaban a las batallas– o despectiva. En el peor de los casos, simplemente desaparecían de los libros de historia militar medieval. 

Los ejemplos que podríamos traer a colación para ilustrar esta actitud historiográfica son muy numerosos, pero creemos que, por su relación directa con el tema que nos ha reunido –el tiempo de Las Navas de Tolosa–, bastaría recordar el punto de vista de algunos de aquellos especialistas. Por ejemplo, el de Ferdinand Lot, un historiador francés de la primera mitad del siglo XX cuya obra sobre “el arte militar y los ejércitos en la Edad Media en Europa y el Próximo Oriente” es bien conocida y que tuvo el acierto de tomar en consideración la realidad bélica hispánica, algo muy poco frecuente en la historiografía europea –en la de aquella época y en la actual–. Sus estudios sobre el ámbito peninsular le llevaron a comprender y subrayar la importancia de la cabalgada estacional –la algarada–, entre las prácticas militares ibéricas, pero no las convirtió en objeto de su atención y a veces sus comentarios revelan con claridad sus prejuicios sobre “l’art militaire” de la época: por ejemplo, al referirse a la implantación almohade en la Península y a su lucha contra almorávides y cristianos, indicaba que “entrar en el detalle de estas luchas sería aburrido y la historia del arte militar obtendría de ello sin duda poca cosa”, lo cual no es ajeno a la ausencia de grandes batallas durante aquel proceso histórico. Pero quizás nada más indicativo para ilustrar la perspectiva historiográfica dominante en la primera mitad del siglo XX sobre estas cuestiones que la frase lapidaria con la que resume la anexión por Castilla del valle del Guadalquivir y con la que al mismo tiempo justifica la escasa atención que le dedica: “La conquête de l’Andalousie fut une guerre de sièges et non de batailles. C’est pourquoi elle ne nous retiendra pas”. (La conquista de Andalucía fue una guerra de asedios y no de batallas. Es por eso que ella no nos detendrá).  En consecuencia, frente a las apenas dos páginas que le dedica a estas cuestiones, encontramos otras treinta en las que detalla las principales batallas, esto es, Zalaca, Uclés, Alarcos y, especialmente, Las Navas de Tolosa.

En 1956, en la introducción de su magistral obra sobre "Las grandes batallas de la reconquista", Ambrosio Huici Miranda proporcionó una de las claves de esta postura historiográfica, al menos por lo que respecta al tratamiento del “hecho militar en el mundo ibérico medieval: reconoce que durante la reconquista hubo sucesos bélicos quizás más decisivos”, pero sostiene que son los grandes choques campales los que proporcionan los hitos que señalizan el perfil de los acontecimientos y el balance de fuerzas en la Península. Además, dado que en torno a las batallas se multiplican los testimonios que permiten un estudio más detallado, considera que queda justificado que su estudio se centre en ellas.

Seguramente John Beeler no conoció la obra de Huici –al menos no la cita ensu bibliografía–, pero su presentación de las formas de hacer la guerra en la “España cristiana” se ajusta al modelo que ya hemos comentado: alude en apenas un párrafo a las constantes cabalgadas que caracterizaban a la guerra en la frontera, a la importancia de la movilidad de la caballería ligera, de la forma de montar a la jineta y de las tácticas basadas en el ataque rápido (“hit-and-run tacticts of frontierwarfare”), (tácticas de ataque y retirada de la guerra fronteriza ); también redacta dos párrafos resaltando la trascendencia de la guerra de asedios y de bloqueos de grandes ciudades, indicando algunos de los más significativos... y, en contraste, dedica diez páginas completas a detallar lo ocurrido en las batallas de Sagrajas y Las Navas. 

Como resultado de todo lo que hemos indicado hasta ahora, según estas propuestas de interpretación el modelo de actuación militar de los guerreros medievales parece reducirse a un combate ajeno a principios organizativos básicos, a veces bastante estúpido, entre caballeros pesadamente armados y en el marco de una batalla campal.

✠ 3.- El paradigma bélico medieval según la historiografía reciente.

Este paradigma bélico medieval, creado por la historiografía decimonónica y vigente en los círculos académicos hasta mediados del siglo XX, comenzó a cambiar en la década de los años cincuenta del siglo XX, a raíz sobre todo del trabajo de R.C. Smail sobre la guerra en las campañas cruzadas de finales del siglo XI y del XII. La profunda revisión historiográfica que se ha producido en el ámbito de la historia militar medieval durante toda la segunda mitad del siglo XX ha permitido crear un nuevo paradigma que viene a ser el reverso del que acabamos de comentar. De hecho, creemos que frente a los tres rasgos básicos que caracterizaban a este, pueden presentarse otros tres claramente opuestos.

✠ 3.1.- Estrategia y táctica en los usos bélicos medievales: la “estrategia vegeciana”. 

En primer lugar, frente a la idea de la inexistencia de estrategia y de táctica en la guerra medieval, y en contra de la imagen de unos comandantes arrogantes o estúpidos y unos guerreros descerebrados, el nuevo paradigma sostiene que las nociones de tácticas y de estrategia no solo son perfectamente aplicables al comportamiento de los combatientes medievales, sino que además sin ellas la guerra medieval simplemente no puede entenderse.

Por resumirlo, los dirigentes medievales “emplearon y distribuyeron conscientemente todos los medios diplomáticos y militares –con su consiguiente trasfondo de recursos económicos, financieros, humanos, institucionales e ideológicos– que tuvieron a su disposición para imponer su autoridad a sus adversarios y para conseguir un objetivo político” , y “además, supieron dominar los problemas que planteaba ese duelo dialéctico de voluntades enfrentadas. Ya esto, desde hace más de medio siglo, se le llama Estrategia” . Por otra parte, también se ha podido demostrar ampliamente que “valores militares como la disciplina, el respeto a la jerarquía de mandos, la prudencia, la reflexiva evaluación de las fuerzas y de las posiciones, el orden, la organización, la previsión, el aprovechamiento del terreno, la división de las huestes en cuerpos o la coordinación de sus movimientos en el campo, todos ellos elementos esenciales para enfrentarse a un enemigo con ciertas garantías cuando éste estaba a la vista, fueron apreciados y puestos en práctica por los dirigentes militares. Y a esto, desde hace más de dos siglos, se le llama Táctica”.

Ciertamente la historiografía tradicional, como hemos tenido ocasión de comentar en anteriores párrafos, se había centrado especialmente sobre los movimientos tácticos de los ejércitos medievales en el marco de las batallas campales, pero básicamente había encontrado en ellas la imprevisión, desorganización, indisciplina y falta de liderazgo que cualquier comandante debía evitar. Por lo que respecta a la estrategia, tampoco erraron al identificar las formas características de plantear las campañas de los guerreros medievales, pero en vez de ver en ellas una manera específica de planificación de la guerra que se adaptaba de manera natural –y muchas veces eficientemente– a los medios disponibles, se limitaron a interpretarlas en términos de incompetencia militar. Baste recordar, si no, que Charles Oman ya había puesto acertadamente de manifiesto tanto los rasgos básicos de la guerra medieval como las razones bélicas que los explicaban: durante aquellos siglos, indicaba este autor, hubo una neta superioridad de las técnicas de fortificación sobre las de ataque y expugnación, especialmente después de que se extendiera el uso de la piedra en las edificaciones defensivas y antes de que se introdujera la artillería de pólvora en los usos militares. Ante la seguridad que les proporcionaban los recintos fortificados, las poblaciones agredidas preferían encerrarse en vez de arriesgar su suerte en una batalla en campo abierto, en la certeza o con la esperanza de que los enemigos carecían de los recursos organizativos, económicos y logísticos necesarios para sostener la presión durante mucho tiempo. Como resultado de ello las campañas tendían a convertirse en incursiones de saqueo que prescindían de tomar los puntos fuertes o en largos bloqueos de alguno de ellos.


  

 

Sin embargo, a pesar de lo acertado del diagnóstico de Oman, ya conocemos su opinión sobre la inexistencia de pensamiento estratégico durante la Edad Media, aspecto éste que se esforzó en demostrar al analizar “the grand estrategy of the crusades”, un capitulo que parece más dedicado a exponer la ignorancia, la torpeza, la incompetencia, la indisciplina y la estupidez de los líderes cruzados, que a explicar su forma y sus criterios de actuación, como tuvimos ocasión de ejemplificar en anteriores párrafos.

Como en otras cuestiones ya señaladas, también en esto su influencia sobre la historiografía militar de la primera mitad del siglo XX es notable, de modo que hay que esperar hasta los años cincuenta para encontrar valoraciones más ajustadas en torno a las estrategias de los ejércitos medievales. Quizás sea la pionera obra de Verbruggen, publicada originalmente en 1954, la primera en la que se dedica un apartado específico al estudio de las cuestiones estratégicas –todo un capítulo completo titulado precisamente “Strategy”–, ofreciendo un panorama bastante amplio de las mismas y desarrollando las conclusiones que ya habían sido esbozadas por Oman: la debilidad numérica de los ejércitos y las dificultades para su reemplazo –es decir, sus limitaciones organizativas, financieras y logísticas– explican el comportamiento estratégico predominante, basado en la elusión de los combates en campo abierto, la preferencia por la utilización de maniobras indirectas y la prioritaria búsqueda de protección tras las murallas. Con todo, el grueso de la obra seguía centrada en la batalla campal.




El giro definitivo se produciría dos años después, cuando R. C. Smail publicara un libro en el que ya se prestaba atención prioritaria a la estrategia empleada por los cruzados en Tierra Santa y no a las tácticas de batalla en campo abierto. Smail era consciente de las limitaciones de los estudios que le habían precedido: se habían centrado casi exclusivamente en las tácticas empleadas en las batallas campales, lo que convertía el análisis de la guerra en una mera sucesión de choques frontales que ignoraba cualquier otro acontecimiento militar por importante y trascendente que fuera, simplemente porque supuestamente no aportaban nada al estudio de las tácticas. Por ello su propuesta es mucho más amplia y parte de la idea de que la batalla era solo uno –no siempre el más decisivo y muchas veces evitado–, de los medios de que disponía un comandante para alcanzar los fines de la guerra, de modo que el estudio de la historia militar de los cruzados exigía no solo abarcar todas aquellas otras operaciones –lo que incluía las campañas sin batalla y el papel de las fortificaciones–, sino también las condiciones, influencias y realidades organizativas y bélicas que explican el comportamiento estratégico.

Una década más tarde, al analizar el “arte militar” en el principado de Lieja y el condado de Looz, Claude Gaier se atrevía expresamente a conceptualizar estas formas de actuación entendiéndolas como una auténtica estrategia a la que otorgó el calificativo de “obsidional”, estrategia que habría caracterizado a las formas de hacer la guerra en la Edad Media: “ante todo pillajes, a menudo cercos, a veces batallas”.

Tales puntos de vista en torno a la existencia de un pensamiento y una actuación estratégica durante el período medieval han sido ampliamente corroborados por la historiografía posterior: a título de ejemplo, baste recordar cómo una de las más ambiciosas síntesis sobre la guerra medieval publicada a mediados de los años noventa –los dos volúmenes del "Medieval Warfare Source Book", de David Nicolle–, dedica un apartado específico al estudio de la estrategia y de las tácticas de cada uno de los períodos y entidades históricas que analiza, tanto occidentales como orientales, abarcando sistemáticamente cuestiones tales como “la gran estrategia”, los tipos de tropas, las tácticas de batalla, los estilos de combate y la fortificación de los campamentos.

Es necesario indicar que recientemente los especialistas han puesto el énfasis sobre el hecho de que estas nociones estratégicas aplicadas durante toda la Edad Media respondían al modelo teórico esbozado por Vegecio en el siglo IV de nuestra era. Aunque pueda señalarse algún precedente, creemos que fue John Gillingham el primer especialista que, en dos antológicos artículos sobre Guillermo I y sobre Ricardo Corazón de León, subrayó las estrechas conexiones existentes entre los consejos militares ofrecidos por Vegecio y la práctica militar característica de la Edad Media, hasta el punto de afirmar, como conclusión al análisis de la forma de combatir del rey Ricardo, que “la realidad medieval de la guerra era bastante parecida a la teoría medieval de la guerra tal como fue resumida por Vegecio".

El debate desarrollado durante la última década entre diversos especialistas, sobre el que volveremos con detalle más adelante, ha terminado por consagrar el concepto de “estrategia vegeciana” –o alguna variante, como “The Vegetian, "Science of Warfare"o "Vegetian Warfare”–, para referirse a la forma característica de plantear y de hacer la guerra en la Edad Media o, si se quiere, al paradigma bélico dominante en el Occidente medieval.

Desde luego, basta con acercarse a la obra del autor tardorromano para comprobar que sus propuestas están en las antípodas de un comportamiento alocado e irreflexivo y que tanto la planificación estratégica de las campañas como la preparación y el adiestramiento en los movimientos tácticos están en el centro de sus preocupaciones, y basta igualmente con seguir el impacto de sus ideas en los tratadistas y comandantes medievales para constatar su influencia a lo largo de toda la Edad Media.

✠ 3.2.- La relativización del papel de la caballería pesada.

El segundo rasgo de este nuevo paradigma de interpretación de la realidad bélica medieval, representado por la historiografía más reciente, viene a poner de manifiesto que, frente a la imagen de absoluto predominio de una caballería feudal, cuya carga no encontraría rival en los campos de batalla, existieron y se valoraron no solo otras formas de actuación puestas en práctica por la propia caballería, sino también las acciones de otros cuerpos cuya importancia militar se ha reconsiderado y rescatado del olvido.

A este respecto, nos gustaría llamar la atención sobre algunos aspectos tácticos relevantes. Decía Anna Comneno, a propósito de la potencia de choque de la caballería de los cruzados, que “un celta [un caballero franco], a caballo es imposible de resistir en su ataque y capaz de horadar una muralla babilónica”. Sirva la opinión de la princesa bizantina para ilustrar un modelo de interpretación que acabó convirtiendo a la caballería acorazada y a su carga en un verdadero mito no siempre coincidente con la realidad de la guerra ni de las batallas. Después de todo, como ha recordado Bennett, un caballo no es un tanque, sino un animal “de carne y sangre” incapaz de aplastar a un cuerpo bien formado de peones.






Los especialistas han subrayado que la carga de la caballería pesada no fue nunca el único movimiento desplegado por los jinetes feudales –entre otras razones por los inconvenientes y la dificultad de su ejecución–, siendo muy frecuente que realizaran otros desarrollos tácticos más propios de la caballería ligera o, incluso, de la infantería pesada que de la caballería acorazada. Por centrarnos únicamente en el período histórico que la historiografía tradicional consideraba como la época de predominio absoluto de la caballería pesada en los campos de batalla, que por otra parte es la época de Las Navas de Tolosa, cabría recordar que el triunfo de los jinetes normandos sobre la infantería anglo-sajona en Hastings, vino en parte determinado por la exitosa puesta en práctica de una retirada fingida, un movimiento que, en todo caso, es característico de la caballería ligera y contrasta con el tópico comportamiento que se le atribuye a los combatientes montados acorazados.

Igualmente, es necesario tener en cuenta que en ningún momento resultó raro que una fuerza de caballería pesadamente armada desmontase para luchar a pie formando un dibujo táctico –una formación cerrada– propio de la infantería pesada: por no alejarnos del anterior contexto –recuérdese que la caballería normada ha sido presentada en muchas ocasiones como un verdadero modelo de actuación militar de los jinetes acorazados–, baste indicar que los especialistas han llamado la atención sobre el hecho de que en algunas de las más importantes batallas libradas por jinetes normados durante las primeras décadas del siglo XII –así en Tinchebrai (1106), Brémule (1119), Bourgthéroulde (1124), Standart (1138) y Lincoln (1141)– la elite de la caballería desmontó y luchó a pie, formando una línea de infantería bien armada y cohesionada, que combatió frecuentemente en combinación con una fuerza de arqueros y una reserva de caballeros.




Precisamente esta última constatación viene a demostrar también que las cargas de caballería difícilmente tenían éxito si no venían precedidas por la actuación de arqueros o ballesteros, es decir, de fuerzas de infantería que castigasen, desconcertasen, desgastasen o, si era posible, rompiesen las formaciones enemigas mediante el lanzamiento masivo de flechas. En consecuencia, los choques frontales en campo abierto rara vez se resolvían exclusivamente con una sucesión de cargas: “cavalry, no matter how well-equipped or motivated, [ha llegado a indicar Bennett], could make no impression upon foot soldiers who kept their formation”. De nuevo la batalla de Hastings puede servir de modelo de esta forma común de actuación, pero pueden encontrarse ejemplos tanto en Europa como en el ámbito cruzado oriental, donde la combinación de caballería e infantería llegó a convertirse en tópico habitualmente resaltado por la historiografía. 

A ello habría que sumar, por supuesto, la importancia que tradicionalmente se le ha reconocido a la infantería y a su estrecha colaboración con la caballería en determinados contextos específicos, como los urbanos de Flandes y del norte de Italia, así como la aportación de contingentes de mercenarios –estos utilizados en casi todos los ejércitos europeos de la Plena Edad Media– que habitualmente luchaban a pie. En estos casos los peones no solo daban seguridad y protección a los caballeros hasta el momento en que estos podían entrar en liza –en este caso mediante formaciones cerradas de lanceros o piqueros protegidos por escudos–, sino que también pasaban eficazmente a la ofensiva, a veces incluso de manera autónoma y sin concurrir junto a la caballería, empleando armas cortas propias del combate cuerpo a cuerpo fundamentalmente contra otros peones, aunque también se constatan casos de lucha de peones contra caballeros.

Quizás sería matizable la rotunda conclusión de que “la caballería nunca fue militarmente superior a la infantería, ni siquiera en la Edad Media cuando esto hubiera sido posible”, pero hay que reconocer que el nuevo paradigma ha modificado  mucho la imagen de la forma de actuación de la caballería y la importancia de la infantería: respecto a esta última, tal como han hecho notar John France, Bernard Bachrach o Andrew Ayton, entre otros, su irrelevancia puede estar motivada más por la propaganda, los prejuicios y distorsiones de unos cronistas, de unos poetas o de unos artistas que dirigían sus obras a un público caballeresco, que a la ausencia o inoperancia de los peones en el campo de batalla. 

Por lo demás, y adelantando algunas de las consideraciones que detallaremos a continuación, debe tenerse en cuenta que la batalla campal era un acontecimiento poco frecuente en los usos militares de la época y en las biografías de los guerreros, de modo que era mucho más habitual que el caballero desplegara sus habilidades militares en el marco de una cabalgada o de un asedio que en el de una batalla en campo abierto.

Por supuesto esto no cuestiona el liderazgo bélico de la caballería pesada cuando la consideramos como grupo social, pero sí su predominio táctico en la guerra cuando la consideramos técnicamente, esto es, cuando hablamos de la caballería como arma de combate. Después de todo, como ha recordado Morillo, los caballeros dominaron la guerra durante los siglos centrales de la Edad Media porque dominaron todos los aspectos de la sociedad, y lo hicieron porque se convirtieron en una elite de guerreros bien entrenados y bien armados, pero no porque luchasen a caballo, puesto que de hecho no siempre lo hacían: “they dominated battlefields whether they fought on horseback or on foot”.








3.3.- El lugar de la batalla campal en los usos estratégicos medievales: el debate en torno al “paradigma Gillingham”. 

En tercer lugar, y esto resulta especialmente relevante en la configuración de lo que hemos llamado el nuevo paradigma bélico medieval surgido a mediados del siglo XX, la guerra medieval ya no se identifica con la batalla campal. En esto lo que cambia respecto al paradigma decimonónico no es la consideración de que la batalla resultaba un hecho raro y extraordinario en los usos de los guerreros medievales –recuérdese que esto también lo constataron los historiadores del siglo XIX y de la primera mitad del XX–, sino el hecho de que ahora los especialistas son consecuentes con esta realidad y también estudian aquellas prácticas bélicas que eran más frecuentes, de tal manera que las batallas aparecen enmarcadas en contextos más amplios en los que se considera el complejo panorama de la actividad militar de una forma más equilibrada. 

A este respecto, quizás convenga recordar brevemente algunos de los rasgos característicos de la guerra medieval para encajar adecuadamente en ellos el lugar de las batallas campales. Como es bien conocido, las limitaciones organizativas, logísticas y financieras a las que tenía que hacer frente cualquier ejército en el curso de una campaña, que hacían difícil el desarrollo de campañas muy prolongadas en el tiempo, unidas a las de la tecnología bélica disponible–al menos hasta que la introducción de la artillería de pólvora cambió el panorama–, otorgaban una evidente superioridad militar a cualquiera que pudiera refugiarse en un recinto fortificado mínimamente acondicionado, abastecido y bien situado. La constatación de esta realidad es una las razones que explica una proliferación de puntos fuertes que permitía a cualquier población agredida renunciar a la confrontación en campo abierto y defenderse de una manera eficaz y no necesariamente costosa en términos militares. Es a este comportamiento al que Claude Gaier denominó "estrategia obsidional",

Así planteada, la guerra –al menos todos aquellos conflictos en los que una de las partes aspiraba a hacerse con el control efectivo del territorio enemigo y de los hombres que lo habitaban– se convertía en un lucha por el dominio del espacio que acababa girando en torno a la posesión de las fortificaciones, en la que los objetivos últimos –la anexión de los puntos fuertes– se alcanzaban no solo mediante campañas de asedio o de bloqueo de los núcleos fortificados, sino también con la puesta en práctica de todas aquellas operaciones previas que desgastasen su capacidad de resistencia –cabalgadas, incursiones, etc.–. 

En un contexto militar como el descrito, con aquellos objetivos y aquellas fórmulas para alcanzarlos, se entiende que la prioridad militar y estratégica rara vez pasara por la destrucción de las fuerzas armadas del enemigo en campo abierto: lo fundamental era, para unos, defenderse adecuadamente y resistir detrás de las murallas hasta conseguir la retirada del adversario y, para otros, debilitar a sus enemigos y conquistar los puntos fuertes. Lo relevante, desde el punto de vista que aquí interesa destacar, es que para alcanzar estos objetivos no siempre era necesario buscar una batalla, de ahí su rareza en comparación con las mucho más frecuentes cabalgadas y cercos.

Por supuesto, quienes tenían la responsabilidad de tomar la decisión de buscar o de aceptar una batalla podían verse animados a ello por las extraordinarias posibilidades que podrían derivarse de un éxito en campo abierto: se podía acabar con un enemigo de forma rápida; en unas horas podían quedar resueltos conflictos que, de otra manera, hubieran durado meses o años; el paso de dominios de unas manos a otras o el avance territorial podía llegar a ser colosal y casi inmediato. Sin duda, estas consideraciones eran las que les motivaban para desear y buscar la batalla, pero hay que tener en cuenta que nada de eso estaba garantizado ni siquiera en caso de éxito: la experiencia demostraba que una victoria en campo abierto ciertamente podía suponer ganancias considerables para el vencedor, pero también había ejemplos en los que un triunfo contundente en el campo de batalla no implicaba ni el fin de un adversario ni una conquista relevante, de modo que las ganancias derivadas de ellas se podrían haber obtenido por otros medios sin asumir los peligros implícitos en el choque campal. Y es que la batalla era una opción que siempre conllevaba enormes riesgos personales y a veces podía llegar a tener consecuencias políticas irreversibles y de muy largo alcance, no solo por el número de bajas, heridos o cautivos que pudiera conllevar, sino también porque la suerte de una dinastía, de un reino o de todo un sistema social quedaba al albur de un resultado que nunca estabaa segurado de antemano.

Ya Vegecio había advertido sobre estas dos caras de la batalla: ciertamente sobre su resultado podía asentarse la plenitud de una victoria –”in eventu aperti Martis victoriae plenitudo consistit”–, pero también podía ser un día fatal para naciones y pueblos –”ad fatalem diem nationibus ac populis”–. Hacer una equilibrada evaluación de posibilidades, poniendo en un brazo de la balanza las potenciales ganancias derivadas de un éxito y en el otro la magnitud del drama que se podía llegar a desencadenar y padecer en caso de derrota, debía de ser un ejercicio realmente complicado y siempre arriesgado, porque a la postre lo que definía a la batalla era lo incierto de su desarrollo, de su conclusión y de sus consecuencias: “publici conflictus incertum”, la había llamado el tratadista romano.

Así pues, el problema para la búsqueda o la aceptación de una batalla campal, radicaba en la incertidumbre que rodeaba a su resultado o, como la llamó Jiménez de Rada, en “la dudosa suerte del combate”. Por supuesto, si la superioridad numérica, posicional o moral era manifiesta, si objetivamente la situación era muy favorable o si, por el contrario, simplemente no quedaba mejor opción, los comandantes arriesgaban su destino en una batalla. En caso contrario, y dado que los objetivos militares podían alcanzarse mediante operaciones menos arriesgadas, la batalla se soslayaba, no se buscaba o directamente se evitaba… aunque siempre existía la posibilidad o el infortunio de encontrar lo que no se buscaba o de chocar de frente con lo que quería evitarse. De cualquier manera, la victoria nunca estaba asegurada y sus ganancias, en caso de que la operación terminara con éxito, tampoco: los riesgos y peligros en la batalla eran ciertos, el triunfo y su recompensa eran dudosos. No parece que estos cálculos sean ajenos a la infrecuencia de las batallas. 

Además, al contrario de lo que ocurría con los cercos o las cabalgadas, una batalla solo podía librarse si ambas partes estaban dispuestas a aceptar el riesgo y esta aceptación dependía a su vez del cálculo de posibilidades que cada uno realizara. En consecuencia, por mucho que quien se sintiera en superioridad de condiciones buscara activamente la batalla, difícilmente podría lanzarla si su adversario, al considerarse en inferioridad, la evitaba, a no ser, como antes hemos apuntado, que este último no tuviera otra salida. Otra razón, pues, para explicar la rareza de este tipo de operaciones. En la última década, los especialistas se han acostumbrado a designar a este modelo de comportamiento bélico como “el paradigma Gillingham” o “el paradigma Smail”, en honor de estos grandes historiadores de la guerra medieval, un paradigma que se ha convertido en la interpretación dominante, ortodoxa, en la historiografía especializada de la segunda mitad del siglo XX.




Sin embargo en la última década algunas facetas de este paradigma han empezado a ser cuestionadas o, cuanto menos, matizadas. En 2002, el primer número del "Journal of Medieval Military History", publicaba un artículo de Clifford J. Rogers sobre “la ciencia de la guerra” en Vegecio durante la Edad Media, en la que mostraba sus dudas sobre algunas de las afirmaciones sostenidas en los últimos lustros por la “ortodoxia” historiográfica. En este mismo número y en los siguientes, así como en otras publicaciones recientes, se ha ido desarrollando un debate en torno al paradigma dominante en el que han participado diversos historiadores, como Stephen Morillo, Andrew Villalon, Gouveia Monteiro y elpropio Gillingham, como ya hemos tenido ocasión de mencionar.

En realidad, a nuestro juicio, la revisión propuesta por Rogers, Villalon y Monteiro no afecta a todo el paradigma Smail-Gillingham, sino únicamente a una faceta del mismo: básicamente lo que se cuestiona es la actitud que, según este modelo de interpretación –el que arranca de la obra de Smail–, habrían tenido los comandantes medievales ante la batalla, esto es, su interés supuestamente prioritario por evitarla. De lo que se duda, en fin, es de que, en palabras de Philippe Contamine, uno de los principios “predominantes en la estrategia medieval ”fuese “el temor a la batalla formal, al enfrentamiento en campo abierto”.

Antes al contrario, lo que viene a afirmarse ahora es que realmente buscar la batalla y desear que un conflicto se resolviese en un choque campal formaba parte de los usos militares comunes de los comandantes militares: la certeza de que una victoria podía tener enormes repercusiones político-militares y podía llegar a ser decisiva para alcanzar los objetivos estratégicos propuestos, era precisamente lo que los animaba a buscarla y a disputarla si las condiciones eran las adecuadas. Especialmente esto era cierto para quienes lideraban una operación ofensiva, interesados en alcanzar el éxito de la manera más rápida y contundente posible –hasta Vegecio había observado que en caso de que las condiciones fueran propicias había que provocar la batalla a la mayor celeridad–, mientras que quienes adoptaban una actitud defensiva estaban, generalmente, mucho menos dispuestos a afrontar una batalla campal, si bien bajo determinadas circunstancias para estos la batalla también era una opción aceptable. 

Si había pocas batallas, observan los críticos de la actual ortodoxia, no era porque los comandantes prefiriesen evitar los gravísimos riesgos implícitos en este tipo de combate, sino por el hecho de que, como ya apuntamos anteriormente, para que el choque tuviera lugar era necesario que las dos partes lo aceptasen: en la medida en que para hacerlo –para aceptar la batalla– ambas partes procuraban estar en condiciones tácticas, físicas o anímicas ventajosas, se entiende que la confrontación campal rara vez ocurriese, puesto que pocas veces las dos partes consideraban al mismo tiempo que su situación era más favorable que la de su contrincante. La frustración de Pedro III de Aragón durante la última fase de la Guerra de los Dos Pedros, empeñado en lanzar una batalla contra Pedro I de Castilla, que sistemáticamente esquivó esta posibilidad, podría ser un buen ejemplo de lo que decimos.

✠ Pedro III de Aragón.





✠ Pedro I de Castilla.





El debate ha venido bien para matizar o modificar algún aspecto importante del paradigma historiográfico moderno sobre la guerra medieval: consideramos que el deseo o la búsqueda de la batalla debe reintegrarse entre los comportamientos bélicos comunes y que determinados comandantes –caso de Enrique II de Castilla estudiado por Villalon– fueron más “buscadores” que “evasores” de batalla. Pero también creemos que esto no cuestiona muchos de los aspectos de fondo de la propuesta Smail-Gillingham, tales como consideración de que la guerra medieval era fundamentalmente una lucha por el control del espacio, la centralidad estratégica de la guerra guerreada y de los cercos en los usos militares de la época, la evidente rareza de la batalla, cuyo carácter inusual y extraordinario no ha sido cuestionado: sobre esto último, basta con repasar las biografías de los grandes comandantes o el desarrollo de largas campañas ,como propone Gillingham, para comprobar que las grandes batallas apenas representan unos cuantos hitos dentro del incesante entramado de la guerra. 

 ✠ Enrique II de Castilla.





Por otra parte, dado que la forma habitual de la guerra, especialmente de aquella organizada para conquistar o para defender un territorio, se presentaba como una sucesión de cabalgadas, incursiones devastadoras, asedios y bloqueos de lugares fortificados, no puede extrañar que cuando dos fuerzas armadas llegaban finalmente a enfrentarse en una batalla campal normalmente esta tuviese lugar en el transcurso de una de aquellas operaciones, ya fuera porque una guarnición decidiese abandonar la seguridad de las murallas para enfrentarse a los asediantes o porque un ejército de socorro se acercara para ayudar a los asediados –ambas situaciones posibles en el contexto de un cerco–, ya porque una de las partes se aprestase a atajar una incursión antes incluso de que los enemigos llegasen a entrar en profundidad en sus tierras o porque, si la incursión ya se había materializado, decidiese ponerle fin para evitar más destrozos en su tierra o para recuperar el botín.

Como puede deducirse de lo que hemos comentado, en ninguno de los modelos descritos el enfrentamiento directo y abierto entre dos ejércitos para acabar con el potencial militar del enemigo se planteaba inicialmente como un objetivo estratégico y prioritario: en general, cuando finalmente una batalla tenía lugar en el marco de un asedio podía formar parte de la estrategia de unos para alcanzar una conquista o de la de otros para evitar la pérdida de una plaza, de modo que para todos lo fundamental seguía siendo la aprehensión o el mantenimiento del espacio controlado. En tal supuesto la batalla y la destrucción de la fuerza del adversario en una colisión en campo abierto solo era un medio para conseguirlo o una posibilidad táctica, no un fin en sí mismo ni un objetivo previamente planificado. Cuando el choque se desarrollaba en el transcurso de una incursión, lo normal es que una de las dos partes se planteara prioritariamente recuperar el botín, castigar a los agresores o defenderse y evitar una invasión, mientras que la otra aspirara a continuar o finalizar la campaña con la mayor cantidad posible de beneficios, de modo que también ahora encarar abiertamente al adversario podía ser una opción, incluso deseada por las partes –como ha demostrado Villalon– o, llegado el caso, una necesidad, pero no se presentaba necesariamente como una meta planificada o mejor dicho, como “la” meta de la campaña.

En conclusión, la batalla podía llegar a ser un instrumento útil para alcanzar un objetivo estratégico –ampliar o mantener el espacio dominado, detener o proseguir una incursión–, pero rara vez el choque frontal en campo abierto entre dos ejércitos se concebía en sí mismo como un objetivo estratégico, fruto de una decisión expresa y previamente planificada con el objetivo de aniquilar a las fuerzas armadas del enemigo o de quebrar su potencial militar. Cuanto menos, conviene precisarlo, este es el escenario que encontramos en el conflicto entre cristianos y musulmanes en la Península Ibérica.  

✠ 4.- La batalla de las Navas de Tolosa en el marco del paradigma bélico medieval. 

A tenor de todo lo indicado cabe preguntarse, haciendo nuestro el planteamiento de João Gouveia Monteiro sobre Aljubarrota, hasta qué punto, a la luz del debate historiográfico desarrollado en torno a las propuestas de Gillingham, la batalla de Las Navas encaja en este paradigma de comportamiento bélico.

Ya tuvimos ocasión de señalar, al comienzo de este trabajo, que autores como Lucas de Tuy o como los compiladores de la "Crónica de España alfonsí" consideraron a lo ocurrido en el campo de batalla de Las Navas como algo insólito y sin precedentes, y ya apuntábamos entonces que quizás a ello no fuera ajeno no solo la excepcionalidad del choque dentro del contexto militar de la época, sino también la singularidad de algunos de los planteamientos que propusieron y aplicaron determinados protagonistas de la batalla.

Hay que reconocer, no obstante, que hasta cierto punto los movimientos que observamos en algunos contendientes se ajustan a lo que podría considerarse como el comportamiento habitual y ortodoxo de un dirigente ante la perspectiva de una batalla campal y, en consecuencia, a los rasgos que definen al último de los paradigmas bélicos que hemos glosado. Cuanto menos la actitud de una de las partes, la almohade, parece atenerse al modelo estratégico vegeciano que, como se recordará, proponía evitar la batalla y buscar alternativas para derrotar a los enemigos sin tener necesariamente que afrontar el riesgo de la colisión frontal. 

Por supuesto, no podemos ignorar que existe un buen número de indicios que ponen de manifiesto que, en contra de los axiomas que definen la estrategia vegeciana y el paradigma Gillingham, las intenciones del califa, desde antes de que se iniciara la campaña que culminaría en Las Navas, no habían sido otras que buscar un enfrentamiento directo y en campo abierto con las tropas cristianas. Así se desprende de todos aquellos testimonios, magistralmente estudiados por Martín Alvira Cabrer, que hacen referencia al desafío lanzado por el Miramamolín contra toda la Cristiandad a fin de resolver el conflicto en una batalla campal. Sin embargo, son muchas las dudas que existen sobre el origen y la verosimilitud de dicho reto, y de hecho no sabemos si llegó a lanzarlo –ya fuera con una intención preventiva o con un ánimo propagandístico para amedrentar al contrario y reforzar la moral de los suyos–, si se trató únicamente de un rumor muy difundido, y mucho menos si el califa realmente llegó a plantearse la posibilidad de destruir el culto cristiano mediante una batalla campal contra todos los adoradores de la Cruz, como diría el propio Alfonso VIII un año después de la batalla.

En todo caso, si alguna vez aquella había sido su verdadera intención – cosa que, conviene insistir, realmente no sabemos–, lo cierto es desde que comenzó la campaña, o al menos desde que los cruzados se acercaron a Calatrava, todos los movimientos del ejército musulmán estuvieron destinados no a buscar una batalla, sino por el contrario a evitarla o a retrasarla hasta que las fuerzas enemigas comenzaran a desorganizarse. 

Aunque no conocemos detalladamente los pasos dados por el ejército musulmán ni tampoco tenemos una constancia expresa de sus intenciones, lo cierto es que todas las decisiones del califa tomadas antes de la batalla y las consiguientes acciones de sus tropas, al menos tal como son narradas por los testimonios más cercanos y las fuentes mejor informadas, nos colocan frente a un dirigente que, de forma prudente y, podríamos decir, “vegeciana”, no estaba dispuesto a encarar una batalla campal a menos que las condiciones le fueran netamente favorables. De hecho, en todo momento el objetivo estratégico que los comandantes almohades se propusieron y persiguieron fue impedir la progresión del ejército cruzado por tierras islámicas, bloquear su internamiento en al-Andalus, provocar su retirada y, solo entonces, buscar el choque, de modo que la precaución, la cautela y la contención parecen dictar los comportamientos del ejército almohade. 

Es verdad que nos podríamos plantear si esta forma de actuación no fue tanto consecuencia de un principio estratégico que descartaba la batalla campal como primera opción, cuanto la adaptación a unas circunstancias no del todo propicias para el choque frontal. Tal vez podría haber sido posible que el califa realmente deseara la batalla y habría estado dispuesto a buscarla –tal como se desprende del supuesto desafío– pero que determinados imponderables le obligaran a renunciar a este propósito. A este respecto, podría sospecharse que aun anhelando destruir a su enemigo en campo abierto, finalmente no fue en su búsqueda porque no tuvo tiempo material para hacerlo. 

Un breve repaso a la cronología de los movimientos de ambas partes podría arrojar algo de luz sobre esta cuestión: por lo que sabemos, el ejército califal salió de Sevilla, donde se había acuartelado tras la campaña de Salvatierra (verano de 1211), en cuanto tuvo noticias de que Alfonso VIII estaba concentrando en Toledo un gran contingente para dirigirse hacia el sur. Según la crónica magrebí temporalmente más cercana a la batalla –el Kitāb al-Mu`ŷib de al-Marrakušī–, el contingente islámico se movilizó y se trasladó de Sevilla a Jaén a principios de junio de 1212. No es posible saber con certeza en qué momento las tropas musulmanas llegaron a esta última localidad y, por tanto, desconocemos si para el 20 de junio, cuando los cruzados salieron de Toledo, el ejército califal estaba en condiciones de ir a su encuentro, avanzar hacia el norte y atravesar Sierra Morena. Los plazos, hay que reconocerlo, son demasiado ajustados para que esta acción hubiera podido realizarse. No obstante, quizás lo hubiera podido hacer a lo largo de las dos semanas siguientes, cuando los cristianos comenzaron a expugnar algunos de los castillos situados a lo largo de su camino –caso de Malagón, asaltado el 24 de junio, Calatrava, que se entregó el 1 de julio, Alarcos, Piedrabuena, Benavente y Caracuel, que se tomaron entre los días 5 y 6 de julio–. No cabe duda de que en estas fechas el contingente islámico había tomado posiciones al sur de Sierra Morena: antes del 3 de julio – pero no sabemos desde cuándo– ya estaba en Jaén, e inmediatamente después del 3 de julio, día en que se produjo la retirada de los ultramontanos, el grueso del contingente islámico se adelantó hasta Baeza y fuerzas de vanguardia se posicionaron en las cimas de Sierra Morena. La llegada de los cruzados a los pies de la sierra no tuvo lugar hasta el día 12, de modo que el califa, de haber querido salir al paso de sus enemigos para enfrentarse a ellos en batalla campal, habría tenido al menos una semana para hacerlo. Pero lo cierto es que no lo hizo y prefirió esperar.

✠ Alfonso VIII.




Ciertamente las fechas, como dijimos, no le dejaron demasiado margen de maniobra, pero varios indicios permiten sospechar que la prudente actitud del califa no estuvo únicamente forzada por las circunstancias, sino que también respondía a un plan de actuación deliberado. Sabemos, por ejemplo, que el ejército musulmán se detuvo durante un tiempo en Jaén en vez de seguir el camino hacia el norte, como hubiera sido lógico si lo que se buscaba era el duelo campal. Al-Marrakušī atribuye esta demora a la necesidad de organizar las tropas, mientras que el propio califa, en la carta que dirigió a sus súbditos explicándoles lo ocurrido en la batalla, confirma que su ejército se mantuvo “muchos días ”en las inmediaciones de Jaén“ esperando vadear el Guadalquivir, cuyo curso había crecido y se había desbordado por la izquierda y por la derecha”. Según el califa, la campaña solo pudo continuar después de varias jornadas –no sabemos cuántas–, cuando el rio decreció. No podemos pronunciarnos sobre la veracidad de estas informaciones, pero que la detención del contingente en Jaén fuera consecuencia de una crecida del Guadalquivir a finales de junio o principios de julio resulta, cuanto menos, sorprendente.

Por ello cabe pensar que tal vez hubiera otro tipo de razones para retrasar el avance, razones que responderían a una estrategia deliberada, netamente vegeciana, y no a un mero infortunio. Al menos eso es lo que afirma con toda rotundidad alguien tan bien informado de los pormenores de la campaña como el Arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada. Según su testimonio, el califa al-Naşir “había concentrado sus fuerzas en las montañas cercanas a Jaén y allí aguardaba al ejército cristiano. No tenía intención de combatir, ya que recelaba de los refuerzos extranjeros, sino de sorprenderlos a su vuelta, cuando quizás los cristianos, agotados por el esfuerzo, diezmados por las bajas, carecieran de recursos para hacerle frente”.

✠ Arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada.



 

✠ Califa al-Naşir.




Para conseguir su propósito bastaba con dificultar y retrasar el avance de los cruzados, detenerlos si resultaba posible, en espera de que, una vez cansados y faltos de avituallamientos, comenzaran a disolverse o iniciaran la retirada, durante la cual los musulmanes podrían perseguir y atacar a un enemigo desmoralizado o frustrado por la falta de resultados, y seguramente asustado y desorganizado. 

Muchas de las decisiones tomadas por el califa se entienden a la luz de estos planes. En primer lugar, antes del 27 de junio los defensores musulmanes de Calatrava sembraron de abrojos –unas piezas de hierro con varias puntas que se clavaban en los pies de los hombres y las pezuñas de los caballos– los vados del río Guadiana para entorpecer el avance de sus enemigos. Ciertamente estos superaron con éxito la dificultad y demostraron la fortaleza y efectividad de su empuje conquistando Calatrava, pero ya comenzaron a manifestarse algunos síntomas que el califa interpretó como pruebas de debilidad: en el ejército cristiano se hicieron patentes problemas de abastecimiento y, sobre todo, un nutrido grupo de cruzados, la mayoría de los ultramontanos, desertó y volvió sobre sus pasos. Fue entonces –poco después del 3 de julio– cuando el dirigente almohade mandó a algunos contingentes que se situasen en las cimas de Sierra Morena, con el doble objetivo, según Jiménez de Rada, de vigilar los movimientos de los cruzados, a fin de tener información en caso de que se produjese su retirada, y de impedir o dificultar la subida a Sierra Morena en caso de que decidieran seguir adelante, tal como de hecho ocurrió. También Alfonso VIII, en su informe de campaña enviado a Inocencio III, alude expresamente al objetivo de los musulmanes cuando tomaron los altos de la Sierra: “uolentes nobis transitum impedire”, (deseando impedir nuestro paso).

El intento de frenar el ascenso fracasó cuando los cristianos consiguieron desalojar a los musulmanes del castillo de Ferral, situado en la cima de la sierra, pero el califa todavía tenía la posibilidad de alcanzar sus objetivos si conseguía que los cruzados no pudieran descender de las alturas ni, consecuentemente, acercarse al campamento almohade, que estaba plantado a los pies de la sierra. Tal era su pretensión cuando ordenó controlar el llamado Paso de Losa: “Saracenis autem, [informa Alfonso VIII al papa] uidentes quod transitum illum occupare non possent [la cima del monte], alium transitum qui erat in descensu montis, arctis- simum et inuium occuparunt; talis quippe erat quod mille homines possent defendere omnibus hominibus qui sub celo sunt ”, "(Pero los sarracenos (informa Alfonso VIII al papa), viendo que no podían tomar posesión de aquel paso [la cima del monte], ocuparon otro paso que estaba en la bajada de la montaña, muy estrecho e inaccesible; porque era tal que mil hombres podían defender a todos los hombres debajo del cielo)" . Esto colocó a los cristianos en la disyuntiva de arriesgarse a una bajada peligrosísima o de iniciar la retirada, porque en aquellos puertos era imposible mantenerse por falta de agua. Como es bien conocido, la aparición del famoso pastor de Las Navas fue clave para que encontrasen un camino que les permitió colocarse, esta vez sin mayores dificultades, frente al campamento islámico.

La estrategia de contención del califa, destinada a evitar o, cuanto menos, a retrasar la batalla hasta adquirir la superioridad, había fracasado y se veía obligado a luchar en campo abierto, no porque lo hubiera deseado ni buscado, sino porque no tenía otra opción. Para los almohades, la batalla fue su último recurso para derrotar a un enemigo al que ya no podían evitar. No sabemos si el califa o sus consejeros militares conocían de primera mano los principios bélicos vegecianos, pero la lectura de algunos de ellos recuerda de manera tan cercana a los planteamientos que inspiraron los movimientos de los dirigentes almohades, que no resistimos la tentación de reproducirlos:

“Además hay que estudiar antes que nada si conviene diferir el momento final, o adelantar el combate, pues a veces el enemigo espera poder concluir rápidamente la expedición y si se alarga más de lo previsto, o le abate la penuria o bien la añoranza de los suyos le hace regresar a su patria, o bien, al no adelantar nada, se ve forzado a marcharse llevado de la desesperación. Entonces muchos, quebrantados por la fatiga y el cansancio, desertan; otros hacen traición, otros se pasan al enemigo, porque en las situaciones adversas la lealtad escasea, y empieza a quedarse solo el que había llegado con grandes efectivos”.

“su falta [de provisiones], acaba con un ejército más a menudo que la batalla, y el hambre es más cruel que la espada... si se mantienen reunidos [una vez que su desabastecimiento es una realidad], pasarán hambre, y, en cambio, si se dispersan, serán vencidos con facilidad mediante continuos ataques”.

“Una batalla campal se decide en un enfrentamiento de dos o tres horas, tras el que desaparecen todas las esperanzas para la parte que haya resultado vencida. Por lo tanto, antes de llegar a este riesgo extremo, debe pensarse en todas las posibilidades, intentarlo todo y realizar todo cuanto sea posible. Y, así, los buenos generales acometen la acción, no con un combate abierto en que el que todos se exponen al peligro, sino siempre mediante guerrillas, salvando de los suyos a todos cuantos sea posible, dando muerte a los enemigos o al menos aterrorizándolos”.

“Y si [tras recabar información],  encuentra que le aventaja en mucho [al enemigo], no retrasará entrar en combate, que le será favorable. Si, en cambio, ve que el enemigo es superior, evitará el enfrentamiento abierto; pues muchas veces los que eran pocos en número e inferiores en fuerzas, consiguieron la victoria con escaramuzas y emboscadas, si los mandaban buenos generales”.

Valgan dos últimos axiomas como conclusión de los planteamientos del tratadista tardorromano sobre la batalla campal:

“Es mejor someter al enemigo con la escasez, con ataques por sorpresa o con el miedo, que en combate, pues en éste suele jugar un papel más importante la fortuna que el valor ”.

“Los buenos generales nunca entran en combate abierto, sino porque lo pida la ocasión o apremie la necesidad”.

En fin, habrá que reconocer, a la vista del análisis del comportamiento de los líderes musulmanes, que su forma de actuación se ajustó estrictamente al modelo vegeciano y que encaja en el llamado paradigma Gillingham. Por el contrario, y marcando un agudo contraste con lo anterior, la actitud de Alfonso VIII y de quienes le apoyaron fue muy distinta, y lo fue porque, en contra de los preceptos vegecianos y en contra de los usos militares habituales en la época, la campaña, que comenzó a proyectarse a finales de 1211, fue organizada, desde elprimer momento, con el objetivo de librar una batalla campal.

Como hemos indicado en páginas anteriores, los especialistas que en los últimos años han sometido a revisión el paradigma Gillingham, han señalado la necesidad de reincorporar el deseo y la búsqueda del choque frontal entre las formas ordinarias de hacer la guerra. Desde este punto de vista, nada extraordinario habría en el hecho de que, una vez puesta en marcha la campaña y a la luz del desarrollo de los acontecimientos, los dirigentes de la cruzada hispánica de1212 mostrasen reiteradamente su voluntad de batirse en campo abierto con los musulmanes y que maniobrasen expresamente para conseguirlo.

Que, una vez sobre el terreno, este fue su deseo y que hicieron todo lo posible para alcanzarlo, está fuera de toda duda: después del 27 de junio, día enque habían llegado ante los muros de Calatrava, cuando tras varias jornadas de asedio comprobaron las dificultades de asaltar la fortaleza, “bastantes consideraban más provechoso marchar directamente a la batalla [itinere ad bellum procedere, en la expresión latina del arzobispo de Toledo, traducida por los compiladores alfonsíes como “yr su carrera que auien començada pora la batalla”] que demorarse en atacar castillos”, entendiendo que entretenerse en esta empresa no haría sino desgastar las fuerzas y que, en todo caso, el destino de aquellos castillos quedarían al albur del resultado de la guerra [“pendeat ex fine belli”, escribe Jiménez de Rada, aunque Juan Fernández Valverde no duda en traducirlo directamente como “a expensas del desenlace de la batalla”]. No obstante, al final triunfó la idea de mantener el cerco y, al menos, intentar su conquista antes de seguir adelante. 

En aquellos momentos el enemigo todavía estaba demasiado lejos –en Jaén, a no menos de siete u ocho jornadas de marcha–, pero unos días más tarde, cuando llegaron a Salvatierra –el 8 de julio–, la situación había cambiado: el califa había adelantado su posición hasta Baeza, quizás para entonces incluso podía encontrarse ya al otro lado de los pasos de Sierra Morena, y su vanguardia ya controlaba su cima, lo que quiere decir que entre los dos ejércitos no habíamás de dos jornadas de distancia. Si en Calatrava se pudo resistir el impulso de ir directamente a buscar al enemigo, en Salvatierra su cercanía lo hizo irresistible: según Blanca de Castilla, frente a quienes opinaban que el ejército cruzado debía detenerse a asediar Salvatierra –entre ellos se encontraba el propio Alfonso VIII–, se impuso el criterio, defendido por el rey de Navarra y apoyado por el de Aragón y por el obispo de Narbona, Arnaldo Amalarico, a la sazón la cabeza visible de los ultramontanos, de atravesar el puerto, internarse en la sierra y buscar al Miramamolín hasta encontrarlo. El propio Alfonso VIII, en la carta que dirigió al Papa dándole cuenta de la batalla, ratifica que no atacaron Salvatierra “porque el rey de los sarracenos estaba cerca de nosotros”.

✠ Blanca de Castilla.




La voluntad de ir al encuentro no podía ser más clara y todavía volvería a mostrarse una vez más cuando, dificultada por el Paso de Losa la bajada desdela cumbre hasta el lugar donde se encontraba el campamento almohade, Alfonso VIII se negó a dar la vuelta y concluir la campaña, como algunos sostenían, o a retroceder y localizar un nuevo paso, en este caso por el riesgo de que lo suyos lo interpretaran como una retirada y se produjera una desbandada. A esas alturas, tal como las cosas habían evolucionado, buscar el choque masivo había dejado de ser una elección para convertirse en una necesidad: “ad eos necesse uteamus. Sicut autem fuerit uoluntas in celo, sic fiat ”, (usémoslos según sea necesario. Pero así como hay una voluntad en el cielo, así sea), declaró solemnemente el rey de Castilla.

En consecuencia, puede concluirse que, una vez puesto en marcha, el ejército cruzado buscó la batalla de manera decidida, evitando los retrasos en la medida de lo posible. Pero, como apuntábamos en anteriores párrafos, no siendo este un comportamiento cotidiano en los usos militares de la época, sin embargo no era del todo desconocido y los especialistas se han encargado se mostrar y analizar algunos ejemplos de “batallas buscadas”. Lo que resulta extraordinario en Las Navas, pues, no es que una de las partes buscara el choque frontal, sino que toda la campaña se proyectase, desde el primer momento, para alcanzar esta meta.        

Unas décadas después de la batalla, al rememorar los antecedentes inmediatos de la batalla de Las Navas de Tolosa, Lucas de Tuy aludía a la repoblación dela villa de Moya, “in confinio barbarorum”, (en los confines de los bárbaros), por parte de Alfonso VIII, y señalaba este hecho como la causa directa de la ruptura de la tregua hasta entonces existente entre almohades y castellanos, ruptura que provocaría la posterior campaña musulmana contra Salvatierra en 1211 y, como respuesta a esta, la cruzada de Las Navas en 1212. La repoblación de Moya tuvo lugar, pues, en 1210 y según el cronista leonés el ánimo del rey de Castilla al tomar esta iniciativa no era otro que “tener ocasión de librar una batalla con los sarracenos, con los cuales en aquel momento estaba en paz”. La expresión utilizada por Lucas de Tuy –”gerendi preliumcum Sarracenis”, (librando batalla con los musulmanes)–, no deja lugar a dudas: Alfonso VIII quiso romper la tregua y provocar la guerra contra los musulmanes, y ya entonces –en 1210– su plan no era otro que dirimir el conflicto mediante una batalla campal.

Se podría argumentar que Lucas de Tuy interpretaba los hechos de 1210 a la luz de lo ocurrido en el verano de 1212, pero existen suficientes testimonios fiables para afirmar que, en efecto, esta última campaña fue organizada, desde el momento mismo en que fue concebida, con el objetivo de derrotar al ejército almohade en un choque en campo abierto. Así se lo indicó Alfonso VIII al papa Inocencio III a finales de 1211, cuando le informó de su proyecto de emprender una campaña contra los musulmanes en la siguiente primavera. No nos ha llegado el testimonio directo del rey de Castilla, pero sí el del pontífice quien, al dirigirse a los obispos franceses para que predicasen la cruzada en sus respectivas diócesis –un documento fechado el 31 de enero de 1212– aludía, sin ambigüedad alguna y recogiendo la voluntad que el rey le había expresado, a las intenciones de este de luchar contra sus enemigos en un batalla campal –”campestri bello”–, (guerra campal). Esta era la única manera, a juicio del rey, de detener a los musulmanes, para lo cual había señalado a la octava de Pentecostés como momento del encuentro– “campestre illis bellum indixit”–, “prefiriendo morir antes que ver que se hace daño al pueblo cristiano”:

“Attendens ergo prefatus rex [Alfonso VIII], [quod] nisi eis campestri bello fortiter resistatur, ipsi [los almohades], tum propter innumerabilem multitudinem personarum, tum propter irruptionem machinarum durissimam, universas munitiones sue possint nefande sublicere ditioni, campestre illis bellum indixit in octavis Penthecosten proximo adfuturis, eligens mori potius quam christiane gentis mala videre ".

✠ papa Inocencio III.




Cuatro días después de que enviara este llamamiento a los obispos franceses y provenzales, el Papa le comunicaba al rey de Castilla que ya había cursado la petición de ayuda y, una vez más, se refería a la voluntad del monarca de librar una batalla campal contra los musulmanes en la próxima octava de Pentecostés: “cum sarracenis in octavis Penthecosten proximo ad futuris campestre bellum indixeris”.

Además, algún indicio permite sospechar que en el curso de la predicación de la cruzada los propagandistas hicieron expresa mención a la batalla como objetivo último de la campaña, razón por la cual aquellos que se adhirieron a la expedición conocían perfectamente cuál era la meta propuesta antes incluso de que la campaña se pusiera en marcha: eso explicaría, por ejemplo, que un mes antes de que los cruzados se reunieran en Toledo –el 2 de abril–, un caballero al que el documento llama Peregrinu hiciera testamento ante la posibilidad de morir durante la guerra “o en cualquier momento hasta la culminación de la batalla” – ”si ego in hoc bello finiero, vel usque ad transactum praelium–”. Más explícito aún, una de las razones que adujeron los cruzados ultramontanos que abandonaron la expedición tras la toma de Calatrava fue que ellos habían ido a la guerra contra el rey de Marruecos “según a ellos les fue predicado”, y que como aquel no hacía acto de presencia –por tanto, si no había posibilidad de enfrentarse a él en un duelo campal–, preferían volver a sus patrias: “quod ad bellum uenerantcontra regem Marroquitanum, sicut eis fuerat predicatum, quem cum non inueniebant, uolebant modis omnibus repatriare”.

 Hay que reconocer, pues, que en el “universo” de las cruzadas la de Las Navas representa un caso insólito. Es necesario reproducir, a este respecto, un párrafo verdaderamente antológico de Martín Alvira Cabrer:

“En la cruzada de 1212 no hubo una Jerusalén que recuperar, ni un Egipto que conquistar, ni una Provenza herética que purificar y someter; ni siquiera hubo una intención explícita de conquista territorial sobre los musulmanes... Así pues, la cruzada de Las Navas de Tolosa comenzó y terminó como se había concebido en septiembre de 1211: como una empresa dirigida a librar una batalla campal en la que destruir el potencial bélico almohade. Fue la batalla y sólo la batalla el motivo que bastó para movilizar a buena parte de la Cristiandad en 1212. En este sentido, la campaña que culminó en Las Navas de Tolosa es, seguramente, la primera y la única cruzada de la Edad Media cuyo objetivo explícito fue librar una batalla campal”.

Pero si lo ocurrido en Las Navas resulta insólito en el marco general del movimiento cruzado, no menos lo es en el contexto de los usos bélicos de la época. Incluso aceptando la necesidad de modificar el llamado "paradigma Gillingham", en el sentido propuesto por sus críticos, esto es, admitiendo –aunque sea matizadamente– que, como dice Rogers, “at least some medieval commanders did view battle as one of the main weapons in their strategic arsenals”, (al menos algunos comandantes medievales vieron la batalla como una de las principales armas en sus arsenales estratégicos), y que “we must rankdirect battle on the same plane with siege and devastation as one of the main tools of the strategists of the Middle Ages”, (debemos situar en el mismo plano la batalla directa con el asedio y la devastación como una de las principales herramientas de los estrategas de la Edad Media). o aceptando que, como sostiene Monteiro, “devemos, desde já, estar disponíveis para aceitar a batalha campal não como um corpo estranho no exercício da guerra medieval, mas antes como um entre outros recursos de que dispunham os respectivos generais, e como um recurso de extraordinário valor”, habrá que reconocer al menos una evidencia: al contrario que la mayor parte de las batallas de la época –no nos atrevemos a decir que todas–, la de Las Navas, tal como fue concebida por Alfonso VIII, no fue consecuencia de una decisión táctica adoptada a la vista del enemigo con el objetivo de alcanzar un objetivo estratégico diferente, tal como obligarle a levantar un asedio, impedir una invasión o atajar una cabalgada. Así fue, ciertamente, en las batallas de El Cuarte, Uclés, Alarcos, Porto Pí, El Salado, Nájera o Aljubarrota, por recordar únicamente algunas ocurridas en el ámbito hispánico.

John Gillingham ya advirtió de que el hecho de que un comandante estuviera tácticamente dispuesto a arriesgarse en una batalla no significaba que estuviera desarrollando una estrategia de búsqueda de la batalla o, dicho de otra manera, que en un momento determinado de una campaña un dirigente se decidiera a ofrecer o a amenazar a su enemigo con una batalla no quería decir que se hubiera embarcado con el objetivo de librar una batalla. Señala Andrew Villalon, al hilo de las ideas de Gillingham, las dificultades que tienen los especialistas para conocer el pensamiento estratégico o las verdaderas intenciones de un comandante y saber si cuando iniciaba una campaña lo hacía realmente decidido a luchar en una batalla, añadiendo que para etiquetar a un comandante medieval como “buscador de batallas” sería necesario algo así como “a written, strategic plan”, (un plan estratégico escrito), de la campaña: “Unfortunately [concluye], few if any, such“ smoking gun ”documents survive from the Middle Ages. In fact, in probability few, if any, ever existed”. (Desafortunadamente, pocos o ninguno de estos documentos sobreviven de la Edad Media. De hecho, probablemente pocos, si es que algunos, existieron alguna vez). 

Y, sin embargo, esto último, o al menos algo muy similar, es lo que encontramos al analizar el plan de campaña de Alfonso VIII –expresamente explicado al Papa y, a través de los predicadores, a los cruzados–, y al estudiar el desarrollo de sus movimientos durante la campaña. Para Alfonso VIII la batalla no fue un último o inevitable recurso para derrotar a sus enemigos, como sostiene el paradigma Gillingham, ni tampoco uno entre otros posibles, como matizan sus críticos, sino que fue el primero y el único. Si el comportamiento militar del califa almohade encaja perfectamente en la ortodoxia bélica de la Edad Media, por e lcontrario, tal como proyectó y llevó a cabo la empresa el rey de Castilla, planteada al modo clausewitziano con el objetivo estratégico de liquidar de una sola vez en campo abierto el potencial militar de sus enemigos, la expedición que culminó en Las Navas está fuera de rango y no se atiene a ningún paradigma: que sepamos, nunca antes y nunca después, al menos en el ámbito peninsular, se había proyectado y buscado tan conscientemente el combate directo y masivo como instrumento para dirimir un conflicto armado.

FUENTES:

Sociedad Española de Estudios Medievales.

Francisco García Fitz.

Preceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.



“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

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✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠ EL MERIDIANO DE TOLEDO.

Con el descubrimiento de América en 1492, para fijar el rumbo, se hizo acuciante la necesidad de determinar la posición de los barcos en alta mar, ya que el no hacerlo podía comportar importantes retrasos que podían acarrear el peligro cierto de graves enfermedades, como el escorbuto.

Los científicos españoles se pusieron en la labor, y en 1535, Alonso de Santa Cruz presentaba instrumentos y cartas náuticas así como un instrumento para medir la longitud por las distancias de la Luna y los planetas, siendo que en su  “carta abierta por los meridianos desde la Equinocial a los Polos” fue capaz de apreciar el fenómeno de la deformación que sufría la figura de la Tierra al ser trasladada al plano. 



Los análisis de este científico venían a dar luz a la hora de fijar la posición de cualquier punto de la Tierra, con lo que se podía determinar el rumbo que debía seguirse, y para ello determinaba el uso de las coordenadas de longitud y latitud, que ya fue desarrollado por los griegos y recogido por Claudio Ptolomeo.


Durante siglos, los meridianos fueron utilizados dependiendo de la zona de cada lugar.  Ptolomeo utilizó un meridiano situado medio grado al oeste de Canarias. Posteriormente, los árabes tomaron como referencia el Estrecho de Gibraltar, y en el siglo XIII, época de Alfonso X el Sabio, el meridiano fue el de Toledo, por el que se rigió la  geografía del Nuevo Mundo.

«La grandeza de esta cuarta parte … que es un hemisferio y mitad del mundo de 180 grados comenzando a contar por Occidente desde un círculo de Meridiano que pasa 39 ó 40 grados de longitud Occidental del Meridiano de Toledo», nos dice López de Velasco al que copia Herrera»; «México está distante del Meridiano de Toledo, en longitud 97 grados y 45 minutos», nos dice el médico y botánico doctor Hernández»; «Panamá tiene 89 grados de longitud del Meridiano de Toledo y la distancia entre los dos lugares por arco del círculo mayor es de 1.660 leguas», escribe el cosmógrafo Juan Bautista Gessio «. » … la ciudad de Valdivia [Chile] … en 40 grados que es la misma que tiene la imperial ciudad de Toledo», señala Vázquez de Espinosa.

Los avances científicos de España permitieron la navegación por el Pacífico, y siendo secretos de estado, hicieron que los demás fuesen a remolque de España. Siendo así, hasta el siglo XIX, cada país utilizó su propio meridiano, siendo que España utilizaba en esta fecha el meridiano de Cádiz.


Al objeto de unificar criterios de ámbito mundial, y cuando el mundo se debatía en la necesidad de unificar los pesos y las medidas en todos los ámbitos, el año 1884 se celebró en Washington la Conferencia Internacional del Meridiano, donde 25 países fijaron que el meridiano cero sería el que pasa por el Observatorio de Greenwich, en Londres.

Se trataba, en este caso de un asunto de intereses, y de intereses políticos, porque no existía razón científica que justificase identificar el meridiano de Greenwich como el meridiano cero, mientras que razones históricas justificaban que tal título fuese llevado por el meridiano de Toledo. Pero dada la situación de España, vencida por Inglaterra en todos los campos, no cabía esa posibilidad.


No obstante, Francia estaba interesada en el asunto. Era evidente que lo normal, Toledo, no saliese triunfante, por lo que propusieron como meridiano cero el de la isla de El Hierro, coincidente con la propuesta de Ptolomeo…, pero tampoco podía ser, y es que, aunque en 1634 el cardenal Richelieu llegó a esa misma conclusión, había un escollo importante: el Hierro es España. 

Todos los países surgidos de la diáspora de España, fieles a la metrópoli, se manifestaron favorables a la propuesta británica. Todos…, menos República Dominicana, que en 1861 se había reincorporado a España hasta 1865.


FUENTES:

Cesáreo Jarabo.

España en la historia.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.


“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

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✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠ CORTES DE LEÓN DE 1188 (29 ABRIL 1188).

✠ Alfonso IX de León.

 

Ante todo, una disculpa. Puede que la fecha no sea exacta. El documento que se conserva de este acontecimiento no está fechado y todo se basa en estimaciones de sesudos historiadores, pero como este hilo de “efemérides” está basado en fechas concretas, tengo que tomarme esta licencia, ya que el hecho merece la pena.

En 2013, la UNESCO incluyó en los registros del  Programa Memoria del Mundo (Memory of the World Programme), “Los Decreta de León, de 1188”, reconociendo que era el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo. Ello da prueba de la importancia del acontecimiento y del impacto que tuvo en la gobernanza de los pueblos europeos.


En 1017, la Curia Regia, convocada por Alfonso V de León, legisló el Fuero de León, incluyen preceptos como la inviolabilidad del domicilio, la libertad de comercio y primeros derechos de las mujeres. En 1135, Alfonso VII de León, se coronó en dicha ciudad con una acogida multitudinaria. La Reconquista había sufrido un frenazo y las guerras con los reinos de Portugal y Castilla habían provocado la implantación de nuevos impuestos y un alza generalizada de precios. El recién llegado Alfonso IX de León, tiene que demandar un nuevo esfuerzo económico, pero se encuentra con una clase ciudadana organizada que exige poder para limitar y regular el gasto de la corona. 


Alfonso IX se ve obligado a consensuar las decisiones y como paso previo convoca a la Curia Regia del Reino de León. En esta curia y por primera vez, las ciudades más importantes envían representantes electos que tendrán voz y voto en las deliberaciones. Es la primera vez en la historia del parlamentarismo moderno en la historia de la Europa Occidental, que en un parlamento de un reino europeo, fuerzas que no pertenecieran a la nobleza o al clero, podían votar.

Mucho se ha escrito sobre las asambleas del Althing islandés del 930, pero eran reuniones exclusivas de magnates. Parecidas a los Concilios Visigóticos. Además, en el caso del Althing, nunca llegaron a producir textos legislativos.


Las cortes se constituyeron en dos estamentos. Los privilegiados, que incluían a el clero y la nobleza. Los no privilegiados, donde se encontraban los representantes de las ciudades.

La legislación que produce las Cortes de León, no es innovadora ni intenta introducir novedades importantes, solo desea profundizar en las normas anteriores para mejorar las condiciones de vida de los habitantes del reino y se reafirman en anteriores decisiones. Se decreta la injusticia de atentar contra la propiedad ajena, las querellas deben resolverse ante la justicia o la promesa real de no entrar en guerra sin contar con todos los que deben dar su opinión.

Todas son hoy reglas reconocidas de forma mundial, pero es la primera vez que aparecen de forma escrita, a consecuencia de una reunión de representantes de un reino y que dentro de esta representación habían personas que hablaban en nombre de gentes que no pertenecían ni a la nobleza, ni al clero.


Las actas de las Cortes de León de 1188, reflejan un nuevo modelo de gobierno en Europa, en las que la plebe participa por primera vez, tomando decisiones del más alto nivel, junto con el rey, la iglesia y la nobleza, a través de representantes elegidos de pueblos y ciudades».

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FUENTES:

España en la Historia.

Manuel de Francisco Fabre.

Preceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.



“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

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✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  Documento medieval. Acuerdo entre el obispo de Lérida y la Orden del Temple. Año de 1173. 

✠ INTRODUCCIÓN.

El documento escogido para esta práctica está fechado el 3 de mayo de 1173. Actualmente se encuentra en el Archivo Diocesano de Lérida, en el Libro Verde de la Catedral de Lérida, folios 52 y 53. Setrata de un acuerdo entre el obispo de Lérida, Guillem Pérez de Ravidats, y el maestre del Temple en Provenza y las España, Arnau de Turre Rubea. El documento, que está escrito en latín, muestra la concordia suscrita entre el obispado de Lérida y la Orden del Temple en relación a varios lugares ubicados en la Encomienda Templaria de Monzón (Huesca), y lo podemos situar en el marco de las discusiones que tuvieron lugar entre los prelados ilerdenses y los templarios montisonenses (Castillón Cortada, F.: 1975). La elección de esta fuente viene condicionada por dos factores. El primero radica en nuestra inclinación investigadora hacia la Encomienda Templaria de Monzón en la Edad media, tema en el que llevamos trabajandodesde hace varios años en distintos ámbitos y disciplinas. El segundo factor está relacionado con la admiración que sentimos hacia las órdenes militares y su actuación en la península ibérica. Como objeto de estudio, las fuentes relacionadas con las órdenes militares y su preponderancia feudal, espiritual y militar en la península nos parecen un tema de estudio apasionante.

✠ ANTECEDENTES.

A la muerte del primer maestre del Temple, Hugo de Payns, en 1136, la orden se había extendido por toda Europa: las donaciones se multiplicaban, las Encomiendas florecían y su poder crecía a pasos agigantados. El embrión argumental de las diferencias habidas entre el obispado de Lérida y la Encomienda Templaria de Monzón a lo largo de los siglos XII y XIII, y, por ende, el de este documento, tiene suprecedente en la bula "Omne datum optimum", promulgada por el papa Inocencio II en 1139. Esta bula permitía la escisión de los conventos de la Orden con respecto a los obispados de los que dependían. Las Encomiendas y posesiones templarias alcanzaban así la autonomía económica y tributaria; ya no dependerían de los obispados; solo rendirían cuentas ante al papa (Corral Lafuente, J. L.: 2006, 68; Pérsico, L: 2007, 59). Las bulas promulgadas en las décadas siguientes vinieron a reforzar y a ampliar todos estos privilegios (SanzLedesma, J.: 2007). La entrada de la Orden del Temple en el reino de Aragón y los condados catalanes hemos de situarla a inicios de la década de los treinta del siglo XII. En el año 1131, antes de su muerte, el conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, ingresaba en la orden y les concedía el castillo fronterizo de Granyera de Segarra. En1132 sería Ermengol IV de Urgell quien les concedería el castillo de Barberá (Sans i Travé, J. M.: 2010,202). Pero el hito fundamental fue el testamento redactado en Bayona en 1131 por Alfonso I el Batallador, en el que legaba el reino de Aragón, a partes iguales, a las órdenes religiosas del Temple, del Hospital de San Juan de Jerusalem y del Santo Sepulcro. En 1135, García Ramírez, rey de Navarra, donaría al Temple lo que sería más adelante la primera Encomienda templaria en Aragón: Novillas (Lapeña Paúl, A. I.: 2007, 218). Tras la ayuda que diez caballeros templarios prestaron al conde de Barcelona y princeps de Aragón, Ramón Berenguer IV, en 1149 en la conquista de Lérida y Fraga (Corral Lafuente, J. L.: 2006, 69), la Orden del Temple ocuparía numerosos feudos en Aragón y Cataluña; territorios ricos y florecientes. Asimismo, el comites barchinonensis haría también entrega a los Templarios de otros privilegios, como el diezmo de todas las rentas del reino, mil sueldos anuales en Zaragoza y Huesca, y un quinto del botín de las cabalgadas, algo que el papa ratificaría tiempo después (Sanz Ledesma, J.: 2007, 59). Sin lugar a dudas, estas concesiones se hicieron para resarcir a la Orden por haber renunciado al testamento de Alfonso I el Batallador. Entre las donaciones del conde de Barcelona se incluían los castillos de Monzón, de Mongay (o Montegaudio, tambiénen Monzón) y de Chalamera; se constituía de ese modo la Encomienda Templaria de Monzón.

✠ Castillo de Monzón.




Con respecto al obispado de Lérida, se tiene constancia de la diócesis ilerdensis desde el siglo V, y tuvo vigencia durante toda la Hispania visigoda. Extinguido el obispado con la llegada del Islam, surgirá durante la reconquista la sede episcopal de Roda de Isábena, situada en el prepirineo aragonés. Con la reconquista de Lérida, en 1149, la sede de Roda de Isábena se establecerá en esta ciudad de manera definitiva. El primer obispo de Lérida será Guillem Pérez, uno de los firmantes del documento que es objeto de estudio.

✠ CONTEXTUALIZACIÓN DEL DOCUMENTO.

A partir de 1192 la Encomienda de Monzón queda totalmente formada en las tierras del Cinca. La componían veintiocho iglesias con sus distintos lugares. A saber: Iglesia de San Juan (Monzón), Crespán (Fonz), Cofita, Ariéstolas, Castellón Ceboller (Castejón del Puente), Pomar, Estiche, Santalecina, Larroya (Santalecina), Castellflorite, Alcolea, Castaillén (Castellflorite), Sena, Sijena, Ontiñena, Torre de Cornelios (Alcolea), Chalamera, Ballobar, Ficena (Belver), Calavera (Belver), Casasnovas (Binaced), Valcarca, Ripol, Alfántega, San Esteban de Litera, Almunia de San Juan, Binahut (Castejón del Puente), Morilla y Monesma (Castillón Cortada, F.: 1981). Los Templarios ejercían la jurisdicción civil, criminal y religiosa en tales territorios. Junto a las poblaciones arriba mencionadas, se sabe que la orden disponía de una red de explotaciones ganaderas distribuida por las partidas de la Armentera (Monzón), el Cascallar (Monzón), Benahut (Castejón del Puente), Torregrosa, Valonga, Alfages, Coscollola, Serralada, Conill y Casasnovas. A la cabeza de la encomienda se situaba el Comendador, que tenía su sede en el castillo de Monzón. Era asistido por el resto de frares, que constituían el Cabildo Templario; entre ellos estaban los caballeros, los sargentos, los capellanes y los donados. Para la gestión de la Encomienda, el Comendador de Monzón se apoyaba en otros subcomendadores alternos que operaban en La Litera, La Ribera (del Cinca), Cofita y Chalamera (Castillón Cortada, F.: 1981, 13; 2001a, 166). La ciudad de Monzón disponía de almudín, justicia (alcalde), bayle (administrador) y adenantati (concejales), todos ellos nombrados por el Comendador (Castillón Cortada, F.: 1981, 33; 2001a, 188). Desde el año 1149 tenemos a la Orden del Temple organizando lo que en las décadas posteriores se convertiría en la Encomienda templaria más próspera de la Corona de Aragón. En el tiempo que transcurre de esa fecha a la del documento, 1173, se tiene noticia de múltiples fricciones entre los templarios montisonenses y la diócesis de Lérida. Castillón Cortada destaca tres momentos clave: en 1149, en 1154 y en 1160 (Castillón Cortada, F.: 1975). Los documentos que atestiguan las discusiones habidas entre el prelado ilerdense y los Templarios muestran que el núcleo de las desavenencias reside en los derechos tributarios y de explotación de distintos lugares e iglesias de la Encomienda, que antaño pertenecieron al obispado de Roda de Isábena, sede anterior a la de Lérida. La jurisdicción espiritual de los territorios feudales europeos, hasta la proliferación de las órdenes militares, correspondía únicamente a la iglesia. La aparición de la Orden del Temple (y otras órdenes), supuso una injerencia que los prelados de las distintas diócesis no vieron con buenos ojos. A los Templarios, también miembros de la iglesia, se les había donado grandes cantidades de tierra, desplazando a las diócesis que, en la gran mayoría de casos, habían ostentado la propiedad espiritual, tributaria y económica de las mismas hasta su llegada. En la diócesis ilerdense sucedió lo mismo, y mantuvieron un pulso constante con la Encomienda Templaria de Monzón en referencia a los derechos y tributos que correspondían a una o a otra. Los Templarios quisieron siempre ostentar el poder total de las poblaciones que estaban incluidas en sus Encomiendas, y eso atañía, qué duda cabe, a los derechos de las propias iglesias (Lapeña Paúl, A. I.:2006, 222). La actividad económica resultaría, a la sazón, el poder más sobresaliente de los Templarios. Favorecidos por las disposiciones reales y papales, los templarios amasaron verdaderos imperios en pocas décadas. En el armazón económico que sostenía a la orden, hay que destacar las múltiples donaciones de reyes y nobles, pero también de personas de escaso nivel adquisitivo. Sus ingresos fundamentales venían através de las rentas, limosnas y legados piadosos. Eran dueños de propiedades básicas de producción como hornos, molinos, acequias, almazaras, lagares, etc., lo que les erigía como los verdaderos señores feudales de todo un territorio. Asimismo, los diezmos y primicias de las iglesias que administraban también les reportaban pingües beneficios. Y junto a todo esto, llevaron a cabo el sistema de permutas de bienes. Las posesiones de las encomiendas se administraban por medio de los denominados censos enfitéuticos, mediante los cuales los Templarios cedían un bien en concepto de feudo a sus vasallos para que lo mantuvieran y/o lo mejoraran (Lapeña Paúl, A. I.: 2006, 224).

✠ ANÁLISIS DEL DOCUMENTO.

Aunque no existen datos que lo confirmen, cree Castillón Cortada que el documento fue realizado en Monzón (Castillón Cortada, F.: 2001a, 203). Este muestra el pacto suscrito entre el obispo de Lérida, Guillem Pérez, y el maestre de la Orden del Temple en Provenza y las Españas, Arnau de Torre Rubea, para sellar las diferencias surgidas por los diezmos y primicias de las almunias de la Litera y el término de Monzón, junto al Cinca, y desde el término de Tamarite a San Esteban, hasta el de Albalate y Zaidín. Les acompañan en la redacción y firma del documento sus respectivos Cabildos. Asimismo, por consejo de Pedro de Turre Rubea, obispo de Zaragoza, y otros probos hombres, clérigos y laicos, acuerdan que el obispo de Lérida tenga las iglesias de Arrafals y Esplús, con sus bienes, diezmos y primicias. Los Templarios recibirán las iglesias de Calavera y Casasnovas, del mismo modo con sus bienes, diezmos y primicias. Los diezmos y primicias de las restantes almunias deberán dividirse por la mitad y repartirse entre las dos partes. No obstante, las iglesias de esas almunias quedarán bajo jurisdicción del obispo Guillem. Según el documento, la repartición a partes iguales también deberá hacerse de los diezmos y primicias de las heredades que fueron del rey, de la reina, de la condesa, de Eiximén Garcés y Eneco Sanz Menaia. Quedarán para los Templarios todas las almunias de la huerta de Monzón y Pueyo, con todos sus términos, tanto de secano como de regadío, y Alfántega, Ripol y Ripollet, más Urseia, Ficena, Valcarca, Calavera y Casasnovas. Para el obispo serán los términos de Estiche, Fontealcher, Albalate, Osso y Zaidín, más los de Esplús y Arrafals. La parte final del documento muestra las firmas de los protagonistas, así como de los testigos y el escribano.

✠ Personas que firman el documento.

A lo largo del documento queda claro que son dos las personas sobre las que recae el protagonismo de lo pactado: el obispo de Lérida y el Maestre del temple; pero también se nombra a otras personalidades que ejercerán como testigos presentes, conciliadores de lo firmado o como consejeros de una u otra parte. Vamos a entrar en detalle:

✠ Arnau de Turre Rubea: Maestre de temple de Provenza y España. 

Cuenta Jerónimo Zurita que era hermano de Pedro de Turre Rubea, obispo de Zaragoza, testigo del pacto, y Guillem de Torre Rubea, arzobispo de Tarragona. Fue uno de los presentes en la boda de Alfonso II, rey de Aragón, con doña Sancha, hija del rey de Castilla, el 18 de enero de ese mismo año de 1173 (Canellas López, A.: 2003, Libro II, Capítulo XXXIII).

✠ Guillem Pérez de Ravidats:

Nació en 1143 y murió en 1176. De origen ribagorzano, fue educado en las escuelas monacales de Obarra. Hijo de Pero Gauzpert y Urraca. Fue obispo de la sede rotense antes de su traslado a Lérida (Castillón Cortada, F.: 1977, 14).

✠ Guillem de Annima:

El escribano del documento. Al final del mismo firma como capellán del maestre Arnau.

Resulta revelador el sello que utiliza para dar fe de lo escrito. Es una estrella de cinco puntas; según él mismo: … signum Salomonis. La simbología templaria relacionada con Tierra Santa queda patente a la hora de dar fe a este documento.

✠ Pero de Turre Rubea:

Hermano de Arnau de Turre Rubea y obispo de Zaragoza. Del documento se desprende que ejerce como conciliador entre ambas partes.

✠ Ramón de Cubells:

Se sabe de él como Comendador Templario de la Encomienda de Monzón desde 1163 (Castillón Cortada, F.: 1981, 13).

✠ Frares que acompañan al Maestre:

Son el Comendador, el escribano y siete Templarios: fray Ponç de Balaguer, fray Bernard de la Segriva, fray Nunonis, fray Americ de Turrellulis, fray Ponç de Berniz , fray Berenguer de Molnels y fray Pero de Aura (firma al final).

✠ Canónigos que acompañan al obispo:

Trece en total: Pero, prior de Roda; Ramón, archidiácono de Benavente; Guillem, archidiácono de Lérida; Ramón, archidiácono de Tarrentana; Odón, cillerero; Guillem, prior del claustro; Arnau de Barravés; Ramón Dantinac; R. Pero; Arnau, prior ilerdense; Pero de Faucibus; Martín, sacristán ilerdense; Gombau de Camporrells y Arnau de la Guda.

✠ Rentas y derechos.

Sabemos que la Orden, en la Corona de Aragón, quedó exenta de tributos reales y señoriales y, como se ha indicado antes, también de la jurisdicción episcopal. Gozaban de múltiples derechos, entre ellos el de asilo en sus recintos. Así las cosas, es lógico inferir que los obispos mostraran reticencias cuando de repartirse la jurisdicción espiritual y tributaria de los templos se tratara. En concreto, el documento habla de dos tributos, aplicados por la iglesia en toda la cristiandad: diezmos y primicias.

✠ El diezmo.

Era la décima parte de la producción ganadera y agrícola. Era un impuesto cobrado por la iglesia, aunque podían exigirlo los señores laicos que hubieran comprado los derechos de recaudación de alguna demarcación eclesiástica.

✠ Las primicias.

Consistían en la cuadragésima y sexagésima parte de los frutos primeros que daba la tierra y el ganado. Viendo los pingües beneficios que una rica y fértil comarca podía reportar (como es toda la ribera del Cinca), parecen lógicas las discusiones habidas entre el obispo y los templarios.

✠ Términos y lugares.

Los términos y lugares de los que da constancia el documento abarcan toda la Encomienda Templaria de Monzón, por lo que analizar cada territorio nos ocuparía demasiado tiempo. Sí hemos creído conveniente detenernos en los lugares concretos que cita el documento, pues se infiere que estarían en el centro de las disputas que llevaron a la redacción y firma del mismo.

✠ Splux: 

Actual Esplús. Se trata de una localidad de 500 habitantes, sita en la comarca oscense de la Litera, a 5 km de Binéfar. Tras su conquista en 1089 por Sancho Ramírez, formó parte del reino de Monzón, cuyo soberano fue el infante Pedro. Perteneció al cabildo de Roda de Isábena, dependiente del obispado de Lérida. Su castillo, ubicado en la parte alta del pueblo, donde se sitúa la iglesia parroquial en la actualidad, formó parte de una red de atalayas que jugaron un papel fundamental en la vertebración de la ribera del Cinca.

✠ Arrafals:

Posiblemente haga referencia a las huertas de la partida de Ráfales, cerca de Esplús.

✠ Casas Novas:

 Población no localizada. Debió ubicarse en algún lugar del actual municipio de Binaced.

✠ Calavera:

Despoblado situado en un altozano, entre las poblaciones de Albalate de Cinca y Binaced. Tenemos noticas de restos arqueológicos encontrados, los más antiguos datan de época ibérica (Castillón Cortada, F.: 2003, 87).

✠ Ficena:

Antiguo poblado no localizado. Se cita por primera vez tras la conquista de Monzón por parte de Sancho Ramírez, en 1089. Cabría situarlo en las inmediaciones de Belver de Cinca.

✠ Urseia:

Sus ruinas se ubican en un entorno denomina la mezquita, muy cerca de Belver de Cinca. Según Castillón Cortada, debemos emplazar aquí la ceca ibérica de Ursicerda (Castillón Cortada, F.: 2003, 87).

✠ Alfándega:

Alfántega. Localidad de 113 habitantes situada a 15 km de Monzón.

✠ Ripol y Ripollet:

Lugares que debieron localizarse cerca de Alfántega, en la margen izquierda del Cinca.

✠ Balcarcar:

Valcarca. Localidad de 180 habitantes perteneciente al municipio de Binaced. Fue reconquistadaen el año 1089. Destaca su iglesia de San Salvador, levantada por los templarios en los siglos XII-XIII.

✠ Esches:

Estiche de Cinca. Localidad de 200 habitantes que pertenece al municipio de San Miguel de Cinca, en la margen derecha del río.

✠ Fontealcher:

No localizada, aunque existen indicios de que pueda tratarse de una partida que se ubica en el término de Alabalate de Cinca. En 1223 se fundaría allí un monasterio cisterciense, denominado monasterio de Fonclara, hoy desaparecido.

✠ Albalad o Albalath:

Se trata de Albalate de Cinca. Población que en la actualidad cuenta con 1300 vecinos. Aparece por primera vez en 1089, en una donación hecha por el rey Sancho Ramírez.

✠ Ozo:

Osso de Cinca. Localidad situada en la margen izquierda del río, en la comarca del Bajo Cinca.

✠ Zeidi o Çeidi:

Zaidín. Población de 1500 habitantes. Sería el punto que quedaría más al sur de la Encomienda.

✠ Heredades de personas.

En el documento podemos leer:

"In ista vero concordia et divisione ponuntur decime illarum quinquehereditatum que fuerunt regis et regine et comitisse et semeni garsez et enexanz menaia, ut dividantur permédium".

En este caso, el pacto suscrito entre ambas partes habla de heredades y feudos que pertenecieron al rey, a la reina, a la condesa, a Eiximén (o Jimeno) Garcés y a Eneco (o Íñigo) Sanz Menaia. Parece evidente que el rey al que alude el documento se trata de Pedro I. La conquista de Monzón tuvo lugar el 24 de junio de 1089, reinando Sancho Ramírez. Pedro había alcanzado una autonomía notable en los asuntos de estado aun siendo infante, algo que quedaría plasmado con la ordenación del territorio montisonense en el denominado reino de Monzón. Pedro actuará como rey de Monzón, y así lo atestiguará la donación de honores sucesiva a la conquista (Laliena Corbera, C.: 1996, 127 y ss.). Es de suponer que las heredades reales pasarían a ser feudos donados a los templarios en las donaciones que realizara Ramón Berenguer IV como príncipe de Aragón. De ser así, la reina bien podría ser Inés, hija de Guillermo VIII, conde de Poitou y duque de Aquitania, primera esposa de Pedro I, con quien contrajo nupcias en enero de1086, poco antes de la conquista de Monzón. Estos territorios, al igual que las anteriores, habrían formado parte de las tierras de realengo de los soberanos posteriores, pasando a componer el lote otorgado por Ramón Berenguer IV. Más complicado resulta establecer una hipótesis en referencia a la condesa a la que alude el documento. La poca información al respecto nos induce a obrar con cautela en este sentido. En cuanto a los dos personajes que se citan, podemos establecer conclusiones más certeras. CastillónCortada, en su monográfico sobre la historia de la fortaleza montisonense, elabora una lista de tenentes del castillo tras su conquista, y Eiximén Garcés y Eneco Sanz Menaia aparecen como los dos primeros, poseyendo la honor del castillo entre 1089 y 1104 (Castillón Cortada, F.: 2001a, 139 y ss.). Esta bicefalia se debería a que el segundo representaría a Sancho Ramírez y el primero, más joven, al infante Pedro. En cualquier caso, Eiximeno Garcés seguirá firmando en la conquista de Lérida de 1149, y Sanz Menaia dejará de hacerlo a partir de 1099 (Castillón Cortada, F.: 2001a, 139). Pedro I llama en un documento a este último "mea annaia" (Laliena Corbera, C.: 1996, 109), palabra que proviene del euskera y significa hermano, algo que podría equipararse a la relación de eitán. Se puede deducir que estas tierras, ochenta años después de ser asignadas por el rey Pedro a sus tenentes, formaron parte del lote que Ramón Berenguer entregó a los templarios y que fue objeto del litigio que muestra el documento.

✠ CONCLUSIONES:

Esta fuente documental trasciende el umbral de información que puede aportar una fuente que atestigua un hecho puntual (el pacto entre el obispo de Lérida y los Templarios de Monzón), para convertirse en un argumento fundamental que permite conocer el devenir histórico de la Orden del Temple, no solo en la península ibérica, sino a nivel europeo. La fuente muestra unas relaciones complicadas entre una influyente sede episcopal y una de las Encomiendas más poderosas de la Corona de Aragón (…Ad noticam cunctorumvolumus pervenire quod maxime et difficiles conquestiones atque contentiones…), algo que marcaría la tónica general de las relaciones entre templarios y otros poderes feudales (obispos, nobles, reyes), en toda la cristiandad. Y como de estos barros vinieron estos lodos, este documento es imprescindible para entender lo sucedido en Europa a partir de 1307, cuando los reyes cristianos emprendieron medidas para capturar y juzgar a todos los miembros de la Orden del Temple. De hecho, el obispado de Lérida se erigió como uno de los principales enemigos de los templarios en el proceso que el rey de Aragón Jaime II inició en la Corona; sin duda, las ásperas relaciones que los obispos mantuvieron con los templarios montisonenses durante los siglos XII y XIII contribuyeron a esta posición antagónica en el interior de las instituciones eclesiásticas. Y este difícil pacto conforma la primera piedra de ese final abrupto.

FUENTES:

Darío Español Solana.

Academia Edu.

Preceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

BIBLIOGRAFÍA:

BOIX i POCIELLO, J. C. (1998):

 De Roda a Lleida. La fi d’un somni heroic, Fraga. CANELLAS LÓPEZ, A. (2003):

 Anales de Aragón de Jerónimo Zurita, Zaragoza.CASTILLÓN CORTADA, F.:-

 (1970): “La población templario-hospitalaria de Chalamera y su monasterio de Santa María”.

 Argensola, 65-70, pp. 19-86.-

 (1975): “Discusiones entre los obispos de Lérida y los templarios de Monzón”.

 Ilerda, 36, pp. 41-96.-

 (1977): “La iglesia de Santa María de Monzón (Huesca)”.

Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita, 27-28, pp. 7-61.-

 (1980): “Política hidráulica de templarios y sanjuanistas en el valle del Cinca (Huesca)”.

Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita, 35-36, pp. 381-44.-

 (1981): “Los templarios de Monzón (Huesca), siglos XII-XIII”.

Cuadernos de Historia Jerónimo Zurita, 39-40, pp. 7-99.-

 (1984): “La población altoaragonesa de Esplús y su dependencia de la catedral de Roda deIsábena”.

 Argensola, 97, pp. 5-56.-

 (2001a):

 El castillo de Monzón, Zaragoza.-

 (2001b): “Las órdenes militares en el Cinca Medio”.

Colección Territorio, 26, pp. 99-111.-

 (2003): “Templarios y sanjuanistas de Monzón en la fundación y desarrollo de Belver de Cinca”.

Cuadernos Cehimo, 30, pp. 83-136.CORRAL LAFUENTE, J. L. (2006):

 Breve historia de la Orden del Temple

, Barcelona. ESPAÑOL MUZÁS, I. (1951): “Binaced bajo las órdenes del Temple y de San Juan”,

 Argensola, 5, pp. 43-47.FOREY, A. J. (1973):

The templars in the Corona de Aragón,

 Durham.

✠ ANEXO DOCUMENTAL.

Transcripción del documento

Notas: En la transcripción se han intercalado algunos signos:

• … Palabra indescifrable.

• Cursiva y paréntesis para intercalar detalles del documento.

In nomine domini nostri ihesu christi et ius divina clementia. Ad noticam cunctorum volumus pervenirequod maxime et difficiles conquestiones atque contentiones inter guillelmum episcopum ylerdensem etrotensem eiusque canonicus, et magistrum templi militie a. scilicet de turre rubea et fratres eius de monço,exorte et diucius agitate fueron super decimis et primitiis almuniarum de littera et de termino de monço quesunt in flumine de Sincha usque ad illam … et a termino de tomarid et de sancti stephani usque ad termino dealbalad et de çeidi. Super hoc autem diutius contendentes, consilio et laudamento domini Petricesaraugustani episcopi et consilio canonicorum tam ylerdensium quam retensium nec nos et consiliofratrum templi milicie magistre videlicet A. de turre rubea iam dicti et suorum fratrum de Monzo,aliorumque proborum virorum tam clericorum quam laicorum inter se convenerunt episcopus ylerdensis iamdictus et fratres templi pretaxati amicabilitier composuerunt, tali namque modo ut episcopum ylerdensis etrotensis eiusque canonici ecclesias de arrafals et de splux habeant cum ómnibus suis pertinetiis, decimis etprimitiis et oblationibus tan vivorum quam defenctorum. Fratres quoque templi militie habeant acclesiam decalavera cum omnibus suis terminis et pertinetiis, cum omnibus decimis et primitiis et oblationibus atquedefunctionibus tam vivorum quam defunctorum, et ecclesiam de casis novis eodem modo quo ecclesiam decalavera habent, cum decimis et primitiis et oblationibus tam viorum quam defenctorum, dum ipsi almuniamde casis novis suis propriis sumptibus eam excoluerint et eam in proprietate tenuerint. Si autem forte illamlaboratoribus ad excolendum dederint vel de iure eorum et potestate exierit decimas, per medietates inter sedividant. Sane omnes decime aliarum omnium almuniarum preter quatuor supradictas que sunt infrasupradictos terminos a baiulis tam episcopi quam scilicet ut fratres templi decime fideliter congregentur etequaliter per medium inter se dividantur, ita scilicet ut fratres templi inde medietatem habeant et episcopusaliam medietatem. Preterea omnes ecclesie que sunt vel in antea fuerint in almuniis unde decime dividintur,sint iuris episcopi suorumque succesorum cum primitiis et defunctionibus tam vivorum quam mortuorum, itaut episcopus et sui succesores ad servitium dei libere possint eas ordineare et stabilire. In ista vero concordiaet divisione ponuntur decime illarum quinque hereditatum que fuerunt regis et regine et comitisse et semenigarsez et enexanz menaia, ut dividantur per médium. Preter illas que sunt in orta de monzo et preter pódium cum ómnibus suis terminis, regano et secano, et alfandega cum suis terminiis et riupol et riupolet, com suisterminiis, regano et secano et et urseia et ficena cum suis terminiis et balcarcar et calaveram et casas novascum eorum terminis sicut superius scriptum est. Iste namque supradicte almunie sunt fratrum templi.Episcopus quoque supradictus sibi retinet esches cum omnibus suis terminis tam regano quam secano,fontealcher et albalath et ozo et zeidi cum suis terminis et esplux et arrafal cum suis terminis. Statutum estetiam inter eos ut omnes scripture vel carte que iam antea facete fuerant inter iam dictum episcopum etfratres templi de monzo plenam obtinent firmitatem. Decretum est ut nulli alicui hominum liceat hanc cartampacis et concordie tenuere, perturbare set firma et stabilis maneat in pepetuum et omnia supradicta secura etillibata per …Ego guillelmus dei gratia sancte terrachonensis ecclesie, apostolice sedis legatus

✠ Encomienda templaria de Monzón según Castillón Cortada (Castillón Cortada, F.: 2001, 185).




“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

✠ ✠ ✠ nnDnn ✠ ✠ ✠

Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠ Hallazgo inesperado en la catedral de Toledo: llevaba oculto cinco siglos.

El uso de una tecnología puntera ha permitido acceder a un altar gótico. 

A través de una pequeña rendija, usando una tecnología de última generación, el equipo de Los Pilares del Tiempo, (La 2), ha dado con un altar gótico que llevaba oculto más de cinco siglos en la catedral de Toledo. Juan Pedro Sánchez Gamero, Dean de la Catedral castellanomanchega, les sugirió que colocaran su escáner a través de un hueco de difícil acceso. Así lograron radiografiar una arquitectura inesperada. 

El descubrimiento se encuentra en un hueco de cerca de un metro de ancho por veinte de alto, tras el altar mayor actual, construido por el Cardenal Cisneros en el siglo XVI. "Algunas de las imágenes que hemos rescatado no existen en los libros de historia", comentaban para el citado medio los directores del programa, Aitor Antépara Zura y Antonio López Pulido. El episodio del programa, La Mancha: tras los pasos del Quijote, se podrá ver este jueves 28 de abril, (La 2).

La tecnología lídar (Light Detection And Ranging; detección y alcance de la luz), es la misma con la que se empleando para las obras de reconstrucción de la catedral de Notre Dame, en París. "Aplicada al lenguaje audiovisual, puede suponer una revolución narrativa", explican los directos del programa, que esta semana emitirá su segundo capítulo. En el primero de ellos, se adentraron en la Alhambra de Granada y la mezquita de Córdoba.

Esta tecnología también es usada por National Geographic en algunos de sus documentales. Es un sistema puntero, capaz de captar más de dos millones de puntos cada segundo, con un detalle que ni una cámara convencional ni el ojo humano podrían alcanzar.


 



“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

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✠  Estudios y Análisis Históricos.

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos. 

✠  REDESCUBREN UN ALTAR OLVIDADO POR SIGLOS EN EL SANTO SEPULCRO DE JERUSALÉN.

PERDIDO HACE MÁS DE 800 AÑOS, EL ALTAR PRINCIPAL DEL SANTO SEPULCRO EN LA EDAD MEDIA QUEDÓ ESCONDIDO EN UNA ESQUINA OSCURA DEL RECINTO. HASTA AHORA…

A primera vista, el pedazo de piedra podría pasar desapercibido. Aunque supera el metro de altura, ha sido intervenido por rayones de crayola, lápiz y pluma por turistas que visitan el Santo Sepulcro, en Israel. Sin conocimiento de su valor histórico único, estaban marcando una parte del antigua altar principal del recinto, olvidado en alrededor del siglo XII en la Edad Media.




De acuerdo con la cobertura de Reuters, esta pieza de piedra caliza fue alguna vez «el frente decorado de un altar medieval«. De hecho, todavía conserva los ornamentos originales que, aunque han sido deslavados por el paso de los siglos y el impacto de las personas, mantienen restos de sus colores originales.


Sobre la superficie de piedra caliza, todavía se pueden apreciar los grabados que vestían a aquel pedazo de altar en el Santo Sepulcro originalmente. En general, son formas orgánicas: círculos y canales que los conectan. De acuerdo con los arqueólogos que estudiaron el recinto, formó parte del altar principal de la Iglesia del Santo Sepulcro en la Edad Media, el recinto más sagrado para la cristiandad en el mundo.




Esto es así porque, según cuenta el mito, es en este espacio donde se crucificó y enterró a Jesús, el mesías de las religiones cristianas. En el recinto hay dos espacios principales que conmemoran estos eventos, ya que son pasajes fundacionales para estas creencias.


A pesar de la relevancia histórica de esta pieza, en algún momento se perdió. No fue hasta inicios de 2022 que fue redescubriera por el equipo en Jerusalén:


«[El altar principal del Santo Sepulcro] fue olvidado en el torrente del tiempo por décadas«, explica Amit Re’em, especialista del Israel Antiquities Authority, «hasta que lo redescubrimos hace un par de años».


De acuerdo con el especialista, el altar principal del Santo Sepulcro se dejó en «una esquina oscura» de la iglesia, donde pasó desapercibido por siglos. Esto dio pie a que se deteriorase significativamente. En consecuencia, algunos turistas curiosos lo intervinieron con marcas personales, que todavía se aprecian sobre la superficie de piedra.


DE ALTAR PRINCIPAL A ‘PIEDRA DE GRAFITIS’


Según Re’em, este fragmento se dejó boca abajo. Por esta razón, «Nadie sabía cuál era el propósito de esta piedra, ni quién la había traído hasta acá». Sin embargo, según el testimonio que dio a la agencia, «todo el mundo sabía que era la ‘piedra de grafitis’ del Santo Sepulcro», admite con ironía.


En este contexto, cualquier valor sagrado que tuviera en la Edad Media quedó reducido a un espacio para que los visitantes ‘dejaran su marca’: nombres, frases y garabatos visten hoy lo que fue el altar principal del Santo Sepulcro medieval. Durante una renovación reciente, explica Re’em, fue que los arqueólogos voltearon el pedazo de piedra y se dieron cuenta de que era mucho más que eso.


El experto detalla que, antiguamente, este fragmento estuvo decorado con mármoles preciosos y vidrios artesanales. Lo más probable es que combinara el estilo bizantino con tintes de arte islámico, por la región en la que fue diseñado en la época de las cruzadas, hacia el año 1149.


Aunque el hallazgo ya tiene un peso significativo en sí mismo, el equipo de arqueólogos que trabajó con Re’em sigue inmerso en trabajos de renovación. Por lo cual, el estudio completo se publicará más adelante este mismo año, por parte del Israel’s Exploration Society.


FUENTES:
NATIONAL GEOGRAPHIC.


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Tal día como hoy, 18 de Marzo, pero del año 1314...

✠  Jacques de Molay, el último Maestre de la Orden del Temple, es quemado en la hoguera, frente a Notre Dame de Paris, falsa e injustamente acusado de sacrilegio y herejía, por el rey francés Felipe IV "el hermoso" y con la aprobación del cobarde y pusilánime papa Clemente V, bajo las órdenes del rey frances. Con esta cruel y despiadada condena del Maestre y su Orden, la Iglesia cometió la mayor injusticia de su historia.


✠  IMAGEN I.- Jacques de Molay, el último Maestre de la Orden del Temple.




En 1307 el papa Clemente V y el rey de Francia Felipe IV se unieron para derrotar a los Caballeros Templarios. Muchos de ellos fueron arrestados, torturados hasta límites insoportable y quemados en la hoguera. Jacques de Molay, acusado de sacrílego y hereje, se declaró, bajo tortura, culpable de los cargos, aunque luego se retractó. En 1314, el último Maestre de la Orden del Temple fue quemado vivo frente a la Catedral de Notre Dame, no sin antes lanzar una maldición: "¡Pagarás por la sangre de los inocentes, Felipe, rey blasfemo! ¡Y tú, Clemente, traidor a tu Iglesia! ¡Dios vengará nuestra muerte, y ambos estaréis muertos antes de un año!". Según datos históricos, un año después fallecieron el Monarca galo y el Papa que toleró la aniquilación de una de las Órdenes más cristianas, leales, misteriosas y poderosas de la historia. 

✠  IMAGEN II.- Papa Clemente V.




✠  IMAGEN III.- Rey Felipe IV "el hermoso".





✠ Juicio contra los Templarios.

A finales de 1306, el Papa Clemente V convocó a los Maestres para organizar con ellos la próxima cruzada e intentar unir las dos órdenes en una sola, (Templarios y Hospitalarios).

Jacques de Molay advierte al Papa que es inútil enviar pequeños ejércitos a combatir con los musulmanes y sugiere que se debe enviar un ejército unido de varias naciones con el apoyo de la flota italiana para el transporte. Respecto a la unión de las Órdenes, Jacques rechaza cualquier opción de fusión.

Poco después llegaron noticias de que el rey de Francia Felipe IV estaba preparando acusaciones contra la Orden Templaria.

Felipe IV buscaba controlar la iglesia y por ello, ordenó al Papa instalarse en Francia y colocaba a los religiosos afines a él para hacerse con las propiedades de la iglesia.

A su vez, Felipe IV había endeudado a Francia con la Orden de Temple, con créditos prácticamente impagables, para financiar sus continuas guerras y sus fastos desproporcionados y buscaba salvar su deuda de la forma más rápida posible, sin pensar en el daño y la locura que iba a obligar a realizar.

En 1307, Jacques de Molay solicita al Papa Clemente V una investigación para descartar las acusaciones pero Felipe IV no esperó los resultados de la investigación y arrestó al Maestre y a varios líderes Templarios.  

El Papa Clemente V se apresuró a celebrar el juicio y oponerse al rey para salvaguardar la independencia de la Iglesia y de los Templarios.

La inquisición torturó a más de 138 templarios en toda Francia y publicó las confesiones, logradas bajo insoportables torturas, para lograr más apoyos al rey Felipe IV.

En 1309, la iglesia sigue torturando e interrogando a Jacques de Molay y sus caballeros templarios. Las declaraciones van cambiando con el paso del tiempo y se muestran inconexas hasta que, finalmente, el Papa Clemente V se sometió al rey de Francia, bajo amenazas, y declaró culpables a los Templarios.

En diciembre de 1313, se llevó a cabo el juicio contra Jacques de Molay y varios Caballeros Templarios.

En 1314, los jueces condenan a Molay y Godofredo de Charnay a la hoguera y el rey Felipe IV los ejecutaría ese mismo año.

Clemente V, un Papa francés afincado en Aviñón y demasiado sometido al Rey de Francia, absolvió de herejía a los Caballeros Templarios en 1308, pero no pudo evitar la disolución de la Orden bajo la tremenda presión de Felipe IV el Hermoso para incautar las propiedades del Temple en Francia, y financiar con ellas su guerra contra los ingleses. Los documentos que reflejan la inocencia de los Templarios y la absolución del Papa (Pergamino de Chinón), fueron presentados por el Archivo Secreto Vaticano, que publicó una edición facsímil de 799 ejemplares en pergamino idéntico al de los originales.

La investigadora Bárbara Frale, quien descubrió en 2001 el documento original redactado por los tres cardenales que interrogaron a los Caballeros Templarios, manifestó ayer que «el proceso fue una enorme intriga internacional en torno a acusaciones inventadas por Felipe IV de Francia para desmantelar la Orden».

A pesar de que los Templarios dependían sólo del Papa, Felipe IV de Francia impidió a Clemente V interrogar a los jefes arrestados, a los que torturaba salvajemente para arrancarles confesiones falsas. El Papa amenazó en vano con excomulgarle si le negaba el acceso pero, al final, tuvo que enviar secretamente a tres cardenales que interrogaron a los detenidos y redactaron, en el castillo de Chinon, el documento exculpatorio.

El original conserva todavía anotaciones al margen del Papa y sus colaboradores durante el estudio del caso de los Templarios, a quienes los tres cardenales absolvieron en nombre del Pontífice. Aun así, la ofensiva propagandística de Felipe IV de Francia apoyada en unos juicios «estalinianos» obligó a Clemente V a suspender la Orden, que sería disuelta en 1312 por un concilio celebrado en Vienne. El Maestre Jacques de Molay fue injustamente quemado vivo, y en ese mismo año de 1314 fallecieron también los otros dos grandes protagonistas: Felipe IV de Francia y el Papa Clemente V, enfermo y debilitado desde hacia ya tiempo. 

✠ El Pergamino De Chinón: La Absolución Papal.

El documento contiene la absolución impartida por Clemente V al último Maestre del Templo, el fraile Jacques de Molay, y a los demás jefes de la Orden después de que estos últimos hicieran acto de penitencia y solicitaran el perdón de la Iglesia; tras la abjuración formal, obligatoria para todos aquellos sobre los que recayera la sospecha de herejía, los miembros del Estado Mayor templario serían reintegrados en la comunión católica y readmitidos para recibir los sacramentos. 

El acto de Chinón, supuesto necesario para la reforma, sin embargo, se quedó en papel mojado. La monarquía francesa reaccionó poniendo en marcha un verdadero mecanismo de chantaje que obligará seguidamente a Clemente V a dar un paso definitivo durante el concilio de Vienne (1312): al no poder oponerse a la voluntad de Felipe IV el Hermoso, rey de Francia, que imponía la eliminación de los Templarios, el papa, una vez escuchado el dictamen de los padres conciliares, decidió suprimir la orden «con norma irreformable y perpetua» ("bula Vox in excelso, 22 de marzo de 1312").

✠  IMAGEN IV.- Pergamino de Chinon.



 

Habría disuadido a cualquiera, según el pontífice, de llevar la vestimenta templaria y, por otra parte, una dilación en la decisión sobre tales cuestiones habría producido la dilapidación de ingentes riquezas ofrecidas por los cristianos a la Orden, encargada de correr en ayuda de la Tierra Santa para combatir a los enemigos de la fe.
La atenta consideración de estos peligros, junto con las presiones por parte francesa, convenció al papa a suprimir la Orden de los Caballeros del Templo, al igual que en el pasado, y por motivaciones menores, había sucedido a órdenes religiosas de importancia mucho menos relevante.

No es fácil desentrañar el significado del Pergamino de Chinón.
Si nos atenemos a su datación histórica, parece claro que está redactado en un momento de duda del Papa Clemente V, en un momento en que decidió paralizar todo el proceso contra los templarios.

Sin embargo, atendiendo a la siguiente cronología se puede reconstruir el fondo de los hechos históricos:

✠ 5 de julio de 1308: Clemente V emite la bula "Subit assiduae" por la que restituye a los inquisidores en los poderes que les había "sustraído". No obstante se reserva el juicio de la Orden en conjunto y la audiencia al Maestre general y los cinco dignatarios presos en Francia.

✠ 12 de agosto de 1308: Clemente V emite la bula "Facians misericordiam" por la que confirma la devolución de jurisdicción a los inquisidores para que instruyan la causa seguida contra cada uno de los templarios y como deberá seguirse ésta. Envía a las distintas diócesis el documento donde se exponen los 87 artículos de acusación formulados contra la Orden sobre los cuales deberán ser interrogados los templarios. Emisión de la bula "Regnans in coelis" por la que se convoca un concilio a celebrar en Vienne el 1º de octubre de 1310 que a la vista de los resultados obtenidos pronunciará sentencia sobre la continuidad o disolución de la Orden.

✠ 30 de diciembre de 1308: Clemente V escribe a Jaime II de Aragón urgiendo la captura de los últimos templarios que aún resisten y su entrega a los respectivos obispos para ser interrogados, designando como delegado a Beltrán, prior de San Casiano de Beziers.

✠ 3 de abril de 1312: "Bula Vox in Excelso", aprobada en la segunda sesión del Concilio de Vienne:
 [...]Por lo tanto, con corazón triste, no por sentencia definitiva, sino mediante provisión apostólica u ordenanza, Nos, suprimimos, con la aprobación del sacro concilio, la Orden de los templarios, y su regla, hábito y nombre, mediante un decreto inviolable y perpetuo, y prohibimos enteramente Nos que nadie, en lo sucesivo, entre en la Orden o reciba o use su hábito o presuma de comportarse como un templario. Si alguien actuare en este sentido, incurre automáticamente en excomunión.

✠ 2 de mayo de 1312. "Bula Ad providam", de 2 de mayo de 1312, disponiendo los bienes de la Orden del Temple en favor de la Orden del Hospital, o de Malta.
De todo ello cabe inferir que el documento de Chinon fue redactado en un momento en el cual el Papa estaba inmerso en una serie de dudas. Meses antes había dejado sin poderes a los inquisidores y de forma contemporánea al Pergamino de Chinon, se los devolvió. No obstante, las presiones que debió recibir por parte de los Reyes de la Cristiandad, lo llevaron a que al final no publicase oficialmente dicho pergamino.


✠  IMAGEN IV.- Jacques de Molay, el último Maestre de la Orden del Temple, es quemado en la hoguera.

 

 

✠  Un descubrimiento en el Archivo Secreto Vaticano revoluciona siete siglos de calumnias.

 El día 13 de septiembre de 2001, dos días después del desastre de las torres gemelas de New York, la historiadora y paleógrafa Bárbara Frale encontraba en los archivos secretos del Vaticano, mal archivado un precioso documento que revolucionaría la historia de la Orden.

Se trata de un Acta original, aparentemente de una investigación conducida por autoridad del propio Papa Clemente V que contiene la única confesión del Maestre Jaques de Molay frente a la autoridad pontificia. Y tras ello nada más ni nada menos que la absolución fechada en el verano de 1308, a todos los cargos de herejía y apostasía de que habían sido objeto Jaques de Molay y los altos dignatarios.

El documento fue hallado en un lugar impensado, por un error de catalogación.
Lo importante del documento es que restituye la absolución con fórmula plena, impartida por el Papa Clemente V a ese Maestre y a los grandes dignatarios del Temple, quienes habían hecho contrición y enmienda, logrando así el perdón de la Iglesia.

El Maestre Molay y algunos otros altos dignatarios de la Orden se encontraban prisioneros en Chinon hacia 1308. De esa fecha es la absolución papal y sin embargo Molay fue ejecutado en 1314. ¿Por qué el desfasaje?

Trataremos de transmitir lo informado por la Dra. Frale, publicado además en su libro (L´ultima Battaglia dei Templari, Ed. Viella, Roma). Desde que fueron detenidos, tanto el Maestre como sus hermanos no cesaron de solicitar ver al papa y la confesión papal. Recordemos, por si es necesario, que la Orden estaba únicamente subordinada al papa.

Por diversos motivos, Clemente no estaba dispuesto o no podía trasladarse a entrevistar a los detenidos. Finalmente, algunos de los prisioneros son trasladados hacia la sede papal en Avignon.

Al parecer Molay y los demás representantes de quienes se habla, enferman en el camino (o al menos ese es el argumento esgrimido para que queden allí), y por ende son derivados, de buena o mala fe, hacia el castillo de Chinon, donde quedarán detenidos por largo tiempo.

Es entonces cuando el Papa Clemente V envía a tres Cardenales a tomar la confesión solicitada. Es posible que sean los cardenales Berenguer Fredol, Esteban de Suisy (que ya había estado con el Maestre Molay en el Temple de París) y Landulfo Brancaccio.

La misma es llevada en forma escrita a Clemente V, quien tras algún tiempo vuelve a enviar a esos cardenales con la absolución, por escrito, de los prisioneros, liberándolos de los cargos de apostasía herejía y otras calumnias e injurias de que habían sido objeto.

¿Por qué no fueron liberados de inmediato? 

En el lapso transcurrido entre octubre de 1307 y el verano de 1308 Felipe IV había llegado muy lejos; pues se había apoderado de cuantos bienes de la Orden del Temple había podido.
Es muy probable que haya recibido de muy mala gana y pésimo talante la infausta noticia (para él), de la absolución de Molay y la cúpula templaria.

Se encontraba imposibilitado de liberarlos sin caer en el más majestuoso ridículo. Más aún, desde el punto de vista material ya no contaba seguramente con los bienes que había incautado a la Orden. El dinero, los papeles, las monedas o las joyas (nunca se sabrá a ciencia cierta), se habían hecho humo.
Recordemos que Felipe IV es reconocido en la historia como falsificador de moneda, una vil estafa al reemplazar en la moneda metal noble (plata), por níquel.

Es de menor calidad y precio. Poco le costaba entonces, si como muestra basta un botón, no falsificar sino simplemente esconder un documento.

Es muy probable, al decir de la Dra. Frale, que ante esa imposibilidad y el riesgo que significaba la liberación de todos los (dolidos) templarios, Felipe haya reaccionado mal y haya amenazado a Clemente con un Cisma en el cristianismo si insistía en la inocencia de Molay y la cúpula templaria.

Es probable también que entonces Clemente haya procedido como quien juega al ajedrez y sacrifica un par de peones para salvar la reina.

✠  Conclusión final.

Sin duda no podremos resolver estos y otros interrogantes.
Pero por la razón que fuere, y cualesquiera fueran las respuestas, el descubrimiento efectuado por Bárbara Frale se transforma en el hecho más importante en la Orden del Temple, desde el 18 de marzo de 1314, es decir en el curso de los últimos 688 años transcurridos.

Entendemos que la cristiandad entera y quienes bien quieren a la Orden del Temple festejarán con íntima y profunda alegría, con todos nosotros, templarios, este descubrimiento que espanta los fantasmas agitados de la apostasía y herejía que han levantado desde siempre algunos grupos esotéricos y ocultistas.

Alba militum Xristos, ad perpetuam milites Xristos, ad maiorem Dei Gloriam.

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Tal día como hoy, 18 de Marzo, pero del año 1229…

✠  En el marco de la Sexta Cruzada, Federico II, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, se declara a sí mismo rey de Jerusalén. 



Federico II. Emperador del Sacro Imperio y Rey de Sicilia (1194-1250).

Emperador de Alemania y rey de Sicilia, nacido en Iesi (Italia) el 26 de diciembre de 1194 y fallecido en el castillo Fiorentino, en la Apulia (Italia), el 13 de diciembre de 1250.

✠ IMAGEN I.- Federico II, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.




✠ Minoría de edad.

Hijo del emperador germánico Enrique VI y de doña Constanza de Hauteville, hija de Roger II y heredera del reino de Sicilia, Federico Roger de Hohenstaufen fue confiado en el momento de su nacimiento a Conrad von Urslingen, duque de Spoleto, que lo llevó a Foligno, cerca de Asís. A los dos años su padre, utilizando el tesoro de los reyes normandos, consiguió que los príncipes alemanes designaran a Federico sucesor legítimo a la cabeza del Sacro Imperio y Rey de Romanos y un año después Enrique VI murió y la reina Constanza asumió la regencia del reino de Sicilia en nombre de su hijo; el 17 de mayo de 1198 Federico fue coronado en Palermo rey de Sicilia, duque de Apulia y príncipe de Capua. Desde este momento, su madre trató de colocarlo bajo la tutela del papa Celestino III, pero las muertes sucesivas del papa y de doña Constanza dejaron a Federico sin protección, de momento, porque la petición de la reina fue recogida por el nuevo papa, Inocencio III.

✠ IMAGEN II.- Papa, Inocencio III.




Durante la minoría de Federico, éste quedó bajo el cuidado de un tal Gentile de Manupello, que en absoluto defendió los derechos del niño ante las ambiciones del antiguo consejero del emperador, Markward von Anweiler. Federico, a pesar de contar tan sólo con siete años de edad, envió una carta a Inocencio III poniendo al papa al corriente de los vejatorios tratos a que se veía sometido. El papa no hizo nada por ayudarle inmediatamente, pero en 1206 reconsideró el asunto y ofreció a Gaultier de Palaglia el cargo de canciller, desde el que éste suavizó la corrupción, restituyendo a los condes italianos frente a los barones alemanes y devolviendo a los funcionarios eclesiásticos a los puestos claves de la administración. Pero desde ese momento Inocencio III consideró Sicilia como un feudo pontifical. Federico vivió su niñez educado por un equipo designado por Gaultier de Palaglia: Gregorio Galgano, delegado del papa en Sicilia, Giovanno Trajetto, notario apostólico y Pietro de Nicola, arzobispo de Tarento; completaron su educación los cadíes musulmanes de Palermo, con los que aprendió árabe y los rudimentos de la lógica, del cálculo y del álgebra, recién introducida en Italia por Leonardo de Pisa. Estos conocimientos constituyeron las bases de la cultura universal que ostentaría en su madurez. Poco antes de decretarse su mayoría de edad, Federico hablaba latín, griego, árabe, provenzal y el dialecto siciliano; no hablaba, sin embargo, una palabra de alemán.


✠ Federico, rey de Sicilia.

Federico II alcanzó su mayoría de edad el 26 de diciembre de 1208 e inmediatamente declaró que ejercería el poder por sí mismo. Sus primeros actos fueron informar al papa de que su regencia había terminado y disolver el Consejo de Familia que había ejercido su tutela. Después reunió un consejo de juristas para que realizaran un inventario de todas las expoliaciones de que Sicilia había sido víctima desde la muerte de Enrique VI. Inocencio III reaccionó ante el ímpetu político del nuevo rey y aceleró los trámites para casarlo con doña Constanza, hermana de Pedro II de Aragón, evitando así que Federico casase con una princesa germánica, lo que hubiera llevado a un relajamiento de la influencia pontificia sobre Sicilia. Federico acudió a Siracusa a principios de 1209 para firmar el contrato matrimonial y en agosto del mismo año recibió en Sicilia a su futura esposa. La boda se celebró en Palermo el 19 de agosto. Rápidamente la reina ganó una notable influencia sobre Federico. Al año siguiente ambos esposos huyeron de Palermo y se refugiaron en Catania ante la epidemia de peste que diezmó la ciudad.

✠ IMAGEN III.- Pedro II de Aragón.




En cuanto al gobierno de Sicilia, Federico transformó la cancillería real en una "oficina de control" que supervisó la legitimidad de la posesión de las propiedades de la isla y desposeyó de las tierras a aquellos prevaricadores que se habían apoderado de ellas mediante la falsificación de sus títulos de propiedad. El rey ordenó restituir a la Corona las tierras enajenadas y se encontró con la oposición de los condes Paolo y Ruggiero de Gerace y con el poderoso Anfuso de Roto, señor de Tropea. Pero Federico apenas contaba con efectivos militares para obligar a cumplir su mandato, por lo que resolvió la situación con un método que emplearía con frecuencia en lo sucesivo: hizo partícipe a la opinión pública de la legitimidad de su acción mediante una circular destinada a la abadía de Montecassino y a todos lo prelados y nobles de su reino (1210). También recuperó el rey los principales puertos de la isla, retenidos por los pisanos en virtud de un acuerdo firmado con Markward von Anweiler, recurriendo a la alianza con los genoveses. La expulsión de los pisanos supuso la reanudación de las relaciones comerciales con las ciudades marítimas de Italia, que trajo un cierto esplendor a la corte de Palermo.

Y si en el interior el poder de Federico se acrecentaba, pronto tuvo, sin embargo, que hacer frente a una amenaza exterior: la conquista de Sicilia iniciada por el duque de Brunswick, Otón, que había sido elegido emperador por la facción güelfa (1199). 

✠ IMAGEN IV.- Otón IV, duque de Brunswick.



De nada había servido la excomunión de Otón por parte de Inocencio III; en el otoño de 1211 ya había conquistado toda la parte continental del reino siciliano y comenzó a trabar relaciones con los pisanos y los árabes de Palermo en orden a acometer la conquista de la isla. La situación era tan crítica que Federico ordenó preparar una galera para la huida, pero Otón abandonó la campaña precipitadamente porque los asuntos de Alemania tomaban un grave cariz: Inocencio III había conseguido el apoyo de los reyes de Francia e Inglaterra y convocó una asamblea en Nuremberg en la que se proclamó a Federico emperador de Sacro Imperio. El rey de Sicilia conoció la noticia a principios de 1212, cuando una comitiva de príncipes alemanes acudió a Palermo para rogarle que viajara inmediatamente a Alemania, donde debía ser coronado. Antes de partir, Federico hizo coronar a su hijo Enrique, de un año de edad, y le puso bajo la regencia de la reina, con el consejo de Gaultier de Pagliara. En febrero Federico viajó a Mesina, donde formalizó su sumisión a la Santa Sede, y después embarcó rumbo a los Estados Pontificios, llegando a Roma a principios de abril. Inocencio III le hizo firmar nuevas clausulas de sumisión a la Iglesia. A finales de mes el Rey de Romanos tomó el camino de Alemania, acompañado del legado pontifical, Berardo de Castacca. Durante el viaje fue espléndidamente acogido en Génova, pero atacado por tropas milanesas y por el duque de Merania, que le hizo desviar su camino, hasta que finalmente llegó a territorio imperial. Encontró cerradas las puertas de Constanza y tuvo que ser Berardo de Castacca quien, apelando a la excomunión lanzada por el papa sobre Otón de Brunswick, persuadió a sus habitantes para que dejasen entrar a la comitiva dentro de las murallas, dado el caso de que el ejército del güelfo se encontraba cercano a la ciudad, con la intención de capturar a Federico. Durante los meses siguientes Federico siguió su ruta hacia el norte, ganando la adhesión de las ciudades por las que pasaba y engrosando su ejército con efectivos de cada una de ellas. En Alsacia se instaló en el castillo de Haguenau, donde estableció su corte.

Otón había comprendido que los apoyos de Federico eran demasiado poderosos y, como medio para eliminar a su rival, decidió terminar primero con el más importante de ellos: el rey de Francia, Felipe Augusto. Federico conoció las intenciones del duque de Brunswick gracias a Conrad von Scharfenberg, ex-canciller de Otón, al que entregó los obispados de Metz y Spira. El güelfo contaba con la alianza de Juan Sin Tierra, que se había convertido en su sobrino, y de los duques de Flandes y Bravante. Federico informó al delfín, Luis, de los planes de Otón en una entrevista en Vaucouleurs, en diciembre de 1212; aquel mismo mes Federico fue proclamado único emperador legítimo en una asamblea en Frankfurt. El 9 de diciembre Federico fue coronado en la catedral de Maguncia, aunque la ceremonia tuvo un carácter simbólico. Durante el año siguiente Otón ultimó los preparativos de la invasión de Francia. El encuentro decisivo tuvo lugar en Bouvines el 27 de julio de 1214, donde la victoria francesa sobre la coalición internacional supuso el fin de las aspiraciones de Otón, porque después de la derrota perdió todas sus alianzas.

Y para Federico la victoria de Bouvines, en la que no participó directamente, supuso la apertura de los caminos del Imperio. Recibió el vasallaje de la ciudad de Colonia (en la que se había refugiado el duque de Brunswick), y marchó hacia Aquisgrán, donde fue de nuevo coronado (esta vez con los atributos imperiales auténticos; los de Maguncia habían sido copias), el 25 de julio de 1215.


✠ Emperador de Sacro Imperio.

Al día siguiente de su coronación. Federico anunció su intención de tomar la Cruz y partir hacia Tierra Santa. Inocencio III ratificó el ascenso de Federico a la dignidad imperial en el concilio celebrado en Letrán en noviembre de 1215 y enseguida envió una delegación a Estrasburgo para asegurarse de la manera en la que el nuevo emperador pensaba renunciar al trono siciliano (una de las condiciones de la primera entrevista entre Inocencio III y Federico II, en 1212). Y aunque Federico contestó positivamente a las peticiones del papa, éste nunca llegó a saberlo, porque murió antes de conocer la respuesta del emperador. La muerte del poderoso pontífice había liberado a Federico de sus compromisos anteriores. En 1213 Federico promulgó en Egber "la Bula de oro", por la que trató de agrupar la infinidad de principados de que se componía el Imperio alrededor de los príncipes más poderosos, con la intención de fortalecer la estructura feudal del Imperio, y a pesar de que en esa bula Federico dejaba parte de sus regalías.

Después del ascenso al solio pontificio de Honorio III, Federico quiso eliminar todas las concesiones que su madre y él habían hecho a la Santa Sede y convocó una asamblea en Frankfurt en la que, por unanimidad, se eligió a su hijo Enrique Rey de Romanos. Después viajó a Roma con su esposa para recibir la corona imperial de manos del papa (22 de noviembre de 1220), y con ella la prebenda de canónigo en el cabildo de San Pedro, que le confería el mismo poder espiritual que un obispo. En el transcurso de la ceremonia Federico ratificó su intención de tomar la Cruz en el mes de agosto siguiente.

✠ IMAGEN V.- Honorio III.




✠ Los asuntos en el reino de Sicilia.

El emperador y la emperatriz se dirigieron al sur y llegaron a Capua a finales de año. En la primavera de 1221 Federico reunió una asamblea de notables, la "Audiencia de Capua", en la que se promulgó una nueva "constitución" para Sicilia, cuyo objetivo era restablecer el poder real en aquellos lugares en los que hubiera sido usurpado por las ciudades, los nobles y la Iglesia. Creó una universidad en Nápoles para la formación de los nuevos funcionarios, cuya novedad estribaba en que dependía por entero del Estado, que subvencionaba los estudios de los alumnos, a los que luego se incorporaba a la administración. Posteriormente Federico procedió a reformar su Cancillería para optimizar sus funciones. Formaron parte de ella Berardo de Castacca, Conrad von Scharfenberg, Hermann von Salza, Gran maestre de los Caballeros Teutónicos, y más adelante Pedro de Vigne, un importante jurista. Gracias a las reformas, Sicilia se convirtió en el primer reino centralizado de Europa y conoció un espectacular auge económico. También fundó Federico una escuela de Medicina en Salerno, que pronto adquirió una alta reputación.

Cuando regresó a Palermo, Federico hubo de ocuparse de frenar los abusos que los nobles habían hecho durante sus ocho años de ausencia, y en esta ocasión usó la fuerza. Instituyó la figura del "justiciero", cargo militar pagado, que significaba que su actuación no respondía a los intereses del rey, sino de la Justicia. A continuación sometió todos los puertos de la isla bajo su autoridad, pero con esto no terminó de pacificar Sicilia, ya que los musulmanes de la isla también se habían rebelado contra la Constitución, porque las Leyes de Capua les colocaban en una situación de inferioridad respecto a los cristianos. La revuelta de los árabes, encabezada por el emir Ibn Abbad, fue sofocada en otoño de 1222 con la toma de su centro de operaciones, la fortaleza de Jabo, pero resurgió el mismo invierno con la reconquista del castillo por parte de los musulmanes. La guerra se prolongó durante casi tres años, reavivada por grupos aislados de las montañas, pero la capitulación de los jefes sarracenos en 1224 calmó de nuevo la situación y llevó a la disolución de las estructuras de la comunidad musulmana de Sicilia y a su expatriación en Lucera, al noroeste de Foggia, en una ciudad construida para el efecto. El rey restituyó a los musulmanes todos sus derechos y de entre los guerreros de Lucera formó dos ejércitos y una guardia personal de seiscientos caballeros.

El trato que el emperador daba a los árabes alarmó al papa, que no dudó en hacerle responsable del desastre de Damietta durante la Quinta Cruzada, ya que por dos veces había prometido tomar la Cruz y aún no lo había hecho. Federico pudo suavizar sus relaciones con Honorio III gracias a la mediación de Hermann von Salza, que mantuvo conversaciones con el pontífice en varias ocasiones, excusando a Federico de la Cruzada por causa de los problemas internos de Sicilia. El papa aceptó las prórrogas solicitadas por el Maestre de los Caballeros Teutónicos, pero urgió a Federico a que tomase la Cruz, como muy tarde en 1225. Como llegó tal fecha y Federico aún no había partido hacia Tierra Santa, Honorio III convocó una conferencia en Foggia para exigir responsabilidades al emperador; de nuevo fue von Salza quien logró eludir el anatema con el que el papa amenazaba, pero esta vez Federico debió consignar por escrito sus compromisos, que le obligaban a estar en Tierra Santa para el 27 de agosto (Tratado de San Germano, firmado a finales de julio de 1225). Y además se conjuró una nueva circunstancia para apremiar a Federico a emprender la Cruzada: Juan de Brienne, rey de Jerusalén acudió ante Honorio III para proponer el matrimonio de su hija, Yolanda, con Federico (que había enviudado en junio de 1222); casando con la heredera del reino de Jerusalén, Federico se convertía en rey de Jerusalén, razón que le obligaba a no retrasarse más en la reconquista de los Santos Lugares. 

✠ IMAGEN VI.- Juan de Brienne, rey de Jerusalén.




El emperador aceptó y la boda se celebró por poderes en Acre, a finales de agosto de 1225. Luego Yolanda viajó a Italia y se encontró con Federico en Brindisi, en cuya catedral se celebró la boda imperial el 9 de noviembre. Después se hizo coronar en Foggia. Federico nunca prestó atención a su nueva esposa, a la que recluyó tras los muros del palacio de Palermo; incluso se llegó a decir que nunca mantuvieron relaciones sexuales, lo cual fue desmentido por el nacimiento de una hija en 1226; esta niña sólo vivió un día.


✠ Rey de Jerusalén.

Desde el día siguiente a su casamiento, Federico encargó a Bailán de Sidón y a Tomás de Aquino, conde de Acerra, que le representasen en Tiro de forma permanente, en orden a afirmar su autoridad y servir de observadores para la preparación de la Cruzada. La ciudad de Jerusalén estaba a la sazón dominada por el más joven de los hijos de Saladino, el sultán Malik al-Moazzine, que en 1226 lanzó a los guerreros mongoles Khwaresmianos contra el sultanato de Egipto, en manos de su hermano mayor, Malik al-Khamil. Éste pidió a Federico que acudiese a Siria y le prometió la devolución de Jerusalén si le ayudaba a vencer a su hermano. Las relaciones entre el sultán y el emperador se hicieron fluidas y proliferaron las embajadas y los intercambios mutuos de regalos y correspondencia. Mientras tanto, Hermann von Salza recorría Alemania reclutando guerreros para la cruzada. Federico, por fin, envió la primera avanzada de caballeros hacia San Juan de Acre en abril de 1227, bajo el mando de Enrique de Limburg, que recuperó Sidón y Cesarea, lo que sirvió para convencer al sultán de El Cairo de las buenas intenciones del emperador. Pero Federico no pudo llegar a Siria porque cayó enfermo de cólera y, al no cumplir las estipulaciones de San Germano, fue puesto en entredicho por el nuevo papa, Gregorio IX, que además incitó a las ciudades lombardas a sublevarse y finalmente lo excomulgó el 17 de noviembre de 1227. Desde entonces Federico aceleró los preparativos para partir a la Cruzada y a finales de abril de 1228 reunió a su corte en Barletta para prevenir las dificultades que pudieran producirse durante su ausencia y nombró rey de Sicilia a su hijo segundo, Conrado. El emperador zarpó de Brindissi el 28 de junio de 1228.


✠ IMAGEN VII.- Gregorio IX.



La más importante de las escalas tuvo lugar en Chipre. Allí Federico invitó a un banquete a Juan de Ibelin, señor de Beirut, que detentaba el gobierno de la isla en nombre de la reina Alix de Lusignan, viuda de Amauri II, que años antes había rendido vasallaje a Enrique VI por la posesión de Chipre. El emperador exigió a Juan de Ibelin que le abonara los impuestos desde la muerte de Amauri II y que abandonase su feudo de Beirut; ante la negativa de de Ibelin, aceptó someter el asunto al juicio de la Corte de Jerusalén y le dejó marchar. El bailío de la isla fortificó sus castillos y Federico pidió refuerzos a San Juan de Acre para hacer frente a de Ibelin. Sitió el castillo de Dios de Amor, donde se refugiaba el rebelde, pero terminó por rendir el sitio mediante negociaciones y obtuvo el reconocimiento de la soberanía sobre Chipre como heredero que era de Enrique VI.

La flota cruzada llegó a San Juan de Acre el 7 de septiembre de 1228 y allí el emperador recibió el homenaje de los maestres de las Órdenes Militares, los poderosos del reino y los jefes cruzados. Posteriormente envió una embajada a Roma para apaciguar la cólera de Gregorio IX (Federico no se había sometido ante él, como había sido la intención del papa al excomulgarle), y otra a Nablús para reivindicar la posesión de Jerusalén, como había acordado con al-Khamil. El sultán de Egipto se negó a entregar los Santos Lugares; ya no necesitaba la ayuda de Federico, porque su hermano, el sultán de Damasco había muerto poco antes y la amenaza de los mongoles se había desvanecido. En respuesta el emperador se lanzó sobre Jaffa (noviembre de 1228), pero no fue necesario iniciar el asedio, porque la simple demostración de fuerza hizo que el sultán se aviniese a pactar: en febrero de 1229 se firmó en Jaffa un tratado por el cual el emperador recibía Jerusalén, Galilea, el señorío de Torón y una parte de Fenicia por diez años; a cambio Federico permitiría la libertad de cultos en los Santos Lugares. Federico entró en Jerusalén el 14 de marzo y dos días después se coronó a sí mismo Rey de Jerusalén. En marzo regresó a Acre, donde encontró una revuelta contra él (instigada por el papa), en la que participaron los Templarios, hospitalarios y la mayor parte de los barones francos; además el patriarca Giraldo estaba armando un ejército para tomar Jerusalén por las armas. Comenzó entonces una batalla propagandística por parte de los partidarios de Federico por un lado y del papa por otro. Y Federico, comprendiendo que la verdadera batalla debía librarse en Italia, confió el bailazgo del reino a Balián de Sidón y apresuró los preparativos para su regreso.

Cuando llegó a Sicilia, el emperador debió pacificar la isla, ya que durante su ausencia la anticruzada de Gregorio IX había progresado gracias a la iniciativa de Juan de Brienne. El regreso del emperador como "Liberador del Santo Sepulcro" le hizo recuperar rápidamente la fidelidad de sus súbditos y, en cambio, el papa quedó aislado y hubo de recurrir a pedir ayuda a los soberanos extranjeros, que no se la prestaron. La destrucción de Sora por parte del emperador fue el hecho definitivo que volvió a poner bajo su mando el resto de las ciudades disidentes, que se rindieron sin condiciones. Gracias a la mediación de von Salza, la paz entre el emperador y el papa fue firmada en San Germano a finales de agosto de 1230.


✠ La época de esplendor.

Los años siguientes fueron un periodo de paz. Federico patrocinó la construcción de numerosos castillos en sus amplios dominios, en los que sorprende su unidad estilística. La paz permitió al emperador dedicarse al cultivo de la poesía; muchas de sus obras se han perdido, aunque han llegado hasta nosotros algunos poemas de cierta calidad. Y también se preocupó Federico de la ciencia, en una época en la que magia y ciencia aún no estaban separadas. Gracias a su patrocinio se incrementaron los intercambios científicos entre el mundo cristiano y el musulmán. La ingente correspondencia con los sabios musulmanes y la constante afluencia de ellos a la corte de Federico II le valieron ataques, casi siempre formulados por miembros de la Curia romana, que proclamaron de Lombardía a Sicilia que el emperador era el Anticristo. En mayo de 1231 se publicó a instancias de Federico una recopilación de leyes que ha llegado hasta nosotros como "Constituciones de Melfi", cuya finalidad era constituir en Sicilia un Estado laico y centralizado.

A primeros de mayo de 1235 Federico abandonó su corte de Foggia y partió hacia su segunda estancia en Alemania. Aquel año se decretó la mayoría de edad de su primogénito, Enrique VII, que ya había dado muestras de rebelión contra su padre en la asamblea que éste había convocado en Aquilea en 1232 y después había buscado la alianza con las ciudades lombardas. El emperador había solicitado al papa en 1234 que relevara del trono a su hijo y éste había decretado el destronamiento de Enrique en junio de aquel año. La idea de Federico era sustituir en el Imperio a su hijo Enrique por su hijo Conrado (IV). Enrique reaccionó estrechado su alianza con las ciudades lombardas, pero no pudo conseguir apoyos en Alemania, lo que le llevó a abandonar sus pretensiones y someterse a la autoridad del emperador; Enrique VII fue condenado a reclusión perpetua en una dieta celebrada en Worms en julio de 1235. Aquel mismo mes y en la misma ciudad, Federico tomó esposa por tercera vez (Yolanda de Brienne había muerto en mayo de 1228). Su nueva esposa fue Isabel de Angulema, hermana de Enrique III de Inglaterra.

Para subsanar los estragos causados por el autoritarismo de su hijo, Federico convocó una asamblea general en Maguncia de todo los príncipes alemanes para el mes de agosto. Dio un Edicto de paz perpetua, considerando la multiplicidad de Estados alemanes y definiendo el Imperio como un organismo vivo cuyo principal factor de unificación era la lengua; además amplió el derecho de los príncipes a firmar alianzas entre ellos.

En 1237 Federico se sintió lo bastante fuerte para someter las ciudades lombardas e inició una campaña para tal fin. Después de Mantua cayó Montechiaro y a continuación derrotó a los milaneses en Cortenuova el 27 de noviembre. Esta victoria imperial significó la disolución de la Liga y el punto álgido del reinado de Federico, que, por primera vez reunía en sus manos Alemania, Sicilia y la Italia del norte. Pero el papa seguía sin ceder y Federico preparó a su hijo Enzio, a quien nombró rey de Córcega y Cerdeña (1238), para enfrentarse a él en Italia Central. A este enfrentamiento lo conocemos como Guerra de las Dos Espadas. Gregorio IX, después de conocer el nombramiento de Enzio como Vicario general de Italia, excomulgó a Federico por segunda vez (marzo de 1239). Federico respondió enviando a Enzio a conquistar los territorios pontificios de Ancona y Spoleto, que cayeron sin problemas, pero entonces hicieron su irrupción los mongoles de Batú, nieto de Gengis Kan, y el emperador debió ocuparse de ellos: envió a Enzio a Pomerania, pero en 1241 un ejército cristiano compuesto por tropas de Silesia, Polonia y Hungría fue masacrado por los mongoles en Mahlstadt. El emperador, consciente del peligro, hizo una llamada a los reyes de la cristiandad. Pero la amenaza oriental se desvaneció cuando Batú y sus tropas dieron media vuelta para sofocar la rebelión encendida en Asia Central tras la muerte del Gran Kan.

Inmediatamente se reanudó la Guerra de las Dos Espadas. Al sitio de Faenza respondió el papa convocando un Concilio general en Roma para hacer firme la excomunión. No se celebró porque la flota imperial interceptó las naves genovesas en las que viajaban los prelados españoles y franceses, que fueron trasladados a Bari y finalmente liberados. Federico tomó entonces la iniciativa, poniendo sitio a la Ciudad Eterna y la muerte repentina de Gregorio IX el 22 de agosto de 1241 le evitó tener que saquear la ciudad. Las tropas imperiales dieron media vuelta.


✠ La decadencia.

La sustitución de Gregorio IX por Celestino IV (que murió enseguida), y después por Inocencio IV no detuvo la guerra y las acciones de Federico trajeron la alianza de genoveses y venecianos, que empezaron a dominar los mares, apresando las naves imperiales del Adriático y bloqueando los puertos hostiles a Federico. Inocencio IV mantuvo la sentencia de excomunión sobre el emperador y éste, gracias a la mediación de Luis IX de Francia, se avino a evacuar ciertos territorios que había ocupado, a liberar a los prisioneros capturados y a compensar a los príncipes de la Iglesia, a cambio de que se le levantase el anatema; luego fue el papa el que cambió de opinión.

✠ IMAGEN VII.- Inocencio IV.



Mientras tanto había prescrito el tratado firmado en 1229 con Malik al-Kahmil, que, por otra parte, había sido frecuentemente violado por los Templarios, lo que había causado la reacción de los musulmanes y había sustituido la paz por un estado de guerra larvado, primero, y por una matanza de cristianos en Gaza (agosto de 1244), después. El patriarca de Antioquía requirió la presencia de Federico en Oriente para restablecer la situación. El emperador escribió al papa prometiéndole encabezar una nueva Cruzada si levantaba la sentencia de excomunión; también ofrecía evacuar sus tropas de los Estados de la Iglesia y dejar la cuestión lombarda en manos del papa. Federico consiguió una audiencia con el papa para finales de junio de 1244. Y éste ni siquiera se presentó, pero en cambio convocó un Concilio en Lyon para junio de 1245, cuyo objetivo era destronar al emperador. Federico preparó sus tropas para apoderarse del papa en Lyon, pero no actuó por consejo de Luis IX. En cambio Inocencio IV decretó la bula de deposición, que fue leída en todas las iglesias y catedrales. Federico envió cartas a los reyes de la cristiandad, reconociendo el derecho del pontífice a coronar emperadores, pero no a deponerlos, y pidiéndoles que se unieran a su causa, pero no obtuvo respuesta, por lo que comenzó una campaña de descrédito en la que denunciaba la corrupción de la Iglesia. Y ésta dio tan buen resultado que Inocencio sólo vio como modo de deshacerse de su rival el asesinato de Federico y de su hijo Enzio. Federico supo de la conjura contra su vida en marzo de 1246 y los planes papales llegaron a ser tan meticulosos que incluso corrieron rumores de que Federico ya había muerto y se produjeron agitaciones en muchas ciudades. Se procedió al ajusticiamiento de los conjurados y Federico consiguió pruebas de la participación de Inocencio IV gracias a la intercepción de una misiva en la que el papa mandaba ánimos a los habitantes de Capaccio.

Habiéndose mostrado insuficiente la excomunión y habiendo fracasado la conjura papal, Inocencio eligió un anticésar en la persona de Heinrich de Raspe, landgrave de Turingia, que el 22 de mayo de 1246 fue elegido Emperador del Sacro Imperio y Rey de Romanos por los arzobispos de Maguncia, Colonia y Treves. Federico envió a su hijo Conrado a luchar contra Raspe, pero fue vencido cerca de Frankfurt en el mes de agosto; entonces el emperador marchó en persona a enfrentarse a su rival, pero no fue necesario luchar porque éste murió al caer de un caballo, en febrero de 1247. El papa no desistió e hizo nombrar emperador a Guillermo de Holanda, que fue coronado en Aquisgrán en noviembre de 1248. Pero Guillermo, débil y anodino, no supuso ningún rival para Federico II.

Desde principios de noviembre los güelfos se habían apoderado de Parma, llave de los puertos de los Apeninos, por lo que el emperador se centró en este asunto. Federico mandó a Enzio a poner sitio a la ciudad y se dispuso a acudir en persona en ayuda de su hijo, llegando a Parma a finales de año. En febrero de 1249 descubrió un complot que, según las evidencias, había sido dirigido por Pedro de Vigne, protonotario de la cancillería, su hombre de confianza desde la muerte de von Salza; el emperador cegó personalmente a Pedro de Vigne y lo hizo encerrar en la fortaleza de Borgo San Donnino. Pocos meses después Enzio fue capturado por los boloñeses, que lo encerraron en prisión. De nada sirvieron las amenazas de Federico, exhortando a los boloñeses a que liberaran a su hijo, porque éste permaneció en prisión veintitrés años. En primavera de 1250 cayó Parma y la fortuna del emperador pareció aumentar cuando Brescia, Módena, Piacenza, Faenza y Alejandría se pasaron al bando gibelino; Guillermo de Holanda fue derrotado en Alemania y los genoveses fueron vencidos en Savona, terminando con el bloqueo de Sicilia.

Pero en verano su salud empezó a resentirse. Y aunque se recuperó, volvió a recaer en invierno, cuando viajaba de Foggia a Lucera e inconsciente, fue trasladado al Castel Fiorentino. Federico, comprendiendo que se moría dictó su última voluntad: legó el Imperio y el reino de Sicilia a su hijo Conrado; rogó a Berardo de Castacca que regularizara su unión con la que había sido su amante, Bianca Lancia, legitimando a su vez a los hijos que había tenido con ella; dio orden de restituir a la Iglesia todas las zonas de los Estados Pontificios que había ocupado; por último, prescribió que todos los súbditos del reino se convirtiesen en hombres libres, sujetos sólo a los pagos regulares de impuestos. Antes de su muerte le fue administrada la extremaunción con el hábito blanco de los cistercienses, como había sido su voluntad. Murió a las seis de la tarde y fue enterrado en la catedral de Palermo, junto a Constanza de Hauteville y Constanza de Aragón, su primera esposa.

✠ FUENTES:

Juan Miguel Moraleda Tejero

MCN biografias

✠ Bibliografía:

KANTOROWICZ,E. Frederick the Second. Londres, 1931.

THOMPSON, J.W. Feudal Germany. Chicago, 1928.



“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

✠ ✠ ✠ nnDnn ✠ ✠ ✠

Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos.

Tal día como hoy…pero del año 1537…

✠  “Se funda El Cuerpo Real y Glorioso de Infantería de Marina ”.  Es la infantería de marina más antigua del mundo, creada el 27 de febrero de 1537 por el rey Carlos I. (Hoy se cumplen 485 años de la fundación de tan distinguido y heroico Cuerpo).




✠  La Infantería de Marina tiene su origen en los Tercios Viejos, unidades de infantería inicialmente destinadas a ir embarcadas en navíos, cosa que se hacía de forma temporal, para realizar campañas o combates específicos. La diferencia surge cuando se decide que estas tropas debían tener una dedicación exclusiva a la guerra naval. Fue creada por Carlos I el 27 de febrero de 1537 al asignar de forma permanente a las escuadras de galeras del Mediterráneo las compañías viejas del mar de Nápoles. Sin embargo, fue Felipe II el que creó el concepto actual de Fuerza de desembarco.



Resumir en este reducido espacio la historia de la Infantería de Marina Española es empresa harto difícil. Lo que sí puede decirse, sin fantasías de ningún género, es que la hoja de servicios de un Soldado de Marina de los siglos XVI al XXI es un extracto de la Historia de España. En sus filas sirvieron hombres como Miguel de Cervantes, soldado de marina en Lepanto y las Terceras; Pablo Murillo, soldado en Tolón, San Vicente y Trafalgar; Martín Álvarez, Albacete Fuster, Rama y Cancela...y otros mucho, muchísimos hombres que sería imposible nombrar.


A lo largo de casi cinco siglos, la Infantería de Marina ha pasado por distintas vicisitudes, pudiendo distinguirse en su trayectoria histórica, cinco Épocas perfectamente diferenciadas, cada una con una función predominante que la caracteriza.

✠  PRIMERA EPOCA 1537-1717.

Creada la Infantería de Armada por Carlos I en 1537, al asignar de forma permanente a las Escuadras de Galeras del Mediterráneo las Compañías Viejas del Mar de Nápoles, es sin embargo Felipe II el que crea el concepto actual de Fuerza de Desembarco.

Esto era la proyección del Poder Naval sobre la costa por medio de fuerzas que partiendo de las naves, fueran capaces de asaltarla sin menoscabo de la capacidad de combate. A la época pertenecen los famosos Tercios:

✠  Tercio Nuevo de la Mar de Nápoles.

✠  Tercio de la Armada del Mar Océano.

✠  Tercio de Galeras de Sicilia.

✠  Tercio Viejo del Mar Océano y de Infantería Napolitana.




De éstos Tercios, el primero es el "alma mater" de la Infantería de Marina, llevando en su escudo dos anclas cruzadas que fueron el emblema del Cuerpo hasta 1931.




Hacia 1704, los Tercios se convierten en los Regimientos de Bajeles, Armada, Mar de Nápoles, y de Marina de Sicilia, parte de los cuales pasa al Ejército de Tierra y el resto sigue en la Armada, constituyendo el Cuerpo de Batallones de Marina.

Durante ésta época se efectuaron, entre otras, las siguientes acciones:

✠ Expedición a Argel. 1541.

✠ Batalla Naval de Lepanto. 1571

✠ Expedición a Túnez. 1573

✠ Conquista de las Terceras y Azores. 1582.

✠ Expedición a Inglaterra. 1599.

✠ Expedición a San Salvador (Brasil). 1625.


✠ SEGUNDA EPOCA.

Organizado en 1717 el Cuerpo de Batallones de Marina, llegó a tener hasta doce de ellos, siendo los primeros en constituirse los denominados: Armada, Bajeles, Marina, Océano, Mediterráneo y Barlovento. Su misión se centró en la "Guarnición de los Buques" en los que predominaba el fuego de fusilería durante los abordajes, además de formar parte de las dotaciones de la artillería y de las "Columnas de Desembarco".

Algunas de las acciones en las que participó fueron

✠ Conquista de Cerdeña, 1717

✠ Conquista de Nápoles y Sicilia, 1732

✠ Expedición a Pensacola (Florida), 1770

✠ Defensa de la Habana, 1762

✠ Expedición a Argel, 1775

✠ Desembarco en Tolón, 1793

✠ Defensa de Ferrol, 1800

✠ Reconquista de Buenos Aires, 1806


✠ TERCERA EPOCA.


Las necesidades de las guerras carlistas cantonales y ultramarinas dan a la Infantería de Marina un carácter de fuerza expedicionaria, casi permanente.

Las campañas de Cochinchina (1858), Méjico (1862), Santo Domingo (1804) Cuba y Filipinas (1898), África (1911), son escenarios de los Batallones Expedicionarios, alguno de los cuales llegó a pasar diez años en ultramar.

Los acontecimientos del Norte de África, en las primeras décadas del presente siglo, reclaman la intervención de las unidades de la Infantería de Marina que se distinguen en numerosas acciones: Desembarco y ocupación de Tánger(1901), desembarco en Larache (1911), combates de Bu-Maiza, T`Zaletza, el Fondak, Kudia Rapta y el desfiladero de Afarmun... En 1925 tiene lugar el desembarco de Alhucemas, brillante acción de los ejércitos de nacionales en que un Batallón expedicionario del Cuerpo toma parte, en vanguardia de la columna del General Fernández Pérez.


✠ CUARTA EPOCA.

Al finalizar la I Guerra Mundial y como consecuencia del fracaso en Gallipoli, se abandona por parte de casi todas la Potencias la Táctica del Asalto Anfibio. Todas las Infanterías de Marina del Mundo entran en crisis, y la Española no fue una excepción (a pesar de haberse efectuado con gran éxito el asalto anfibio de Alhucemas, 1925, donde se hace uso por primera vez del apoyo aéreo a las tropas de tierra por medio de aviones basados en tierra y en buques).

Además, por el carácter expedicionario que en los últimos 100 años había sostenido, es tildada de "fuerza colonialista" y se declara a extinguir por el gobierno de la II República en 1931.

La Guerra Civil Española la hace figurar en ambos bandos, efectuando misiones de guarnición en Buques y Trozos de Desembarco y presa, así como dotación de montajes y piezas antiaéreas. Con la finalización de la Guerra Civil, se revoca el decreto de extinción, volviéndose a aumentar sus efectivos.


✠ QUINTA EPOCA.

En 1957, con la creación del Grupo Especial Anfibio, la Infantería de Marina recupera de nuevo su carácter de Fuerza de Desembarco como misión principal, justo a tiempo para en 1958 durante las Operaciones en Ifni y Sáhara establecer la Primera Cabeza de Playa en la Zona de Operaciones, mereciendo la distinción del Alto Jefe del Gobierno General de aquella época.

Se lleva a cabo la creación del GRUPO ESPECIAL y posteriormente en 1969 se recupera la tradición con el nombre de TERCIO DE ARMADA.

A partir de esas fechas, aumentan las capacidades y los efectivos de la Infantería de Marina, incorporándose material específico para realizar su misión anfibia: Vehículos Anfibios, material de Artillería y Armas Contra-Carro, equipo individual, etc.

En 1969, tropas de Infantería de Marina desembarcan en Guinea Ecuatorial para proteger la evacuación de súbditos españoles residentes en la antigua provincia africana.

En 1975, unidades de IM pertenecientes al TEAR embarcan en Buques del GRUPO DELTA para desembarcar en el Sahara Occidental, pero la evolución de los acontecimientos hacen innecesaria su intervención.

A partir de 1989 y con la caída del muro de Berlín, y en un escenario estratégico que se caracteriza por la incertidumbre, las FUERZAS ANFIBIAS adquieren una mayor importancia y con ellas las de Infantería de Marina. El alto grado de alistamiento, la interoperabilidad, la acción conjunta y multinacionalidad, son características de las Fuerzas Anfibias y necesarias para el ámbito estratégico.

A lo largo de los años se sufren sucesivas reestructuraciones en cuanto a la organización de la IM, que concluyen con la promulgación del Plan E-01, que define las necesidades y estructuras de la Infantería de Marina que se adentra en el siglo XXI.

Como acciones más destacadas en los últimos años, señalar la participación del 2º Batallón como IFOR en la antigua Yugoslavia, durante cuyo despliegue el Sgto IM Luna tras una arriesgada persecución detiene a un criminal de guerra que pretendía iniciar un golpe de estado. Su detención evitó el recrudecimiento de la guerra en los Balcanes. Por su acción el Sgto. Luna fue felicitado por el Comandante de la Fuerzas del Flanco sur de la OTAN, y condecorado por la Armada.

Durante la crisis desarrolada por motivo de la Isla del Perejil, la Infantería de Marina, embarcaba en menos de 24 horas en las Fragatas  de la Armada listos para proporcionar capacidad de acción tanto en la mar como en tierra. La UOE, estaba lista para efectuar cualquier tipo de mision que se le asignara dentro de las primeras 24 horas de conocerse los hechos.

Otras unidades de Infantería de Marina pertenecientes a la BRIMAR, tuvieron su misión asignada: embarcaciones de asalto, misiles AA, unidades de fusiles...fueron enviadas inmediatamente a las plazas de soberanía española, y otras se mantenían embarcadas listas para actuar.

Entre los asaltantes a la Isla de Perejil, se encontraban cinco infantes de Marina pertenecientes a la UOE y ACAF, cuya misión era proporcionar capacidad de control de apoyo de fuegos, tanto aéreos (CAS), como navales (Fuego Naval), o de Artillería. 

Es famosa la foto de un helicóptero de la Tercera Escuadrilla, AB-212, sobrevolando la isla antes de ser desocupada. Los pilotos, eran Infantes de Marina.




También destacar la presencia de un subgrupo Táctico en Albania durante la intervención internacional en dicho país, la presencia permanente como IFOR y luego SFOR en la frontera Serbobosnia con Macedonia (manteniendo permanentemente un subgrupo táctico desde 1996), inicialmente en TREBINJE y ahora en MOSTAR AEROPUERTO.


Mapa mundial con las acciones de la Infantería de Marina desde 1537.




Detalle de la zona de Europa y Norte de África. No están reflejadas todas las acciones, sino las más relevantes.



Hoy la Infantería de Marina española celebra su 485 aniversario.

Para los infantes de marina este es un día grande y rinden culto a su historia y  tradiciones reafirmando su compromiso con los valores que la han conformado desde hace 485 años al servicio de su Patria y de su Rey.

“Infantes de marina marchemos a luchar

La patria engrandecer y su gloria acrecentar

Nobleza y valentía nuestros emblemas son

No abandonar la enseña al ruido del cañón”...





“ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS MEDIEVALES”.

“CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS”.

“PRIORATO TEMPLARIO DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL”.

"PRECEPTORÍA NACIONAL".

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✠  ¿Por qué somos Templarios?

✠  Razones para una caballería del siglo XXI.


✠  En la imagen el rey Balduino II cede las caballerizas del Templo de Salomón a Hugues de Payns y Gaudefroy de Saint-Homer hace más de 900 años, en 1118 / Grabado del manuscrito de Guillaume de Tyro, siglo XIII, Histoire d’Outre-Mer.


 



Hace tiempo atrás, luego de una solemne ceremonia de Investidura de Caballeros, sentimos la necesidad de explicarnos a nosotros mismos qué nos llevaba a todos estas personas reunidas en la capilla de un convento a jurar perpetuar, bajo el manto de la Cruz, los nobles ideales del honor, la integridad, la caridad, el alivio del sufrimiento y la unidad religiosa en la imitación personal de Dios Nuestro Señor. ¿Qué era ser un caballero? ¿Qué hacía que en esa capilla nos convocáramos para conjurar la decadencia del mundo del que apenas nos separaba un muro de piedra? ¿Cómo haríamos para sostenernos firmes en un modelo que aspiraba –nada menos– que a emular a los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Jerusalén? Escribimos, entonces, algunas líneas que reproducimos más abajo, tratando de comprender la naturaleza de esta caballería del siglo XXI. 


Los novecientos años que nos separan de la fundación de la Orden del Temple,  representan un abismo de tiempo en el que el mundo occidental ha sufrido profundas mutaciones. Podemos, sin dudas, entender que muchas de dichas mutaciones obedecen a los avances en el derecho igualitario de los individuos, al advenimiento de sistemas democráticos que, paradójicamente, encuentran mayores antecedentes en el mundo medieval que en la antigüedad clásica. Incluso podemos alegrarnos de que el derecho a la vida y a la libertad se haya consagrado como fundamento de nuestra cultura. Sin embargo, al mismo tiempo que la humanidad –especialmente el espacio cultural cristiano, como lo definiría el teólogo catalán Raymon Panikkar– ha logrado dichos avances, hay signos alarmantes de un deterioro moral sin precedentes, en paralelo con una vertiginosa decadencia espiritual y, principalmente, un discurso violento en contra del cristianismo, impulsado por un relativismo llevado a los extremos, en el que más que la vida se celebra la muerte. El papa Francisco lo definiría como la política del descarte. Nos, liberado de la diplomacia vaticana, afirmaría que se trata de un plan hábilmente delineado para socavar la fortaleza espiritual del ser humano, la única que lo hace diferencia de las bestias. 


En términos de nuestra visión espiritual del hombre y del cosmos, la humanidad se ha vuelto menos humana. Y esa deshumanización que nos rodea y nos lanza a la soledad propia del individuo que –negador de la paternidad de Dios– no reconoce al otro como Hermano, es a la vez el motor que nos impele a buscar ese juramento que nos esperanza.


En aquel estudio escrito hace dos años recordabábamos la plegaria de un escudero, la noche de vigilia, previa a ser armado caballero:

Entre aquellos muchachos –que apenas superada su pubertad velaban las armas ante la imagen de María– y nosotros, hombres sacudidos por el vendaval de un mundo en perpetua mutación, hay un elemento en común: Formamos parte del mismo hilo que, atravesando siglos y mareas, invasiones y guerras, infortunios y felicidades, creemos que hay principios inmutables a los que ni la posmodernidad, ni el hombre líquido de Zigmunt Bauman, ni todo el aparato conjurado en contra de las bases cristianas de la sociedad  podrían quitarnos el honor, la dignidad, la fe y el servicio al que nos atamos en solemne juramento. 


“…Te saludo Virgen María, que has derrotado al mal, esposa del Altísimo y madre del más dulce cordero. Reina eres de los cielos, Salvadora de la Tierra; 


los hombres suspiran por Ti y los malvados te temen.”


           “…Tú eres la ventana, la puerta y el velo, el patio y la casa, el templo, la tierra, lirio por Tu virginidad y rosa por Tu martirio.”


“Tú eres el huerto cerrado, la fuente del jardín que lava a los mancillados, purifica a los corrompidos y da vida a los muertos...”


         “…Tú eres la dueña de los tiempos, la esperanza, después de Dios, de todos los siglos,pabellón de reposo del rey y asiento de la divinidad.”


     “…Tú eres la estrella que brilla en el oriente y disipa en el occidente las tinieblas, la aurora que anuncia el sol y el día que ignora la noche…”


   “…Tu que has engendrado al que no engendra, confiada como madre que ha cumplido su misión, reconcilia al hombre con Dios. Ruega, Madre, al Dios que diste a luz, para que nos absuelva y, después de perdonarnos, nos confiera la gracia y la gloria. Amen…”


“…Te saludo Virgen María, que has derrotado al mal, esposa del Altísimo y madre del más dulce cordero. Reina eres de los cielos, Salvadora de la Tierra; los hombres suspiran por Ti y los malvados te temen.”

“…Tú eres la ventana, la puerta y el velo, el patio y la casa, el templo, la tierra, lirio por Tu virginidad y rosa por Tu martirio.”

“Tú eres el huerto cerrado, la fuente del jardín que lava a los mancillados, purifica a los corrompidos y da vida a los muertos...”

“…Tú eres la dueña de los tiempos, la esperanza, después de Dios, de todos los siglos,pabellón de reposo del rey y asiento de la divinidad.”

“…Tú eres la estrella que brilla en el oriente y disipa en el occidente las tinieblas, la aurora que anuncia el sol y el día que ignora la noche…”

“…Tu que has engendrado al que no engendra, confiada como madre que ha cumplido su misión, reconcilia al hombre con Dios. Ruega, Madre, al Dios que diste a luz, para que nos absuelva y, después de perdonarnos, nos confiera la gracia y la gloria. Amen…”


Difícil imaginar a un adolescente de diecisiete años, en el siglo XXI, rezar esta plegaría en la penumbra de una iglesia, iluminado apenas por un pábilo, frente a un altar desnudo, acompañado de su padrino. Lejano a nuestra cultura ha quedado el sagrado ritual de la “vela de armas”, en la que hombre dejaba atrás, definitivamente, el mundo de los niños para asumir su papel y su destino frente a Dios, su Iglesia y la comarca sobre la que tendría responsabilidad sobre vidas y bienes. 

Pero este ritual era muy común en el siglo XII. Frente al escudero se colocaba su espada, aquella que lo acompañaría el resto de su vida, para la salvación o la condenación de su alma. Su alma y su espada serían reflejo una de la otra. Si el alma era pura la espada se empuñaría con pureza en una causa justa. Si el alma era impura el acero se volvería negro, dominado por las tinieblas de la ambición y el orgullo.


El siglo XII era un mundo en blanco y negro, sin demasiado lugar para tantos matices. La duda era una pesada carga que los espíritus evitaban a toda costa. Resultaba casi inhumano darle lugar a la angustia existencial en un entorno donde todo era rudo, tanto para el siervo, que a duras penas cosechaba su siembra, como para el castellano que debía proteger su terruño, y con él a sus gentes con sus huertos y pastoreos y también a su propio Señor. En la pirámide feudal todo era un equilibrio en constante riesgo. Un universo tan inestable necesitaba reglas certeras, firmes, permanentes.


Es cierto que la caballería puede vislumbrar antecedentes en el mundo clásico, especialmente en Roma. Pero fue en la Edad Media, y en particular en el siglo XII donde encontró sus modelos más perfectos y alcanzó la cumbre de la aspiración virtuosa. Fue un largo proceso surgido de la necesidad de encontrar un orden justo, en armonía con la fe que ocupaba todos los espacios de la sociedad. Un devenir de transformación en transformación, producto del pensamiento colectivo de señores y clérigos, reyes y abades, que perseguían el sueño de recuperar Jerusalén, perdida a mano de los infieles en el siglo VII. Pero, a su vez, se trataba de la búsqueda de la propia Jerusalén, una que existía en la conciencia profunda de cada cristiano y que encarnaba la esperanza de la vida eterna, el sentido escatológico de la tragedia humana.


Eran tiempos difíciles, ciertamente. Pero en términos de fe corrían con cierta ventaja respecto de nosotros. Los ideales estaban atados a esa fe; y a ningún padre le faltaba el coraje para educar a sus hijos en el amor y en el temor a Dios, enseñando la prudencia antes que la liviandad; la humildad antes que la ostentación; el respeto al anciano y a las mujeres antes que la vaguedad irresponsable que conduce a nuestra sociedad a la deriva. Se veneraba a los héroes y más aún a los que habían muerto por sostener los juramentos de la caballería. Los niños sabían que sus días de juegos estaban contados y serían escasos. Que la vida no era un paseo gratuito y prolongado sino uno corto en el que cada jornada sería examinada en el final, cuando cada quien fuese sometido al juicio en las puertas del cielo.


La libertad era un bien amado al que sólo unos pocos se les otorgaba como gracia. Aún así nadie era verdaderamente libre, porque la conciencia pesaba tanto como el contexto. Era un mundo en donde el corrupto, el traidor, el malviviente y el cruel no podían mimetizarse tan fácilmente como ocurre en nuestro mundo pleno de anonimato. Quien era libre sentía una gratitud de tal magnitud frente a la Providencia que, cuando un caballero renunciaba a ella para vestir el hábito de monje se producía a su alrededor un silencio reverencial, como si hubiese nacido un santo. Aquél que teniendo el don de la libertad renunciaba a ella para someterse a una Regla en donde el único destino era la pobreza, la abstinencia y la obediencia en eterna observancia del servicio a Dios, era sin dudas de los más valientes entre los hombres. Así lo narran las crónicas y así lo atestiguan miles de nombres de grandes guerreros enterrados en los camposantos de las abadías de toda Europa y Tierra Santa.


En el siglo XII -en el que dos frentes de batalla se libraban contra los sarracenos, en España y en el Levante- surgió con potencia inusitada el deseo de reunir ambos órdenes, el de la caballería y el de la vida monástica, y nació un  nuevo tipo de caballero, mitad guerrero mitad monje. La caballería ocupó entonces la cúspide del modelo cristiano. Estas órdenes monástico militares amalgamaron, en un solo corpus, el humus de muchas tradiciones forjadas entre Finisterre y las estepas del Este. Desde tiempos romanos, invasión tras invasión, los bárbaros habían moldeado el sincretismo entre las tradiciones de Roma –a las que no querían renunciar sino abrazar- y las propias, que terminarían enriqueciendo a las viejas instituciones del antiguo Imperio. 


De todos los libros que se han escrito sobre la caballería hay uno que destaca, tanto por su originalidad como por el rumbo que traza. Lo debemos a la pluma de Ramón Llull (1235-1315), teólogo, filósofo y místico catalán, publicado en 1276 con el nombre “Libro de la Orden de Caballería”. Se cree que fue escrito para un escudero que debía ser armado caballero. Su lectura es materia obligatoria para todo aquél que pretenda comprender esta condición; permítasenos citar cuatro párrafos de su Primera Parte titulada “Del Principio de la Caballería” 


“…Faltó en el mundo la caridad, lealtad, justicia, y verdad; empezó la enemistad, deslealtad, injuria y falsedad; y de esto se originó error y perturbación en el Pueblo de Dios, que fue creado para que los hombres amasen, conociesen, honrasen, sirvieren y temiesen a Dios. Luego que comenzó en el mundo el desprecio de la justicia por haberse opacado la caridad, convino que por medio del temor volviese a ser honrara la justicia: por esto todo el pueblo se dividió en millares de hombres y de cada mil de ellos fue elegido y escogido uno, que era el más amable, más sabio, más leal, más fuerte, de más noble ánimo de mejor trato y crianza que todos los demás…”

“…Se buscó también entre las bestias la más bella, que corre más, que puede aguantar mayor trabajo, y que conviene más al servicio del hombre; y porque el caballo es el bruto más noble y más apto para servirle, por esto fue escogido, y dado a aquel hombre que entre mil fue escogido; y este es el motivo por el que aquel hombre se llama caballero…”

“…Habiéndose destinado para el hombre más noble el bruto más generoso, convino que entre todas las armas  se escogiesen y tomasen las que son más nobles y conducentes para combatir y defenderse de las heridas y de la muerte; y estas son las que se apropiaron al caballero…”

“…Al que quiere entrar en la Orden de la Caballería le conviene considerar y meditar el noble principio de la Caballería; y es menester que la nobleza de su corazón y buena crianza lo haga concordar y avenir con el principio de la Caballería, porque si no lo hace así, es contrario al Orden de Caballería y sus principios; por esto no conviene que la Orden de Caballería admita en la participación de sus honras a los que la son enemigos, contrarios a sus principios…”


Ramón Llull describe en su olibro al oficio del caballero, cómo debe ser examinado el escudero que será armado caballero, al modo en el que debe ser recibido en la caballería, a la significación de las armas y de sus costumbres. Finalmente habla de la honra que se debe hacer al caballero. Afirma Llul que así como un Príncipe o Rey o Señor de un Estado no puede serlo sin haber sido armado caballero, por esa misma razón le debe respeto y honra al caballero, pues es a quien, en definitiva, tendrá a su lado en el campo de batalla.


Pero, en estos primeros párrafos, encontramos la justificación del caballero: el mundo que ha engendrado la injusticia, la enemistad, la deslealtad, la injuria y la falsedad y necesita de hombres que reparen ese desorden, poniendo en juego todo lo que sea necesario. ¿No es acaso la descripción del mundo que nos rodea? El escudero recitaba la divida de la Orden de Caballería: Mi alma a Dios, mi vida al rey, mi corazón a mi dama, mi honor a mí. Pero todo se resumía en el honor, que dependía de mantener vivo el oficio de caballero, y ejercerlo. 


El siglo XXI adolece de todas las faltas de las que se lamenta Llull, y que dieron lugar a la creación de la Orden de la Caballería; pero a diferencia del siglo XII, en este siglo son muy pocas las personas que pueden asumir este compromiso. El honor es relativo, entonces todo se ha vuelto mucho peor, pues el alma está en interdicto, la vida se reserva para el único y propio beneficio, el corazón ha cedido el amor a la simplicidad del vínculo frágil, efímero, y a nadie importa qué significa exactamente la honorabilidad.


Es justamente por esta carencia, que la Orden de la Caballería ha perdurado, aún en una mínima y desapercibida existencia, y comienza a sacudirse del profundo letargo al que había quedado relegada en los últimos dos siglos. Nos toca vivir en un mundo donde los valores de la fe, el honor y la justicia se guardan en la intimidad por temor a desentonar con los tiempos. La cultura se convierte en multicultura, es decir, en todas y ninguna. La vaguedad de conceptos en cuanto a temas sensibles como “familia”, “religión”, “tradición” y “deber” son inmediatamente sospechados de ideologismos vinculados con el oscurantismo, la segregación, la discriminación y el ataque a la libertad de conciencia.


Durante décadas, especialmente luego de terminada la Segunda Guerra Mundial, Occidente vio crecer un movimiento libertario que vino a poner en la picota a todos estos valores que conformaban la sociedad construida durante siglos. El mayo francés, el existencialismo, el deconstructivismo y el relativismo como conjunto del abandono radical del modelo cristiano nos ha dejado un vació de valores tan extremo que nos lleva a una sociedad al borde de su extinción cultural. Bernadr Tschumi –se dice que es uno de los arquitectos que mejor ha interpretado a la filosofía decontructivista de Jaques Derrida- afirma que La forma no sigue más a la función. Si la respectiva contaminación de todas las categorías, las constantes substituciones y confusiones de géneros son las nuevas directivas de nuestra época, lo mejor sería tomarlas en nuestro provecho. 


Si Tschumi está en lo cierto (me asombra su frase “las iglesias se convierten en discotecas”), ya no deberían existir pilares, ni principios, ni siquiera cimientos, porque cualquier cosa puede ser sustituida por otra. Sin embargo, la experimentación intelectual está lejos de representar al grueso de una sociedad confundida. 


En la medida en que tomemos conciencia de esta confusión entenderemos que el rol de la Caballería en el Siglo XXI sigue siendo el mismo que en el siglo XII, con la sola diferencia de que no tiene el monopolio de las armas, que han pasado a manos de los Estados Nacionales. La Caballería sigue representando la búsqueda de todo aquello que Ramón Llull expresaba cuando, al principio de su libro describe como la crisis de ausencia de valores que dio sentido a la existencia del Caballero. 

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FUENTES:

Eduardo R. Callaey.

Preceptoría Templaria del Priorato de San Bernardo de Claraval.





Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos.

 

✠  “El Pilar Katskhi, la iglesia impenetrable."


Los monjes suben a lo alto del Pilar Katskhi por una pequeña escalera de metal asida a la roca. (© Getty Images/iStockphoto).


 



Una de las imágenes más sorprendentes que el viajero percibe al recorrer la remota región de Imereti, en el oeste de Georgia, resulta, a primera vista, algo confusa. Un inmenso monolito de piedra caliza se perfila a lo lejos coronado por un edificio a todas luces inalcanzable dominando uno de los paisajes más pintorescos de la zona. Con la proximidad, la figura adquiere mayor nitidez, confirmando la primera impresión: en la cima destaca una construcción de tejado rojizo que, con toda probabilidad, debería tratarse de una iglesia. 

Estamos frente al Pilar Katskhi, una roca que se eleva 40 metros y sobre la que se encuentra uno de los templos más aislados del mundo. Llegar hasta sus pies ha obligado a hacer una caminata de 20 minutos, pero ha valido la pena.

✠  “La construcción recuerda vagamente a Meteora, pero su acceso es todavía más intrincado."

La construcción recuerda vagamente a Meteora, los monasterios griegos suspendidos en el aire en la llanura de Tesalia, aunque su acceso se nos antoja todavía más intrincado. Mil preguntas sobre sus orígenes, el porqué de su construcción, el cómo fue erigida, cómo lograban llegar hasta lo más alto, o su uso a lo largo de la historia se arremolinan en la mente de quien los observa. Sin embargo, no todas ellas tienen respuesta.

✠  “Una construcción milenaria."

Los orígenes del Pilar Katskhi, denominado el "pilar de la vida" por los lugareños, siempre han estado rodeados de un halo de misterio. Hasta 1944, cuando una expedición escaló la roca con el objetivo de estudiar en profundidad el complejo -era la primera vez que alguien de fuera de la localidad subía a lo más alto-, existían muchas dudas sobre su antigüedad.

Sin embargo, tras analizarlo a fondo, los expertos determinaron que fue construido entre los siglos IX y X. Los primeros habitantes fueron monjes estilitas -religiosos que vivían dedicados a la oración y a la penitencia en lugares apartados y solitarios-, y se instalaron en él entre los siglos X y XI. 

El complejo consta de dos partes: la base y la cima. En la base del pilar permanece en pie una pequeña capilla -la iglesia del estilita Simeón- todavía en uso, que atesora una serie de frescos y un altar, junto al que los fieles pueden rezar. A poca distancia del templo, fuera del alcance del público, se encuentra un pequeño  monasterio ocupado por un reducido grupo de monjes. Son ellos quienes a diario ascienden los 40 metros que los separan de la cima por una escalerita de metal atornillada a la roca. Están al cuidado de la iglesia y su propósito no es otro que el de acercarse a Dios y orar. 

Son los únicos que pueden hacerlo. Una orden del patriarca y líder espiritual de la Iglesia ortodoxa de Georgia limita completamente el acceso al Pilar de Katskhi, excluyendo a cualquier laico y más aún si se trata de una mujer. La prohibición no es nueva: nunca en la historia una fémina ha subido a lo alto, un veto que se practica en otros templos de zonas montañosas de Georgia.

La cima permanece sin ocupantes fijos desde 2015. El último morador fue Maxime Qavtaradze, un fraile que vivió en soledad durante 20 años con el propósito de expirar los pecados de su pasado y rezar. Fue él quien construyó la iglesia actual, con ayuda de algunos vecinos, ya que a su llegada solo encontró las ruinas de un templo antiguo, tres celdas, una cámara funeraria, una bodega y un pequeño muro exterior.   

✠  “Foto aéra del Pilar Katskhi. (© Getty Images/iStockphoto). 




 

Los primeros indicios de la religiosidad del complejo, considerado uno de los más sagrados del mundo, es una cruz del siglo VI grabada en la roca que todavía se aprecia en la actualidad. Está situada en el primer nivel del pilar, en un lugar todavía accesible por el público, por lo que, junto a ella, se ha habilitado un área para la oración.

No es previsible que en los próximos años el Pilar Katskhi experimente grandes cambios, más allá de algunos trabajos de mantenimiento y de habilitar un punto de interpretación para visitantes. No se incluye en los circuitos turísticos internacionales, no tiene carreteras de acceso, y la lejanía de las ciudades más importantes del país convierten el viaje hasta aquí en un periplo algo dificultoso.

Llegar a la zona desde Tiflis -la capital- o desde Batum -la segunda ciudad de Georgia- es toda una aventura, por lo que todo apunta a que lejos de convertirse en un enclave turístico, el Pilar Katskhi continuará siendo un rincón reservado exclusivamente a viajeros fervorosos.

FUENTES:

✠ Magda Bigas.

✠ La Vanguardia.

✠ Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

✠  Hechos, personajes, hallazgos y efemérides históricas.


✠  "Samuráis". los legendarios guerreros medievales de Japón.


Los samuráis (también llamados "bushi") eran una clase de guerreros que surgieron en el siglo X en Japón y que prestaron servicio militar hasta el siglo XIX. Soldados de élite y altamente entrenados, expertos en el uso del arco y la espada, los samuráis eran un componente esencial de los ejércitos japoneses en la época medieval.

Puede que los samuráis y la cultura samurái hayan sido excesivamente romantizados desde el siglo XVIII como epítome de la caballerosidad y el honor, pero hay muchos ejemplos documentados de que mostraban un gran valor y lealtad a sus amos, en particular, al llegar a cometer un suicidio ritual en caso de derrota o muerte de su señor. Sin embargo, la guerra en el Japón medieval era tan sangrienta e inflexible como en cualquier otra región, y el dinero era a menudo el principal motivo para que muchos samuráis participaran en la batalla. A partir del siglo XVII, y cuando ya no se les necesitaba con fines militares, los samuráis se convirtieron a menudo en importantes maestros de moral y consejeros dentro de la comunidad.

✠ Un grabado en madera d. C. de mediados del siglo XIX de Utagawa Kuniyoshi del samurái Onikojima Yatarô Kazutada (1522-1582 d. C.). (Colección privada).



 


✠ Desarrollo y estatus.

El sistema gubernamental de reclutamiento en Japón terminó en el año 792, por lo que en el siguiente periodo Heian (794-1185) se formaron ejércitos privados para proteger los intereses de las tierras (shoen), de los nobles que pasaban la mayor parte de su tiempo fuera de la corte imperial. Este fue el comienzo de los samuráis, un nombre que significa "asistente", mientras que el verbo samurau significa servir, por lo que el término era originalmente de clase y no la profesión militar que más tarde llegó a significar. También había otras clases de guerreros, pero la clase samurái era la única con una connotación de servicio a la corte imperial.

Los samuráis eran contratados por los señores feudales (daimyo), por sus habilidades materiales para defender los territorios del señor contra sus rivales, para luchar contra los enemigos identificados por el gobierno y para luchar contra las tribus hostiles y los bandidos. Por esta razón, los samuráis podían vivir en cuarteles, en un castillo o en sus propias casas privadas. Dado que los samuráis acabaron organizándose en grupos dirigidos por señores de la guerra con poder político, pudieron tomar el relevo de una débil corte imperial en el siglo XII bajo el gobierno de señores de la guerra como Minamoto no Yoritomo. Así, a partir del periodo Kamakura (1185-1333) se fundó un nuevo sistema de gobierno militar dominado por los guerreros y dirigido por un shogun (dictador militar) y así se mantendría hasta el siglo XIX.

✠ Samurai a caballo.

 




Muchos samuráis procedían de la llanura de Kanto y habían adquirido una valiosa experiencia en las campañas contra las tribus emishi (ainu) del norte. En estas batallas, los guerreros empezaron a desarrollar un código de conducta que les daba la posibilidad de ganarse una reputación y aumentar su estatus entre sus compañeros y maestros. Naturalmente, la valentía en el campo de batalla era primordial, y se desarrolló la tradición de que los samuráis entraran en batalla gritando su linaje y sus hazañas pasadas y desafiando a cualquier enemigo a un combate individual. Estos pronunciamientos vocales serían sustituidos posteriormente por el uso de estandartes en la cultura samurái.

No fue hasta el periodo Edo (1603-1868) cuando se desarrolló un sistema completamente estandarizado de estatus y rangos para los samuráis. Había tres rangos principales:

  • gokenin (criados), los más bajos y vasallos de un señor feudal.
  • goshi (guerrero rústico), podían cultivar sus tierras pero no podían tener las dos espadas del rango de samurái completo.
  • hatamoto (abanderados), el rango más alto. Solo estos guerreros debían morir para proteger los intereses de su señor.


Todos los samuráis eran supervisados por sus señores, pero a partir de 1180 se formó el Samurai-dokor nacional (Consejo de Retenedores) para supervisar especialmente a los gokenin y aplicar medidas disciplinarias por cualquier falta cuando fuera necesario. A partir de 1591, a los samuráis ya no se les permitía ser a la vez agricultores y guerreros y tenían que elegir una u otra vida, con la idea de que esto les haría más dependientes y, por tanto, más leales a sus señores. 

Muchos samuráis contaban con sus propios ayudantes o baishin, que también trabajaban las tierras que poseía su señor. Los samuráis representaban solo entre el 5 y el 6% de la población total (18 millones en 1600), y ninguno de ellos era mujer (aunque había una clase guerrera separada y muy pequeña de mujeres conocidas como onna bugeisha o "mujeres hábiles en las artes marciales"). 

✠ Armas samurái.

Entrenados desde los 10 años o incluso antes en habilidades marciales, los samuráis montaban y luchaban a caballo a principios del periodo medieval, utilizando principalmente un arco, pero también una espada larga curva cuando era necesario. Tenían una segunda espada más corta, y un decreto del gobernante Hideyoshi en 1588 establecía que solo los samuráis de pleno derecho podían llevar dos espadas, lo que se convirtió en un importante símbolo de estatus. Los samuráis también aprendían artes marciales, de las que había 18 en el periodo Edo, pero las habilidades más preciadas de los samuráis eran siempre la equitación, el tiro con arco y, después, el manejo de la espada. A partir del siglo XVII, la espada sustituyó al arco como arma samurái por excelencia (en gran parte gracias a que el arco era mucho más barato y accesible para los soldados de a pie), por lo que la espada, más exclusiva, pasó a ser conocida como el "alma del samurái". Ambas armas se ajustaban al ideal samurái de que la batalla debía consistir en duelos personales.

✠ Un pergamino pintado que muestra a los samuráis del período Muromachi (1333-1573 EC). 1538 d.C. (Musée Guimet, París).





Los arcos se fabricaban normalmente con tiras de bambú laminadas alrededor de un núcleo de madera. También se le podía añadir caña para darle mayor resistencia y se barnizaba el conjunto para protegerlo de la lluvia. La longitud de las flechas variaba en función de la habilidad del arquero, pero la longitud típica en la época medieval era de 86-96 cm (34-38 pulgadas). Las astas se fabricaban con bambú joven, las cabezas eran de hierro o acero, y se utilizaban plumas de ave para hacer tres o cuatro emplumadas que dieran estabilidad a la flecha en vuelo. Al disparar a caballo, la pesada silla de montar de madera con estribos de cuero estaba diseñada para proporcionar una plataforma estable y permitir al jinete permanecer de pie mientras disparaba.

Las espadas samurái eran curvas y se fabricaban con acero, una combinación de diseño que se remonta al siglo VIII en Japón. El acero era trabajado por maestros artesanos que controlaban cuidadosamente el contenido de carbono en varias partes de la hoja para obtener la máxima resistencia y flexibilidad. Por esta razón, es justo decir que las espadas japonesas se encontraban entre las más finas y afiladas jamás producidas en el mundo medieval. Las hojas variaban en longitud, pero era habitual que los samuráis de élite llevaran dos espadas: una larga y otra corta. La espada más larga (katana) tenía una hoja de unos 60 cm (2 pies) y la más corta (wakizashi) tenía una hoja de 30 cm. Ambas espadas se llevaban con el filo hacia arriba. La tachi, una espada anterior e incluso más larga que la katana (con una hoja de hasta 90 cm), se llevaba con el filo hacia abajo, colgada del cinturón, mientras que los otros tipos se clavaban en el cinturón. Los mangos de las espadas eran de madera y estaban recubiertos de la resistente piel de la raya gigante (same), y luego se ataban con una trenza de seda. La hoja estaba separada del mango por un pequeño guardamano circular. Un samurái también podía llevar una daga corta (tanto), como arma de último recurso. Las espadas y dagas se guardaban en vainas lacadas que podían ser muy decorativas.

Los primeros samuráis también utilizaban armas que posteriormente se asociaron más a la infantería ordinaria. Eran la lanza (yari), y el arma de asta (naginata). La longitud de las yari variaba, pero las hojas eran de doble filo y medían entre 30 y 74 cm (12-29 pulgadas), de longitud. Algunas hojas tenían forma de L y se utilizaban para enganchar a los jinetes enemigos de sus caballos. Las lanzas no solían lanzarse en la guerra japonesa, sino que se utilizaban para pinchar al enemigo. La naginata era una larga pértiga con una larga hoja curva de un solo filo unida a ella. La parte de la pértiga medía de 120 a 150 cm y la hoja de acero podía medir hasta 60 cm. El arma se utilizaba para barrer, cortar y empujar al enemigo, y su uso se convirtió en una de las artes marciales, una que aprendían especialmente las hijas de los samuráis.

✠  Dos espadas samurái japonesas con hoja de acero : la katana más larga y el wakizashi más corto. Siglo XVIII-XIX d.C. (Museo de Arte del Condado de Los Ángeles). 





Las armas de pólvora eran conocidas por los japoneses a través de su contacto con China, pero fue la llegada de los primeros europeos a mediados del siglo XVI la que acabó introduciendo las armas de fuego en la guerra japonesa. A finales de ese siglo, quizá un tercio de los ejércitos de campaña estaban equipados con armas de fuego (el arcabuz de cerillas), y algunos samuráis posteriores llevaban pistolas.

✠ Armadura samurái.

Las corazas de placas metálicas cosidas y protegidas con barniz se remontan al periodo Kofun (c. 250-538). Posteriormente, se fabricó una armadura más flexible con tiras estrechas de bronce o hierro que se unían con cordones o ataduras de cuero. El revestimiento de cuero fue otro material común para las armaduras durante todo el periodo medieval, ya que era ligero y flexible. A partir del periodo Heian (794-1185), los samuráis solían llevar una capa de seda (horo), sobre la armadura que se sujetaba al cuello y a la cintura mientras cabalgaban. Estaba diseñada para inflarse con el paso del aire y desviar las flechas o actuar como identificador del portador.

También había armaduras con forma de caja como el oyoroi, que colgaba de los hombros. El traje haramaki, más sencillo y flexible, tenía una coraza más ajustada para el torso y una falda corta formada por ocho secciones. Los muslos podían estar protegidos por guardas (haidate), la parte inferior de las piernas estaba protegida por grebas o suneate, y las manos y los antebrazos por mangas de media armadura o kote. Una vez que aparecieron las armas de fuego en el campo de batalla, se popularizó una armadura sólida para el pecho, que a menudo se importaba o copiaba de Europa. Curiosamente, a pesar de toda esta protección corporal y quizás sin haber oído aún la historia de Aquiles, los samuráis no se protegían los pies y solo llevaban calcetines y simples sandalias de cuerda.

El casco del samurái (kabuto) solía estar hecho de placas de hierro o acero remachadas y tenía la forma de un casquete con solapas que sobresalían a los lados y en el cuello para una mayor protección. En ocasiones, se llevaba una máscara facial o menpo (un tipo de mengu), con rasgos fieros esculpidos y bigotes. Algunos cascos llevaban crestas impresionantes en forma de media luna, penachos de crin o cuernos y astas de animales (reales o estilizados), pero los solían llevar los daimyo. Para aumentar la comodidad bajo el casco, los samuráis solían afeitarse la parte delantera del cabello, lo que se convirtió en una moda en el siglo XVI. El resto del pelo se llevaba largo y se ataba en la parte posterior de la cabeza en un moño (chasen-gami), o en un cilindro de pelo doblado tres veces (mitsu-ori). En la batalla, los samuráis se soltaban el pelo (en todos los sentidos). 

✠ Mascarilla samurái y armadura del período Sengoku ( Período de los Reinos Combatientes ), 1467-1568 CE. (Museo Ann y Gabriel Barbier-Mueller, Dallas, EE. UU.). 





Las armaduras y los cascos medievales solían indicar el rango, la división y la región de origen de un samurái a través de sus costuras de colores, insignias heráldicas y símbolos pintados, algunos de los cuales estaban asociados a sus familias o a su casa militar (buke). Las libélulas eran un símbolo popular en las armaduras porque este insecto no puede volar hacia atrás y, por tanto, representaba la mentalidad de no retirada de los samuráis. Los estandartes también se utilizaban para identificar quién era quién en el campo de batalla, aunque su tamaño estaba controlado y vinculado al estatus particular del samurái.

✠ Bushido.

El bushido o shido, que significa "camino del guerrero", es el famoso código de conducta guerrera que seguían los samuráis, pero no fue recopilado hasta finales del siglo XVII por el erudito Yamago Soko (1622-1685), momento en el que los samuráis ya no eran activos militarmente, sino que funcionaban más como guías y asesores morales. Por lo tanto, es difícil determinar el nivel de caballerosidad que los samuráis practicaron realmente a lo largo de su historia. Parece probable que, al igual que cualquier guerrero de cualquier otra cultura, el pragmatismo se impusiera a la hora de luchar. No cabe duda de que los samuráis hacían gala de mucho valor y pericia marcial, pero a menudo se violaban las promesas y las treguas, se quemaban las aldeas y se masacraba a los derrotados, ya que el honor provenía de la victoria y de ninguna otra parte. Los samuráis estaban motivados, sobre todo, por el beneficio económico y la promoción de su posición social, de ahí la desagradable obsesión por recoger las cabezas cortadas de sus víctimas. También es cierto que, a pesar de la reputación caballeresca de los guerreros superpuesta en tiempos posteriores a la historia medieval japonesa, sobre todo en lo que respecta a la austeridad, la lealtad y la autodisciplina, no era nada raro que se produjeran deserciones masivas durante las batallas, lo que incluía a los generales. En la batalla de Sekigahara en 1600, por ejemplo, no menos de cinco generales y sus ejércitos cambiaron de bando en medio de la batalla.

Los samuráis tampoco fueron siempre muy nobles con el campesinado. Los guerreros se hicieron famosos entre los visitantes europeos posteriores por decapitar a desconocidos en el camino solo para comprobar que sus espadas seguían afiladas, una desagradable costumbre conocida como tsujigiri o "cortar en el cruce". Sin embargo, los samuráis tenían la ley de su lado, ya que el shogunato Tokugawa (1603-1868), les había concedido específicamente el derecho a matar a cualquier persona de rango inferior al suyo si consideraban que esa persona actuaba de forma grosera, definida vagamente como "actuar de forma inesperada".

✠ Seppuku.

Se esperaba que los altos mandos de los samuráis lucharan hasta la muerte, incluso si esto significaba suicidarse para evitar la captura. El método honorable era el seppuku (también conocido como hara-kiri), o autodestripamiento, ya que se consideraba que el estómago contenía el espíritu, no el corazón. El guerrero se ponía primero una túnica blanca, símbolo de pureza, y luego se cortaba el abdomen con un golpe de cuchillo de izquierda a derecha. Al no ser un método de suicidio especialmente rápido o eficaz, solía haber un ayudante con una espada especial, conocida como kaishakunin, para decapitar al samurái. Al igual que un samurái solía suicidarse cuando lo hacía su señor, los seguidores y criados de un samurái también debían suicidarse al perder a su señor en un código conocido como junshi o "muerte por seguimiento".

✠ Una estatua moderna del samurái legendario Yoshitsune (1159-1189 EC). Parque Mimosusogawa, Shimonoseki, Japón . 





✠ Samuráis como héroes: Yoshitsune.

Muchos héroes de la mitología japonesa son guerreros samuráis y ninguno es más famoso que el legendario Yoshitsune (1159-1189). Minamoto-no-Yoshitsune, nacido Ushiwakamaru, fue el hermano menor del shogun y un exitoso general en la Guerra de Gempei (1180-1185). Su estatus legendario se debe a que es la personificación del guerrero leal, honorable e imperturbable. De joven aprendió esgrima, libró al campo de varios ladrones y obligó al monje guerrero Benkei a convertirse en su fiel servidor. Ganó muchas batallas, especialmente liderando una carga de caballería en Ichinotani y saltando un puente de barco en Danno-Ura, pero acabó despertando los celos de su hermano. En consecuencia, Yoshitsune huyó al norte de Japón, y solo pasó los controles fronterizos cuando Benkei le golpeó fingiendo que Yoshitsune era un desventurado sirviente. Sin embargo, no hubo un final feliz para el héroe, ya que el shogun acabó encontrando y bloqueando a Yoshitsune en un castillo que luego fue quemado hasta los cimientos. En algunas versiones del mito, Yoshitsune escapó para convertirse en el príncipe mongol Temujin, que más tarde sería conocido como Gengis Kan. La historia de Yoshitsune se convirtió en un tema básico del teatro Kabuki y Noh.

✠ Los 47 Ronin.

Quizás el samurái más famoso de la vida real, episodio de seppuku masivo y ejemplo por excelencia de mantener el honor a través de la muerte es la historia de los 47 Ronin (Shijushichishi), que ocurrió en enero de 1703 (aunque se conmemora hoy en día cada 14 de diciembre). El señor de Ako, Asano Naganori (1665-1701), se encontraba un día en el castillo del shogun en Edo cuando fue insultado por el jefe de protocolo del shogun (no tan diplomático), Kira Yoshinaka (1641-1701). Naganori desenfundó tontamente su espada, un acto que suponía un delito capital dentro de los muros del castillo, por lo que fue obligado por el shogun a cometer seppuku. Sin embargo, sus 47 seguidores samuráis, conocidos ahora como ronin ("vagabundos" o "samuráis sin amo"), juraron vengarse de Yoshinaka. Esperando su momento durante dos años, finalmente consiguieron a su hombre y pusieron su cabeza decapitada en la tumba de su maestro caído. Los ronin fueron castigados por su crimen tras un gran debate público y se les dio la opción de ser ejecutados o de hacer seppuku. Fueron 46 (la cifra que falta es imprecisa), de entre 15 y 77 años de edad, los que decidieron aceptar el seppuku y garantizar así su legendario estatus como los mayores seguidores de la letra del código samurái. Los ronin fueron enterrados junto a su maestro en el templo Sengakuji.

✠ Una fotografía de un guerrero samurái c. 1860 d.C. 





✠ Decadencia y posterior mitologización.

La importancia de los samuráis y de los ejércitos locales se redujo en gran medida tras las políticas estabilizadoras del shogunato Tokugawa, que trajo una relativa paz a todo Japón. Esto continuó el proceso iniciado medio siglo antes, cuando se desarmó a la población rural. Además, muchos samuráis, ante la necesidad de convertirse en pacíficos agricultores o en criados de los señores locales cuando no había guerra de la que hablar, se convirtieron en maestros, administradores (especialmente en finanzas), y guías morales. Los samuráis seguían gozando de un elevado estatus social, al ser miembros del rango shi, que los situaba por encima de comerciantes, artesanos y agricultores dentro del sistema de clasificación shi-no-ko-sho. En 1872 se reintrodujo el reclutamiento en el ejército japonés, y en 1876 los samuráis fueron formalmente destituidos, aunque los descendientes de antiguos samuráis siguieron siendo distinguidos con el título de shizoku hasta la Segunda Guerra Mundial.

Los samuráis y sus hazañas marciales fueron temas populares en los gunkimono o cuentos de guerreros de los siglos XIV y XV, que miraban con nostalgia a los tiempos medievales anteriores. En el siglo XVIII se produjo en Japón una romantización aún mayor de los samuráis. Por ejemplo, la famosa frase inicial del Hagakure de Yamamoto Tsunetomo, una colección de 1300 anécdotas relacionadas con los samuráis recopilada en 1716 en tiempos de paz, afirma con rotundidad que "el Bushido es una forma de morir". La reputación de los samuráis ha seguido floreciendo hoy en día gracias a los cómics, los juegos de ordenador y otros medios de comunicación, lo que ha asegurado su estatus como uno de los grandes grupos guerreros de la historia medieval mundial.

FUENTES:

Mark Cartwright. 

World History.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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Bibliografía:

  • Ashkenazi, M. Handbook of Japanese Mythology. Oxford University Press, 2008.
  • Beasley, W.G. The Japanese Experience A Short History of Japan. University of California, 1999.
  • Bryant, A.J. Samurai 1550-1600. Osprey Publishing, 1994.
  • Bryant, A.J. The Samurai. Osprey Publishing, 1989.
  • Buckley Ebrey, P. Pre-Modern East Asia. Cengage Learning, 2013.
  • Deal, W.E. Handbook to Life in Medieval and Early Modern Japan. Oxford University Press, 2007.
  • Henshall, K. Historical Dictionary of Japan to 1945. Scarecrow Press, 2013.
  • Mason, R.H.P. A History of Japan. Tuttle Publishing, 1997.
  • Turnbull, S. Samurai Armies 1550-1615. Osprey Publishing, 1979.
  • Turnbull, S. The Mongol Invasions of Japan, 1274 and 1281. Osprey Publishing, 2010.
  • Whitney Hall, J. The Cambridge History of Japan, Vol. 2. Cambridge University Press, 2007.
  • Yamamura, K. (ed). The Cambridge History of Japan, Vol. 3. Cambridge University Press, 2001.




Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

✠  Hechos, personajes, hallazgos y efemérides históricas.


✠  Un hallazgo paleontológico en el Madrid andalusí.


Madrid fue fundada a mediados del siglo IX por el emir Muḥammad I como parte de su plan de reforzamiento de la Frontera Media frente al reino de León.

✠  "Muhammad I". 




En una referencia a esta ciudad por parte de geógrafo magrebí al-Himyari en el siglo XV, quien cita al historiador andalusí Ibn Hayyan, nos informa del que, probablemente, sea el primer hallazgo paleontológico conocido en el territorio de la Península Ibérica:

Ibn Hayyan ha mencionado en su "Historia", el foso que fue excavado en el exterior de la muralla de Madrid, y dice a propósito de él: “Cavándolo, se encontró una tumba que contenía un cadáver gigantesco, de 51 codos de largo, es decir 102 palmos mayores, desde el cojín que sostiene la cabeza hasta la punta de los pies. Esto fue confirmado por una carta del cadí de Madrid, que había ido a verlo en persona, así como por sus testigos instrumentarios. Este magistrado declaró que el volumen de la caja craneana de este cadáver podía calcularse en 8 arrobas, poco más o menos. ¡Gloria a Aquel que ha puesto Su señal en todas las cosas!”.

(Gaspariño García, Sebastián: Historia de Al-Andalus según las crónicas medievales. El gobierno del emir Muḥammad, vol. VIII, pág. 411).

Tenemos pues datos sobre el tamaño del gigantesco esqueleto. La longitud desde la base craneana a la punta de los pies era de 51 codos o 102 palmos mayores. De entre las diversas medidas de longitud utilizadas en al-Andalus, el codo antiguo, geométrico o manual (dirá` al-yad) andalusí consta de 2 palmos mayores (sibr) de 12 dedos cada uno. Un dedo de longitud equivalía a 0,017 metros, luego un sibr a 0,204 m. y un codo manual a 0,417 m. Según estas medidas, el esqueleto mediría un total de 20,8 metros.

Tenemos también una estimación del volumen craneal: unas 8 arrobas. La arroba (الرُّبع arrúb‘) es una unidad de medida de volumen, peso y hasta de superficie que equivale a la cuarta parte de un quintal (qinṭár, قِنطَار) que el sistema métrico decimal son 46 kg. Luego como medida de peso, una arroba es 11,5 kg.

Como medida de volumen dependía del líquido que se estaba midiendo, ya que no eran los mismos litros de aceite o de vino por ejemplo. Así, para el aceite, la arroba son 12,563 litros, para el vino 16,133 litros y para el agua 16,263 litros.

Si tomamos como aproximación 16 litros, 1 arroba equivale aproximadamente a 16.000 cm3. Luego el cráneo hallado sería de unos 128.000 cm3. Teniendo en cuenta que el cráneo humano tiene una capacidad máxima de en torno a 1.800 cm3, equivale a más de 70 cráneos humanos.

Con estos datos estaríamos ante los restos fósiles de un animal enorme. Una longitud de casi 21 metros y un cráneo con un volumen unas setenta veces más grande que el de un humano actual.

No sé a qué tipo de animal prehistórico puede referirse. Hay que destacar que en el entorno de la ciudad de Madrid existen varios yacimientos paleontológicos como el de la Estación de Metro Carpetana, el del Intercambiador de Príncipe Pío y el de Somosaguas. Pero el más cercano a la antigua ciudad andalusí es el del parque de San Isidro, donde se hallaron restos de animales del Terciario y del Cuaternario como elefantes antiguos, rinocerontes lanudos, mamuts y tortugas gigantes.

✠  Elefante antiguo hallado en Orcasitas. Museo de San Isidro (Madrid).




✠  Zona del yacimiento paleontológico de San Isidro en 1872 Foto: Instituto Geológico y Minero de España. 



FUENTES:

Condado de Castilla.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.




Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos.

 

✠  “EXCOMUNIÓN Y CONDENA DEL COMUNISMO POR LA IGLESIA CATÓLICA”. (Papa Pío XI).


CARTA ENCÍCLICA "DIVINI REDEMPTORIS" DEL SUMO PONTÍFICE PÍO XI SOBRE EL COMUNISMO ATEO.

A los patriarcas, primados, arzobispos, obispos y otros ordinarios, en paz y comunión con la Sede Apostólica.

✠ IMAGEN I.- “Papa Pío XI”.





1.- La promesa de un Redentor divino ilumina la primera página de la historia de la humanidad; por esto la confiada esperanza de un futuro mejor suavizó el dolor del paraíso perdido (Cf. Gén 3,23) y acompañó al género humano en su atribulado camino hasta que, en la plenitud de los tiempos (Gál 4,4), el Salvador del mundo, apareciendo en la tierra, colmó la expectación e inauguró una nueva civilización universal, la civilización cristiana, inmensamente superior a la que el hombre había hasta entonces alcanzado trabajosamente en algunas naciones privilegiadas.

2.- Pero la lucha entre el bien y el mal quedó en el mundo como triste herencia del pecado original. y el antiguo tentador no ha cesado jamás de engañar a la humanidad con falaces promesas. Por esto, en el curso de los siglos, las perturbaciones se han ido sucediendo unas tras otras hasta llegar a la revolución de nuestros días, la cual por todo el mundo es ya o una realidad cruel o una seria amenaza, que supera en amplitud y violencia a todas las persecuciones que anteriormente ha padecido la Iglesia. Pueblos enteros están en peligro de caer de nuevo en una barbarie peor que aquella en que yacía la mayor parte del mundo al aparecer el Redentor.

3.- Este peligro tan amenazador, como habréis comprendido, venerables hermanos, es el comunismo ateo, que pretende derrumbar radicalmente el orden social y socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana.

I. POSICIÓN DE LA IGLESIA FRENTE AL COMUNISMO.

Condenaciones anteriores.

4.- Frente a esta amenaza, la Iglesia católica no podía callar, y no calló. No calló esta Sede Apostólica, que sabe que es misión propia suya la defensa de la verdad, de la justicia y de todos aquellos bienes eternos que el comunismo rechaza y combate. Desde que algunos grupos de intelectuales pretendieron liberar la civilización humana de todo vínculo moral y religioso, nuestros predecesores llamaron abierta y explícitamente la atención del mundo sobre las consecuencias de esta descristianización de la sociedad humana. Y por lo que toca a los errores del comunismo, ya en el año 1846 nuestro venerado predecesor Pío IX, de santa memoria, pronunció una solemne condenación contra ellos, confirmada después en el Syllabus. Dice textualmente en la encíclica "Qui pluribus": «[A esto tiende] la doctrina, totalmente contraria al derecho natural, del llamado comunismo; doctrina que, si se admitiera, llevaría a la radical subversión de los derechos, bienes y propiedades de todos y aun de la misma sociedad humana». Más tarde, un predecesor nuestro, de inmortal memoria, León XIII, en la encíclica "Quod Apostolici numeris", definió el comunismo como «mortal enfermedad que se infiltra por las articulaciones más íntimas de la sociedad humana, poniéndola en peligro de muerte», y con clara visión indicaba que los movimientos ateos entre las masas populares, en plena época del tecnicismo, tenían su origen en aquella filosofía que desde hacía ya varios siglos trataba ele separar la ciencia y la vida de la fe y de la Iglesia.

✠ IMAGEN II.- “Papa Pío IX”.





Documentos del presente pontificado.

5.- También Nos, durante nuestro pontificado, hemos denunciado frecuentemente, y con apremiante insistencia, el crecimiento amenazador de las corrientes ateas. Cuando en 1924 nuestra misión de socorro volvió de la Unión Soviética, Nos condenamos el comunismo en una alocución especial dirigida al mundo entero. En nuestras encíclicas "Miserentissimus Redemptor", "Quadragesimo anno", "Caritate Christi", "Acerba animi", "Dilectissima Nobis". 

✠ IMAGEN III.- “Papa León XIII”.





Nos hemos levantado una solemne protesta contra las persecuciones desencadenadas en Rusia, México y España; y no se ha extinguido todavía el eco universal de las alocuciones que Nos pronunciamos el año pasado con motivo de la inauguración de la Exposición Mundial de la Prensa Católica, de la audiencia a las prófugos españoles y del radiomensaje navideño. Los mismos enemigos más encarnizados de la Iglesia, que desde Moscú dirigen esta hucha contra la civilización cristiana, atestiguan con sus ininterrumpidos ataques de palabra y de obra que el Papado, también en nuestros días, ha continuado tutelando fielmente el santuario de la religión cristiana y ha llamado la atención sobre "el peligro comunista" con más frecuencia y de un modo más persuasivo que cualquier otra autoridad pública terrena.

Necesidad de otro documento solemne.

6.- Pero, a pesar de estas repetidas advertencias paternales, que vosotros, venerables hermanos, con gran satisfacción nuestra, habéis transmitido y comentado con tanta fidelidad a los fieles por medio de frecuentes y recientes pastorales, algunas de ellas colectivas, el peligro está agravándose cada día más por la acción de hábiles agitadores. Por este motivo, nos creemos en el deber de elevar de nuevo nuestra voz con un documento aún más solemne, como es costumbre de esta Sede Apostólica, maestra de verdad, y como lo exige el hecho de que todo el mundo católico desea ya un documento de esta clase. Confiamos que el eco de nuestra voz será bien recibido por todos aquellos que, libres de prejuicios, desean sinceramente el bien de la humanidad. Confianza que se ve robustecida por el hecho de que nuestros avisos están hoy día confirmados por los frutos amargos cuya aparición habíamos previsto y anunciado, y que de hecho van multiplicándose espantosamente en los países dominados ya por el mal y amenazan caer sobre los restantes países del mundo.

7.- Queremos, por tanto, exponer de nuevo en breve síntesis los principios y los métodos de acción del comunismo ateo tal como aparecen principalmente en el bolchevismo, contraponiendo a estos falaces principios y métodos la luminosa doctrina de la Iglesia y exhortando de nuevo a todos al uso de los medios con los que la civilización cristiana, única civitas verdaderamente humana, puede librarse de este satánico azote y desarrollarse mejor para el verdadero bienestar ele la sociedad humana.

II. DOCTRINA Y FRUTOS DEL COMUNISMO.

Doctrina.

Falso ideal.

8.- El comunismo de hoy, de un modo más acentuado que otros movimientos similares del pasado, encierra en sí mismo una idea de aparente redención. Un seudo ideal de justicia, de igualdad y de fraternidad en el trabajo satura toda su doctrina y toda su actividad con un cierto misticismo falso, que a las masas halagadas por falaces promesas comunica un ímpetu y un entusiasmo contagiosos, especialmente en un tiempo como el nuestro, en el que por la defectuosa distribución de los bienes de este mundo se ha producido una miseria general hasta ahora desconocida. Más aún: se hace alarde de este seudo ideal, como si hubiera sido el iniciador de un progreso económico, progreso que, si en algunas regiones es real, se explica por otras causas muy distintas, como son la intensificación de la productividad industrial en países que hasta ahora carecían de ella; el cultivo de ingentes riquezas naturales, sin consideración alguna a los valores humanos, y el uso de métodos inhumanos para realizar grandes trabajos con un salario indigno del hombre.

Materialismo evolucionista de Marx.

9.- La doctrina que el comunismo oculta bajo apariencias a veces tan seductoras se funda hoy sustancialmente sobre los principios, ya proclamados anteriormente por Marx, del materialismo dialéctico y del materialismo histórico, cuya única genuina interpretación pretenden poseer los teóricos del bolchevismo. Esta doctrina enseña que sólo existe una realidad, la materia, con sus fuerzas ciegas, la cual, por evolución, llega a ser planta, animal, hombre. La sociedad humana, por su parte , no es más que una apariencia y una forma de la materia, que evoluciona del modo dicho y que por ineluctable necesidad tiende, en un perpetuo conflicto de fuerzas, hacia la síntesis final: una sociedad sin ciases. En esta doctrina, como es evidente, no queda lugar ninguno para la idea de Dios, no existe diferencia entre el espíritu y la materia ni entre el cuerpo y el alma: no existe una vida del alma posterior a la muerte, ni hay, por consiguiente, esperanza alguna en una vida futura. Insistiendo en el aspecto dialéctico de su materialismo, los comunistas afirman que el conflicto que impulsa al mundo hacia su síntesis final puede ser acelerado por el hombre. Por esto procuran exacerbar las diferencias existentes entre las diversas clases sociales y se esfuerzan para que la lucha de clases, con sus odios y destrucciones, adquiera el aspecto de una cruzada para el progreso de la humanidad. Por consiguiente, todas las fuerzas que resistan a esas conscientes violencias sistemáticas deben ser, sin distinción alguna, aniquiladas como enemigas del género humano.

A qué quedan reducidos el hombre y la familia.

10.- El comunismo, además, despoja al hombre de su libertad, principio normativo de su conducta moral, y suprime en la persona humana toda dignidad y todo freno moral eficaz contra el asalto de los estímulos ciegos. Al ser la persona humana, en el comunismo, una simple ruedecilla del engranaje total, niegan al individuo, para atribuirlos a la colectividad, todos los derechos naturales propios de la personalidad humana. En las relaciones sociales de los hombres afirman el principio de la absoluta igualdad, rechazando toda autoridad jerárquica establecida por Dios, incluso la de los padres; porque, según ellos, todo lo que los hombres llaman autoridad y subordinación deriva exclusivamente de la colectividad como de su primera y única fuente. Los individuos no tienen derecho alguno de propiedad sobre los bienes naturales y sobre los medios de producción, porque. siendo éstos fuente de otros bienes, su posesión conduciría al predominio de un hombre sobre otro. Por esto precisamente, por ser la fuente principal de toda esclavitud económica, debe ser destruida radicalmente, según los comunistas, toda especie de propiedad privada.

11.- Al negar a la vida humana todo carácter sagrado y espiritual, esta doctrina convierte naturalmente el matrimonio y la familia en una institución meramente civil y convencional, nacida de un determinado sistema económico; niega la existencia de un vínculo matrimonial de naturaleza jurídico-moral que esté por encima de la voluntad de los individuos y de la colectividad, y, consiguientemente, niega también su perpetua indisolubilidad. En particular, para el comunismo no existe vínculo alguno que ligue a la mujer con su familia y con su casa. Al proclamar el principio de la total emancipación de la mujer, la separa de la vida doméstica y del cuidado de los hijos para arrastrarla a la vida pública y a la producción colectiva en las mismas condiciones que el hombre, poniendo en manos de la colectividad el cuidado del hogar y de la prole. Niegan, finalmente, a los padres el derecho a la educación de los hijos, porque este derecho es considerado como un derecho exclusivo de la comunidad, y sólo en su nombre y por mandato suyo lo pueden ejercer los padres.

Lo que sería la sociedad.

¿Qué sería, pues, la sociedad humana basada sobre estos fundamentos materialistas? Sería, es cierto, una colectividad, pero sin otra jerarquía unitiva que la derivada del sistema económico. Tendría como única misión la producción de bienes por medio del trabajo colectivo, y como fin el disfrute de los bienes de la tierra en un paraíso en el que cada cual «contribuiría según sus fuerzas y recibiría según sus necesidades».

12.- Hay que advertir, además, que el comunismo reconoce a la colectividad el derecho o más bien un ilimitado poder arbitrario para obligar a los individuos al trabajo colectivo, sin atender a su bienestar particular, aun contra su voluntad e incluso con la violencia. En esta sociedad comunista, tanto la moral como el orden jurídico serían una simple emanación exclusiva del sistema económico contemporáneo, es decir, de origen terreno, mudable y caduco. En una palabra: se pretende introducir una nueva época y una nueva civilización, fruto exclusivo de una evolución ciega: «una humanidad sin Dios».

13.- Cuando todos hayan adquirido, finalmente, las cualidades personales requeridas para llevar a cabo esta clase de humanidad en aquella situación utópica de una sociedad sin diferencia alguna de clases, el Estado político, que ahora se concibe exclusivamente come instrumento de dominación capitalista sobre el proletariado, perderá necesariamente su razón de ser y se «disolverá»; sin embargo, mientras no se logre esta bienaventurada situación, el Estado y el poder estatal son para el comunismo el medio más eficaz y más universal para conseguir su fin.

14.- ¡He aquí, venerables hermanos, el pretendido evangelio nuevo que el comunismo bolchevique y ateo anuncia a la humanidad como mensaje de salud y redención! Un sistema lleno de errores y sofismas, contrario a la razón y a la revelación divina; un sistema subversivo del orden social, porque destruye las bases fundamentales de éste; un sistema desconocedor del verdadera origen, de la verdadera naturaleza y del verdadero fin del Estado; un sistema, finalmente, que niega los derechos, la dignidad y la libertad de la persona humana.

Difusión.

Deslumbradoras promesas.

15.- Pero ¿a qué se debe que un sistema semejante, científicamente superado desde hace mucho tiempo y refutado por la realidad práctica, se difunda tan rápidamente por todas las partes del mundo? La explicación reside en el hecho de que son muy pocos los que han podido penetrar la verdadera naturaleza y los fines reales del comunismo; y son mayoría, en cambio, los que ceden fácilmente a una tentación hábilmente presentada bajo el velo de promesas deslumbradoras. Con el pretexto de querer solamente mejorar la situación de las clases trabajadoras, suprimir los abusos reales producidos por la economía liberal y obtener una más justa distribución de los bienes terrenos (fines, sin duda, totalmente legítimos), y aprovechando principalmente la actual crisis económica mundial, se consigue atraer a la zona de influencia del comunismo aun a aquellos grupos sociales que por principio rechazan todo materialismo y todo terrorismo. Y como todo error contiene siempre una parte de verdad, esta parte de verdad que hemos indicado, expuesta arteramente en condiciones de tiempo y lugar, aptas para disimular, cuando conviene la crudeza repugnante e inhumana de los principios y métodos del comunismo bolchevique, seduce incluso a espíritus no vulgares, que llegan a convertirse en apóstoles de jóvenes inteligentes poco preparados todavía para advertir los errores intrínsecos del comunismo. Los pregoneros del comunismo saben aprovecharse también de los antagonismos de raza, de las divisiones y oposiciones de los diversos sistemas políticos y hasta de la desorientación en el campo de la ciencia sin Dios para infiltrarse en las universidades y corroborar con argumentos seudocientíficos los principios de su doctrina.

El liberalismo ha preparado el camino del comunismo.

16.- Para explicar mejor cómo el comunismo ha conseguido de las masas obreras la aceptación, sin examen, de sus errores, conviene recordar que estas masas obreras estaban ya preparadas para ello por el miserable abandono religioso y moral a que las había reducirlo en la teoría y en la práctica la economía liberal. Con los turnos de trabajo, incluso dominicales, no se dejaba tiempo al obrero para cumplir sus más elementales deberes religiosos en los días festivos; no se tuvo preocupación alguna para construir iglesias junto a las fábricas ni para facilitar la misión del sacerdote; todo lo contrario, se continuaba promoviendo positivamente el laicismo. Se recogen, por tanto, ahora los frutos amargos de errores denunciados tantas veces por nuestras predecesores y por Nos mismo. Por esto, ¿puede resultar extraño que en un mundo tan hondamente descristianizado se desborde el oleaje del error comunista?

Amplia y astuta propaganda.

17.- Existe, además, otra causa de esta tan rápida difusión de las ideas comunistas, infiltradas secretamente en todos los países, grandes y pequeños, cultos e incivilizados, y en los puntos más extremos de la tierra; una propaganda realmente diabólica, cual el mundo tal vez nunca ha conocido; propaganda dirigida desde un solo centro y adaptada hábilmente a las condiciones peculiares de cada pueblo; propaganda que dispone de grandes medios económicos, de numerosas organizaciones, de congresos internacionales, de innumerables fuerzas excelentemente preparadas; propaganda que se hace a través de la prensa, de hojas sueltas, en el cinematógrafo y en el teatro, por la radio, en las escuelas y hasta en las universidades, y que penetra poco a poco en todos los medios sociales, incluso en los más sanos, sin que éstos adviertan el veneno que está intoxicando a diario las mentes y los corazones.

Conspiración del silencio en la prensa.

18.- La tercera causa, causa poderosa, de esta rápida difusión del comunismo es, sin duda alguna, la conspiración del silencio que en esta materia está realizando una gran parte de la prensa mundial no católica. Decimos conspiración porque no se puede explicar de otra manera el hecho de que un periodismo tan ávido de publicar y subrayar aun los más menudos incidentes cotidianos haya podido pasar en silencio durante tanto tiempo los horrores que se cometen en Rusia, en México y también en gran parte de España, y, en cambio, hable relativamente tan poco de una organización mundial tan vasta como es el comunismo moscovita. Este silencio, como tosdos saben, se debe en parte a ciertas razones políticas, poco previsoras, que lo exigen —así se afirma—, y está mandado y apoyado por varias fuerzas ocultas que desde hace mucho tiempo tratan de destruir el orden social y político cristiano.

Efectos dolorosos.

Rusia, México y España.

19.- Mientras tanto, los dolorosos efectos de esta propaganda están a la vista de todos. En las regiones en que el comunismo ha podido consolidarse y dominar —Nos pensamos ahora con singular afecto paterno en los pueblos de Rusia y de México—,se ha esforzado con toda clase de medios por destruir (lo proclama abiertamente) desde sus cimientos la civilización y la religión cristiana y borrar totalmente su recuerdo en el corazón de los hombres, especialmente de la juventud. Obispos y sacerdotes han sido desterrados, condenados a trabajos forzados, fusilados y asesinados de modo inhumano; simples seglares, por haber defendido la religión, han sido considerados como sospechosos, han sido vejados, perseguidos, detenidos y llevados a los tribunales.

Horrores del comunismo en España.

20.- También en las regiones en que, como en nuestra queridísima España, el azote comunista no ha tenido tiempo todavía para hacer sentir todos los efectos de sus teorías, se ha desencadenado, sin embargo, como para desquitarse, con una violencia más furibunda. No se ha limitado a derribar alguna que otra iglesia, algún que otro convento, sino que, cuando le ha sido posible, ha destruido todas las iglesias, todos los conventos e incluso todo vestigio de la religión cristiana, sin reparar en el valor artístico y científico de los monumentos religiosos. El furor comunista no se ha limitado a matar a obispos y millares de sacerdotes, de religiosos y religiosas, buscando de un modo particular a aquellos que precisamente trabajan con mayor celo con los pobres y los obreros, sino que, además, ha matado a un gran número de seglares de toda clase y condición, asesinados aún hoy día en masa, por el mero hecho de ser cristianos o al menos contrarios al ateísmo comunista. Y esta destrucción tan espantosa es realizada con un odio, una barbarie y una ferocidad que jamás se hubieran creído posibles en nuestro siglo. Ningún individuo que tenga buen juicio, ningún hombre de Estado consciente de su responsabilidad pública, puede dejar de temblar si piensa que lo que hoy sucede en España tal vez podrá repetirse mañana en otras naciones civilizadas.

Frutos naturales del sistema.

21.- No se puede afirmar que estas atrocidades sean un fenómeno transitorio que suele acompañar a todas las grandes revoluciones o excesos aislados de exasperación comunes a toda guerra; no, son los frutos naturales de un sistema cuya estructura carece de todo freno interno. El hombre, como individuo y como miembro de la sociedad, necesita un freno. Los mismos pueblos bárbaros tuvieron este freno en la ley natural, grabada por Dios en el alma de cada hombre. Y cuando esta ley natural fue observada por todos con un sagrado respeto, la historia presenció el engrandecimiento de antiguas naciones, engrandecimiento tan esplendoroso que deslumbraría más de lo conveniente a ciertos hombres de estudios que considerasen superficialmente la historia humana. Pero, cuando se arranca del corazón de los hombres la idea misma de Dios, los hombres se ven impulsados necesariamente a la moral feroz de una salvaje barbarie.

Lucha contra todo lo divino.

22.- Y esto es lo que con sumo dolor estamos presenciando: por primera vez en la historia asistimos a una lucha fríamente calculada y cuidadosamente preparada contra todo lo que es divino (cf. 2Tes 2,4). Porque el comunismo es por su misma naturaleza totalmente antirreligioso y considera la religión como el «opio del pueblo», ya que los principios religiosos, que hablan de la vida ultraterrena, desvían al proletariado del esfuerzo por realizar aquel paraíso comunista que debe alcanzarse en la tierra.

El terrorismo.

23.- Pero la ley natural y el Autor de la ley natural no pueden ser conculcados impunemente; el comunismo no ha podido ni podrá lograr su intento ni siquiera en el campo puramente económico. Es cierto que en Rusia ha contribuido no poco a sacudir a los hombres y a las instituciones de una larga y secular inercia y que ha logrado con el uso de toda clase de medios, frecuentemente inmorales, algunos éxitos materiales; pero no es menos cierto, tenemos de ello testimonios cualificados y recientísimos, que de hecho ni siquiera en el campo económico ha logrado los fines que había prometido, sin contar, por supuesto, la esclavitud que el terrorismo ha impuesto a millones de hombres. Hay que repetirlo: también en el campo económico es necesaria una moral, un sentimiento moral de la responsabilidad, los cuales, ciertamente, no tienen cabida en un sistema cerradamente materialista como el comunismo. Para sustituir este sentimiento moral no queda otro sustitutivo que el terrorismo que presenciamos en Rusia, donde los antiguos camaradas de conjuración y de lucha se eliminan mutuamente; terrorismo que, por otra parte, no consigue contener, no ya la corrupción de la moral, pero ni siquiera la disolución del organismo social.

Recuerdo paterno de los pueblos oprimidos en Rusia.

24.- Sin embargo, no queremos en modo alguno condenar globalmente a los pueblos de la Unión Soviética, por los que sentimos el más vivo afecto paterno. Sabemos que no pocos pueblos de Rusia gimen bajo el duro yugo impuesto a la fuerza por hombres, en su mayoría, extraños a los verdaderos intereses del país, y reconocemos que otros muchos han sido engañados con falaces esperanzas. Nos condenamos el sistema, a sus autores y defensores, quienes han considerado a Rusia como el terreno más apto para realizar un sistema elaborado hace mucho tiempo y desde Rusia extenderlo por todo el mundo. 

III. OPUESTA Y LUMINOSA DOCTRINA DE LA IGLESIA.

25.- Expuestos los errores y los métodos violentos y engañosos del comunismo bolchevique y ateo, es hora ya, venerables hermanos, de situar brevemente frente a éste la verdadera noción de la civitas humana, de la sociedad humana; esta noción no es otra, como bien sabéis, que la enseñada por la razón y por la revelación por medio de la Iglesia, Magistra gentium.

Suprema realidad: ¡Dios!

26.- La afirmación fundamental es ésta: por encima de toda otra realidad está el sumo, único y supremo ser, Dios, Creador omnipotente de todas las cosas, juez sapientísimo de todos los hombres. Esta suprema realidad, Dios, es la condenación más absoluta de las insolentes mentiras del comunismo. Porque la verdad es que no porque los hombres crean en Dios, existe Dios, sino que, porque Dios existe, creen en El y elevan a El sus súplicas todos los hombres que no cierran voluntariamente los ojos a la verdad. 

El hombre y la familia según la razón y la fe.

27.- En cuanto a lo que la razón y la fe católica dicen del hombre, Nos hemos expuesto los puntos fundamentales sobre esta materia en la encíclica sobre la educación cristiana. El hombre tiene un alma espiritual e inmortal; es una persona, dotada admirablemente por el Creador con dones de cuerpo y de espíritu; es, en realidad, un verdadero μιχρός χόσμος, como decían los antiguos, un «pequeño mundo» que supera extraordinariamente en valor a todo el inmenso mundo inanimado. Dios es el último fin exclusivo del hombre en la vida presente y en la vida eterna; la gracia santificante, elevando al hombre al grado de hijo de Dios, lo incorpora al reino de Dios en el Cuerpo místico de Cristo. Por consiguiente, Dios ha enriquecido al hombre con múltiples y variadas prerrogativas: el derecho a la vida y a la integridad corporal; el derecho a los medios necesarios para su existencia; el derecho de tender a su último fin por el camino que Dios le ha señalado; el derecho, finalmente, de asociación, de propiedad y del uso de la propiedad.

28.- Además, tanto el matrimonio como su uso natural son de origen divino; de la misma manera, la constitución y las prerrogativas fundamentales de la familia han sido determinadas y fijadas por el Creador mismo, no por la voluntad humana ni por los factores económicos. De estos puntos hemos hablado ampliamente en la encíclica sobre el matrimonio cristiano y en la encíclica, ya antes citada, de la educación cristiana de la juventud.

Lo que es la sociedad.

Derechos y deberes mutuos entre el hombre y la sociedad.

29.- Pero Dios ha ordenado igualmente que el hombre tienda espontáneamente a la sociedad civil, exigida por la propia naturaleza humana. En el plan del Creador, esta sociedad civil es un medio natural del que cada ciudadano puede y debe servirse para alcanzar su fin, ya que el Estado es para el hombre y no el hombre para el Estado. Afirmación que, sin embargo, no debe ser entendida en el sentido del llamado liberalismo individualista, que subordina la sociedad a las utilidades egoístas del individuo, sino sólo en el sentido de que, mediante la ordenada unión orgánica con la sociedad, sea posible para todos, por la mutua colaboración, la realización de la verdadera felicidad terrena, y, además, en el sentido de que en la sociedad hallen su desenvolvimiento todas las cualidades individuales y sociales insertas en la naturaleza humana, las cuales superan el interés particular del momento y reflejan en la sociedad civil la perfección divina; cosa que no puede realizarse en el hombre separado de toda sociedad. Pero también estos fines están, en último análisis, referidos al hombre, para que, reconociendo éste el reflejo de la perfección divina, sepa convertirlo en alabanza y adoración del Creador. Sólo el hombre, la persona humana y no las sociedades, sean las que sean, está dotado de razón y de voluntad moralmente libre.

30.- Ahora bien: de la misma manera que el hombre no puede rechazar los deberes que le vinculan con el Estado y han sido impuestos por Dios, y por esto las autoridades del Estado tienen el derecho de obligar al ciudadano al cumplimiento coactivo de esos deberes cuando se niega ilegítimamente a ello, así también la sociedad no puede despojar al hombre de los derechos personales que le han sido concedidos por el Creador —hemos aludido más arriba a los fundamentales— ni imposibilitar arbitrariamente el uso de esos derechos. Es, por tanto, conforme a la razón y exigencia imperativa de ésta, que, en último término, todas las cosas de la tierra estén subordinadas corno medios a la persona humana, para que por medio del hombre encuentren todas las cosas su referencia esencial al Creador. Al hombre, a la persona humana, se aplica lo que el Apóstol de las Gentes escribe a los corintios sobre el plan divino de la salvación cristiana: Todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios (1Cor 3,23). Mientras el comunismo empobrece a la persona humana, invirtiendo los términos de la relación entre el hombre y la sociedad, la razón y la revelación, por el contrario, la elevan a una sublime altura.

El orden económico -social.

Ha la sido nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII quien ha dado, por medio de su encíclica social, los principios reguladores de la cuestión obrera y de los problemas económicos y sociales; principios que Nos personalmente, por medio de la encíclica sobre la restauración cristiana del orden social, henos adaptado a las exigencias del tiempo presente. En esta encíclica nuestra, prosiguiendo la trayectoria de la doctrina secular de la Iglesia sobre el carácter individual y social de la propiedad privada, Nos hemos definido claramente el derecho y la dignidad del trabajo, las relaciones de apoyo mutuo y de mutua ayuda que deben existir entre el capital y el trabajo y el salario debido en estricta justicia al obrero para sí y para su familia,

31.- Hemos demostrado, además, en la mencionada encíclica que los medios para salvar al Estado actual de la triste decadencia en que lo ha hundido el liberalismo amoral no consiste en la lucha de clases y en el terrorismo ni en el abuso autocrático del poder del Estado, sino en la configuración y penetración del orden económico y social por los principios de la justicia social y de la caridad cristiana. Hemos advertido también que hay que lograr la verdadera prosperidad de los pueblos por medio de un sano corporativismo que respete la debida jerarquía social; que es igualmente necesaria la unidad armónica y coherente de todas las asociaciones para que puedan tender todas ellas al bien común del Estado, y que, por consiguiente, la misión genuina y peculiar del poder político consiste en promover eficazmente esta armoniosa coordinación de todas las fuerzas sociales.

Jerarquía social y prerrogativas del Estado.

32.- Para lograr precisamente este orden tranquilo por medio de la colaboración de todos, la doctrina católica reivindica para el Estarlo toda la dignidad y toda la autoridad necesarias para defender con vigilante solicitud, como frecuentemente enseñan la Sagrada Escritura y los Santos Padres, todos los derechos divinos y humanos. Y aquí se hace necesaria una advertencia: es errónea la afirmación de que todos los ciudadanos tienen derechos iguales en la sociedad civil y no existe en el Estado jerarquía legítima alguna. Bástenos recordar a este propósito las encíclicas de León XIII antes citadas, especialmente las referentes a la autoridad política y a la constitución cristiana del Estado. En estas encíclicas encuentran los católicos luminosamente expuestos los principios de la razón y de la fe, que los capacitarán para defenderse contra los peligrosos errores de la concepción comunista del Estado. La expoliación de los derechos personales y la consiguiente esclavitud del hombre; la negación del origen trascendente supremo del Estado y del poder político; el criminal abuso del poder público para ponerle al servicio del terrorismo colectivo, son hechos radical y absolutamente contrarios a las exigencias de la ética natural y a la voluntad divina del Creador. El hombre, lo mismo que el Estado, tiene su origen en el Creador, y el hombre y el Estado están por Dios mutuamente ordenados entre sí; por consiguiente, ni el ciudadano ni el Estado pueden negar los deberes correlativos que pesan sobre cada uno de ellos, ni pueden negar o disminuir los derechos del otro. Ha sido el Creador en persona quien ha regulado en sus líneas fundamentales esta mutua relación entre el ciudadano y la sociedad, y es, por tanto, una usurpación totalmente injusta la que se arroga el comunismo al sustituir la ley divina, basada sobre los inmutables principios de la verdad y de la caridad, por un programa político de partido, derivado del mero capricho humano y saturado de odio.

Belleza de esta doctrina de la Iglesia.

33.- La Iglesia católica, al enseñar los capítulos fundamentales de esta luminosa doctrina, no tiene otro fin que el de realizar el feliz anuncio cantado por los ángeles sobre la gruta de Belén al nacer el Redentor: Gloria a Dios... y paz a los hombres (Lc 2,14), y procurar a los hombres, aun en esta vida presente, toda la suma de paz verdadera y auténtica felicidad que son aquí posibles como preparación para la bienaventuranza eterna; pero solamente para los hombres de buena voluntad. Esta doctrina está igualmente alejada de los pésimos efectos de los errores comunistas y de todas las exageraciones y pretensiones de los partidos o sistemas políticos que aceptan esos errores, porque respeta siempre el debido equilibrio entre la verdad y la justicia, lo defiende en la teoría y lo aplica y promueve en la práctica. Cosa que consigue la Iglesia conciliando armónicamente los derechos y los deberes de unos y otros, como, por ejemplo, la autoridad con la libertad, la dignidad del individuo con la dignidad del Estado, la personalidad humana en el súbdito, y, por consiguiente, la obediencia debida al gobernante con la dignidad de quienes son representantes de la autoridad divina; igualmente, el amor ordenado de sí mismo, de la familia y de la patria con el amor de las demás familias y de los demás pueblos, fundado en el amor de Dios, Padre de todos, primer principio y último fin de todas las cosas. Esta doctrina católica no separa la justa preocupación por los bienes temporales de la solicitud activa por los bienes eternos. Si subordina el bien temporal al eterno, según la palabra de su divino Fundador: Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura (Mt 6,33), está, sin embargo, bien lejos de desinteresarse de las cosas humanas y de perjudicar el progreso de la sociedad y sus ventajas temporales; porque, todo lo contrario, esta doctrina sostiene y promueve esta actividad del modo más racional y más eficaz posible. La Iglesia, en efecto, aunque nunca ha presentado como suyo un determinado sistema técnico en el campo de la acción económica y social, por no ser ésta su misión, ha fijado, sin embargo, claramente las principales líneas fundamentales, que si bien son susceptibles de diversas aplicaciones concretas, según las diferentes condiciones de tiempos, lugares y pueblos, indican, sin embargo, el camino seguro para obtener un feliz desarrollo progresivo del Estado.

34.- La gran sabiduría y extraordinaria utilidad de esta doctrina está admitida por todos los que verdaderamente la conocen. Con razón han podido afirmar insignes estadistas que, después de haber estudiado los diversos sistemas económicos, no habían hallado nada más razonable que los principios económicos expuestos en las encíclicas "Rerum novarum" y "Quadragesimo anno". También en las naciones cristianas no católicas, más aún, en naciones no cristianas, se reconoce la extraordinaria utilidad que para la sociedad humana representa la doctrina social de la Iglesia; así, hace ahora apenas un mes, un eminente hombre político no cristiano del Extremo Oriente ha opinado sin vacilación que la Iglesia, con su doctrina de paz y de fraternidad cristiana, aporta una contribución valiosísima al establecimiento y mantenimiento de una paz constructiva entre las naciones. E incluso los mismos comunistas —cosa que sabemos por relaciones fidedignas que afluyen de todas partes a este centro de la cristiandad—, si no están totalmente corrompidos, cuando oyen la exposición de la doctrina social de la Iglesia reconocen la radical superioridad de ésta sobre las doctrinas de sus jerarcas y maestros. Solamente los espíritus cegados por la pasión y por el odio cierran sus ojos a la luz de la verdad y la combaten obstinadamente.

La Iglesia ha obrado conforme a esta doctrina.

35.- Pero los enemigos de la Iglesia, aunque obligados a reconocer la superior sabiduría de la doctrina católica, acusan, sin embargo, a la Iglesia de no haber sabido obrar de acuerdo con sus principios, y por esto afirman que hay que buscar otros caminos. Toda la historia del cristianismo demuestra la falsedad y la injusticia de esta acusación. Porque, limitando nuestra breve exposición a algún hecho histórico característico, ha sido el cristianismo el primero en proclamar, en una forma y con una amplitud y firmeza hasta entonces desconocidas, la verdadera y universal fraternidad de todos los hombres, de cualquier condición y estirpe, contribuyendo así poderosamente a la abolición eficaz de la esclavitud, no con revoluciones sangrientas, sino por la fuerza intrínseca de su doctrina, que a la soberbia patricia romana hacía ver en su esclava una hermana en Cristo.

36.- Ha sido también el cristianismo, este cristianismo que enseña a adorar al Hijo de Dios hecho hombre por amor de los hombres y convertido en hijo del artesano, más aún, hecho artesano El mismo (Mt 13,55; Mc 6,3), el que elevó el trabajo del hombre a su verdadera dignidad; ese trabajo que era entonces tan despreciado, que el mismo M. T. Cicerón, hombre prudente y justo por otra parte, calificó, resumiendo la opinión general de su tiempo, con unas palabras de las que hoy día se avergonzaría cualquier sociólogo: «Todos los trabajadores se ocupan en oficios despreciables, porque en un taller no puede haber nada noble».

37.- Basándose en estos principios, la Iglesia regeneró la sociedad humana; con la eficacia de su influjo surgieron obras admirables de caridad y poderosas corporaciones de artesanos y trabajadores de toda categoría, corporaciones despreciadas como residuo medieval por el liberalismo del siglo pasado, pero que son hoy día la admiración de nuestros contemporáneos, que en muchos países tratan de hacer revivir de algún modo su idea fundamental. Y cuando ciertas corrientes obstaculizaban la obra de la Iglesia y se oponían a la eficacia bienhechora de ésta, la Iglesia no cesó nunca, hasta nuestros días, de avisar a los equivocados. Baste recordar la firme constancia con que nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII reivindicó para las clases trabajadoras el derecho de asociación, que el liberalismo dominante en los Estados más poderosos se empeñaba en negarles. Y este influjo de la doctrina de la Iglesia es también actualmente mayor de lo que algunos piensan, porque el influjo directivo de las ideas sobre los hechos es muy grande, aunque resulte difícil la medida exacta de su valoración.

38.- Se puede afirmar, por tanto, con toda certeza, que la Iglesia, como Cristo, su fundador, pasa a través de los siglos haciendo el bien a todos. No habría ni socialismo ni comunismo si los gobernantes de los pueblos no hubieran despreciado las enseñanzas y las maternales advertencias de la Iglesia; pero los gobiernos prefirieron construir sobre las bases del liberalismo y del laicismo otras estructuras sociales, que, aunque a primera vista parecían presentar un aspecto firme y grandioso, han demostrado bien pronto, sin embargo, su carencia de sólidos fundamentos, por lo que una tras otra han ido derrumbándose miserablemente, como tiene que derrumbarse necesariamente todo lo que no se apoya sobre la única piedra angular, que es Jesucristo.

Necesidad de recurrir a medios de defensa.

39.- Esta es, venerables hermanos, la doctrina de la Iglesia, la única doctrina que, como en todos los demás campos, también en el terreno social puede traer la verdadera luz y ser la salvación frente a la ideología comunista. Pero es absolutamente necesario que esta doctrina se proyecte cada vez más en la vida práctica, conforme al aviso del apóstol Santiago: Poned en práctica la palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a vosotros mismos (St 1,22); por esto, lo más urgente en la actualidad es aplicar con energía los oportunos remedios para oponerse eficazmente a la amenazadora catástrofe que se está preparando, Nos albergamos la firme confianza de que la pasión con que los hijos de las tinieblas trabajan día y noche en su propaganda materialista y atea servirá para estimular santamente a los hijos de la luz a un celo no desemejante, sino mayor, por el honor de la Majestad divina.

40.- ¿Qué es, pues, lo que hay que hacer? ¿De qué remedios es necesario servirse para defender a Cristo y la civilización cristiana contra este pernicioso enemigo? Como un padre con sus hijos en el seno del hogar, Nos queremos conversar con todos vosotros en la intimidad acerca de los deberes que la gran lucha de nuestros días impone a todos los hijos de la Iglesia; avisos que deseamos dirigir también a todos aquellos hijos que han abandonado la casa paterna.

Renovación de la vida cristiana.

Remedio fundamental.

41.- Como en todos los períodos más borrascosos de la historia de la Iglesia, así también hoy el remedio fundamental, base de todos los demás remedios, es una sincera renovación de la vida privada y de la vida pública según los principios del Evangelio en todos aquellos que se glorían de pertenecer al redil de Cristo, para que sean realmente de esta manera la sal de la tierra que preserve a la sociedad humana de la total corrupción moral.

42.- Con ánimo profundamente agradecido al Padre de las luces, de quien desciende todo buen don y toda dádiva perfecta (St 1,17), vemos por todas partes síntomas consoladores de esta renovación espiritual, no sólo en tantas almas singularmente elegidas que en estos últimos años han subido a la alta cumbre de la más sublime santidad, y en tantas otras, cada día más numerosas, que generosamente caminan hacia esta misma luminosa meta, sino también en el reconocimiento de una piedad sentida y vivida prácticamente en todas las clases de la sociedad, incluso en las más cultas, como hemos hecho notar en nuestro reciente «motu proprio» "In multis solaciis", del 28 de octubre pasado, con ocasión de la reorganización de la Academia Pontificia de las Ciencias.

43.- No podemos, sin embargo, negar que queda todavía mucho por hacer en este camino de la renovación espiritual. Porque incluso en los mismos países católicos son demasiados los católicos que lo son casi de solo nombre; demasiados los que, si bien cumplen con mayor o menor fidelidad las prácticas más esenciales de la religión que se glorían de profesar, no se preocupan sin embargo, de conocerla mejor ni de adquirir una convicción más íntima y profunda, y menos aún de hacer que a la apariencia exterior de la religión corresponda el interno esplendor de una conciencia recta y pura, que siente y cumple todos sus deberes bajo la mirada de Dios. Sabemos muy bien el gran aborrecimiento que el divino Salvador siente frente a esta vana y falaz exterioridad, Él que quería que todos adorasen al Padre en espíritu y en verdad (Jn 4,23). Quien no ajusta sinceramente su vida práctica a la fe que profesa, no podrá mantenerse a salvo durante mucho tiempo hoy, cuando sopla tan fuerte el viento de la lucha y de la persecución, sino que se verá arrastrado miserablemente por este nuevo diluvio que amenaza al mundo; y así, mientras prepara su propia ruina, expondrá también al ludibrio el honor del cristianismo.

Despego de los bienes terrenos.

44.- Y aquí queremos, venerable hermanos, insistir específicamente sobre dos enseñanzas del Señor, que responde de modo particular a la actual situación del género humano: el desprendimiento de los bienes terrenos y el precepto de la caridad. Bienaventurados los pobres de espíritu; éstas fueron la primeras palabras pronunciadas por el divino Maestro en su Sermón de h Montaña (Mt 5,3). Esta lección fundamental es más necesaria que nunca en estos tiempos de materialismo, sediento de bienes y placeres terrenales. Todos los cristianos, ricos y pobres, deben tener siempre fija su mirada en el cielo, recordando que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la futura (Heb 13,14). Los ricos no deben poner su felicidad en las riquezas de la tierra ni enderezar sus mejores esfuerzos a conseguirlas, sino que, considerándose como simples administradores de las riquezas, que han de dar estrecha cuenta de ellas al supremo dueño, deben usar de ellas cono de preciosos medios que Dios les otorgó para ejercer la virtud, y no dejar de distribuir a los pobres los bienes superfluos, según el precepto evangélico (cf. Lc 11,41). De lo contrario, se cumplirá con ellos y en sus riquezas la severa sentencia del apóstol Santiago: Vosotros, ricos, llorad a gritos sobre las miserias que os amenazan. Vuestra riqueza está podrida; vuestros vestidos, consumidos por la polilla; vuestro oro y vuestra plata, comidos del orín, y el orín será testigo contra vosotros y roerá vuestras carnes como fuego. Habéis atesorado [ira] para los últimos días (St 5, 1-3).

45.- Los pobres, por su parte, en medio de sus esfuerzos, guiados por las leyes de la caridad y de la justicia, para proveerse de lo necesario y para mejorar su condición social, deben también ellos permanecer siempre pobres de espíritu (Mt 5,3), estimando más los bienes espirituales que los goces terrenos. Tengan además siempre presente que nunca se conseguirá hacer desaparecer del mundo las miserias, los dolores y las tribulaciones, a los que están sujetos también los que exteriormente aparecen como más afortunados. La paciencia es, pues, necesaria para todos; esa paciencia que mantiene firme el espíritu, confiado en las divinas promesas de una eterna felicidad. Tened, pues, paciencia, hermanos —os decimos también con el apóstol Santiago—, hasta la venida del Señor. Ved cómo el labrador, con la esperanza de los frutos preciosos de la tierra, aguarda con paciencia las lluvias tempranas y las tardías. Aguardad también vosotros con paciencia, fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cercana (St 5,7-8).Sólo así se cumplirá la consoladora promesa del Señor: Bienaventurados los pobres. Y no es éste un consuelo vano, corno las promesas de los comunistas, sino que son palabras de vida eterna, que encierran la suprema realidad de la vida y que se realizan plenamente aquí en la tierra y después en la eternidad. ¡Cuántos pobres, confiados en estas palabras y en la esperanza del reino de los cielos proclamado ya como propiedad suya en el Evangelio, porque vuestro es el reino de los cielos (Lc 6.20)—, hallan en su pobreza una felicidad que tantos ricos no pueden encontrar en sus riquezas, por estar siempre inquietos y siempre agitados por la codicia de mayores aumentos.

Caridad cristiana.

46.- Más importante aún para remediar el mal de que tratamos es el precepto de la caridad, que tiende por su misma naturaleza a realizar este propósito. Nos nos referimos a esa caridad cristiana, paciente y benigna (1Cor 13,4), que evita toda ostentación y todo aire de envilecedor proteccionismo del prójimo; esa caridad que desde los mismos comienzos del cristianismo ganó para Cristo a los más pobres entre los pobres, los esclavos. Y en este campo damos las mayores gracias a todos aquellos que, consagrados a las obras de beneficencia, tanto en las Conferencias de San Vicente de Paúl como en las grandes y recientes organizaciones de asistencia social, han ejercitado y ejercitan las obras de misericordia corporal y espiritual. Cuanto más experimenten en sí mismos los obreros y los pobres lo que el espíritu de caridad, animado por la virtud de Cristo, hace por ellos, tanto más se despojarán del prejuicio de que la Iglesia ha perdido su eficacia y de que está de parte de quienes explotan el trabajo del obrero.

47.- Pero cuando vemos, por una parte, a una innumerable muchedumbre de necesitados que, por diversas causas, ajenas totalmente a su voluntad, se hallan oprimidos realmente por una extremada miseria, y vemos, por otra, a tantos hombres que, sin moderación alguna, gastan enormes sumas en diversiones y cosas totalmente inútiles, no podemos menos de reconocer, con un inmenso dolor, que no sólo no se respeta como es debido la justicia, sino que, además, no se ha profundizado suficientemente en las exigencias que el precepto de la caridad cristiana impone al cristiano en su vida diaria.

48.- Queremos, por tanto, venerables hermanos, que se exponga sin descanso, de palabra y por escrito, este divino precepto, precioso distintivo dejado por Cristo a sus verdaderos discípulos; este precepto, que nos enseña a ver en los que sufren al mismo Jesús en persona y que nos manda amar a todos los hombres como a nuestros hermanos con el mismo amor con que el divino Salvador nos ha amado; es decir, hasta el sacrificio de nuestros bienes y, si es necesario, aun de la propia vida. Mediten todos con frecuencia aquellas palabras, consoladoras por una parte, pero terribles por otra, de la sentencia final que pronunciará el juez supremo en el día del juicio final: Venid, benditos de mi Padre..., porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber... En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis (Mt 25,34-40). Y, por el contrario: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno..., porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber... En verdad os digo que, cuando dejasteis de hacer eso con uno de estos pequeñuelos, conmigo no lo hicisteis (Mt 25, 41-45).

49.- Para asegurar, por tanto, la vida eterna y para socorrer eficazmente a los necesitados, es absolutamente necesario volver a un tenor de vida más modesto; es necesario renunciar a los placeres, muchas veces pecaminosos, que el mundo ofrece hoy día con tanta abundancia; es necesario, finalmente, olvidarse de sí mismo por amor al prójimo. Este precepto nuevo (Jn 13,34), de la caridad cristiana posee una virtud divina para regenerar a los hombres, y su fiel observancia infundirá en los corazones una paz interna desconocida para la vida de sentidos de este mundo y remediará eficazmente los males que afligen hoy a la humanidad.

Deberes de estricta justicia.

50.- Pero la caridad no puede atribuirse este nombre si no respeta las exigencias de la justicia, porque, como enseña el Apóstol, quien ama al prójimo ha cumplido la ley. El mismo Apóstol explica a continuación la razón ele este hecho: pues «no adulterarás, no matarás, no robarás...», y cualquier otro precepto en esta sentencia se resume: «Amarás al prójimo como a ti mismo» (Rom 13,8-9) . Si, pues, según el Apóstol, todos los deberes, incluso los más estrictamente obligatorios, como el no matar y el no robar, se reducen a este único precepto supremo de la verdadera caridad, una caridad que prive al obrero del salario al que tiene estricto derecho no es caridad, sino nombre vano y mero simulacro de caridad. No es justo tampoco que el obrero reciba como limosna lo que se le debe por estricta obligación de justicia; y es totalmente ilícita la pretensión de eludir con pequeñas dádivas de misericordia las grandes obligaciones impuestas por la justicia. La caridad y la justicia imponen sus deberes específicos, los cuales, si bien con frecuencia coinciden en la identidad del objeto, son, sin embargo, distintos por su esencia; y los obreros, por razón de su propia dignidad, exigen enérgicamente, con todo derecho y razón, el reconocimiento por todos estos deberes a que están obligados con respecto a ellos los demás ciudadanos.

51.- Por esta razón, Nos nos dirigimos de un modo muy particular a vosotros, patronos e industriales cristianos, cuya tarea es a menudo tan difícil, porque habéis recibido la herencia de los errores de un régimen económico injusto que ha ejercitado su ruinoso influjo sobre tantas generaciones; tened clara conciencia de vuestra responsabilidad. Es un hecho lamentable, pero cierto: la conducta práctica de ciertos católicos ha contribuido no poco a la pérdida de confianza de los trabajadores en la religión de Jesucristo. No quisieron estos católicos comprender que la caridad cristiana exige el reconocimiento de ciertos derechos debidos al obrero, derechos que la Iglesia ha reconocido y declarado explícitamente como obligatorios. ¿Cómo calificar la conducta de ciertos católicos, que en algunas partes consiguieron impedir la lectura de nuestra encíclica "Quadragesimo anno" en sus iglesias patronales? ¿Cómo juzgar la actitud de ciertos industriales católicos, que se han mostrado hasta hoy enemigos declarados de un movimiento obrero recomendado por Nos mismo? ¿No es acaso lamentable que el derecho de propiedad, reconocido por la Iglesia, haya sido usurpado para defraudar al obrero de su justo salario y de sus derechos sociales?

Justicia social.

52.- Porque es un hecho cierto que, al lado de la justicia conmutativa, hay que afirmar la existencia de la justicia social, que impone deberes específicos a los que ni los patronos ni los obreros pueden sustraerse. Y es precisamente propio de la justicia social exigir de los individuos todo lo que es necesario para el bien común. Ahora bien: así como un organismo viviente no se atiende suficientemente a la totalidad del organismo si no se da a cada parte y a cada miembro lo que éstos necesitan para ejercer sus funciones propias, de la misma manera no se puede atender suficientemente a la constitución equilibrada del organismo social y al bien de toda la sociedad si no se da a cada parte y a cada miembro, es decir, a los hombres, dotados de la dignidad de persona, todos los medios que necesitan para cumplir su función social particular. El cumplimiento, por tanto, de los deberes propios de la justicia social tendrá como efecto una intensa actividad que, nacida en el seno de la vida económica, madurará en la tranquilidad del orden y demostrará la entera salud del Estado, de la misma manera que la salud del cuerpo humano se reconoce externamente en la actividad inalterada y, al mismo tiempo, plena y fructuosa de todo el organismo.

53.- Pero no se cumplirán suficientemente las exigencias de la justicia social si los obreros no tienen asegurado su propio sustento y el de sus familias con un salario proporcionado a esta doble condición; si no se les facilita la ocasión de adquirir un modesto patrimonio que evite así la plaga del actual pauperismo universal; si no se toman, finalmente, precauciones acertadas en su favor, por medio de los seguros públicos o privados, para el tiempo de la vejez, de la enfermedad o del paro forzoso. En esta materia conviene repetir lo que hemos dicho en nuestra encíclica "Quadragesimo anno": «La economía social estará sólidamente constituida y alcanzará sus fines sólo cuando a todos y a cada uno se provea de todos los bienes que las riquezas y subsidios naturales, la técnica y la constitución social de la economía pueden producir. Esos bienes deben ser suficientemente abundantes para satisfacer las necesidades y honestas comodidades y elevar a los hombres a aquella condición de vida más feliz que, administrada prudentemente, no sólo no impide la virtud, sino que la favorece en gran número».

54.- Y si, como sucede cada día con mayor frecuencia, en el régimen de salario los particulares no pueden satisfacer las obligaciones de la justicia, si no es con la exclusiva condición previa de que todos ellos convengan en practicarla conjuntamente mediante instituciones que unan entre sí a los patronos —para evitar entre éstos una concurrencia de precios incompatible con los derechos de los trabajadores—, es deber de los empresarios y patronos en estas situaciones sostener y promover las instituciones necesarias que constituyan el medio normal para poder cumplir los deberes de la justicia. Pero también los trabajadores deben tener siempre presente sus obligaciones de caridad y de justicia para con los patronos, y deben convencerse de que de esta manera pondrán a salvo con mayor eficacia sus propios intereses.

55.- Quien considere, por tanto, la estructura total de la vida económica —como ya advertimos en nuestra encíclica "Quadragesimo anno"— , comprenderá que la conjunta colaboración de la justicia y de la caridad no podrá influir en las relaciones económicas y sociales si no es por medio de un cuerpo de instituciones profesionales e interprofesionales basadas sobre el sólido fundamento de la doctrina cristiana, unidas entre sí y que constituyan, bajo formas diversas adaptadas a las condiciones de tiempo y lugar, lo que antiguamente recibía el nombre de corporaciones.

Estudio y difusión de la doctrina social.

56.- Para dar a esta acción social mayor eficacia es absolutamente necesario promover todo lo posible el estudio de los problemas sociales a la luz de la doctrina de la Iglesia y difundir por todas partes las enseñanzas de esa doctrina bajo la égida de la autoridad constituida por Dios en la misma Iglesia. Porque, si el modo de proceder de algunos católicos ha dejado que desear en el campo económico y social, la causa de este defecto ha sido con frecuencia la insuficiente consideración de las enseñanzas dadas por los Sumos Pontífices en esta materia. Por esto es sumamente necesario que en todas las clases sociales se promueva una más intensa formación en las ciencias sociales, adaptada en su medida personal al diverso grado de cultura intelectual; y es sumamente necesario también que se procure con toda solicitud e industria la difusión más amplia posible de las enseñanzas de la Iglesia aun entre la clase obrera. Que las enseñanzas sociales de la Iglesia católica iluminen con la plenitud de su luz a todos los espíritus y muevan las voluntades de todos a seguirlas y aplicarlas como norma segura de vida que impulse al cumplimiento concienzudo de los múltiples deberes sociales. Así se evitará esa inconsecuencia y esa inconstancia en la vida cristiana que Nos hemos lamentado más de una vez y que hacen que algunos católicos, aparentemente fieles en el cumplimiento de sus estrictos deberes religiosos, luego en el campo del trabajo, de la industria y de la profesión, o en el comercio, o en el ejercicio de sus funciones públicas, por un deplorable desdoblamiento de la conciencia, lleven una vida demasiado contraria a las claras normas de la justicia y de la caridad cristiana, dando así grave escándalo a los espíritus débiles y ofreciendo a los malos un fácil pretexto para desacreditar a la propia Iglesia.

57.- A esta renovación de la moral cristiana puede contribuir extraordinariamente la propagación de la prensa católica. La prensa católica debe, en primar lugar, fomentar el conocimiento más amplio cada día de la doctrina social de la Iglesia de un modo variado y atrayente; debe, en segundo lugar, denunciar con exactitud, pero también con la debida extensión, la actividad de los enemigos y señalar los medios de lucha que han demostrado ser más eficaces por la experiencia repetida en muchas naciones; debe, por último, proponer útiles sugerencias para poner en guardia a los lectores contra los astutos engaños con que los comunistas han intentado y sabido atraerse incluso a hombres de buena fe.

Precaverse contra las insidias que usa el comunismo.

58.- Aunque ya hemos insistido sobre estos puntos en nuestra alocución de 12 de mayo del año pasado, juzgamos, sin embargo, necesario, venerados hermanos, volver a llamar vuestra atención sobre ellos de modo particular. Al principio, el comunismo se manifestó tal cual era en toda su criminal perversidad; pero pronto advirtió que de esta manera alejaba de sí a los pueblos, y por esto ha cambiado de táctica y procura ahora atraerse las muchedumbres con diversos engaños, ocultando sus verdaderos intentos bajo el rótulo de ideas que son en sí mismas buenas y atrayentes.

59.- Por ejemplo, viendo el deseo de paz que tienen todos los hombres, los jefes del comunismo aparentan ser los más celosos defensores y propagandistas del movimiento por la paz mundial; pero, al mismo tiempo, por una parte, excitan a los pueblos a la lucha civil para suprimir las clases sociales, lucha que hace correr ríos de sangre, y, por otra parte, sintiendo que su paz interna carece de garantías sólidas, recurren a un acopio ilimitado de armamentos. De la misma manera, con diversos nombres que carecen de todo significado comunista, fundan asociaciones y publican periódicos cuya única finalidad es la de hacer posible la penetración de sus ideas en medios sociales que de otro modo no les serian fácilmente accesibles; más todavía, procuran infiltrarse insensiblemente hasta en las mismas asociaciones abiertamente católicas o religiosas. En otras partes, los comunistas, sin renunciar en nada a sus principios, invitan a los católicos a colaborar amistosamente con ellos en el campo del humanitarismo y de la caridad, proponiendo a veces, con estos fines, proyectos completamente conformes al espíritu cristiano y a la doctrina de la Iglesia. En otras partes acentúan su hipocresía hasta el punto de hacer creer que el comunismo, en los países de mayor civilización y de fe más profunda, adoptará una forma más mitigada, concediendo a todos los ciudadanos la libertad de cultos y la libertad de conciencia. Hay incluso quienes, apoyándose en algunas ligeras modificaciones introducidas recientemente en la legislación soviética, piensan que el comunismo está a punto de abandonar su programa de lucha abierta contra Dios.

60.- Procurad, venerables hermanos, con sumo cuidado que los fieles no se dejen engañar. El comunismo es intrínsecamente malo, y no se puede admitir que colaboren con el comunismo, en terreno alguno, los que quieren salvar de la ruina la civilización cristiana. Y si algunos, inducidos al error, cooperasen al establecimiento del comunismo en sus propios países, serán los primeros en pagar el castigo de su error; y cuanto más antigua y luminosa es la civilización creada por el cristianismo en las naciones en que el comunismo logre penetrar, tanto mayor será la devastación que en ellas ejercerá el odio del ateísmo comunista.

Oración y penitencia.

61.- Pero si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan sus centinelas (Sal 126,1). Por esto os exhortamos con insistencia, venerables hermanos, para que en vuestras diócesis promováis e intensifiquéis del modo más eficaz posible el espíritu de oración y el espíritu de mortificación.

62.-Cuando los apóstoles preguntaron al Salvador por qué no habían podido librar del espíritu maligno a un endemoniado, les respondió el Señor: Esta especie [de demonios], no puede ser lanzada sino por la oración el ayuno (Mt 17,20). Tampoco podrá ser vencido el mal que hoy atormenta a la humanidad si no se acude a una santa e insistente cruzada universal de oración y penitencia; por esto recomendamos singularmente a las Ordenes contemplativas, masculinas y femeninas, que redoblen sus súplicas y sus sacrificios para lograr del cielo una poderosa ayuda a la Iglesia en sus luchas presentes, poniendo para ello como intercesora a la inmaculada Madre de Dios, la cual, así como un día aplastó la cabeza de la antigua serpiente, así también es hoy la defensa segura y el invencible "Auxilium Christianorum". 

V. MINISTROS Y AUXILIARES DE ESTA OBRA SOCIAL DE LA IGLESIA.

Los sacerdotes.

63.- Tanto para la obra mundial de salvación, que hemos descrito hasta aquí, como para la aplicación de los remedios, que hemos indicado brevemente, Jesucristo ha elegido y señalado a sus sacerdotes como los primeros ministros y realizadores. A los sacerdotes les ha sido confiada, por especial voluntad divina, la misión de mantener encendida y esplendorosa en el mundo, bajo la guía de los sagrados pastores y en unión de filial obediencia con el Vicario de Cristo en la tierra, la lumbrera de la fe y de infundir en los fieles aquella confianza sobrenatural con que la Iglesia, en nombre de Cristo, ha combatido y vencido en tantas batallas a lo largo de su historia: Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1Jn 5,4).

64.- En esta materia recordarnos de modo particular a los sacerdotes la exhortación, tantas veces repetida por nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII de ir al obrero; exhortación que Nos hacemos nuestra complementándola con esta aclaración: «Id especialmente al obrero pobre; más todavía, id en general a los necesitados», como mandan las enseñanzas de Jesús y de su Iglesia. Los necesitados son, en efecto, los que están más expuestos a las maniobras de los agitadores, que explotan la mísera situación de los necesitados para encender en el alma de éstos la envidia contra los ricos y excitarlos a tomar por la fuerza lo que, según ellos, la fortuna les ha negado injustamente. Pero, si el sacerdote no va al obrero y al necesitado para prevenirlo o para desengañarlo de todo prejuicio y de toda teoría falsa, ese obrero y ese necesitado llegarán a ser fácil presa de los apóstoles del comunismo.

65.- No podemos negar que se ha hecho ya mucho en este campo, especialmente después de las encíclicas "Rerum novarum" y "Quadragesimo anno"; y saludamos con paterno agrado el industrioso celo pastoral de tantos obispos y sacerdotes que, con el uso prudente de las debidas cautelas, proyectan y experimentan nuevos métodos de apostolado más adecuados a las exigencias modernas. Sin embargo, todo lo hecho en este campo es aún demasiado poco para las presentes necesidades. Así como, cuando la patria se halla en peligro, todo lo que no es estrictamente necesario o no está directamente ordenado a la urgente necesidad de la defensa común pasa a segunda línea, así también, en nuestro caso, toda otra obra, por muy hermosa y buena que sea, debe ceder necesariamente el puesto a la vital necesidad de salvar las bases mismas de la fe y de la civilización cristianas. Por esta razón, los sacerdotes, en sus parroquias, conságrense naturalmente, en primer lugar, al ordinario cuidado y gobierno de los fieles, pero después deben necesariamente reservar la mejor y la mayor parte de sus fuerzas y de su actividad para recuperar para Cristo y para la Iglesia las masas trabajadoras y para lograr que queden de nuevo saturadas del espíritu cristiano las asociaciones y los pueblos que han abandonado a la Iglesia. Si los sacerdotes realizan esta labor, hallarán, como fruto de su trabajo, una cosecha superior a toda esperanza, que será para ellos la recompensa del duro trabajo de la primera roturación. Es éste un hecho que hemos visto comprobado en Roma y en otras grandes ciudades, donde en las nuevas iglesias que van surgiendo en los barrios periféricos se van reuniendo celosas comunidades parroquiales y se operan verdaderos milagros de conversión en poblaciones que antes eran hostiles a la religión por el solo hecho de no conocerla.

66.- Pero el medio más eficaz de apostolado entre las muchedumbres de los necesitados y de los humildes es el ejemplo del sacerdote que está adornado de todas las virtudes sacerdotales, que hemos descrito en nuestra encíclica "Ad catholici sacerdoti"; pero en la materia presente es necesario de modo muy especial que el sacerdote sea un vivo ejemplo eminente de humildad, pobreza y desinterés que lo conviertan a los ojos de los fieles en copia exacta de aquel divino Maestro que pudo afirmar de sí con absoluta certeza: Las raposas tienen cuevas, y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza (Mt 8,20). Una experiencia diaria enseña que el sacerdote pobre y totalmente desinteresado, como enseña el Evangelio, realiza una maravillosa obra benéfica en medio del pueblo; un San Vicente de Paúl, un Cura de Ars, un Cottolengo, un Don Bosco y tantos otros son otras tantas pruebas de esta realidad; en cambio, el sacerdote avaro, egoísta e interesado, como hemos recordado ya en la citada encíclica, aunque no caiga, como Judas, en el abismo de la traición, será por lo menos un vano bronce que resuena y un inútil címbalo que retiñe (1Cor 13,1), y con demasiada frecuencia un estorbo, más que un instrumento positivo de la gracia, entre los fieles. Y si el sacerdote, lo mismo el secular que el regular, tiene que administrar bienes temporales por razón de su oficio, recuerde que no sólo debe observar escrupulosamente todas las obligaciones de la caridad y de la justicia, sino que, además, debe mostrarse de manera especial como verdadero padre de los pobres.

La Acción Católica.

67.- Después del clero dirigimos nuestra paterna invitación a nuestros queridísimos hijos seglares que militan en las filas de la Acción Católica, para Nos tan querida, y que, como en otra ocasión hemos declarado, constituye «una ayuda particularmente providencial» para la obra de la Iglesia en las difíciles circunstancias del momento presente. En realidad, la Acción Católica realiza un auténtico apostolado social, porque su finalidad última es la difusión del reino de Jesucristo no sólo en los individuos, sino también en las familias y en la sociedad civil. Por consiguiente, su obligación fundamental es atender a la más exquisita formación espiritual de sus miembros y a la acertada preparación de éstos para combatir en las santas batallas de Dios. A esta labor formativa, hoy día más urgente y necesaria que nunca, y que debe preceder siempre como requisito fundamental de toda acción directa y efectiva, contribuirán extraordinariamente los círculos de estudio, las semanas sociales, los cursos orgánicos de conferencias y, finalmente, todas aquellas iniciativas dirigidas a solucionar con sentido cristiano, en el terreno práctico, los problemas económicos.

68.- Estos soldados de la Acción Católica, así preparados, serán los primeros e inmediatos apóstoles de sus compañeros de trabajo y los valiosos auxiliares del sacerdote para extender por todas partes la luz de la verdad y para aliviar las innumerables y graves miserias materiales y espirituales en innumerables zonas sociales refractarias hoy día muchas veces a la acción del ministro de Dios por inveterados prejuicios contra el clero o por una lamentable apatía religiosa. De esta manera, los hombres de la Acción Católica, bajo la dirección de sacerdotes experimentados, realizarán una enérgica y valiosa colaboración en la labor de asistencia religiosa a las clases trabajadoras, labor que nos es tan querida, porque consideramos esta asistencia religiosa como el medio más idóneo para defender a los obreros, nuestros queridos hijos, de las insidias comunistas.

69.- Además de este apostolado individual, muchas veces oculto, pero utilísimo y eficaz, es también misión propia de la Acción Católica difundir ampliamente, por medio de la propaganda oral y escrita, los principios fundamentales, expuestos en los documentos públicos de los Sumos Pontífices, para la administración de la cosa pública según la concepción cristiana.

Organizaciones auxiliares.

70.- En torno a la Acción Católica se alinean, como fuerzas combatientes, algunas organizaciones que Nos hemos calificado en otra ocasión como auxiliares de aquélla. Con paterno afecto exhortamos también a estas organizaciones a participar en la gran misión de que tratamos, y que actualmente presenta una trascendencia no superada por cualquier otra necesidad.

Organizaciones de clase.

71.- Nos pensamos también en las organizaciones integradas por hombres y mujeres de la misma clase social: asociaciones de obreros, de agricultores, de ingenieros, de médicos, de patronos, de hombres de estudio, y otras semejantes, compuestas todas ellas por personas que, teniendo un idéntico grado de cultura, se han unido, impulsadas por la misma naturaleza, en agrupaciones sociales acomodadas a su situación. Juzgamos que estas organizaciones tienen un papel muy importante que realizar, tanto en la labor de introducir en el Estado aquel orden equilibrado que tuvimos presente en nuestra encíclica "Quadragesimo anno" como en la difusión y en el reconocimiento de la realeza de Cristo en todos los campos de la cultura y del trabajo.

72.- Y si, por las transformaciones que han experimentado la situación económica y la vida social, el Estado ha juzgado como misión suya la regulación y el equilibrio de estas asociaciones por medio de una específica acción legislativa, respetando, como es justo, la libertad y la iniciativa privadas, sin embargo, los hombres de la Acción Católica, aunque deben tener siempre en cuenta las realidades de la situación presente, deben también prestar su prudente contribución intelectual a la cuestión, solucionando los nuevos problemas según las normas de la doctrina católica, y consagrar su actividad participando recta y voluntariamente en las nuevas formas e instituciones con la intención de hacer penetrar en éstas el espíritu cristiano, que es siempre principio de orden en el aspecto político y de mutua y fraterna colaboración en el aspecto social.

Llamamiento a los obreros católicos.

73.- Una palabra especialmente paterna queremos dirigir aquí a nuestros queridos obreros católicos, jóvenes o adultos, los cuales, como premio de su heroica fidelidad en estos tiempos tan difíciles, han recibido una noble y ardua misión. Bajo la dirección de sus obispos y de sus sacerdotes, deben trabajar para traer de nuevo a la Iglesia y a Dios inmensas multitudes de trabajadores que, exacerbados por una injusta incomprensión o por el olvido de la dignidad a que tenían derecho, se han alejado, desgraciadamente, de Dios. Demuestren los obreros católicos, con su ejemplo y con sus palabras, a estos hermanos de trabajo extraviados que la Iglesia es una tierna madre para todos aquellos que trabajan o sufren y que jamás ha faltado ni faltará a su sagrado deber materno de defender a sus hijos. Y como esta misión que el obrero católico debe cumplir en las minas, en las fábricas, en los talleres y en todos los centros de trabajo, exige a veces grandes sacrificios, recuerden los obreros católicos que el Salvador del mundo ha dado no sólo ejemplo de trabajo, sino también ejemplo de sacrificio.

Necesidad de concordia entre los católicos.

74.- A todos nuestros hijos de toda clase social, de toda nación, de toda asociación religiosa o seglar en la Iglesia, queremos dirigir un nuevo y más apremiante llamamiento a la concordia. Porque más de una vez nuestro corazón de Padre se ha visto afligido por las divisiones internas entre los católicos, divisiones que, si bien nacen de fútiles causas, son, sin embargo, siempre trágicas en sus consecuencias, pues enfrentan mutuamente a los hijos de una misma madre, la Iglesia. Esta es la causa de que los agentes de la revolución, que no son tan numerosos, aprovechando la ocasión que se les ofrece, agudicen más todavía las discordias y acaben por conseguir su mayor deseo, que es la lucha intestina entre los mismos católicos. Después de los sucesos de estos últimos tiempos, debería parecer superflua nuestra advertencia. Sin embargo, la repetimos de nuevo para aquellos que o no la han comprendido o no la han querido comprender. Los que procuran exacerbar las disensiones internas entre los católicos incurren en una gravísima responsabilidad ante Dios y ante la Iglesia.

Llamamiento a todos los que creen en Dios.

75.- Pero en esta lucha entablada por el poder de las tinieblas contra la idea misma de la Divinidad, esperamos confiadamente que colaborarán, además de todos los que se glorían del nombre cristiano, todos los que creen en Dios y adoran a Dios, los cuales son todavía la inmensa mayoría de los hombres.

76.- Renovamos, por tanto, el llamamiento que hace ya cinco años hicimos en nuestra encíclica "Caritate Christi", para que también todos los creyentes colaboren leal y cordialmente para alejar de la humanidad el gravísimo peligro que amenaza a todos.

77.- Porque —como entonces decíamos— , «siendo la fe en Dios el fundamento previo de todo orden político y la base insustituible de toda autoridad humana, todos los que no quieren la destrucción del orden ni la supresión de la ley deben trabajar enérgicamente para que los enemigos de la religión no alcancen el fin tan abiertamente proclamado por ellos».

Deberes del Estado cristiano.

Ayudar a la Iglesia.

78.- Hemos expuesto hasta ahora, venerables hermanos, la misión positiva, de orden doctrinal y práctico a la vez, que la Iglesia ha recibido como propia en virtud del mandato a ella confiado por Cristo, su autor y apoyo, de cristianizar la sociedad humana, y, en nuestros tiempos, de combatir y desbaratar los esfuerzos del comunismo, y hemos dirigido, en virtud de esta misión, un llamamiento a todas y a cada una de las clases sociales.

79.- Pero con esta misión de la Iglesia es necesario que colabore positivamente el Estado cristiano, prestando a la Iglesia su auxilio en este campo, auxilio que, si bien consiste en los medios externos que son propios del Estado, repercute necesariamente y en primer lugar sobre el bien de las almas.

80.- Por esta razón, los gobiernos deben poner sumo cuidado en impedir que la criminal propaganda atea, destructora nata de todos los fundamentos del orden social, penetre en sus pueblos; porque no puede haber autoridad alguna estable sobre la tierra si se niega la autoridad de Dios, ni puede tener firmeza un juramento si se suprime el nombre de Dios vivo. Repetimos a este propósito lo que tantas veces y con tanta insistencia hemos dicho, especialmente en nuestra encíclica "Caritate Christi": «¿Cómo puede tener vigor un contrato cualquiera y qué vigencia puede tener un tratado si falta toda garantía de conciencia, si falta la fe en Dios, si falta el temor de Dios? Quitado este cimiento, se derrumba toda la ley moral y no hay remedio que pueda impedir la gradual pero inevitable ruina de los pueblos, de la familia, del Estado y de la misma civilización humana».

Disposiciones exigidas por el bien común.

81.- Además, los gobiernos deben consagrar su principal preocupación a la creación de aquellos medios materiales de vida necesarios para el ciudadano, sin los cuales todo Estado, por muy perfecta que sea su constitución, se derrumbará necesariamente, y a procurar trabajo especialmente a los padres de familia y a la juventud. Para lograr estos fines, induzcan los gobiernos a las clases ricas a aceptar por razón de bien común aquellas cargas sin cuya aceptación no puede conservarse el Estado ni pueden vivir seguros los mismos ricos. Pero las disposiciones que los gobiernos adopten con este fin deben ser tales que pesen efectivamente sobre los ciudadanos que tienen en sus manos los grandes capitales y los aumentan cada día con grave daño de las demás clases sociales.

Prudente y sobria administración.

82.- Pero la administración pública del propio Estado, de la cual es responsable el gobernante ante Dios y ante la sociedad, debe necesariamente desenvolverse con una prudencia y una sobriedad tan grandes, que sirva de ejemplo para todos los ciudadanos. Hoy más que nunca, la gravísima crisis económica que azota al mundo entero exige que los que disfrutan de inmensas fortunas, fruto del trabajo y del sudor de tantos ciudadanos, pretendan exclusivamente el bien común y procuren aumentar lo más posible este bien común. También los altos cargos políticos del Estado y todos los funcionarios públicos de la administración deben cumplir sus deberes por obligación de conciencia con fidelidad y desinterés, siguiendo los luminosos ejemplos antiguos y recientes de tantos hombres insignes que con un trabajo infatigable sacrificaron toda su vida por el bien de la patria. Y en las relaciones mutuas de los pueblos entre sí deben suprimirse lo más pronto posible todos esos impedimentos artificiales de la vida económica que brotan principalmente de un sentimiento de desconfianza y de odio, pues todos los pueblos de la tierra forman una única familia nacida de Dios.

Libertad de la Iglesia.

83.- Pero, al mismo tiempo, el Estado debe dejar a la Iglesia en plena libertad para que ésta realice su divina misión sobre las almas, si quiere colaborar de esta manera en la salvación de los pueblos de la terrible tormenta de la hora presente. En todas partes se hace hoy día un angustioso llamamiento a las fuerzas morales del espíritu, y con razón, porque el mal que hay que combatir es, considerado en su raíz más profunda, un mal de naturaleza espiritual, y de esta corrompida fuente ideológica es de donde brotan con una lógica diabólica todas las monstruosidades del comunismo. Ahora bien: entre las fuerzas morales y religiosas sobresale incontestablemente la Iglesia católica, y por esto el bien mismo de la humanidad exige que no se pongan impedimentos a su actividad. Proceder de distinta manera y querer obtener el fin espiritual indicado con medios puramente económicos o políticos equivale a incurrir necesariamente en un error sumamente peligroso. Porque, cuando se excluye la religión de los centros de enseñanza, de la educación de la juventud, de la moral de la vida pública, y se permite el escarnio de los representantes del cristianismo y de los sagrados ritos de éste, ¿no se fomenta, acaso, el materialismo, del que nacen los principios y las instituciones propias del comunismo? Ni la fuerza humana mejor organizada ni los más altos y nobles ideales terrenos pueden dominar los movimientos desordenados de este carácter, que hunden sus raíces precisamente en la excesiva codicia de los bienes de esta vida.

84.- Nos confiamos en que los que actualmente dirigen el destino de las naciones, por poco que adviertan el peligro extremo que amenaza hoy a los pueblos, comprenderán cada vez mejor la grave obligación que sobre ellos pesa de no impedir a la Iglesia el cumplimiento de su misión; obligación robustecida por el hecho de que la Iglesia, al procurar a los hombres la consecución de la felicidad eterna, trabaja también inseparablemente por la verdadera felicidad temporal de los hombres.

Paterno llamamiento a los extraviados.

85.- Pero Nos no podemos terminar esta encíclica sin dirigir una palabra a aquellos hijos nuestros que están ya contagiados, o por lo menos amenazados de contagio, por la epidemia del comunismo. Les exhortamos vivamente a que oigan la voz del Padre, que los ama, y rogamos al Señor que los ilumine para que abandonen el resbaladizo camino que los lleva a una inmensa y catastrófica ruina, y reconozcan también ellos que el único Salvador es Jesucristo Nuestro Señor, pues ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos (Hech 4,12).

CONCLUSIÓN:

San José, modelo y patrono.

86.- Finalmente, para acelerar la paz de Cristo en el reino de Cristo, por todos tan deseada, ponemos la actividad de la Iglesia católica contra el comunismo ateo bajo la égida del poderoso Patrono de la Iglesia, San José.

87.- San ,José perteneció a la clase obrera y experimentó personalmente el peso de la pobreza en sí mismo y en la Sagrada Familia, de la que era padre solícito y abnegado; a San José fue confiado el Infante divino cuando Herodes envió a sus sicarios para matarlo. Cumpliendo con toda fidelidad los deberes diarios de su profesión, ha dejado un ejemplo de vida a todos los que tienen que ganarse el pan con el trabajo de sus manos, y, después de merecer el calificativo de justo (2Pe 3,13; cf. Is 65,17; Ap 2,1), ha quedado como ejemplo viviente de la justicia cristiana, que debe regular la vida social de los hombres.

88.- Nos, levantando la mirada, vigorizada por la virtud de la fe, creemos ya ver los nuevos cielos y la nueva tierra de que habla nuestro primer antecesor, San Pedro. Y mientras las promesas de los falsos profetas de un paraíso terrestre se disipan entre crímenes sangrientos y dolorosos, resuena desde el cielo con alegría profunda la gran profecía apocalíptica del Redentor del mundo: He aquí que hago nuevas todas las cosas (Ap 21,5).

No nos queda otra cosa, venerables hermanos, que elevar nuestras manos paternas y hacer descender sobre vosotros, sobre vuestro clero y pueblo, sobre la gran familia católica, la bendición apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, m la fiesta de San José, Patrono de la Iglesia universal, el día 19 de marzo de 1937, año decimosexto de nuestro pontificado.

PÍO PP XI

FUENTES:

Vatican news.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.


✠  Estudios y Análisis Históricos. 

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos.

 

✠  “ALFONSO VIII DE CASTILLA Y LA INCORPORACIÓN DE NAVARRA”.

 

El rey de Castilla Alfonso VIII, con independencia de su activa participación en la batalla de las Navas de Tolosa, tuvo especial importancia en la conformación de los reinos hispanos. En el siglo XII España estaba dividida en varios reinos. En la parte norte estaban los reinos cristianos, y en la mitad sur mandaban los musulmanes, en aquel momento los almohades del califa de Marraquech, en el norte de África. En el norte de la península, además del reino de Portugal, estaba el reino de León con su posesión de Galicia y de Asturias. También el reino de Aragón con su dominio sobre su condado de Cataluña. Entre ellos estaba el reino de Navarra, que comprendía las provincias de la actual Navarra y las provincias vascas. En algún momento también comprendía parte de Aquitania, la que llamamos Iparralde o País Vasco francés.

 

Alfonso VIII nació en Soria el año 1155. Era hijo del rey de Castilla Sancho III y de Blanca Garcés de Pamplona. Su padre murió en agosto de 1158 y, al haber fallecido su madre en 1156, Alfonso se quedó huérfano con tres años. Tuvo varios ayos y educadores que le iniciaron en los principios morales, religiosos y militares de aquellos tiempos.

✠ IMAGEN I.- “Alfonso VIII  de Castilla en la batalla de las Navas de Tolosa”.





Con 14 años fue coronado rey de Castilla, para contraer matrimonio en 1179 con Leonor de Plantagenet de 10 años, hija del rey de Inglaterra y de la reina de Aquitania. De dicho matrimonio nacieron diez descendientes, de los cuales se tiene constancias documental, aunque, posiblemente, hubiese más hijos, entre ellos el sucesor, Enrique I de Castilla, nacido en abril de 1204. 

✠ IMAGEN II.- “Leonor de Plantagenet”.





Subió al trono Alfonso y se ocupó en recuperar los dominios que habían usurpado sus educadores de la casa de Castro y de la casa de Lara. Pronto entró en guerra contra los musulmanes. Perdió algunos castillos y tierras tras la batalla de Alarcos, recuperando los territorios de la meseta en la batalla de las Navas de Tolosa. Entró en varias operaciones en Andalucía y también en el Mediterráneo. Para contar con sus conquistas obtenía normalmente del apoyo de la Santa Sede. Así como los musulmanes proclamaban la yihad o guerra santa, Roma también proclamaba la Cruzada y otorgaba indulgencia plenaria a los contendientes cristianos.

Igualmente, Alfonso VIII atacaba al reino de Navarra. Pretendía atravesar dicho reino para conectar con la Aquitania francesa a la que aspiraba su esposa Leonor. Todos los años por primavera mandaba una expedición contra el sur de Guipúzcoa. Pasada la sierra de Aizkorri llegaba los expedicionarios cerca del pueblo de Segura. Allí, en un alto del monte se domina el rio Oria y el camino de entrada a dicho pueblo. Había una torre de piedra que vigilaba la entrada en Segura. En cuanto llegaban los castellanos, desde la torre avisaban con la txalaparta y el cuerno para que subieran a la torre los ballesteros bien armados. Desde lo alto recibían a los expedicionarios y les solían hacer abandonar sus pretensiones. Si algunos conseguían pasar adelante enseguida se encontraban con la torre pétrea de Cerain. Allí también se vigilaba la entrada al pueblo y se terminaba de convencer a los castellanos para volver a sus tierras. En otra ocasión los castellanos entraron por el valle del Urola y llegaron casi hasta el mar. En el alto de Garate les esperaban los de Guetaria detrás de una gran torre de piedra para impedirles el paso al puerto pesquero.

Pero llegó el año 1200 y Alfonso VIII de Castilla, al que apodaban “el Noble”, decidió atacar a Navarra como hacia siempre. Esta vez enviaría un gran ejército y con él mismo al frente. Entró en el País vasco y sitió a Vitoria. Entonces llegó la noticia de que el rey de Navarra para defenderse de Castilla había viajado a África para obtener ayuda militar y personal de los Musulmanes. Alfonso VIII decidió abandonar el asedio de Vitoria y reunió a doce caballeros del mismo número que los doce apóstoles y se puso a dar un paseo por Guipúzcoa con todos sus miembros a caballo. Al cabo de un tiempo se acercaron los vascos y guipuzcoanos para dialogar. Naturalmente se daban cuenta que detrás de Alfonso el noble y de sus acompañantes estaba todo el reinado de Castilla.

En el país vasco se vivían tiempos de tensión y de enfrentamiento entre los Parientes mayores, oñacinos y gamboinos. Las crónicas de la época relataban cómo en Álava un señor de una localidad había sufrido el ataque de los guipuzcoanos. Le mataron y le tomaron su braguero y lo llevaron a vender en la feria de Vitoria. Pero el hijo pequeño del asesinado se fue con su aña a Navarra. Allí estuvo hasta que fue mayor y entonces formó una expedición para vengar a su padre en Álava.  Allí pasó a cuchillo al jefe de los oñacinos y luego le cortó la cabeza y la mandó a vender. Mientras tanto,  los nobles se hallaban en desacuerdo con la decisión del rey de Navarra de ir a pedir ayuda a los musulmanes.

Así, se encontraron los asediantes y los asediados y pactaron oralmente un acuerdo por el que los guipuzcoanos y alaveses   se incorporarían a Castilla, siempre que Castilla les respetase sus fueros y sus costumbres. Con tal acuerdo, Alfonso el noble se volvió a Burgos con el pensamiento de haber triunfado y de haber realizado una buena misión.

Este pacto verbal fue cumplido durante muchos años. Incluso un par de veces las Juntas Generales de Guipúzcoa declararon la guerra a Inglaterra y el rey castellano confirmó la resolución de la Junta. Luego vino el Imperio de Carlos I y de Felipe II, creándose un Consejo de Navarra que actuaba de consejero del Emperador.  Más tarde las doctrinas liberales de la Revolución francesa proclamaban la igualdad de todos los ciudadanos y territorios del Estado. Y los fueros vascos se fueron arrinconando hasta el momento actual de la Constitución de 1978 y del Estado de las Autonomías. 

FUENTES:

Alfonso Mujica Brunet.

España en la historia.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos.

✠  “LA BIBLIA DE OÑA (943), DE FLORENCIO DE VALERÁNICA”.


La Biblia de Oña fue compuesta por orden del abad Silvano en el scriptorium de San Pedro de Valeránica (Tordómar, Burgos) finalizándose el 10 de junio del 943, siendo Ramiro II rey de León y Fernán González conde de Castilla. Su autor fue el insigne Florencio de Valeránica.

✠ IMAGEN I.- “Folios. I v y II r de la Biblia de Oña”.




 

Aunque fue una Biblia completa, desgraciadamente hoy en día solo se conservan 13 folios de esta obra. Once folios y un fragmento del duodécimo se conservan en el Noviciado “Maestro Ávila” de la Hermandad de Operarios Diocesanos de Salamanca y contienen Luc. 22, v. 67b-24, v. 53, prólogos y elementos extrabíblicos del IVº Evangelio, Evangelio de San Juan, prólogo de S. Peregrino a las Epístolas de San Pablo incompleto y fragmentos de los cánones de Prisciliano; otro folio suelto se conserva en el monasterio de Santo Domingo de Silos y contiene Luc. 19, v 22-21, v. 15.

✠ IMAGEN II.- “Folio conservado en Silos de la Biblia de Oña (S. Lucas, cap. XIX v. 22-cap. XX v. 17)”. 





Referencias antiguas a la Biblia de Oña.

Se tenía conocimientos de la existencia de dos Biblias antiguas en Oña pues el códice del Escorial R. 11-7 del siglo XII o del XIII procedente del archivo de Oña, en los fols. 113, 146 v. y 147 r., trae una lista de códices y libros del archivo de dicho monasterio y en primer lugar menciona «Dos Bibliotecas», es decir, dos Biblias.

Se le llama Biblia de Oña porque allí se encontraba cuando fue mencionada en el siglo XVI por el cronista Ambrosio de Morales, quien transcribió su colofón, hoy perdido:

"No habiendo cosa notable que se pueda contar por estos años, solo puedo ir continuándolos por las memmorias que dellos se hallan. Como dixe atrás, que habiendo sido fundado el Monesterio de Oña algunos años adelante destos, tiene escrituras mucho mas antiguas; así también tiene libros escritos de hartos años ántes de su fundación como es una Biblia de muy grande pargamino y letra Gótica, que se acabó de escrebir á los diez días de Junio año novecientos y quarenta y tres. Así lo dexó por memoria al cabo del libro el que lo escribió, y prosigue: teniendo la sublime cumbre del Reyno de Oviedo y de León el glorioso y Serenísimo Príncipe Don Ramiro , y siendo su Cónsul el insigne Conde Fernán González, que tenia el Condado de Castilla. Que estas son las palabras del escritor trasladadas fielmente del latín sin nombrarse él, ni nombrar el lugar donde, ni para quien escribió , como en los otros libros destos tiempos comunmente se halla".

(Coronica General de España que continuaba Ambrosio de Morales coronista del rey nuestro señor don Felipe II. Tomo VIII, Libro XVI, Córdoba, 1586, (Edición Madrid, 1791), pág. 226-227). 

Gregorio de Argaiz, monje y archivero de Oña, también menciona esta biblia y aporta más datos como quién fue su autor y algunos fragmentos del comienzo de la Biblia. Hablando sobre el supuesto obispo Jimeno de Osma (realmente un arcipreste), nos detalla que: 


"Pruébase también en el Monacato y Obispado y que residía en San Pedro de Arlanza, porque en la librería de Oña está una Biblia de pergamino, escrita de mano de Florencio, Monje, de quién hablaré luego, y en unos versos acrósticos, que puso en ella, da a entender que él vivía en San pedro, que era Abad Silvano, a quien le dedica la obra de la Biblia, y que allí estava el Obispo D. Ximeno, a quien llama Archisacerdote, y son estos":


Silvano Abbati Sanctissimo
Florentio memorare Scriptor
In honorem Sanctissimi Petri
Vit a Monachorum ibidem fruens
Eximinonis Archisacerdotis


"Acabóse la Biblia en la era de novecientos noventa y uno , que es el año de Christo novecientos cincuenta y tres, bien señalado, porque en él entró Abderraghmen, Rey de Córdoba, contra Castilla, llegó a San Esteban de Gormaz, y habiendo talado la tierra hasta Burgos, le salió el Conde Fernán González al encuentro" […]

(La soledad laureada por San Benito y sus hijos de las iglesias de España y Teatro monástico de la provincia cartaginense, Madrid, 1675, f. 289r-290r).


Poco más adelante se refiere al propio Florencio y a su obra mencionando de nuevo esta Biblia:

Escribió también toda la Biblia en pergamino de letra muy menuda, imaginando las principales Historias del testamento viejo: y aunque con pinturas diferentes del pincel de ahora; pero estimadas de los curiosos de entonces, que se preciaban de Apeles, y Timantes: pues el pincel era la punta de la espada. Dejó en los folios unos versos Acrósticos, que son los cinco que he puesto. En cinco órdenes dice lo que quiere, y por ser bárbaros no pondré más de la explicación. Habla, pues, con la Virgen y con su Hijo. Del dicho Convento de Valeria, confiesa, que en él había muchos monjes ocupados en la elección de los libros sagrados. Da a entender que el Abad Silvano, le había mandado escribir para ellos aquella Biblia, y por orden del Obispo Don Ximeno, que vivía en el monasterio de Valeria, y dice le a la Virgen lo siguiente:

“Virgen Santa y flor que engendraste al Señor, que está en lugar de Valeriana, donde hay Monjes ocupados en leer continuamente la Sagrada Escritura juntamente con su Abad, que los está alimentando con el manjar verdadero de la palabra Divina, Estudiad (ó Religiosos) con atención de vuestros ánimos la obra tan bien ordenada de esta Biblia escrita tan hermosamente. El nombre de el que me la mandó copiar está en las primeras letras y versos de la primera columna. El Escritor en las primeras de la segunda. Uno de los Santos, a quien está dedicada la Iglesia, en las primeras de la tercera. El nombre, Dignidad, Episcopal y profesión Monástica, en las primeras y postreras de la cuarta. Coged buenos y olorosos frutos. Así comenzó Moisés los escritos del principio del Mundo. Así los Prophetas lo cantan en sus misteriosos versos, y profundos, también los Evangelistas y Apóstoles en estilo semejantes parecieron en las gentes los misterios de la Fe, dando a los Españoles olorosa y fragante doctrina, como Pedro a todos los Gentiles, Iacobo a Iudea. Luego con el mesmo estilo Iuan, Iacobo, Thomas, Bartholome, Andres, Matheo, Philipo, Simon Zelotes. De esta suerte pues lo ha escrito Florencio en la era novecientos noventa y uno, estando debajo de la obediencia del Abad Silvano, y por mandado suyo, Prelado bien aventurado.”

(La soledad laureada por San Benito y sus hijos de las iglesias de España y Teatro monástico de la provincia cartaginense, Madrid, 1675, f. 289r-290r). 

Vemos sin embargo una incoherencia con la fecha. Ambrosio de Morales daba el 10 de junio del 943 pero Argaiz la data en el 953. Existe otra mención posterior a la Biblia por parte de Fray Íñigo de Barreda, quien fue monje en Oña a fines del siglo XVIII recogida por Constancio Gutiérrez en su artículo ¿Cuándo se escribió la llamada “Biblia de Oña”? por la cual se puede asegurar que el año real fue el 943.


Contenido de la Biblia de Oña.

Compuesta por un pergamino de gran calidad, está escrita con letra visigótica, en tinta negra en su mayoría con algunos segmentos en tinta roja. El texto sigue la edición del obispo Peregrino, del siglo V, y tiene conexiones con un ejemplar iluminado en Lyon por encargo del diácono hispano Floro. El trabajo de Florencio se presenta así como una traslación literal del texto lionés al que se le añaden elementos originales hispanos.

Apenas conserva miniaturas, salvo el Incipit del Evangelio de San Juan, donde se combinan hasta seis colores: negro, amarillo, verde, encarnad, azul y oro. También hay algunas letras iniciales decoradas. Según las noticias anteriores, las partes más iluminadas serían las correspondientes al Antiguo Testamento, hoy perdidas.

Está muy relacionada con la Biblia del 960 conservada en San Isidoro de León.

✠ IMAGEN III.- “Incipit Folio III r Biblia de Oña 943”.






El redescubrimiento de la Biblia de Oña.

La historia de cómo ha llegado hasta nuestros días esta obra es peculiar. Y es que no fue hasta los años 40 del siglo XX cuando se identificó. Resulta que Teófilo Ayuso Marazuela, organizador de una exposición bíblica en Zaragoza en 1940 examinó unas páginas de pergamino que habían sido cedidas e identificó la misma como de estilo visigótico.

Ante su importancia decidió investigar su procedencia. Resulta que la biblia había pertenecido a Vicente Pereda, sacerdote de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos quien lo había conseguido en la localidad de Pereda, cerca de Espinosa de los Monteros, donde el cura local, Bonifacio Cárcamo, le había encuadernado un libro con uno de los folios de pergamino. El cura regaló a Vicente el resto de las páginas que conservaba. El cura también le dijo que se lo había regalado el escribano del pueblo, fallecido en torno a 1880. El resto de la obra parece ser que ¡había sido quemado para asar chorizos!.

Teófilo Ayuso Marazuela investigó los fragmentos y llegó a la conclusión de que era una de las obras hasta entonces desparecidas de Florencio de Valeránica, tal y como defendió en su ora La Biblia de Oña : notable fragmento casi desconocido de un códice visigótico homogéneo de la Biblia de San Isidoro de León, Zaragoza: C.S.I.C., 1945. En dicha obra también se puede ver una reproducción facsímil de la obra.

Por esas mismas fechas A. Andrés publicó el hallazgo de otro folio en Santo Domingo de Silos (Fragmento de la Biblia visigoda del siglo X, 1941) que había sido donado al monasterio por M. Gómez Moreno en 1940.

FUENTES:

Javier Iglesia Aparicio.

Condado de Castilla. 

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos.

 

✠  “La Batalla Naval en la que Francia fue humillada tras robar una reliquia templaria gallega”.

La historia de una batalla naval en aguas gallegas donde se recuperaron tesoros saqueados en la Costa de la Muerte.

En la Europa medieval se creía firmemente que el contacto con los restos de los santos tenía propiedades sanadoras y espirituales. De ahí que se desarrollara un intenso tráfico de reliquias en el que no faltaron los casos de fraude, llegando a extremos disparatados en algunas ocasiones. Entre aquellos que veneraban las reliquias, con auténtica fe cristiana, se encontraba una de las Órdenes militares católicas más poderosas de todos los tiempos: La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Salomón, los Templarios. Y entre todas las reliquias que poseyeron a lo largo de sus casi 200 años de vida se encontraba una extraordinaria pieza que trajeron a Galicia, donde le erigieron un santuario, y que siglos más tarde una flota francesa profanó. Esta es la historia la Batalla Naval de Muros, la primera batalla naval moderna del Atlántico, y en donde Francia fue humillada tras robar el brazo de plata de San Guillermo de Finisterre.

IMAGEN I.- Varias reliquias de la Pasión de Cristo. 





Guillermo I de Tolosa (Toulouse/Francia), nacía en el año 750 y poco se sabe de su infancia o de su lugar de nacimiento en algún lugar del territorio francés. Su nombre vuelve a aparecer en la historia como Conde de la ciudad de Toulouse cuando, en el año 793, los sarracenos invaden Francia.

✠ IMAGEN II.- “Guillermo I de Toulouse”.





Guillermo reunió un fabuloso ejército con el que consiguió derrotar a los árabes y expulsarlos. Además, en el año 801 colaboró en la reconquista de Barcelona. Durante estos años de luchas, ni reyes, ni príncipes, ni nobles, ni caballeros apoyaban a Guillermo, ya que creían que los cristianos nada tenían que hacer frente a los árabes.

Regresó a su patria para reconstruir su tierra tras la destrucción que la guerra había dejado tras de sí. El Emperador Carlomagno le recompensó con el título de Duque de Aquitania y quiso darle otros terrenos por su heroica lucha, pero él se negó: "No quiero honores, ya que nada más cumplí con mi deber. Como los árabes han sido definitivamente rechazados de nuestras tierras, quiero ponerme ahora la armadura de Dios". Guillermo fundó una abadía en el año 804, San Salvador de Gellone, y allí se retiró con otros monjes en el año 806. Durante su retiro plantó viñas, fundó una extraordinaria biblioteca y enriqueció su iglesia con multitud de reliquias como un trozo de la cruz de Jesucristo, hasta que el 28 de mayo de 812 fallecía.
✠ IMAGEN III.- “Abadía de San Salvador de Gellone”.






Guillermo fue canonizado por el Papa Alejandro II y su festividad es muy celebrada en Francia y Alemania. Sus proezas le convirtieron en uno de los héroes de la épica francesa, y su ejemplo consiguió que, en la época de las Cruzadas, muchos nobles europeos dejaran su familia y su patria para luchar y morir en Tierra Santa.

✠ IMAGEN IV.- “La caída de Acre, evento que marcó el fin de las Cruzadas”.





Los Templarios, aquella legendaria Orden de monjes guerreros, estaban habituados a reunir reliquias de santos por su “poder” divino y su inquebrantable fe. Por ese motivo en el año 1151, el abad de San Salvador de Gellone, donde Guillermo estaba enterrado, hizo entrega a la Orden del Temple de un extraordinario y poderoso regalo: Un relicario de plata con uno de los brazos de San Guillermo

No se sabe exactamente por qué, pero los Templarios trajeron a Galicia esa magnífica reliquia entre los años 1154 y 1199 y levantaron en el fin del mundo conocido, “Finisterre”, un santuario en su honor, que se convirtió en el destino de una legendaria peregrinación que hacían sus miembros. Tanto la capilla como la peregrinación fue registrada en varios textos foráneos en los que se hablaba tanto de Finisterre como de su santo.

Pero a partir de 1543, 231 años después de la disolución de la Orden del Temple, el brazo guarnecido en plata fue robado, y la capilla fue abandonada y olvidada. Pero los culpables de aquella situación recibieron su castigo.

España e Inglaterra estaban en guerra contra Francia, y ese mismo año el rey francés, Francisco I, encargó al Vicealmirante De Burye armar una flota para atacar a los españoles.

Para evitarlo, el Emperador Carlos I envió al Cantábrico al Capitán General de las galeras de España, Alvaro de Bazán “el Viejo”, para disponer de una escuadra e impedir el ataque francés. Álvaro designó Laredo como base principal y formó una flota de 40 naves de las que 24 tuvieron que zarpar para escoltar a varios convoyes de tropas.

✠ IMAGEN V.- “Álvaro de Bazán “el Viejo”.






✠ IMAGEN VI.- “Carlos I de España y V de Alemania.






La flota francesa, formada por 30 buques y al mando de Jean de Clamorgan, el mejor marino francés de su época, y con el pirata argelino Hallebarde como segundo al mando, pasaba por aguas de Laredo el 10 de julio de 1543 sin percatarse de la presencia de la escuadra española. Bazán no podía intervenir porque aún no había recibido los refuerzos que había solicitado tras quedarse sin parte de sus navíos, así que los dejó pasar.

Pocos días después varios emisarios le hicieron llegar las noticias del saqueo de las villas gallegas de Laxe, Corcubión y Finisterre. En la costa gallega no había tropas para hacerles frente porque el Gobernador había decidido internarse en Santiago de Compostela en previsión de que los franceses intentaran hacerse con el tesoro de la Catedral.

Los refuerzos llegarían a Laredo con el último mensaje recibido, el 18 de julio. Alvaro de Bazán partía inmediatamente a toda velocidad. Mientras se abrían paso a través de la costa gallega iban reconociendo los posibles lugares en los que se podría haber escondido la escuadra enemiga, hasta que una lancha a remo procedente de Noia se acercó al buque insignia de la flota para informarles de que los franceses estaban en la Ría de Muros, dispuestos a atacar la villa.

✠ IMAGEN VII.- “Ría de Muros y Noia”.






Era el 25 de julio, Día del Apóstol, y Álvaro arengó a los suyos con una célebre frase: “¡Señores, España no puede perder una batalla en tan señalado día! ¡Sin refuerzos y en inferioridad numérica nos batiremos y ganaremos!”.

Jean de Clamorgan negociaba con los vecinos de Muros un rescate bajo amenaza de saquear la localidad como ya había hecho con Finisterre o Laxe. Pedía 12.000 ducados, mostrando un comportamiento más propio de un pirata que de un soldado. Pero, en medio de las negociaciones, 16 barcos españoles irrumpían en la ría a toda vela. Los pilotos eran de la zona y por tanto no tuvieron problemas en enfilar rumbos precisos y veloces contra los incrédulos franceses.

La flota enemiga estaba fondeada y ante la sorpresa de ver aparecer a toda velocidad a los españoles trataron de cortar los cabos de sus anclas para poder plantar batalla. Pero no lo consiguieron.

Bazán se les echó encima a todo trapo, directo a por la nave insignia francesa, que embistió por el centro mandándola a pique inmediatamente, tras lo cual abordó la nave del corsario Hallebarde, capturándola.

✠ IMAGEN VIII.- “El buque insignia francés, la “Capitana de La Saane”.





La conocida como Batalla de Muros duró dos horas. Los españoles no perdieron ni un solo barco, aunque sí a 300 soldados. Provocaron 3.000 bajas francesas y capturaron 23 buques, más el que enviaron a pique, y otro que logró escapar. Los buques capturados fueron llevados al puerto de La Coruña, donde se desembarcó un botín de 200.000 ducados que se clasificó y devolvió a sus legítimos propietarios.

Álvaro de Bazán lamentó que, con el hundimiento del buque insignia francés, se hubiera ido al fondo del mar la mayor parte del botín saqueado en Laxe, Corcubión y Finisterre. El brazo de plata de San Guillermo estaba entre ese botín, por lo que no podría ganarse ya el favor del santo devolviéndolo a su santuario. Así que decidió agradecer a Santiago la ayuda por la victoria. Para ello acudió a la Catedral, donde fue recibido como un héroe, con su parte del botín capturado para ser entregado como donativo.

El 19 de enero de 1901, una comisión de vecinos de Finisterre se dirigió al Prelado de la Diócesis con la petición de restaurar la antigua capilla de San Guillermo, pero su solicitud fue denegada. Hay que recordar que la Orden del Temple que durante tanto tiempo custodió la reliquia,  fue disuelta por el Papa, y que la capilla parece que fue erigida sobre un sepulcro pagano del Siglo VII. Todos estas “razones” quizá podrían explicar la negativa de la iglesia a reconstruirla.

✠ IMAGEN IX.- “Restos de la ermita de San Guillermo”.






Jean de Clamorgan, el mejor marino francés de su tiempo, se retiró para siempre a sus posesiones, donde escribió un libro sobre la caza del lobo. Su buque insignia sigue en el fondo del mar con el brazo de San Guillermo en su interior, dentro de su relicario de plata, y se desconoce su posición y su estado. 

La Batalla de Muros pasó a la historia como la primera batalla naval moderna del Atlántico y en ella participó un joven marino que aún no había cumplido los 18 años y que pronto sería conocido como el mejor Almirante de la Armada Española de todos los tiempos, el Márques de Santa Cruz, el legendario Álvaro de Bazán y Guzmán, el que nunca fue derrotado. 

✠ IMAGEN X.- “La batalla naval de Muros”.




FUENTES:

IVÁN FERNÁNDEZ AMIL. 

El Español/Historia.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos.

 

✠  “TEMPLARIOS ESPAÑOLES MÁS CONOCIDOS: UN BREVE RECORRIDO POR LA ORDEN EN LA PENÍNSULA".


Los templarios son la orden religiosa y militar más estudiada a lo largo de la historia, fascinando tanto a novelistas como historiadores. Hablar de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Salomón, conocida como la Orden del Temple, es hablar de una de las órdenes militares cristianas más poderosas de la Edad Media. 

Fue fundada en 1118 para proteger a los fieles y rescatar Jerusalén de la ocupación turca. Aunque la mayoría de ellos tuvieron un trágico final, con hoguera incluida, los templarios españoles apenas sufrieron castigo gracias a que contaban con la protección de monarquías locales. El refugio que tenían en la península era la corona de Aragón, y también el norte de España, donde tuvieron siempre una situación privilegiada.

Alrededor de los estos caballeros existe un gran halo de esoterismo, leyendas y enigmas. En España la Orden del Temple tuvo una gran importancia. Su legado aún sigue vivo en castillos, iglesias, monumentos y en numerosas novelas donde se cuentan sus hazañas gracias a los templarios españoles más populares.

Ramón Berenguer III, el primer templario español.





En 1127 los templarios llegaron a Aragón, manteniendo desde entonces una estrecha relación con el conde Ramón Bereguer III, casado con una de las hijas del Cid Campeador. Este colaboró con numerosas donaciones y privilegios para la Orden y accedió a ella en 1130.

El Conde de Barcelona, cerca de morir, decidió ingresar a los templarios por dos motivos principales. En primer lugar, para limpiar sus pecados y ser acogido por Dios. El segundo motivo fue que así los templarios se asentasen en la Península y expulsaran a los musulmanes. Así se convirtió en el primer templario español.

En su testamento, cedió el castillo de Grañena de Cevera a los templarios. Esta acción lo convirtió en un personaje de gran importancia histórica por su ayuda a la Orden, colaborando así en su asentamiento en España.


Guillem de Montredon, Maestre provincial de la orden en el Castillo de Monzón.

Baluarte frontal del Castillo de Monzón. | Shutterstock. 





Guillem de Montredon fue uno de los templarios más importantes en la península. Ingresó en la Orden del Temple en 1203. Años más tarde, fue nombrado Comendador de Gardeny, uno de las Encomiendas templarias de la Corona de Aragón. Después fue nombrado Comendador de Masdeu en la corte del rey Pedro II, acompañándole en sus campañas militares.

Cuando falleció el rey fue nombrado Maestre provincial de Aragón, Cataluña y Provenza en 1213, adquiriendo entonces un papel esencial. El infante Jaime estaba retenido por Simón IV de Montfort, consiguiendo su liberación tras negociar en Roma con el papa Inocencio III, quién lo liberó y lo entregó a la Orden.

Desde entonces, el templario Guillem de Montredon fue el protector y educador de Jaime I y de su primo hermano Ramón Berenguer V en el Castillo de Monzón. Permaneció siempre al lado de Jaime, siendo su fiel consejero hasta su fallecimiento en Barcelona.


Arnaldo de Torroja, templario aragonés de gran importancia.

Vista de Tortosa desde el Castillo de Suda | Shutterstock.






Arnaldo de Torroja, conocido como Arnau de Torroja fue un caballero catalán, procedente de una noble familia de Solsona. Ingresó a la Orden en 1180 y fue el noveno Maestre. Perteneció a la corte de Ramón Berenguer IV y participó en la conquista a los árabes de Lleida y Tortosa.

Debido a esto accedió a la Orden del Temple, elegido para suceder a Eudes de Saint-Amand como Maestre en la provincia de Aragón y Provenza. Viajó a la Tierra Santa en tres ocasiones para diferentes campañas militares y negoció una tregua con Saladino, uno de los grandes gobernadores en el mundo islámico.

En 1184, era la máxima autoridad de la Orden. Viajó entonces a Verona para reunirse con el papa Lucio para conseguir apoyo en los estados Latinos debido al creciente poder militar de Saladino. Sin embargo, durante el viaje cayó enfermo y falleció, en Verona, en 1184. No hace mucho tiempo que fue descubierta su tumba.


Gilbert Hérail, uno de los templarios más jóvenes.

Alfambra | Shutterstock. 





El templario Gilbert Hérail nació en Aragón, descendiente de una familia militar noble. Ingresó muy joven, siendo nombrado Comendador. Años más tarde, en 1193, fue elegido Maestre de la Orden, siendo así el duodécimo.

Estuvo envuelto en una gran disputa con el papa Inocencio III. El papa confirma los privilegios otorgados al Temple, pero Gilbert decide mantener la paz entre musulmanes y cristianos. Debido a esto, las tensiones entre los Templarios y Hospitalarios se incrementan, aprovechando estos últimos para recuperar castillos y algunas tierras.

Además, durante su mandato la Orden participó en la Reconquista de la península. Como consecuencia de esto, el rey Alfonso II de Aragón, agradeciendo a los templarios los servicios prestados, donó la fortaleza de Alfambra. En 1200 Gilberte fallece, justo al comienzo de la Cuarta Cruzada.


Pedro de Montaigú, Maestre en la Tercera Cruzada.

Castillo Templario de Miravet.






Pedro de Montaigú nació en Aragón e ingresó a la Orden en 1218, cuando llegó a Acre durante la Tercera Cruzada. Fue el decimoquinto Maestre de los templarios. Además, perteneció a la Cruzada de las Navas de Tolosa y fue Maestre provincial de Provenza, Aragón y los Condados catalanes.

Junto con el rey Juan de Brienne, regente de Jerusalén, conquistó Damieta, ingresando así a la Orden. Fue templario hasta su muerte en 1232, teniendo una gran importancia debido a su habilidad para el combate.


Berenguer de Cardona, penúltimo maestre provincial de Aragón.

El templario Berenguer de Cardona fue el penúltimo Maestre provincial de la Corona de Aragón, gestionó todas las posesiones de la Orden en esta zona de la península hasta que el Papa Clemente V la suprimió debido a las presiones del rey francés Felipe IV.

Castillo de Caravaca, defendido por Berenguer de Cardona | Shutterstock. 





Participó en las conquistas a los musulmanes en Murcia y supervisó la defensa de los castillos de Caravaca y Cehegín. En 1294 fue nombrado alcaide de los cristinanos en Túnez, pero renunció en nombre de los templarios a todos los derechos. A cambio, pidió los derechos en Peñíscola, Ares y Cuevas de Vinromá. Viajó en varias ocasiones a Chipre, pues era un punto estratégico para la Orden para conquistar Jerusalén. Falleció aquí, en 1307.

Ese año, el rey de Francia acusó a los templarios de herejía, llevándolos a la hoguera y acabando con ellos. Sin embargo, en España el final de la Orden fue muy distinto. Aunque, a pesar de no creer las denuncias, acataron las órdenes por obediencia a Roma. Confiscaron los bienes templarios, pero no los quemaron en la hoguera, Siguieron actuando con ellos para ganar la lucha contra los musulmanes en la península, pero sin usar el nombre de la Orden del Temple. La gran mayoría de caballeros templarios se unieron a otras órdenes existentes, (Hospital, Calatrava, Santiago, Montesa...).

FUENTES:

España fascinante.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval. 

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✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos.

 

Tal día como hoy, 27 de Enero de nuestro Señor, pero del año…

 

✠  “1336 Pedro IV es proclamado rey de Aragón tras la muerte de su padre Alfonso IV."


✠ IMAGEN I.- “Pedro IV de Aragón”.





Pedro IV de Aragón. El Ceremonioso, el del puñalet. Balaguer (Lérida), 5.IX.1319 – Barcelona, 5.I.1387. Rey de Aragón (1336-1387), rey de Valencia (Pedro II), conde de Barcelona (Pedro III).

Hijo segundo de los condes de Urgell, el infante Alfonso (después Alfonso IV el Benigno) y Teresa de Entenza; ésta heredó por vía femenina el importante condado de Urgell y el vizcondado de Áger. Nada hacía prever que aquel niño sietemesino y enfermizo, nacido el 5 de septiembre de 1319, pudiese algún día ser Rey. Pero la renuncia de su tío, Jaime, primogénito de Jaime II, el 22 de diciembre de aquel mismo año, convirtió a su padre, el conde de Urgell, en heredero al Trono. Después, la muerte, al cabo de un año de nacer, de su hermano primogénito, el infante Alfonso, convirtió a Pedro en el heredero de la Corona, y como tal jurado como sucesor de su padre.

La muerte de su madre en 1327 y el nuevo casamiento de su padre dos años después con Leonor de Castilla, la infanta castellana que había rechazado su hermano diez años antes, cambiaron totalmente la vida del heredero al Trono. En pocos años Leonor consiguió un importantísimo y estratégico patrimonio para sus dos hijos habidos con el Rey, logrando que el mayor, el infante Fernando, fuese nombrado marqués de Tortosa, convirtiéndose en el señor más importante de todos los reinos. Esta política de su madrastra y la debilidad de carácter demostrada por su padre hicieron que Pedro tuviera odio hacia Leonor de Castilla; especialmente cuando fracasó el intento de suprimirle junto con su hermano el conde de Urgell. Los dos infantes se hubieron de refugiar en Zaragoza, en donde fueron protegidos por diversos nobles aragoneses, entre los que destacan el arzobispo Pedro López de Luna y Jiménez de Urrea, creciendo y siendo educado entre aragoneses, mientras su madrastra estaba generalmente en Valencia o Barcelona.

✠ IMAGEN II.- “Leonor de Castilla”.




Pero, temerosos de las intrigas de la Reina, el grupo de fieles de los dos infantes, entre los que destacaba Ot (Odón) de Montcada, su padrino, y Vidal de Vilanova, comendador de Montalbán, los llevaron al alto Aragón en las montañas de Jaca, en espera de que menguara la enemistad de la Reina. Esta enemistad, que en ocasiones llegó a ser odio, produjo en el joven heredero de la Corona una hostilidad a todo lo que venía de Castilla. Por eso, tomando como excusa los tratos iniciados para contraer matrimonio con la hija del rey de Navarra, Felipe III Evreux, quiso mostrarse beligerante en la guerra que este monarca sostenía con Castilla, enviando quinientos hombres a caballo, mandados por Miguel de Gurrea, en ayuda de los navarros contra los invasores castellanos, pero fueron fácilmente derrotados y hechos prisioneros. Era el preludio de las largas guerras que tendría después, siendo ya rey, con Castilla.

✠ IMAGEN III.- “Felipe III Evreux”.




Esta humillación influyó en su intento de detener a la Reina, que regresaba a Castilla con sus dos hijos, cuando su padre ya estaba muy enfermo. Definitivamente había ganado la partida a su madrastra, que huía por miedo a su vengativo hijastro. La muerte de Alfonso IV el Benigno, abandonado por su esposa, en Barcelona en enero de 1336, dejó a los distintos reinos en una difícil situación, ya que tres poderosos partidos se disputaban el poder: por un lado el de los fieles al príncipe heredero Pedro, por otro el de los fieles a la reina viuda Leonor de Castilla, de momento huida a su tierra natal, y un tercero en discordia era el liderado por dos hermanos del rey difunto, los infantes Ramón Berenguer y Pedro. Para el nuevo rey Pedro IV el Ceremonioso, que acababa de cumplir los diecisiete años, se iniciaba un duro período, que su instinto político y de supervivencia acabaría por resolver.

La coronación celebrada en Zaragoza el domingo de Pascua de Pentecostés de 1336 fue un acto solemne y esplendoroso, donde ya el joven rey demostró su amor por las ceremonias y los símbolos, como muestra de poder.

En 1338, Pedro el Ceremonioso llevó a cabo el proyecto matrimonial que preparaba desde hacía dos años. La escogida fue María de Navarra, hija del rey de Navarra y emparentada con el rey de Francia. María le dio cuatro hijos a su esposo, de los cuales únicamente sobrevivieron dos hijas: Constanza y Juana.

✠ IMAGEN IV.- “María de Navarra”.





La muerte al poco de nacer de una tercera hija, en 1345, indujo al Monarca a pretender cambiar el secular sistema de transmisión de la Corona a favor de su hija Constanza, al figurarse que ya no podría tener hijos varones. En su Crónica, Pedro el Ceremonioso justifica la decisión que le enfrentó a la nobleza aragonesa y valenciana, pero muy especialmente con su hermano Jaime de Urgell. Para Zurita, esta decisión real se debió a las diferencias familiares con este último, aunque de hecho los conflictos de interés nobiliario arrastrados desde el siglo precedente también habían alcanzado a la primera familia noble de la Corona de Aragón.

En abril de 1347, la Reina tuvo en Valencia un hijo varón, Pedro, que murió a las pocas horas de nacer.

La consternación fue grande en la Corte, y llegó al máximo cuando cinco días después murió la reina María de Navarra a consecuencia del parto.

La complicada situación política no permitió que el Rey permaneciera mucho tiempo viudo, y nada más ser sepultada la Reina, se iniciaron las negociaciones para encontrar una segunda esposa; la elegida fue Leonor, hija del rey Alfonso IV de Portugal, de diecinueve años.

Las bodas se celebraron en Barcelona en noviembre de 1347, en pleno enfrentamiento con los movimientos unionistas, y después de haberse visto obligado el Rey, pocos meses antes en Zaragoza, a ceder a todas las pretensiones de los nobles aragoneses, habiendo quedado prácticamente prisioneros de ellos, obligándole a revocar el nombramiento de heredera a favor de su hija Constanza. Gracias a la habilidad negociadora del vizconde Bernardo II de Cabrera, que había podido permanecer cerca del Soberano, se pudo romper el frente nobiliario y obtener algunas adhesiones para el Rey, que pudo huir de Aragón e instalarse en Barcelona.

En esta inestable situación, el Monarca, con su nueva esposa, sufrió amargas humillaciones en la primavera de 1348 en Valencia, quedando un tiempo a merced del pueblo, tal como cuenta en su propia Crónica. El estallido de la “peste negra” en Valencia y la propagación por los restantes territorios de la Corona ayudaron a solucionar los graves problemas internos.

Pocos meses después, el 21 de julio de 1348, el Rey venció al Ejército de la Unión en Épila, batalla que supuso el fin del fenómeno unionista y en la que resultaron muertos algunos de los principales del Reino. La victoria de Épila fue seguida de una dura represión en todo el Reino de Aragón, así como en el de Valencia, donde el alzamiento había tomado un importante carácter social. El Soberano victorioso entraba en Zaragoza el 7 de agosto, castigando a rebeldes y restituyendo lugares a sus antiguos señores.

Ante el pueblo zaragozano rasgó con un puñal el Privilegio de la Unión, por lo que fue llamado Pedro “el del Puñalet”. Poco después, camino de Jérica, la reina Leonor de Portugal, ya enferma, murió víctima de la peste, antes de llevar un año de casada y sin haber tenido descendencia. Su entierro no tuvo solemnes ceremonias; las únicas preocupaciones del Rey eran alejarse de las áreas infectadas por la peste y liquidar los restos de la rebelión nobiliaria valenciana, cosa que sucedió el 10 de diciembre del mismo año con la victoria de Mislata sobre los unionistas valencianos.

✠ IMAGEN V.- “Leonor de Portugal”.




El Rey revocó todos los privilegios concedidos a la Unión y castigó a los culpables de la rebelión, especialmente en Valencia, en donde la represión fue muy dura. En su misma Crónica, cuenta el Monarca que hizo fundir la campana que llamaba a consejo, e hizo beber el metal a los jefes más destacados.

En agosto de 1349, Pedro el Ceremonioso se casó por tercera vez, ahora con su prima segunda, Leonor de Sicilia, en Valencia. Hija de Pedro II de Sicilia y Leonor de Carintia, fue una mujer decidida, llamada por sus súbditos catalanes la “reina grossa” en comparación con sus dos predecesoras. Leonor de Sicilia fue una mujer de pasiones, vehemente, capaz de odios eternos y sangrientas venganzas, que coincidía plenamente en estos planteamientos con su esposo, al que substituyó brillantemente en numerosos actos oficiales, llegando a presidir Cortes y a tener su propia cancillería.

✠ IMAGEN VI.- “Leonor de Sicilia”.





Leonor dio al Rey tres hijos varones, dos de los cuales estuvieron destinados a ceñir la Corona de Aragón, y una hija, Leonor, que sería reina de Castilla como esposa de Juan I, y madre de futuros reyes de Castilla y Aragón. A los dieciséis meses de su matrimonio, el 27 de diciembre de 1350, nacía en el palacio de los reyes de Mallorca en Perpiñán, el primer hijo varón que sobreviviría al rey Pedro, el infante Juan. Un mes después su padre le creaba, como título y señorío, el ducado de Gerona, que desde entonces irá siempre adscrito al primogénito y heredero de la Corona de Aragón.

Pedro el Ceremonioso, con la creación del ducado de Gerona, rompió toda la base jurídica de las antiguas entidades nobiliarias catalanas. Hasta entonces el fundamento de los antiguos títulos nobiliarios del principado se basó en la división en condados y vizcondados de la Alta Edad Media. A partir de ahora, ya no fue la Monarquía carolingia la justificación emisora, sino el propio Rey que, actuando como Soberano de todo el conjunto, creó nuevas entidades con finalidad de dotar a miembros de la Familia Real o de reconocer personajes muy allegados.

Esta actuación iniciada por Pedro el Ceremonioso comportó la aceptación del Monarca como verdadero señor superior de Cataluña, incluso planteó con ella una cierta paradoja formal: es el rey de Aragón y conde de Barcelona, pero cuando actuaba como señor de toda Cataluña podía otorgar cualquier tipo de títulos superiores, por encima de la misma categoría condal, como eran los títulos de duque o marqués.

La reina Leonor de Sicilia murió en 1375, después de haber traído a este mundo la tan ansiada por su esposo descendencia masculina, a la vez que introdujo los refinamientos de la Corte palermitana.

Pedro el Ceremonioso heredó de su padre la guerra de Génova, que él cerró momentáneamente el mismo año en que empezó a reinar. En 1338, ante la noticia de que en el norte de África se preparaba un gran Ejército para pasar a la Península en socorro del sultanato de Granada, ayudó a Castilla ante el peligro común. Por el pacto de Madrid de 1339, una flota catalana fue enviada al estrecho bajo el mando de Jofre Gilabert de Cruïlles, quien, al morir en Algeciras, fue substituido por Pedro de Montcada. Esta flota patrulló el estrecho de 1342 a 1344 y supuso una importante ayuda para Alfonso XI de Castilla en la campaña de Algeciras. A pesar de la tregua de diez años solicitada por los granadinos, durante el sitio de Gibraltar en 1349, Pedro el Ceremonioso colaboró con el envío de algunas naves, hasta que desistió de dicho asedio el rey castellano-leonés.

Mientras esto sucedía en el Sur, Pedro el Ceremonioso fue acumulando agravios y pruebas contra su vasallo y cuñado, el rey Jaime III de Mallorca, con la intención de desposeerlo de dicho Reino. Tales agravios fueron: la incomparecencia del rey de Mallorca en la Corte de Barcelona de 1341, haber acuñado moneda barcelonesa en Perpiñán, la circulación por el Rosellón de moneda francesa. La presentación en 1343 de Jaime III en Barcelona ante su cuñado todavía complicó más las cosas, al acusar al rey Pedro de haber intentado secuestrarle. Jaime III, de regreso a Mallorca, sin su mujer y sus hijos, retenidos por el Ceremonioso, rompió el vasallaje. El mismo año, el rey de Mallorca fue declarado culpable en un proceso y desposeído de sus bienes y estados. En cumplimiento de dicha sentencia Mallorca fue invadida y las tropas de Jaime III derrotadas en Santa Ponsa, teniendo que huir al Rosellón. El archipiélago balear fue sometido rápidamente, mientras que dos campañas, separadas por una tregua, en 1343 y 1344, permitieron a Pedro el Ceremonioso dominar el Rosellón, la Cerdaña y el Conflent, a la vez que Jaime III se rendía en el mes de julio de 1344, poniendo como únicas condiciones que se le respetara la vida, la libertad y el señorío de Montpellier. A pesar de todo, Jaime III no perdió la esperanza de recuperar su Reino privativo por la intercesión del rey de Francia y del Papa, pero todo fue inútil. Sus intentos desesperados en incursiones con partidarios suyos, en 1344 la Cerdaña y, en 1347 en el Conflent, fueron un fracaso; su último intento en 1349 al desembarcar en Mallorca, fue un desastre al ser derrotado y muerto en la batalla de Llucmajor, mientras su hijo Jaime era hecho prisionero. Pedro el Ceremonioso incorporaba a su Corona el Reino de Mallorca-Rosellón sin gran resistencia popular y prometiendo que nunca más se separaría de la Corona.

Mientras, se había producido en Cerdeña la revuelta dirigida por los Doria, señores de Alghero, que atacaron Sassari y derrotaron en Turdo a las tropas catalanas en 1346. Mariano IV, juez de Arborea, favoreció la rebelión bajo mano, mientras que Génova lo hizo abiertamente. Lo que provocó que Pedro el Ceremonioso entrase en 1351 en la guerra que desde 1350 tenían Venecia y Génova, a favor de la primera. La Serenissima República de Venecia defendía frente a Génova sus posiciones en el Imperio Bizantino, mientras que la Corona de Aragón defendía las suyas frente a Génova en el Mediterráneo Occidental, y cuyo epicentro era el control de la isla de Cerdeña. Una flota catalano-véneta se enfrentó a la genovesa en 1352 en el Bósforo, con resultado desastroso para ambos bandos.

En las campañas posteriores, la flota de la Corona de Aragón se limitó a actuar en torno a Cerdeña; en 1353, mandada por Bernardo II de Cabrera, venció a los genoveses en una batalla naval frente a Alghero, ciudad que los Doria acababan de ceder a Génova. Las repercusiones favorables de dicha victoria fueron anuladas por la nueva rebelión del juez de Arborea, Mariano IV, aliado ahora abiertamente con Génova, y que hasta entonces había mantenido una posición incierta o más disimulada. En 1354, una nueva flota aragonesa, a cuyo frente estaba el propio Rey, se apoderó definitivamente de Alghero, que fue repoblada por catalanes, pasándose a denominar Alguer, mientras que por tierra la lucha continuó contra los rebeldes. En 1355, la reconciliación del juez Mariano de Arborea con Pedro el Ceremonioso, permitió a éste reunir un parlamento en la isla para establecer un sistema de gobierno estable. Precisamente, cuando los genoveses derrotaban frente a las costas de la península de Morea a los venecianos, se firmaba el final de dicha guerra entre ambas repúblicas marineras.

La guerra entre Génova y la Corona de Aragón continuó, aunque sólo con ataques de corso, ya que el inicio de la guerra con Castilla en 1356, obligó a Pedro el Ceremonioso a concentrar todos sus esfuerzos en este nuevo conflicto. El final de la guerra con Génova se dejó en manos de un arbitraje del duque de Montferrato, el cual lo dio en 1362, pero que no fue aceptado por el rey Pedro, ya que se estipulaba la devolución de la ciudad de Alguer a los genoveses, por lo que la guerra continuó con continuos ataques corsarios por ambas partes, hasta una paz acordada en 1378, pero que fue continuamente rota hasta su renovación en 1386.

Si el conflicto casi permanente con Génova fue causado por su intervencionismo en Cerdeña, el enfrentamiento de las facciones existentes en dicha isla marcó una dinámica interna muy peculiar en su inestable equilibrio interior. Mientras, una nueva insurrección de los Doria en 1358, seguida por otra de Mariano de Arborea en 1364, a quien el papa Urbano V quería infeudar la isla en 1360, en caso de que Pedro el Ceremonioso no pagase el tributo debido a la Santa Sede por el feudo de Cerdeña, puso en serio peligro el dominio aragonés en la isla. El Rey Ceremonioso tuvo que pagar el tributo al Pontífice para evitar un nuevo peligro, mientras tanto las naves enviadas para dominar la revuelta, mandadas en 1358 por Gilabert de Centelles y en 1368 por Pedro de Luna no tuvieron mucho éxito, a la vez que los partidarios de Mariano de Arborea se apoderaban de toda la isla, menos de Cagliari y de Alguer. También fracasó el intento de enviar al condottiero inglés Walter Benedict con sus tropas en 1371. La compleja y cambiante situación de Cerdeña mejoró algo para la Corona de Aragón cuando se firmó la paz con Génova en 1378, aunque no se pudieron aprovechar las favorables ocasiones proporcionadas por el asesinato del sucesor de Mariano de Arborea, Hugo III de Arborea, por sus propios súbditos en 1383, y por las luchas civiles que siguieron entre los partidarios de Leonor de Arborea y los republicanos. También fracasaron los contactos entre Pedro el Ceremonioso y Brancaleone Doria, esposo de Leonor, por desconfianza del Rey, que le retuvo como rehén. Finalmente, se llegó a un acuerdo con Leonor de Arborea, que entró en vigor en 1388, para poner fin a la tan interminable revuelta.

La causa principal del desmesurado alargamiento del conflicto sardo fue su coincidencia, en parte, con la llamada Guerra de los Dos Pedros, entre Pedro el Ceremonioso y Pedro el Cruel de Castilla (1356-1369). Las principales áreas de enfrentamiento fueron las tierras aragonesas y valencianas. Castilla quiso recuperar la zona de Orihuela, que había pasado a la Corona de Aragón durante el reinado de Jaime II, mientras que Pedro el Ceremonioso, aprovechando el conflicto familiar entre Pedro el Cruel y su hermanastro Enrique de Trastámara, reivindicaba territorios en el Reino de Murcia. La ayuda prestada a éste y el incumplimiento de las compensaciones territoriales que el Trastámara había prometido al Ceremonioso, en caso de ocupar el Trono de Castilla, hicieron que las hostilidades se prolongasen ahora entre el nuevo rey Enrique II y Pedro IV, que se aferró a la ciudad de Molina como último recurso para obtener compensaciones del monarca castellano. Por los Tratados de Almazán de 1374 y de Lérida de 1375, se llegó a un acuerdo definitivo con Castilla. Pedro el Ceremonioso cedió Molina, además de Murcia, que ni tan sólo se mencionaba, a cambio de una indemnización de 180.000 florines y de la integridad territorial de los Reinos de Aragón y Valencia. También se acordó que la infanta Leonor de Aragón se casase con el infante Juan, hijo de Enrique II.

✠ IMAGEN VII.- “Pedro el Cruel de Castilla”.





Estas guerras supusieron un grave quebranto para la economía de la Corona de Aragón, por la destrucción de cosechas y de poblaciones, a la vez que obligó al Ceremonioso a enormes dispendios para fortificar muchas de sus ciudades ante el temor de la invasión de Ejércitos castellanos. Si a ello se añaden los gastos en las campañas sardas y contra Génova, los daños comerciales ocasionados por éstas, la serie de calamidades naturales —como la mala cosecha de 1346, la devastadora epidemia de la peste negra a partir de 1348, las mortalidades en 1351, 1362-1363, 1371 y 1381, una plaga de langosta en 1358, sequías y el gran terremoto de 1373—, así como la inflación constante durante la segunda mitad del siglo XIV, se entiende que la Monarquía se encuentre completamente empobrecida, por lo que el Rey insistió en la insuficiencia de las fuentes tradicionales de ingresos, que le obligó a pedir varias ayudas extraordinarias entre 1359 y 1365, a la vez que tendió a crear un verdadero sistema fiscal.

Las relaciones entre el Rey y los estamentos reunidos en las Cortes fueron muy a menudo tensas, ya que las Cortes aspiraban a compartir el gobierno, imponiendo incluso la obligación de una periodicidad en las convocatorias, que nunca se respetó. En las Cortes celebradas en Cervera en 1359 se creó la Diputación del General de Cataluña o Generalitat, como un organismo permanente de las Cortes encargado inicialmente de establecer un constante control de las sumas cedidas al Soberano, y que pronto evolucionó hacia una institución representativa de los estamentos del condado de Cataluña. Este ejemplo fue pronto seguido por los reinos de Aragón y Valencia, en donde aparecieron la Diputación General de Aragón y la Generalidad de Valencia.

Frente al grave conflicto religioso que supuso el Cisma de Occidente en 1378, Pedro el Ceremonioso, que ya tenía bastantes problemas, optó por una indiferencia o neutralidad. También hubo de ocuparse de la situación de Sicilia a la muerte de Federico III, ya que se le presentó la ocasión de reincorporar el reino, como había hecho con el de Mallorca, o hacer valer sus derechos a dicho Trono, como heredero por línea masculina de Federico II de Sicilia. La situación económica y los conflictos mantenidos impidieron la materialización del envío de una escuadra, optándose por el matrimonio de la nieta del Ceremonioso, la reina María de Sicilia, con el hijo del infante Martín (después rey Martín el Humano), Martín el Joven.

En 1379, aceptó la soberanía de los ducados de Atenas y Neopatria, que hasta entonces estaban vinculados al Reino de Sicilia si bien pudo hacer muy poco por socorrerlos, excepción hecha del envío de una pequeña flota al mando del vizconde de Rocabertí.

Los últimos años del reinado de Pedro IV se vieron enturbiados por sus relaciones con Sibila de Fortiá, dama recién enviudada, que a finales de 1375, el mismo año en que murió la reina Leonor de Sicilia, se convirtió en su amante y un año después le dio una hija, Isabel. La nueva situación personal del Rey parece que no disgustó a sus hijos, hasta que cambiaron radicalmente de actitud cuando Sibila consiguió casarse con el Rey en 1377, en el momento que esperaba un segundo hijo. Los favores dispensados por la nueva Reina a sus familiares, así como su falta de categoría social y de lustre cultural le granjeó la enemistad de sus hijastros, especialmente del heredero de la Corona, el infante Juan, duque de Gerona. Este cuarto matrimonio fruto de una pasión de madurez, ya que el Rey tenía cincuenta y seis años, dividió a la Corte entre un grupo aristocratizante en torno al heredero Juan y su esposa Violante de Bar, y otro más popular en torno a Sibila de Fortiá. Cuando en 1386 el Monarca estaba ya gravemente enfermo, Sibila, temerosa de la venganza del futuro Rey, huyó y se encerró en el castillo de San Martín de Sarroca. Asediada, tuvo que rendirse, siendo acusada de lesa majestad por abandonar al Rey enfermo, así como también de robos en Palacio. Estas luchas familiares coincidieron con la llamada guerra del Ampurdán contra el conde Juan I de Ampurias, que se inició en 1384 y acabó ya en el reinado de Juan I en 1388.

Pedro el Ceremonioso llevó una política interna que favoreció a la pequeña nobleza contra los grandes barones, sobre todo después de su casamiento con Sibila de Fortiá, y protegió a los estamentos menestrales de las ciudades, especialmente a los de las grandes como Barcelona y Valencia, que querían tener acceso al gobierno municipal, y que el Rey facilitó mediante una reforma en el sistema electivo de los cargos.

A pesar de todas las crisis, Pedro el Ceremonioso impulsó una gran obra constructora; muestra de ella son las murallas de Valencia, Morella, Montblanc, la construcción de las Atarazanas de Barcelona y de su nuevo recinto amurallado, etc. Su gusto por las ceremonias y la pompa le hicieron construir los sepulcros reales de Poblet, a imitación de los de Francia en Saint Denis, a la vez que organizó con todo detalle el funcionamiento de su Corte, de la Cancillería y del Tribunal Real, por medio de sus famosas "Ordinacions".

Protector de las artes y de las letras, se le atribuye la redacción de un Tratado de caballería. Su preocupación por la enseñanza superior le llevó a la fundación del Estudio General de Perpiñán en 1349, una vez que Montpellier ya no estaba dentro de la Corona de Aragón, por haber vendido dicha ciudad al rey de Francia Felipe VI, el último rey soberano de Mallorca, Jaime III. También fundó el Estudio General de Huesca en 1354, con los mismos privilegios que gozaban los de Tolosa, Montpellier y Lérida. Con estas fundaciones, el rey Ceremonioso rompió con el monopolio educativo de nivel superior que tenía la ciudad de Lérida, desde que Jaime II fundó en 1300 su Estudio General. Hizo redactar su famosa Crónica en catalán, a imitación de la de Jaime I y también para justificar sus acciones. Escrita en forma autobiográfica, comprende su vida, excepto sus últimos años, y la de su padre.

Pedro IV el Ceremonioso fue un Rey al que le tocó vivir en tiempos muy azarosos. Se mostró siempre como hombre calculador, cruel y falto de escrúpulos, que llevó dignamente la majestad real y que se empeñó en recuperar los Reinos privativos que formaban la Corona de Aragón, como fueron los casos de Mallorca y Sicilia. Su reinado de cincuenta y un años, solamente superado por el de Jaime I, no es solamente uno de los más largos de la historia de la Corona de Aragón, sino también uno de los más conflictivos y a la vez apasionantes.

FUENTES:

Salvador Claramunt Rodríguez.

Real Academia de la Historia. 

 Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

Bibl.: R. Tasis i Marca, La vida del rei Pere III, Barcelona, Dalmau, 1961; Pere el Cerimoniós i els seu fills, Barcelona, Dalmau, 1962; F. Soldevila, Història de Catalunya, Barcelona, Alpha, 1963; A. Canellas, “El reino de Aragón en el siglo XIV”, en Anuario de Estudios Medievales, Barcelona, VII (1970-1971), págs. 119-152; F. Soldevila (ed.), “Crónica de Pere el Ceremoniós”, en Les quatre grans cròniques, Barcelona, Selecta, 1971; E. Sarasa, Sociedad y conflictos sociales en Aragón. Siglos XIII-XV, Madrid, Siglo XXI de España, 1981; F. C. Casula, Profilo storico della Sardegna catalano-aragonese, Cagliari, Edizione della Torre, 1982; T. Bisson, Història de la Corona d’Aragó a l’Edad mitjana, Barcelona, Crítica, 1988; C. Batlle, “L’expanió Baixmedieval, segles XIII-XV”, en Història de Catalunya, vol. III, Barcelona, Salvat, 1988; G. Meloni, Mediterraneo e Sardegna nel Basso Medioevo, Cagliari, Consiglio Regionale della Sardegna, 1988; VV. AA., “Pere el Cerimoniós i la seva època”, en Anuario de Estudios Medievales, Annex 24 (1989), págs. 209-243; M.ª B. Urban, Cagliari aragonese, Topografia e insediamento, Cagliari, CNR, Istituto sui Rapporti italo-iberici, 2000; S. Claramunt, “La política matrimonial de la casa condal de Barcelona y real de Aragón desde 1213 hasta Fernando el Católico”, en Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia, 23-24 (2003), págs. 196-235.

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Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval. 

 

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos.

 

✠  “Diez mujeres del cristianismo primitivo que merecen ser famosas".


Las mujeres ocupan un lugar destacado como seguidoras del ministerio de Jesús en los Evangelios y el libro de los Hechos de los Apóstoles del Nuevo Testamento. La más famosa de ellas es María Magdalena, (a la que estudiaremos en un capítulo aparte), muy probablemente una mujer acomodada de clase alta en lugar de la etiqueta de prostituta que todavía se le atribuye erróneamente, pero también están María y Marta, las hermanas de Lázaro, María la madre de Jesús, la mujer en el pozo de Samaria, la mujer sorprendida en adulterio y muchas otras de quienes a veces se hace cálida referencia en las epístolas, incluso cuando las mujeres, en general, reciben un estatus de segunda clase.

Las primeras personas de quienes se tiene registro de haber visto al Cristo resucitado fueron mujeres, y las mujeres son parte integral de la primera comunidad cristiana, como se describe en el Libro de los Hechos de los Apóstoles. El mismo Jesús no tiene nada que decir sobre la igualdad de sexos; a lo largo de los evangelios parece asumir como evidente que no hay nada inherentemente superior en ninguno de los dos. Sin embargo San Pablo (c. 5 - c. 67 d. C.), y otros escritores de las epístolas que componen el Nuevo Testamento, introdujeron la misoginia cristiana que vinculaba a la mujer con Eva y la caída del hombre.





Eva, como escribe Pablo, fue engañada y luego tentó a Adán a pecar; Pablo insinúa que, de no haber sido influenciado, Adán habría permanecido feliz en el Jardín del Edén, y lo mismo hubiera pasado con todos los descendientes que hubiera tenido con Eva. Las mujeres, por lo tanto, no eran dignas de fiar, no podían tener autoridad sobre los hombres y debían aprender en silencio de los hombres para que no tentaran más a los descendientes de Adán (1 Timoteo 2: 11-14). Aun así, el propio Pablo parece hacerse eco de la visión de Jesús sobre la igualdad de los sexos cuando escribe:

"No hay Judío, ni Griego; no hay esclavo, ni libre; no hay varón, ni hembra [en el Cristianismo]: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús". (Gálatas 3:28).

Los muchos otros pasajes del Nuevo Testamento que apoyan la superioridad masculina fueron (y todavía son), citados con mucha más frecuencia que la línea de Gálatas, y a las mujeres todavía les son negados puestos de liderazgo en varias denominaciones y hermandades cristianas. Sin embargo, esto no siempre fue así, y hubo muchas mujeres en la Iglesia primitiva que ocuparon puestos de autoridad, establecieron órdenes religiosas y escribieron obras teológicas influyentes antes de su supresión.

Las mujeres en el cristianismo primitivo.

Cualquiera con un conocimiento superficial del cristianismo ha escuchado el término "Padres de la Iglesia", pero con mucho menos frecuencia se escucha "Madres de la Iglesia", y sin embargo, en los primeros días del cristianismo, las mujeres estaban a la vanguardia de la religión. Las mujeres romanas fueron las primeras en tomarse en serio el cristianismo y hay muchas historias, conservadas en los escritos de los mismos Padres de la Iglesia y en los relatos de mártires, de mujeres fuertes que convierten sus hogares a la nueva fe.

Algunas de estas primeras Madres de la Iglesia abrazaron el cristianismo de manera tan completa que dieron todo lo que tenían, a menudo sumas sustanciales de dinero y grandes propiedades, para ayudar a los pobres, los enfermos y los necesitados; según la directriz de Jesús de que "Cuanto lo hicisteis a uno solo, el más pequeño de estos mis hermanos, a mí lo hicisteis "(Mateo 25:40). El servicio a los demás, especialmente a los necesitados, era el servicio a Cristo mismo.

Varias de estas mujeres llegaron a ser conocidas como Madres del Desierto, fundadoras de órdenes monásticas en los desiertos de Egipto, Siria, Persia y Asia Menor. Conocidas como Ammas ("madres"), eran la contraparte femenina de los más conocidos Abbas ("padres") como San Antonio el Grande (también conocido como San Antonio de Egipto, 251-356 d. C.), a quien se le atribuye el establecimiento del monasticismo cristiano. Otras mujeres fueron escritoras famosas que combinaron la literatura y la filosofía precristianas con los preceptos bíblicos, mientras que otras contribuyeron a proyectos de construcción, programas sociales y esfuerzos evangélicos, al mismo tiempo que apoyaban a hombres cuyas contribuciones hoy en día son bien conocidas. 

"LA IDEA DE LA TRADUCCIÓN DE LA BIBLIA AL LATÍN VINO DE UNA MUJER LLAMADA PAULA QUE NO SOLO INSPIRÓ LA OBRA, SINO QUE LA CORRIGIÓ Y LA EDITÓ PARA SU PUBLICACIÓN". 

Cualquier estudiante de la Biblia sabe que San Jerónimo (c. 347-420 d. C.), tradujo la obra del hebreo y el griego al latín, creando la traducción de la Vulgata que sería utilizada por la Iglesia durante los siguientes 1000 años; sin embargo, pocas personas saben que la idea de esa traducción vino de una mujer llamada Paula que no solo inspiró el trabajo, sino que lo revisó y editó para su publicación.

Cambio de poder.

El papel de la mujer en la Iglesia siguió siendo más o menos el mismo incluso después de que el cristianismo fuera elevado por Constantino el Grande (272-337 d. C.), en el año 313 d. C. a través de su Edicto de Milán, que proclamaba la tolerancia para la nueva fe. Sin embargo, después del Concilio de Nicea de 325 d. C. la situación cambió. Constantino convocó al concilio en su villa de Nicea para estandarizar la fe y la práctica cristianas. El tema más importante fue decidir sobre el estatus de Cristo como Dios, dios-hombre o profeta, pero había muchos otros aspectos del cristianismo que estaban lejos de ser uniformes. Había, de hecho, muchas versiones diferentes del concepto religioso central de un Dios Único y Verdadero que redime al mundo.

IMAGEN: Ícono del Monasterio Mégalo Metéoron en Grecia , que representa el Primer Concilio Ecuménico de Nicea en 325 EC, con el condenado Arrio en la parte inferior del ícono. 





Al estandarizar la visión cristiana, Constantino también quería que la práctica religiosa reflejara esa uniformidad. El Papa Clemente (c. 35-99 d. C.) decretó que solo los hombres podían servir como sacerdotes o tener autoridad en la Iglesia porque Cristo había elegido solo a varones como sus apóstoles. El escritor eclesiástico Eusebio (263-339 d. C.), registra que el concilio, siguiendo el ejemplo de Clemente (y muy probablemente influenciado por las advertencias de Pablo sobre la inferioridad femenina), decretó a las mujeres como laicas que podían servir en posiciones subordinadas pero no podían tener autoridad sobre los hombres. Sin embargo, para el momento del Concilio de Nicea, muchas mujeres ya habían demostrado ser líderes religiosas capaces e inspiradoras y muchas más lo iban a demostrar en el futuro.

Diez mujeres del cristianismo primitivo que merecen ser famosas.

Las diez mujeres enumeradas aquí son escogidas de ambos extremos del espectro: aquellas cuyos nombres pueden ser familiares para algunos y aquellas de las que pocos o nadie ha oído hablar. Estas diez son solo una muestra muy pequeña de las muchas mujeres que contribuyeron al desarrollo del cristianismo primitivo, y se anima a los lectores a explorar el tema más a fondo a través de los libros que se enumeran en la bibliografía al final. Las diez mujeres son:

  • Tecla la Apóstol
  • Perpetua la Mártir
  • Amma Sinclética de Alejandría
  • Santa Marcela
  • Macrina la Joven
  • Proba
  • Santa Paula
  • Melania la Mayor
  • Eudocia
  • Egeria

Tecla (siglo I d. C.), es conocida por la obra apócrifa Los Hechos de Pablo y Tecla que narra su conversión al cristianismo por parte de San Pablo y sus posteriores viajes con él, el rescate divino de varias persecuciones y muerte, y su carrera como sanadora, predicadora e inspiradora líder religiosa. La historia de Tecla ha sido regularmente descartada en el pasado como ficción cristiana, pero los eruditos modernos creen que, aunque sin duda hay algo de exageración en los eventos, el relato se basa en una mujer real. En sus epístolas, Pablo menciona regularmente a mujeres que lo han ayudado, y la historia de Tecla no es muy diferente de muchas otras, salvo por sus repetidos rescates milagrosos de la muerte. Un aspecto de su historia que se sabe cierto sobre las mujeres de su época es su voto de castidad, que mantuvo desde su conversión hasta el final de su vida. Que las mujeres eligieran una vida casta, incluso estando casadas, era una declaración dramática de individualidad al reclamar derechos sobre sus propios cuerpos y, por extensión, sobre la dirección de sus vidas.

IMAGEN: Fresco de Santa Tecla en la Catedral del Salvador de Chernihiv, Ucrania. 





Perpetua (181-203 d. C.) es famosa como una mártir del cristianismo primitivo que, junto con su esclava Felicitas, se negó a renunciar a su fe y fue ejecutada por ello. El erudito I.M. Plant señala que "en casi todos los casos, las historias de mártires cristianos son ficticias ... el martirio de Perpetua, sin embargo, generalmente se considera una excepción a esta regla" (164). Ciudadana de Cartago, Perpetua fue arrestada durante una persecución de cristianos bajo el emperador romano Septimus Severus c. 202-203 d. C. Tenía 22 años en ese momento y estaba amamantando a su hijo recién nacido cuando la llevaron a prisión. Su padre, un pagano en buenos términos con las autoridades, le suplicó que renunciara a su fe, pero ella se negó y fue ejecutada junto con Felicitas. Con base en los detalles de la narrativa original sobre la maternidad, los estudiosos creen que el relato fue escrito por una mujer (la primera parte, tal vez, por la propia Perpetua), lo que, como señala I. M. Plant, haría de su historia "la literatura cristiana existente más antigua escrita por una mujer "(165).

Amma Sinclética de Alejandría (c. 270 - 350 d. C.), es una de las Madres del Desierto más conocidas y una de las fundadoras de la tradición monástica. Sinclética era la hija de una adinerada pareja de Alejandría, Egipto, cuya belleza atrajo a muchos pretendientes. Sin embargo, los rechazó a todos debido a su devoción a Cristo. Después de la muerte de sus padres, se cortó el cabello, dio su herencia a los pobres y dejó la ciudad con su hermana menor (que era ciega), para vivir una vida de castidad, pobreza y soledad cerca de la cripta de un familiar. En soledad, se dice que luchó con demonios que intentaron convencerla de que reanudara su vida anterior de riqueza y placer, pero se mantuvo fiel a su fe. Al haber alcanzado la iluminación y la cercanía a Dios que buscaba, consintió en enseñar a otras que se acercaron a ella y proporcionó pautas para esta primera orden monástica de mujeres. Estas reglas, registradas por su biógrafo (posiblemente el obispo Atanasio de Alejandría, 296-373 d. C.), influirían más tarde en el monasticismo europeo.

IMAGEN: Una representación del siglo X d. C. de Amma Syncletica de Alejandría (c. 270 - c. 350 d. C.), una de los primeras líderes del monacato cristiano. (Bibliotecas del Vaticano). 





Santa Marcela (325-410 d. C.), fue una cristiana romana adinerada quien, después de la muerte de su esposo, se dedicó a su fe a través de una vida de castidad y servicio a los demás. Abrió su lujosa casa en el monte Aventino de Roma a otras personas que buscaban una vida de abnegación, oración, ayuno y mortificación de la carne. Fue amiga de la futura Santa Paula y mantuvo correspondencia con San Jerónimo. Marcella, quien había sido una de las mujeres más ricas de la ciudad, regaló y vendió sus bienes mundanos, incluida toda su ropa, joyas y costosos cosméticos para beneficiar a los pobres y vivir libre de posesiones en comunión con Cristo. Como muchas mujeres del cristianismo primitivo, Marcella reclamó su identidad a través de la castidad, negándose a volver a casarse a pesar de que la ley dictaba que debía hacerlo, y se dedicó a su improvisada orden monástica que luego inspiraría a otras mujeres a seguir su ejemplo. Murió en el saqueo visigodo de Roma del año 410 d. C. 


Macrina la Joven (c. 330-379 d. C.), fue una asceta cristiana cuya devoción a Dios inspiró la vida y obra de sus mucho más famosos hermanos menores, San Basilio el Grande (c. 329-379 d. C.), y San Gregorio de Nisa (c. 335 - c. 395 d. C.). Macrina, como muchos de los otros en esta lista, nació de padres acaudalados en Anatolia (la actual Turquía), y había acordado un matrimonio ventajoso. Cuando murió su prometido, se negó a casarse con nadie más y eligió una vida de castidad y oración, afirmando (como hicieron muchas otras místicas), que Cristo era su esposo y que no necesitaba a ningún otro. Macrina practicó un rígido ascetismo y se dedicó a la educación de los demás, especialmente de sus hermanos menores. Después de la muerte de su padre, ella y su madre se mudaron a una finca en el río Iris en Pontus, donde estableció una comunidad cristiana dedicada a perfeccionar su relación con Dios y era consultada con frecuencia por los peregrinos que acudían a buscar su consejo. 


Proba (c. 322-370 d. C.), ostenta la distinción de ser la primera mujer escritora cristiana sólidamente atestiguada por la documentación. Es conocida por el género de trabajo literario llamado cento ("retazos") en el que un autor usa líneas de obras poéticas establecidas, tejidas con las suyas, para crear una obra de arte completamente nueva. En la actualidad, esto sería como el uso del sampling en la música popular, cuando un artista toma prestada una melodía conocida, en su totalidad o en parte, para formar su pieza original. Proba provenía de una familia romana adinerada, y fue probablemente educada en la tradición pagana romana antes de convertirse al cristianismo, en algún momento previo a embarcarse en su carrera literaria. Combinó la poesía de Virgilio con temas bíblicos para enfatizar los aspectos eternos y heroicos del cristianismo. Sus obras se utilizaron más tarde en las aulas romanas para enseñar a los niños de clase alta, ya que combinaban sutilmente la historia pagana del pasado con los ideales cristianos.


Santa Paula (347-404 d. C.), fue la cercana colaboradora de San Jerónimo que lo alentó a traducir la Biblia del hebreo y del griego al latín, para crear así la traducción de la Vulgata que continuó en uso durante los siguientes 1500 años como la escritura autorizada de la Cristiandad. Paula fue otra aristócrata romana acomodada que, tras la muerte de su marido, se sintió atraída por la comunidad monástica de mujeres establecida por Marcela en el monte Aventino. Conoció a San Jerónimo a través de Marcela y viajó ampliamente en su compañía, estableció un centro religioso en Belén y practicó un estricto ascetismo, incluida la abstinencia. Ayudó a Jerónimo a traducir la Biblia, corrigió su trabajo y lo editó para su publicación. Cuando murió, la comunidad cristiana lamentó profundamente su fallecimiento y fue declarada santa en un año.

IMAGEN: Santa Paula enseñando a sus monjas, mediados del siglo XVII d.C., por André Reinoso. Actualmente en el Monasterio de los Jerónimos (Mosteiro dos Jerónimos), en Lisboa, Portugal. 





Melania la Mayor (c. 350-410 d. C.), fue una Madre del Desierto honrada por su devoción a Dios y su apoyo a las órdenes cristianas. Pertenecía de una de las familias más ricas de la Hispania romana, y cuando se mudó de regreso a Roma con su esposo procónsul y su familia, vio morir a todos menos a uno de sus hijos a causa de la peste. Después de perder a su familia, se convirtió al cristianismo, renunció al mundo y viajó a Egipto para vivir en un monasterio. A diferencia de otros conversos cristianos, Melania no regaló sus bienes terrenales y usó su riqueza sustancial para apoyar comunidades e iniciativas cristianas. Cuando los monjes de su orden fueron exiliados a Palestina, ella los acompañó y los apoyó hasta que pudieron regresar. Fundó dos órdenes monásticas en Jerusalén, que ella administraba, y es considerada como una Madre del Desierto por su estricto ascetismo y devoción a la oración solitaria.


Eudocia (c. 400-460 d. C.), fue una de las escritoras más prolíficas de su tiempo y creó numerosas obras sobre temas cristianos que, como la obra de Proba, se inspiraron en la literatura precristiana. Nació en Atenas y se llamó Athenais hasta alrededor de los 20 años de edad, cuando se convirtió al cristianismo y tomó el nombre de Aelia Eudocia después de su bautismo. Sus obras fueron bastante populares y abarcaron desde un centón inspirado en Homero, pasando por poesías sobre la vida y victorias militares de su marido, hasta vidas de santos e historia de la Iglesia. Probablemente sea mejor conocida por su obra "El martirio de San Cipriano", que cuenta la historia de la casta cristiana Justa, los intentos del sabio pagano Cipriano por seducirla, su conversión al cristianismo y el martirio por su fe.

IMAGEN: Icono de Aelia Eudocia de la iglesia del monasterio de Lips (Mezquita Fenari Isa), Fatih, Estambul. 





Egeria (también conocida como Etheria, c. 380 d. C.), fue una viajera y escritora cristiana conocida solo por su obra "Itinerarium", también conocida como "Itinerarium Egeriae" = Viajes de Egeria. Según el texto, ella era una mujer de clase alta que fue en peregrinación a lugares importantes mencionados en la Biblia. Viajó a través de las regiones de la actual Turquía, Egipto, Israel, Líbano, Jordania, Siria, Irak, Irán, Kuwait, Arabia Saudita y de regreso a la región de Anatolia. Su trabajo fue lo suficientemente popular como para ser copiado y se reconoce en la actualidad como completamente único para su época, ya que es un relato profundamente personal de los viajes de Egeria, al tiempo que brinda información sobre el estado de los sitios que visitó, los viajes en esa época, y, dado que está escrito en latín, cómo se escribía ese idioma en aquel tiempo.

Conclusión.

Las contribuciones de estas mujeres fueron reconocidas por sus contemporáneos masculinos que incluyeron relatos de sus vidas en sus obras sobre santos varones. Amma Sinclética era tan admirada que le dieron su propia biografía y San Jerónimo elogió a Paula en sus obras. Las obras de Proba y Eudocia parecen haber sido ampliamente leídas, a juzgar por las copias, y aunque la obra de Egeria no se descubrió hasta el siglo XIX, se reconoció entonces que aparecía en forma de extracto en otras obras poco después de su época.

Varios académicos debaten por qué estas mujeres fueron borradas de la historia oficial de la Iglesia y la respuesta siempre depende de los valores políticos, religiosos o de género del escritor que hace la afirmación. En casi todos los casos, los argumentos en estos debates dicen mucho más sobre el escritor moderno que sobre el tema en cuestión. Sin embargo, la académica Laura Swan resume la situación de manera suscinta cuando escribe:

"La historia de las mujeres a menudo ha sido relegada al mundo de las sombras: se siente pero no se ve. Muchos de nuestros Padres de la Iglesia se hicieron prominentes gracias a las mujeres. Muchos de estos padres fueron educados y apoyados por mujeres fuertes, y a algunos incluso se les atribuye el mérito de haber fundado movimientos que en realidad fueron iniciados por las mujeres en sus vidas". 

A medida que la Iglesia se desarrolló desde su legitimación por Constantino hasta la Edad Media, las mujeres fueron perdiendo cada vez más terreno en cuanto a igualdad de derechos y dignidad básica. La Iglesia medieval consideraba a las mujeres peligrosas tentadoras que debían ser evitadas por cualquier hombre piadoso, manchadas por el pecado original de la engañosa Eva, e incluso su asociación con la Virgen María no podía redimir completamente su naturaleza. La causa más probable para excluir de la historia de la Iglesia a mujeres de grandes méritos, es simplemente porque no encajaban en la narrativa de la Iglesia de hombres devotos y piadosos versus mujeres tortuosas y pecadoras, y enfrentados a la elección entre cambiar esa narrativa o cambiar la historia, el pasado fue borrado silenciosamente. 

FUENTES:

World History.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval. 


BIBLIOGRAFÍA:

  • Amma Syncletica: A Spirituality of Experience.
  • Brooke, R & C. Popular Religion in the Middle Ages. Barnes & Noble Books. 
  • Cantor, N. F. The Civilization of the Middle Ages. Harper Perennial.
  • Deanesley, M. A History of the Medieval Church 590-1500.
  • Deen, E. All of the Women of the Bible. Harper One.
  • Eusebius. Eusebius' History of the Church. Kregel Academic & Professional.
  • Gies, F. & J. Women in the Middle Ages. Ty Crowell Co.
  • Kateusz, A. Mary and Early Christian Women: Hidden Leadership. Palgrave Macmillan.
  • McManners, J. The Oxford Illustrated History of Christianity. Oxford University Press.
  • Plant, I. M. Women Writers of Ancient Greece and Rome. University of Oklahoma Press.
  • Power, E. Medieval Women. Cambridge University Press.
  • Schmitt-Pantel, P. A History of Women: From Ancient Goddesses to Christian Saints. Harvard University Press.
  • Swan, L. The Forgotten Desert Mothers: Sayings, Lives, and Stories of Early Christian Women. Paulist Press.
  • Various Ancient Authors. The Bible, King James Translation. Nelson Bibles.



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✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos.

 

✠  “DESCUBRIENDO LA FASCINANTE HISTORIA DE JERUSALÉN (En 31 imágenes)”.

Jerusalén, una de las ciudades más antiguas del mundo, tiene un pasado muy complicado: la ciudad fue arrasada 2 veces, asediada en otras 20 ocasiones y capturada y recapturada en más de 40 momentos diferentes. A sus espaldas quedan siglos y siglos de conflicto debido a su idiosincrasia como punto de encuentro entre varios pueblos.

Tierra Santa para tres religiones (cristianismo, judaísmo, islam), Jerusalén, ofrece un espectacular choque de culturas que recompensa al visitante con una experiencia única en el mundo. ¡Haz clic para descubrirlo todo sobre este fascinante destino!!!

✠ IMAGEN I.- “Jerusalén”.





Muro de las Lamentaciones.

Vestigio del antiguo templo de Jerusalén, esta muralla es lugar sagrado para los judíos. No obstante, está abierta para todas las confesiones.

Los judíos no pueden acceder al Monte del Templo, en donde encontramos la Cúpula de la Roca, por lo que este lienzo de muralla, colindante a dicha sección, es el lugar más sagrado en el que se les permite rezar. Los creyentes en el judaísmo suelen recitar las escrituras y besar este muro de 2.000 años de antigüedad.

✠ IMAGEN II.- “Muro de las Lamentaciones.”





Túnel del Muro de los Lamentos.

¡Aventúrate al subsuelo de la ciudad y cruza el antiguo barrio árabe de la ciudad a través de este sistema de túneles! Nota: no apto para claustrofóbicos, puede llegar a ser bastante estrecho.

✠ IMAGEN III.- “Túnel del Muro de los Lamentos”.





Puerta de Jaffa.

La Puerta de Jaffa era una de las seis entradas originales de la ciudad, construida en 1538 por orden del sultán Solimán el Magnífico. Hoy en día es habitual encontrar arpistas en el lugar.

✠ IMAGEN IV.- “Puerta de Jaffa”. (Foto: Flickr/CC BY-NC 2.0).





Murallas de la ciudad vieja de Jerusalén.

Las murallas de la ciudad vieja ofrecen las mejores vistas de Jerusalén. Con 500 años de historia, puedes visitar las secciones que van desde la Puerta de Jaffa hasta la Puerta del Estiércol y desde la misma Puerta de Jaffa hasta la Puerta de los Leones. 

Aviso: no hay sombra y el sol del verano no tiene clemencia.

✠ IMAGEN V.- “Murallas de la ciudad vieja de Jerusalén”.





Vía Dolorosa.

Esta ruta procesional parte de la Puerta de los Leones y cruza el corazón de la ciudad vieja, a través de nueve estaciones del Viacrucis. En esta imagen encontramos la novena.

✠ IMAGEN VI.- “Vía Dolorosa”.





Yad Vashem.

La enorme muralla de los nombres de Yad Vashem es el punto álgido de la visita al Memorial de los caídos en el Holocausto. Esta es la instalación oficial de Israel para las víctimas del nazismo.

✠ IMAGEN VII.- “Yad Vashem”.





Ciudad de David.

Una de las partes más antiguas de Jerusalén, la Ciudad de David alberga varios de los yacimientos arqueológicos más activos de la ciudad. Aunque esta parte de la ciudad no está exenta de polémica, pues algunos consideran que pertenece a Palestina.

✠ IMAGEN VIII.- “Ciudad de David”.





Torre de David.

La antigua ciudadela, conocida con el nombre de Torre de David, fue el palacio de Herodes I el Grande. En la actualidad alberga el gran Museo de Historia de Jerusalén.

✠ IMAGEN IX.- “Torre de David”.





Museo de Historia de Jerusalén.

Recomendamos la visita a este museo durante el primer día en la ciudad, de forma que te puedas empapar de la historia de Jerusalén y consigas apreciar mejor los monumentos que verás más tarde.

✠ IMAGEN X.- “Museo de Historia de Jerusalén”.





Iglesia del Santo Sepulcro.

Localizada en el barrio cristiano, la Iglesia del Santo Sepulcro alberga, según la tradición, los dos lugares más santos del cristianismo: el punto exacto en el que Jesucristo fue crucificado y su supuesta tumba, en la cual se produjo la resurrección.

✠ IMAGEN XI.- “Iglesia del Santo Sepulcro”.





Iglesia del Santo Sepulcro.

Esta iglesia lleva siendo lugar de peregrinaje para los cristianos durante 16 siglos. No puedes perderte el Altar de la Crucifixión y la Piedra de la Unción, en donde descansó el cuerpo de Cristo antes de su entierro.

✠ IMAGEN XII.- “Iglesia del Santo Sepulcro”.





Museo de Israel.

Inaugurado en 1965, este museo alberga una de las mejores colecciones arqueológicas de Tierra Santa existentes en el mundo, además de numerosas muestras de arte judío. Destacan los antiguos ataúdes de Canaán.

✠ IMAGEN XIII.- “Museo de Israel”. (Foto: Flickr/CC BY-NC 2.0).





Museo de Israel.

En una de las alas del museo encontramos el Santuario del Libro, que alberga los Manuscritos del Mar Muerto, los escritos bíblicos más antiguos jamás encontrados.

✠ IMAGEN XIV.- “Santuario del Libro, que alberga los Manuscritos del Mar Muerto”.





Maqueta de Jerusalén del Segundo Templo.

Si quieres descubrir cómo era la Jerusalén del período del Segundo Templo puedes visitar esta enorme maqueta de escala 1:50, ubicada en el patio del Museo de Israel.


✠ IMAGEN XV.- “Maqueta de Jerusalén del Segundo Templo”.





Monte del Templo / Explanada de las Mezquitas.

Los musulmanes la conocen como Al Haram Ash Sharif ("El Noble Santuario", en español), mientras que para los judíos es HaBayit ("Monte del Templo", en español). Pocos lugares sagrados están tan disputados como este.

✠ IMAGEN XVI.- “Monte del Templo / Explanada de las Mezquitas”.





Cúpula de la Roca.

Dentro de la Explanada de las Mezquitas encontramos dos de los edificios más sagrados del islam: la Cúpula de la Roca y la mezquita Al-Aqsa.

✠ IMAGEN XVII.- “Cúpula de la Roca”.





Abadía de Hagia María.

Abadía de Hagia María es uno de los monumentos más reconocibles de Jerusalén. Esta iglesia ocupa el lugar en el que se cree que murió la Virgen María.

✠ IMAGEN XVIII.- “Abadía de Hagia María”.





Puerta de Damasco.

Una de las entradas de la ciudad vieja, la Puerta de Damasco data del año 1537 y se ubica en el barrio árabe, en la muralla norte. Sus almenas triangulares le dan un aspecto de corona.

✠ IMAGEN XIX.- “Puerta de Damasco”.





Mercado Mahane Yehuda.

Mézclate entre los locales y deambula por este mercado con más de 250 puestos de fruta fresca, verduras, pan, pescado, carne, quesos, especias, vino y otros productos riquísimos.

✠ IMAGEN XX.- “Mercado Mahane Yehuda”.





Monte de los Olivos.

Esta montaña, ubicada al este de Jerusalén, ya no está copada de olivos como antaño. No obstante, se trata de uno de los lugares de oración más importantes de la ciudad. Aquí se erige un cementerio de más de 3.000 años de antigüedad, con unas 150.000 tumbas en total.

✠ IMAGEN XXI.- “Monte de los Olivos”.





Basílica de Getsemaní.

Esta iglesia del Monte de los Olivos alberga una sección de la roca en la que se dice que Jesús oró antes de ser detenido. Destacan las columnas corintias de la fachada del templo, acompañadas de las estatuas de los cuatro evangelistas.

✠ IMAGEN XXII.- “Basílica de Getsemaní”.





Iglesia de Santa María Magdalena.

El zar Alejandro III mandó construir este templo de arquitectura ortodoxa, también localizado en el Monte de los Olivos, en el año 1886. En él descansan los restos de la princesa Alicia de Battenberg, madre del Duque de Edimburgo.

✠ IMAGEN XXIII.- “Iglesia de Santa María Magdalena”.





Tumba del jardín.

Desenterrada en 1867, muchos creen que el cuerpo de Cristo descansó en esta tumba, y no en la antes mencionada Iglesia del Santo Sepulcro. Se trata de un popular destino de peregrinación en la actualidad.

✠ IMAGEN XXIV.- “Tumba del jardín”.





Piscina de Bethesda.

Este es el lugar en el que, según el Nuevo Testamento, Jesús curó milagrosamente al hombre parapléjico. Las ruinas de la piscina de Bethesda están ubicadas cerca de la Iglesia de Santa Ana, en un terreno que también ha revelado un templo romano y una basílica bizantina.

✠ IMAGEN XXV.- “Piscina de Bethesda”.






Cueva de Sedecías.

Esta cueva de roca caliza se ubica debajo del barrio musulmán, en la ciudad vieja de Jerusalén. La estructura se remonta a los tiempos de Herodes el Grande y recomendamos visitarla con un guía.

✠ IMAGEN XXVI.- “Cueva de Sedecías”.






Ventanas de Chagall.

La sinagoga del Hospital Hadassah está decorada con cristaleras de colores que hacen referencia a las diferentes tribus de Israel. Son obra del artista franco-ruso Marc Chagall (1887-1985).

✠ IMAGEN XXVII.- “Ventanas de Chagall”.






Valle de Josafat.

Mencionado en la Biblia, se dice que será en este Valle en donde se celebre el Juicio Final. En el extremo sur de esta estrecha franja de tierra encontramos una serie de tumbas que datan del período del Segundo Templo.

✠ IMAGEN XXVIII.- “Valle de Josafat”.






Iglesia del Pater Noster.

Lo que más destaca en esta iglesia, que forma parte de un monasterio carmelita, es la serie de azulejos que ocupan los muros del claustro y que recogen oraciones en más de 100 lenguas y dialectos.

✠ IMAGEN XXIX.- “Iglesia del Pater Noster”.





Barrio armenio.

Uno de los cuatro cuartos de la ciudad vieja amurallada, el barrio armenio se remonta al siglo IV de nuestra era. Disfruta de los grabados en la pared de la catedral de Santiago en Jerusalén.

✠ IMAGEN XXX.- “Barrio armenio”.





Colonia de los artistas.

Hutzot HaYotzer, como se conoce en hebreo, es el lugar de reunión de los artistas en Jerusalén. Se ubica a pocos metros de la muralla de la ciudad vieja y en él podemos encontrar estudios, talleres y galerías de todo tipo.

✠ IMAGEN XXXI.- “Colonia de los artistas”.




FUENTES:

MSN.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval. 



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✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, lugares, personajes y hechos históricos.

 

✠  “LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA (16.7.1212).”


La batalla de las Navas de Tolosa es de especial importancia para la Reconquista, y un hito en la Historia de la Humanidad.

 

Para llegar a la misma debieron concurrir una serie de hechos: la caída del imperio almorávide propiciada por los almohades; el avance de los reinos hispánicos a costa de las segundas taifas; la proclamación de la yihad en el mundo islámico para combatir a los reinos hispánicos, y finalmente el espíritu de cruzada existente en Roma y en el mundo europeo, que más centrado en el pillaje y en el Medio Oriente, se daba cuenta que en España existía una cruzada secular que no había sido atendida más que por los españoles. Al fin, a pesar de la predicación de cruzada por toda Europa, la batalla decisiva, la de las Navas de Tolosa, sería un acontecimiento estrictamente español. España, en 1212, como en el 721, salvaba a Europa de la barbarie musulmana.

 

Conquistada toda Al Ándalus por los almohades, empezada a urdirse el verdadero destino de éstos: la acometida al mundo hispánico. Su empuje quedó más que manifiesto en la derrota que infligieron a las tropas de Alfonso VIII en Alarcos (Guadalajara), el 19 de Julio de 1195, destruyendo las expectativas del rey castellano, a quién con la derrota se le impidió terminar lo que estaba organizando: una ciudad amurallada como avanzada de la Reconquista. Una gran batalla contraria a los intereses del rey castellano, que a punto estuvo de costarle la vida, y en la que se enfrentó a un enorme ejército almohade apoyado por los rivales leoneses de Alfonso VIII, entre los que destacaba la casa de Castro, y cuyo general era Pedro Fernández de Castro.

✠ IMAGEN I.- “Rey Alfonso VIII de Castilla”.




 

La derrota en Alarcos aportó nuevos sufrimientos, ya que durante los dos años siguientes, los musulmanes razziaron a su sabor el reino de Toledo.

 

Tras la derrota de Alarcos, Alfonso VIII se planteó la revancha, que fue meditando y combinando con los enfrentamientos con los otros reinos cristianos, hasta que finalmente, el arzobispo de Toledo consiguió la proclamación de la Cruzada. Las épocas de paces pactadas con los árabes posibilitaban el fortalecimiento militar de los contendientes. Pero llegaba el fin de las mismas.

✠ IMAGEN II.- “Obispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada”.




 

Así, en 1211, el almohade Muhammand Al-Nasir, llamado por los cristianos «El Miramamolin«, preparó un gran ejército amenazando a los reinos cristianos. Ambicionaba ocupar completamente la Península Ibérica. El califa logró reunir un ejército de 125.000 soldados bien pertrechados y muy fanatizados. La caída de Salvatierra en manos de los Almohades, alarmó a toda Europa.

✠ IMAGEN III.- “Muhammad Al-Nasir, miramamolín”.




 

Pero Al Nasir, convencido de su victoria, daba rienda suelta al maltrato de sus propias tropas. Las formas aplicadas sobre los soldados eran tiránicas, lo cual contrastaba con las formas aplicadas por los reyes hispánicos.

 

En 1212 el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, logró del papa Inocencio III la proclamación de Cruzada para la lucha contra los almohades. La bula fue cursada a Alfonso VIII de Castilla, y fue complementada con otra en la que amenazaba de excomunión a quién atacase un  reino cristiano que se encontrase involucrado en la cruzada, en claro aviso al rey de León para que evitase atacar Castilla para recuperar las plazas anteriormente tomadas por Alfonso VIII. Jiménez de Rada, estuvo predicando la cruzada por Francia y en las iglesias de toda Europa animó a los creyentes a alistarse. En Europa existía auténtico pavor ante la posibilidad de una asonada árabe sobre su territorio, por lo que numerosos señoríos franceses respondieron al llamamiento del Arzobispo de Burdeos, el Obispo de Nantes, el Conde de Astarac, Theobald de Blazon ‘Señor de Poitou’, el Vizconde de Turena, el belicoso Arzobispo de Narbona, Arnau Amalric, entre otros.

✠ IMAGEN IV.- “Papa Inocencio III”.




 

De Europa, y en concreto de Languedoc, llegaron contingentes del ejército de Simón de Monfort, habituados a la lucha en la cruzada contra los albigenses, que en ese momento estaba en marcha, importando los métodos allí aplicados: Asaltaron la judería de Toledo, y cuando fueron expulsados de la ciudad, devastaron allí por donde pasaban.

 

Alfonso VIII se presentaría a la contienda con 50.000 hombres comandados por Diego López de Haro, V señor de Vizcaya. Sancho VII de Navarra, Pedro II de Aragón y Alfonso II de Portugal aportarían 20.000 hombres: 30.000 ultramontanos acudieron a la batalla con espíritu poco batallador, y las Órdenes militares acudieron como combatientes que no volvían la espalda y no obedecían sino al Papa. Ahí estaban los Maestres de las Órdenes del Temple y de San Juan de Jerusalén, con sus tropas de élite, así como numerosos caballeros de las Órdenes de Calatrava y Santiago. Por su parte, el rey de León y Galicia, Alfonso IX (1188-1230), condicionó su participación a la devolución de ciertas plazas arrebatadas por los castellanos y, lejos de unirse a la campaña, aprovechó la concentración de tropas en Toledo para atacar la región de Tierra de Campos; no obstante, sí acudieron a la cita importantes contingentes de caballeros leoneses. Los musulmanes presentaban un ejército cuyo número los historiadores hacen oscilar entre 120.000 y 400.000 hombres.

 

El rey de Navarra, debido al enfrentamiento que tenía con Alfonso VIII, no se decidió a participar en la contienda hasta que Arnaldo Amalarico, obispo de Narbona, le convenció.

 

La batalla de Las Navas de Tolosa, llamada en la historiografía árabe Batalla de Al-Uqab, finalmente enfrentó el 16 de Julio de 1212 en las inmediaciones de la población jiennense de Santa Elena al ejército aliado en una actuación que puede entenderse como la primera iniciada por quienes, juntos, constituían España, contra el ejército numéricamente superior del califa almohade Mohamed Al Nasir (Miramamolin). Saldada con una importantísima victoria del bando cristiano, esta batalla fue el punto álgido de la Reconquista y el principio del fin de la presencia musulmana en España.

 

La financiación de la empresa, en un 66 % estuvo a cargo del tesoro castellano y el resto por parte de la Iglesia. De todo el reino llegaron a Toledo armas, caballos y provisiones.

 

Malagón, Calatrava y Alarcos… Tres plazas que había perdido la Orden de Calatrava tras el desastre de Alarcos (único baluarte cristiano al sur del Tajo), ocurrido en 1195, exactamente el 19 de Julio, eran recuperadas 17 años más tarde. La cruzada partió de Toledo el 19 de Junio, y llegó a Malagón el día 24.

 

La actuación de los ultramontanos en Malagón fue la segunda parte de  lo acaecido en Toledo, no estaba en orden a lo previsto por Alfonso VIII, que llegó dos días más tarde a la fortaleza y contempló horrorizado el espectáculo dejado por los tramontanos. Esa no era la batalla que quería el rey de Castilla, había que negociar de otra manera. Empezaron los roces entre los cristianos españoles y los extranjeros.

 

Tras Malagón, Calatrava. Tres días de asedio bastaron para acabar con la mitad de los defensores y la rendición del resto. La fortaleza de Calatrava era de tal categoría que los cristianos discutieron sobre la conveniencia de atacarla. Finalmente lo hicieron y fue entregada a los monjes calatravos, que anteriormente la habían perdido ante las tropas de Miramamolín. Todo lo hallado en ella fue entregado a los ultramontanos.

 

Treinta y cinco caballeros árabes escaparon con vida del sitio, perdonados por Alfonso VIII, y marcharon con Miramamolín (Mohamed Al Nasir), en medio del disgusto de los ultramontanos, partidarios de pasarlos a cuchillo. Este hecho significó su defección de la campaña, aunque finalmente su deseo fue cumplido por parte de Miramamolín, que no perdonó la rendición a los caballeros liberados y mandó degollarlos. Acto seguido, el grueso del contingente ultramontano abandonó la campaña y volvió a sus lugares de origen, poniendo como excusa la magnificencia otorgada a los vencidos. Poco perdía el ejército cruzado al ver marchar un contingente compuesto por soldados, mujeres, niños y enfermos. La cuestión sería lo que debía ser: un asunto estrictamente español.

 

Aproximadamente se marcharon un 27 % del total del ejército. El obispo de Narbona, que se quedó con una treintena de caballeros, señala que el número de los que se retiraron ascendía a 50.000.

 

El día 6 de Julio se tomó Alarcos, y el día siete llegaban las fuerzas a Salvatierra, que se había perdido el año 1211. Mientras, Al Nasir se ocultaba en la sierra, por lo que los reyes hispánicos plantearon una estratagema: volver, supuestamente, para castigar a Alfonso IX de León.

 

En las estribaciones de Sierra Morena estaba el ejército enemigo, esperando que la desmoralización y la falta de avituallamiento cundiese entre los españoles. Y no había para menos, tan sólo un caballo de guerra necesita comer más de una arroba diaria de heno más otra media de avena o cebada; para beber, no pasa con menos de dos cántaros diarios. Pero es que, además de las monturas de guerra, en un ejército como el preparado para aquella expedición van también otras imprescindibles para carga y transporte. Con un caballero de la caballería pesada van cuatro monturas: además del destrier con el que combate, el caballero monta un palafrén durante el viaje y su escudero va en otro caballo, a los que se añade un jumento o mula cargando con las armas y bagajes de los dos hombres. En total, no menos de sesenta mil bestias. Si, obviamente, tenemos en cuenta la comida para los soldados ─a razón de tres libras diarias por persona─, para una expedición que durase un mes, debíamos llevar con nosotros casi cincuenta mil arrobas de comida, aunque mucho de ese peso fuese andante por tratarse de animales que se irían sacrificando. Parece, así, que la deserción de los ultramontanos resultó beneficiosa para la expedición, ya que las provisiones previstas para ellos quedaron con los que siguieron en la campaña.

 

Pero la situación geográfica era muy contraria al ejército español, que tomó y perdió el castillo de Ferral, Al Nasir entendió que con estos movimientos tenía cercados a los españoles.

 

El ejército árabe, compuesto de 120.000 soldados, estaba encabezado por la infantería del Alto Atlas, tras los que se acumulaba un enorme ejército de voluntarios andalusíes cuya idea principal consistía en morir en el envite.

 

Tras esta masa de carne sin formación militar se situaba el ejército almohade con una potente caballería encargada de cubrir los flancos que estaba conformada por caballeros procedentes de todos los lugares del Islam, que habían acudido a la llamada de la Yihad.

 

Tras ellos, los temidos arqueros turcos a caballo, que ya eran conocidos por las fuerzas españolas; unidades de élite que atacaban sorpresivamente y salían huyendo, atrayendo a los españoles a nuevas emboscadas.

 

Y finalmente, la guardia negra, compuesta por esclavos senegaleses que permanecían encadenados y dispuestos a morir en torno al sultán, que dirigía la operación desde el Castillo de Ferral, frente al desfiladero de la Losa.

 

El ejército almohade se preparó para la batalla en la calurosa jornada del día 14 de Julio intentando aprovechar el cansancio de las tropas española e hizo lo mismo el día 15, al frente de la cual estaba el propio Al Nasir. Los españoles, observaban cómo se gastaban las fuerzas del enemigo, que lanzaba escaramuzas con la intención de provocar la batalla en el momento que más les interesaba.

 

El plan de combate de los reyes cristianos consideraba mantener un cuerpo de reserva con el que atacar al enemigo cuando intentara cercar al cuerpo principal. Alfonso VIII quedaría al frente del mismo.

 

El día 16 era el gran día. Don Diego López de Haro al frente, con las huestes del arzobispo de Narbona. En el centro Gonzalo Núñez de Lara y las Órdenes Mlitares de Calatrava, Temple, Santiago  y Hospital. A la  derecha se situó el rey de Navarra, Sancho VII el Fuerte, las milicias concejiles. A la izquierda, las tropas de Aragón, con Pedro II al frente.

✠ IMAGEN V.- “Sancho VII de Navarra, el Fuerte”. 





✠ IMAGEN VI.- “Pedro II de Aragón”.





Entró en combate la caballería pesada haciendo grandes estragos entre la infantería yihadista andalusí así como entre la infantería profesional, tras lo cual, la caballería pesada almohade retrocedió sin entrar en batalla, pero más tarde los infantes musulmanes desorganizaban el ataque de la caballería y descabalgaban a los jinetes castellanos.

 

Entraron en acción, entonces, las líneas medianeras de los cuerpos castellano y aragonés y los almohades simularon una retirada dando paso a las fuerzas de élite y la caballería ligera almohade trata de envolver a los atacantes. Las tropas españolas flaquean y los musulmanes rompieron su formación cerrada para perseguirles, lo que debilitó el centro del ejército almohade. Fue el momento que aprovechó Alfonso VIII para entrar en batalla.

 

Seguido por los reyes de Aragón y de Navarra al grito de ¡Santiago y cierra España! se produjo la gran desbandada agarena, dejando en solitario a Miramamolín con su escolta suicida, que fue arrasada mientras Miramamolín, salía huyendo. Sancho fue el primero en acometer la tienda del tirano.

 

Un Te Deum Laudamus, Te Dominum confitemur selló la gloriosa jornada.

 

La derrota musulmana fue terminante, y abrió las puertas de la Andalucía bética a los cristianos. Cuarenta años después, solo el Reino de Granada se mantenía en manos musulmanas. En cuanto a los Almohades, las crisis internas llevan a su disolución en 1224.

✠ IMAGEN VII.- “Batalla de las Navas de Tolosa”. 




FUENTES:

Cesáreo Jarabo.

España en la historia.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval. 

 

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes, lugares y hechos históricos.


✠  “PELAYO GALVÁN Y LA QUINTA CRUZADA.”

Dammietta, año del Señor 1218.

A orillas del Nilo, Pelayo Galván se seca el sudor con la manga del hábito. El verano en Egipto es duro, muy diferente al clima de su tierra natal, donde la lluvia y el frío son una parte más de la naturaleza. Aquí el calor es pegajoso y el sol ataca sin piedad, algo que bien podría haber facilitado la toma de la ciudad que los hijos de Alá llaman Dumyāt, la Damietta cristiana, al verse acuciada por la falta de agua, pero aquel caudaloso río a su paso por la villa ha revertido el problema a los sitiadores. O puede que, ironías de la guerra, les reporte la solución definitiva.

Resuenan en el río ruido incesante de martillos, resquebrajar de maderas y órdenes dadas en diversas lenguas del mundo. Después de tres meses siendo repelidos por tierra y ante la falta de material para la construcción de máquinas de asedio, Galván, Oliver de Colonia, Leopoldo VI y Juan de Brienne han tomado la decisión de fijar dos grandes barcos y construir sobre ellos una torre flotante que llegue a la altura de la alcazaba, superando la cadena que impide el acceso a los barcos. La tarea es inmensa, pero de salir bien la ciudad caerá consigo y, con ella, la Quinta Cruzada permitirá por fin recuperar Jerusalén, la Casa de Dios.

✠ IMAGEN I.- “Pelayo Galván”.





Y si Dios lo quiere, Pelayo Galván está dispuesto a ser su brazo ejecutor.

EL PERSONAJE.

Las referencias bibliográficas a Pelayo Galván son casi más escasas que la ingente cantidad de nombres por los que ha pasado a la historia: Pelayo Galván, Pelagio Galvani o Pelayo Gaitán. Nacido en torno a 1165, poco se conoce sobre sus primeros años: se da por cierto que descendía de una familia noble de la Península ibérica, y si bien no existe constancia de su lugar de nacimiento, se considera natural de la provincia de León o de alguno de los pueblos vecinos (Navarrete), si bien existen diversas teorías que lo sitúan en el señorío de Gusendos de los Oteros, en Galicia, mientras otros lo hacen natural de Guimaraens, en el reino de Portugal, posibilidades que no resuelven las crónicas de la época, en las que se habla de Pelagio Calvani, Gaitán y hasta Paio Galvao.

Respecto a su juventud, se sabe que tomó el hábito benedictino a muy temprana edad y que posteriormente partió a estudiar teología en París, donde compartió aula con Lotario dei Conti di Segni, el futuro papa Inocencio III

✠ IMAGEN II.- “Inocencio III”.




Años más tarde, tras un breve paso por la Península para ejercer como profesor, Sancho I de Portugal envió a Galván, antiguo compañero del nuevo pontífice, a presentarle sus respetos. El feliz reencuentro hizo que Inocencio nombrase a Pelayo vicecanciller de la Iglesia y canónigo de San Pedro. En 1205 o 1206 se convirtió en cardenal diácono, siendo uno de los primeros españoles, tras Pedro de Cardona, en recibir esta dignidad. En 1211 fue nombrado cardenal presbítero de Santa Cecilia y en 1213 obispo de Albano, aunque mantuvo su residencia en Roma, donde ocupó un lugar destacado en la Santa Sede.

Era un hombre de mucho espíritu y muy hábil, aunque de un carácter fiero y tenaz (Navarrete).

IV CONCILIO DE LETRÁN.

Pues tres son los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres convienen en lo mismo. (Juan 5:7-8).

11 de noviembre de 1215. Inocencio III convocó el Concilio Lateranense IV, llamando a los caballeros cristianos de Europa a la Reconquista de Tierra Santa y la reforma de la Iglesia Universal. La recompensa que esperaba en Oriente a quien se prestara voluntario era considerable: pecados perdonados, indulgencia con los que aportaran dinero, protección de bienes y familias y compromiso eclesiástico de sufragar un veinte por ciento de los gastos totales de la aventura (Francisco García Fitz, Cruzados en la Reconquista).

Se iniciaba así la Quinta Cruzada, auspiciada por las bulas papales Quia maior y Ad Liberandam y convocada inicialmente por Inocencio III, al que le sobrevino la muerte en 1216. Sería su sucesor, Honorio III el que daría el impulso definitivo. 

✠ IMAGEN III.- “Honorio III”.





UN ESPAÑOL EN LA QUINTA CRUZADA.

Andrea II de Hungría organizó el ejército más grande de toda la historia de las Cruzadas, al que se le iría sumando el monarca austríaco Leopoldo VI y caballeros como Jean de Brienne. Los primeros ejércitos cruzados occidentales partieron desde el puerto de la ciudad de Vlaardingen el 27 de mayo de 1217 en trescientos barcos hacia Oriente. Sin embargo, a pesar de la prontitud de la partida, arribaron mucho después que los húngaros y austríacos a Tierra Santa, puesto que hicieron escala en Santiago de Compostela, y una parte de ellos se involucró en la guerra de reconquista portuguesa contra los musulmanes en la Península ibérica.

El destino de los caballeros fue la ciudad de Acre, donde  fueron recibidos por Raúl de Merencourt, el patriarca latino de Jerusalén. Allí se produciría el primer consejo de guerra, con Andrea II, Leopoldo VI, Hugo I de Chipre, el príncipe Bohemundo IV de Antioquía, los tres maestres de la Orden Teutónica y el rey Juan de Jerusalén. El objetivo era (como el de las anteriores cruzadas) rescatar las tierras de manos de los musulmanes, en esta ocasión combatiendo a los Ayubitas en Siria.

Los ejércitos cruzados se dirigieron al sur, hacia la cadena montañosa junto a Acre, y fijaron un campamento en las afueras de Riccardana. El 3 de noviembre el patriarca latino Raúl y el obispo Jacobo Vitry de Acre se presentaron en persona frente al rey húngaro y al duque austríaco, trayendo con ellos un pedazo de la Vera Cruz la cual se había perdido después de la batalla de los Cuernos de Hattin en 1187.

Mientras tanto, Al-Muazzam, hijo del sultán al-Ádil, vigilaba de cerca a los cruzados, aunque sin pretensión de atacarlos. El 4 de noviembre las fuerzas cristianas avanzaron para explorar las cercanías del castillo sobre el monte Tabor y el 10 de noviembre ya habían cruzado el mar de Galilea. 

Es por esta época cuando vuelve a resonar con fuerza el nombre de Pelayo Galván. El papa Honorio III lo había nombrado nuncio, encomendándole la responsabilidad de dirigir a los cruzados hacia Egipto, primero, y Jerusalén, después.

Honorio III le hizo su legado para la expedición a la Tierra Santa, a donde condujo en el año de 1218 un refuerzo considerable de tropas y muchos príncipes y señores principales de la cristiandad (Navarrete).

El objetivo del religioso era el puerto de Damietta, en la orilla oriental del Nilo, un enclave protegido por tres murallas y una infinidad de torres de guardia que, en la práctica, suponía uno de los corazones de la defensa musulmana. A esta acción de Galván, cabeza visible del ejército a nivel religioso, se le sumaron las mesnadas de Oliver de Colonia, Leopoldo VI y Juan de Brienne.

El nuncio fue el responsable de un gigantesco tesoro papal de 35.000 marcos de plata y otros 25.000 de oro. Con él pudo sacar de la indigencia a algunos cruzados y contratar a aquellos soldados que buscaran un pago regular (Christopher Tyerman corrobora esta idea en ‘ The world of the Crusades).

EL SITIO DE DAMMIETTA.

Galván arribó a la ciudad en agosto, cuando Brienne ya había comenzado el cerco.

Las operaciones giraban en torno a bloquear la ciudad y someterla por el hambre, porque la falta de madera impedía la construcción de máquinas de asedio (Tyerman). 

✠ IMAGEN IV.- “El sitio de Dammietta”.





Pelayo se hizo cargo del asedio durante año y medio. Al otro lado de las torres defendía la ciudad Al-Kamil Muhammad al-Malik, uno de los generales más reconocidos de Egipto.

Al-Kamel fue al encuentro con sus tropas, se asustó ante tan elevado número de enemigos y evitó enfrentarse a ellos. Instaló su campamento al sur del puerto de la ciudad de tal forma que podía ayudar a la guarnición sin verse obligado a entablar una batalla directa. La ciudad era una de las mejor defendidas de Egipto. Las murallas estaban rodeadas al este y al sur por tierra pantanosa, mientras que al norte y al oeste el Nilo garantizaba un nexo con Egipto (Amin Maalouf en Las cruzadas vistas por los árabes).

En la práctica Al-Kamel sabía que o los cristianos tomaban el Nilo o no la cercarían de forma eficiente. Y aquello era prácticamente imposible de conquistar por culpa de una gigantesca cadena ubicada entre el castillo y la alcazaba de la ciudad que impedía el acceso a los buques. La tarea era titánica, pero Galván, con ayuda de sus generales, ideó un plan, apoyándose en las flotas de Frisia y una flotilla de la República de Génova al mando de Simone y Pietro Doria:

Durante tres meses vieron rechazados los asaltos a la alcazaba, hasta que se les ocurrió la idea de fijar dos grandes barcos y de construir sobre ellos una suerte de torre flotante que llegaba a la altura de la alcazaba. La tomaron por asalto el 25 de agosto y rompieron la cadena (Amin Maalouf). 

El sitio fue largo y duro, pero finalmente se logró tomar la plaza en 1219. La caída de la alcazaba le provocó tal tensión en al sultán al-Ádil, que falleció de un ataque al corazón. Su sucesor fue Al-Kamel, quien propuso un curioso pacto a Galván: si los cruzados abandonaban la región, se comprometía a entregarles Jerusalén, toda Palestina central y Galilea, además de las reliquias de la Santa Cruz. Por un lado, los franceses de Juan de Brienne y los teutones fueron partidarios de aceptar la propuesta, pero Galván, secundado por los italianos, los caballeros templarios y hospitalarios, se negó.

La decisión final le correspondía a un tal Pelayo, un cardenal español al que el papa había puesto al frente de la expedición. Galván rechazó el pacto y tomó la urbe por la fuerza poco después ante una famélica y escasa guarnición el 5 de noviembre de 1219. (Maalouf).

Una vez tomada la ciudad, Galván consagró la mezquita de la ciudad como iglesia y restauró la sede episcopal y su cabildo, aunque la tranquilidad duró poco. No se habían apagado las ascuas de la conquista cuando comenzaron las disputas entre los cristianos por el control de la ciudad. Pelayo, convencido, proponía llegar hasta Jerusalén, pero su figura cayó a un segundo nivel con la llegada de Federico Hohenstaufen, rey de Alemania y de Sicilia. Poco después, cuando la cruzada perdió fuelle y se barruntaba el desastre, Pelayo regresó a Europa. 

SUS ÚLTIMOS DÍAS.

De regreso en Italia, ejerció como decano del colegio cardenalicio en el cónclave de 1227 en que fue elegido papa Gregorio IX. En 1229, desatadas las hostilidades entre Roma y el emperador Federico II, Pelayo se puso al mando del ejército pontificio que se enfrentó a las fuerzas imperiales.

Ya estaba de vuelta en Roma el año de 1224, y según las memorias de la iglesia de León falleció a 29 de febrero de 1230. A principios de aquel siglo pasó también a visitar los santos lugares de Roma y Jerusalén el famoso Don Lucas, después obispo de Tuy, con cuyo motivo estuvo en Francia, en Italia, en Grecia, en Armenia, en Constantinopla, en Tarso de Cilicia, en Nazareth y en otras varias partes del Oriente, como él mismo refiere; adquiriendo en estos viajes aquel caudal de erudición y conocimientos que le proporcionó las mayores dignidades de la Iglesia de España, y que la gran reina Doña Berenguela, madre de San Fernando, le nombrase su historiador por el reino de León, para perpetuar las hazañas de los reyes sus predecesores (Navarrete).

FUENTES:

Ricardo Aller Hernández. 

España en la historia.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval. 

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Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval. 

 

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes y hechos históricos.

 

Tal día como hoy, 22 de Enero, pero del año…

 

✠  “1188.-  EN EL REINO DE LEÓN, ALFONSO IX ES PROCLAMADO REY, TRAS LA MUERTE DE SU PADRE FERNANDO II.”

Alfonso IX. Zamora, 15.VIII.1171 – Villanueva de Sarria (Lugo), 24.IX.1230. Rey de León (1188-1230).

✠ IMAGEN I.- “ALFONSO IX de León.” 




Hijo de Fernando II (1157-1188), rey de León, y de su mujer Urraca Alfonso, llamada “La Portuguesa”, por su procedencia. Fue bautizado en la catedral de Zamora. Dada la anticanónica consanguinidad de sus padres, el matrimonio hubo de disolverse poco tiempo después del nacimiento de Alfonso, en 1175, por lo que su madre desapareció de la Corte leonesa refugiándose en un monasterio portugués; la ilegitimidad del matrimonio de sus padres, y su anulación posterior, no fue obstáculo para que fuese reconocido como legítimo heredero. De su crianza sería responsable la salmantina María Ibáñez y el matrimonio leonés formado por Adán Martínez y María Díez. Pasada la niñez, su formación estuvo en manos de Armengol, conde de Urgel, y de Juan Arias y su mujer, Urraca Fernández.

✠ IMAGEN II.- “Urraca Alfonso, “la portuguesa”




 

Es la pluma de Lucas de Tuy, canónigo isidoriano anteriormente a su condición de obispo tudense, quien, a través de su "Cronicon mundi", nos revela las características físicas del joven príncipe, a quien conoció personalmente: “Es de rostro noble, elocuente, generoso, de gran fortaleza física, diestro en el manejo de las armas y muy firme en su fe católica [...] Cuando se enojaba se asemejaba al rugido de un león. Al revestirse con las armas de guerra y montar a caballo, su gesto manifestaba más fortaleza de ánimo que ferocidad [...] Nunca fue vencido en el campo de batalla, permaneciendo siempre victorioso en las guerras que sostuvo frente a cristianos y sarracenos”. Da a entender el tudense, poco después, que era clemente, misericordioso, pero también aficionado a las mujeres, colérico y de oídos atentos a la calumnia. Añade, además, para grandeza y loor de san Isidoro y de su colegiata leonesa, un milagro del santo en favor del propio Alfonso, a quien curó de ceguera, tras ser lavados sus ojos con agua milagrosa.

 

A la muerte de Fernando II, en enero de 1188, el acceso del príncipe Alfonso al Trono era disputado por el infante Sancho Fernández, hijo legítimo de la legítima unión de Fernando II con Urraca López, de la dinastía riojano-vizcaína de los López de Haro, en esos momentos encabezada por Diego López de Haro, hermano de la reina Urraca. Los apoyos de la Casa real castellana, encabezados por Alfonso VIII (1158-1214), a los López de Haro, suponían un peligro real para que Alfonso IX consolidara su Trono leonés, por proceder de un matrimonio nunca legitimado.

✠ IMAGEN III.- “Alfonso VIII de Castilla”.




 

De hecho, a la muerte de Fernando II los castellanos invadieron tierras leonesas, tomaron Coyanza (Valencia de Don Juan), y algunos enclaves de Tierra de Campos, rompiendo el sistema defensivo leonés en la línea fronteriza con Castilla, disputada a lo largo de los siguientes veinte años. Al fin, el enfrentamiento oponía a los nietos de Alfonso VII el Emperador, aunque se resolvería favorablemente para el Monarca leonés, que consolidó su corona manteniéndola nada menos que durante cuarenta y dos años.

 

La reafirmación del Trono sería definitiva cuando, en la primavera de 1188, el joven Monarca convocó una Curia Extraordinaria en la iglesia de San Isidoro de León. En ella se iniciaba la tarea legislativa alfonsina que se consolidará en los distintos ordenamientos y decreta promulgados durante su prolongado reinado. Esta Curia de 1188 contó con la presencia de procuradores de las ciudades y villas del reino, lo que ha llevado a identificarla con las primeras Cortes. En la Curia de 1188 se revocaron algunas de las donaciones que Fernando II había otorgado en sus últimos años de reinado y que habían cercenado el realengo, fundamentalmente las relativas a los cellarios regios; finalmente, se confirmaron y renovaron otros decretos.

 

El análisis pormenorizado del conjunto legislativo de 1188 ha llevado a señalar que verdaderamente en dicha fecha sólo se realizaron parte de los decreta en que se confirmaban usos y derechos anteriores; mientras que otra parte, los de temática judicial, por ejemplo, serían de formulación posterior. En todo caso, la emblemática Curia Extraordinaria (Cortes Leonesas), de 1188 ha sido identificada tradicionalmente como el inicio de garantías jurídicas que dieron seguridad a los súbditos.

 

Para evitar la guerra, los monarcas de Castilla y de León llegaron a un compromiso que apartaba definitivamente a Sancho Fernández del trono leonés: en Carrión, en el mes de junio, convocada una Curia, Alfonso IX sería armado caballero por Alfonso VIII de Castilla, que así reafirmaba su posición, puesto que el leonés le besaría la mano siguiendo el uso caballeresco. Los acuerdos matrimoniales fijados en este compromiso pretendían la unión de Alfonso IX con una princesa castellana, pero realmente el compromiso nunca se llevó a efecto. En Carrión, se dice (C. de Ayala), nació el profundo leonesismo de Alfonso IX, nunca favorable a compartir el Trono con Castilla, al tiempo que Alfonso VIII no devolvía las plazas ocupadas. Y, de Carrión, el joven Monarca pasaría a Compostela, sin duda su refugio preferido a lo largo de todo su reinado, donde hizo que reposaran los restos mortales de su padre. Aclarada la situación con Castilla, Alfonso IX debió imponerse también respecto al reino vecino occidental, donde Sancho I de Portugal (1185-1211), de la misma manera pretendía aprovecharse del cambio dinástico. Y, por el sur, la subida al trono del monarca leonés coincidió con la gran ofensiva almohade localizada al sur de Coria. Es en estos primeros meses de su reinado cuando Alfonso IX se vio obligado también a tomar medidas económicas ante la mala situación de la Corona, que le incapacitaba para emprender cualquier empresa bélica. La alternativa fue única: recurrir a nuevos impuestos, "el petitum y la moneda forera".

 

A lo largo de 1188 se consolidó la Corona sobre Alfonso IX, que controlaba perfectamente la situación y que ahora aparecía acompañado por su madre, Urraca Alfonso. Un acercamiento a la Corte portuguesa a lo largo de 1190 hizo que Alfonso se olvidase del compromiso matrimonial castellano y solicitase de Sancho I de Portugal el casamiento con su hija Teresa; ello, a sabiendas de la proximidad familiar y la consanguinidad correspondiente: eran primos carnales. La boda se celebró en Guimarães el 15 de febrero de 1191. La unión no fue nunca aceptada por Roma, cuyo pontífice, Celestino III (1191-1198), ante la resistencia de los monarcas a la separación, envió un legado pontificio para llevar a efecto la anulación y, a continuación, aunar las fuerzas de los reinos cristianos contra el peligro almohade. Roma pretendía unir las voluntades de Alfonso VIII de Castilla, Alfonso IX de León y Alfonso I de Portugal.

✠ IMAGEN IV.- “Papa Celestino III”.




 

En 1193, tanto los castellanos como los leoneses estaban interesados en la paz con los musulmanes y para ello desarrollaron, en el norte de África, tareas diplomáticas encargadas de prolongar las treguas. Por su parte, el peligro llevó al Monarca leonés a tratar de fortalecer las Órdenes militares, sobre todo a la poderosa Orden leonesa de Santiago, con el fin de defender la Transierra y reforzar Ciudad Rodrigo y las tierras meridionales. Se intuía una gran ofensiva almohade, que sería una realidad en 1195 y que acabaría con el desastre castellano de Alarcos.

 

En 1194 se celebró el tratado castellano-leonés de Tordehumos, en el que se estipuló la devolución de las plazas ocupadas por Alfonso VIII al acceder al Trono leonés Alfonso IX; estipulación que no se resolvió hasta dos años después. Es también 1194 el año en que Celestino III se vio obligado a excomulgar a Alfonso IX y Teresa de Portugal, por su anticanónica unión, lanzando entredicho sobre sus reinos. Era el final del matrimonio; para entonces, Teresa había dado al leonés tres hijos: Sancha, Fernando y Dulce. Éste es el primer matrimonio de Alfonso IX; matrimonio que nunca fue legitimado y cuya descendencia tampoco lo fue. El acuerdo leonés-portugués fijó la dotación de Teresa, que volvió a su tierra, donde se convertiría en la gran benefactora del Císter (monasterio femenino de Lorvão), si bien sus propiedades leonesas le permitieron mantenerse en ambos reinos.

✠ IMAGEN V.- “Teresa de Portugal”.




 

Reunida la Curia en Compostela, este año de 1194, Alfonso IX continuó su tarea legislativa y siguió afianzando su poder monárquico. Las constituciones aprobadas en este momento tienen como líneas prioritarias la justicia y el orden público: el interés específico del Monarca era el establecimiento de una recta justicia. La falta de entendimiento entre Alfonso VIII y Alfonso IX rompió las expectativas de una lucha antiislámica conjunta de los reinos cristianos hispánicos; la negativa del primero a compensar al segundo por su ayuda, y a replantear el espinoso tema del infantado de Campos y liberar algunos castillos usurpados por el linaje de los Haro, produjo el acercamiento de Alfonso IX a los almohades, contra Castilla, en 1196. Y, como consecuencia inmediata, al leonés le cayó la excomunión de Celestino III, junto con el entredicho sobre su reino. Castilla y León, sus monarcas y sus nobles, se tomaron sus venganzas con expediciones y saqueos de un lado y otro de sus mal definidas y disputadas tierras fronterizas.

 

El califa Ya‘qūb al-Manîūr no aceptó la petición de tregua solicitada por Alfonso VIII, lo que se tradujo, en 1197, en una reanudación de las campañas islámicas, con algaradas devastadoras que pretendían recuperar espacio, aunque fueron realmente poco provechosas para el Califa. Más tarde, éste y el Monarca castellano firmaron una tregua de diez años. Ello rompía las expectativas de Alfonso IX, cuya alianza con los almohades quedaba ahora minimizada y sin resultados. Era el decepcionante momento del Monarca leonés, que veía, además, unirse a Castilla y Portugal, que volvieron a ocupar las tierras de aquél. Cuando el Califa, retirado al norte de África, permitía la paz con los reinos cristianos, éstos volvían a enfrentarse entre sí, en parte alentados por Roma, que pretendía castigar la alianza de Alfonso IX con los infieles. La solución procedió de la reina Leonor de Castilla. Su hija Berenguela, en otro tiempo propuesta en matrimonio al alemán Conrado de Hohenstaufen, era propuesta ahora para el segundo matrimonio de Alfonso IX de León. La princesa Berenguela, en su unión con Alfonso IX, recibiría de sus padres los disputados castillos y villas de Tierra de Campos y otra serie de fortalezas: todo ello formaría un extenso infantado. Si naciese un heredero de esta unión, sería titular de un poderoso imperio. Leonor de Castilla obviaba intencionadamente dos problemas: en primer lugar, el hecho de que Alfonso IX había casado anteriormente con Teresa de Portugal, unión de la que procedían dos infantas y un príncipe, Fernando, heredero del trono de su padre. Ciertamente, el matrimonio había sido disuelto por consanguinidad y era el mismo problema que ahora presentaría el nuevo que se proyectaba: nulo aquél, nulo éste. Si eran ilegítimos los vástagos de Teresa de Portugal, ilegítimos serían también los vástagos que Berenguela le diera a Alfonso. Se esperaba la legitimación por Roma, dado que el parentesco no era tan próximo como en el primer matrimonio; pero nunca llegó, aunque Celestino III (muerto el 8 de enero de 1198), parecía favorable; su sucesor, Inocencio III (1198-1216), fue inflexible.

✠ IMAGEN VI.- “Papa Inocencio III”. 



Alfonso IX, casado, por fin, con Berenguela, convocó Cortes en Benavente. Era el año de 1202. En ellas se recogió el pacto entre el Rey y los miembros de las oligarquías locales, los ciudadanos, para impedir o atajar la devaluación de la moneda. El Rey se comprometía a no alterar su valor y establecía, a cambio, el tributo —moneda— que percibiría de siete en siete años. Para algunos autores este pacto es la base de la representación ciudadana en las Cortes.

 

Mientras Roma amenazaba con la excomunión, Alfonso IX y Berenguela tuvieron cuatro hijos: dos infantes, Fernando y Alfonso, y dos infantas, Berenguela y Constanza. Disuelto el matrimonio, al igual que había sucedido anteriormente, Berenguela de Castilla volvió a su reino. Había dos matrimonios anulados, siete hijos ilegítimos y dos posibles herederos de idéntico nombre: Fernando. Por otro lado, estaba la viuda de Fernando II, Urraca López, madre del infante Sancho Fernández, cuyas aspiraciones al Trono leonés no cejaban, al ser su hijo legítimo de legítimo matrimonio, frente al caos de los matrimonios e hijos de Alfonso IX. Los intereses de Urraca López de Haro habían sido apoyados, como se ha señalado, por Alfonso VIII de Castilla en otro tiempo, mas ahora, con Berenguela y su descendencia, eran insostenibles para la Corte castellana. Era el momento de cortar sus reivindicaciones y Alfonso IX ocupó las fortalezas de Aguilar y Monteagudo, en manos de la viuda de Fernando II, y defendidas por los Haro; el leonés aprovechaba también las malas relaciones entre Alfonso VIII y los Haro, que habían protagonizado ya la huida de Diego López de Haro, refugiado en la Corte navarra de Sancho VI. Mientras tanto, se mantenían las treguas con los musulmanes, y Alfonso IX, en su tarea legislativa, ordenaba los decretos de Lugo de 1204, y se separaba definitivamente de Berenguela, que ya no figura en los documentos leoneses desde fines de dicho año; la ex Reina regresa a Castilla con sus hijos poco tiempo antes del nacimiento del infante Enrique, hijo de Alfonso VIII y Leonor de Castilla y futuro heredero al Trono castellano.

✠ IMAGEN VII.- “Sancho VI de Navarra”.




 

Fracasados ambos matrimonios, una embajada a Dinamarca en 1205, pretendía concertar un nuevo matrimonio para el Monarca leonés, que no fue posible. Por otra parte, la ruptura del matrimonio volvió a enfrentar a Castilla y León, ante la oscura situación del infante Fernando, futuro Fernando III, ahora que el matrimonio estaba disuelto. Nuevamente a punto de la guerra, los Alfonsos no tendrían más remedio que negociar. Alfonso VIII, en su testamento, dejaría a su nieto los castillos objeto de disputa entre ambos reinos: Valderas, Melgar, Bolaños, Villafrechós, Almanza, Castroponce, El Carpio, Monreal, Castrotierra, Siero de Asturias y Siero de Riaño; en conjunto formarían un sólido señorío, enclave divisorio entre León y Castilla, que menoscavaba ciertamente a León. El acuerdo entre Alfonso VIII y Alfonso IX llegó en Cabreros del Monte el 26 de marzo de 1206. En él, sin clarificar aún las expectativas del futuro Fernando III al Trono leonés, se declaraba que los siete hijos de Alfonso IX procedentes de ambos matrimonios, a pesar de ser ilegítimos, eran herederos al Trono de su padre. Además, Berenguela entregaba al infante Fernando, su hijo, los castillos de Luna, Argüello, Gordón y Ferrera más aquellos que constituían las arras que le había entregado Alfonso IX. Así la Paz de Cabreros fijaba definitivamente el patrimonio del infante, primogénito de la unión de Alfonso con Berenguela, y se entregaba la correspondiente indemnización a ésta por la nulidad del matrimonio. La paz con Castilla quedaba resuelta.

 

Sin la materialización de una alianza anglo-leonesa, cuyos contactos había iniciado en el verano de 1207, Alfonso IX se dedicó a la organización interna del reino y convocó nuevamente Cortes en la ciudad de León, en 1208, cuyo ordenamiento es de contenido fundamentalmente eclesiástico. Dedica también sus esfuerzos a favorecer el comercio, orientar la ampliación del espacio en la zona de Extremadura y, sobre todo, hacia las tareas repobladoras; entre 1208 y 1230 la repoblación constituye, sin duda, el punto más importante de su política interna, orientada a reforzar la ocupación del espacio, pero, ante todo, sentando las bases para aumentar sus maltrechas rentas. La colonización de sus territorios comenzó, en el mismo año de 1208, por tierras gallegas con la fundación del puerto de La Coruña en el burgo de la Torre del Faro, seguida, hacia el interior, por tierras de la orensana Limia y la lucense tierra de Lemos y Sarria. Pero su dinamismo repoblador se extendió a todas las regiones de su reino: Asturias, con las polas, bien estudiadas por Ruiz de la Peña (Tineo, Llanes); en la comarca berciana, las buenas villas situadas en el Camino de Santiago y las tierras del interior de Friera y Aguiar; las tierras diocesanas asturicenses que siguen la Ruta de la Plata por La Bañeza (San Martín de Torres), y hacia la zamorana Tierra de Sanabria (Puebla de Sanabria); la extremadura, al sur del Duero (Castelo Rodrigo), consolidando la zona fronteriza con el reino portugués; y, posteriormente, tras la actividad reconquistadora de la etapa final alfonsina, la Transierra, donde las órdenes militares (Alcántara, Santiago) colaboraron activamente en su colonización. Esta obra colonizadora alfonsina se completó con la concesión de fueros, a partir de auténticos modelos forales que constituyen las “familias de fueros”.

 

Alfonso IX utilizó dos grandes modelos, el del Fuero de Benavente y el de Ciudad Rodrigo-Coria, más importante el primero y más difundido por tierras del interior, mientras el segundo se corresponde con un modelo fronterizo. En versión original o refundida, el Fuero de Benavente fue otorgado a La Coruña, Betanzos, Milmanda, Parga y Burgo, en tierras gallegas; a Llanes, en la zona asturiana; a Sanabria, en territorio zamorano; a Villafranca del Bierzo y Laguna de Negrillos, en el corazón del reino de León. Con su otorgamiento, el Monarca buscaba la reactivación económica y comercial en los viejos territorios de su reino. Por lo que se refiere al Fuero de Ciudad Rodrigo, fue otorgado a la comarca portuguesa, entonces leonesa, de Çima-Coa (Castelo Rodrigo, Castelo Melhor, Castelo Bom, Alfaiates), y Coria-Cáceres; de la redacción de Coria pasó a Salvaleón. Dicha política colonizadora y foral creó tensiones y desató conflictos. Alfonso IX, desde su frecuente refugio compostelano, buscaba el incremento del realengo y también un cierto equilibrio con los grandes dominios jurisdiccionales tanto de la nobleza laica como eclesiástica. Hizo donaciones, permitió compensaciones, pero mantuvo una férrea política de control. Estableció concordias con la iglesia y los obispos de su reino, a la vez que, vigilante de sus límites fronterizos, fue perfilando la política de expansión meridional favoreciendo a las órdenes militares, sobre todo a Alcántara y Santiago. Nuevamente se reunieron los monarcas de Castilla y León (27 de junio de 1209), ahora en Valladolid. El primero renunció a sus derechos sobre Villalpando, Ardón y Rueda; al tiempo que el segundo cedía el señorío de dichas villas a su ex esposa Berenguela y, en su defecto, a sus hijos, primero Fernando y después Sancho. Ambos monarcas convenían en que anualmente se reuniesen cuatro prelados, dos por cada uno de los reinos, para dirimir las cuestiones y querellas de sus ámbitos. Alfonso VIII quería que, al acuerdo, se incorporase el reino de Portugal, regido por Sancho I. Sin embargo, la pronta muerte de este último monarca puso a la Corte portuguesa en conflictos que requirieron la atención de Alfonso IX, defensor de los derechos de su ex mujer Teresa, que el hermano de ésta, Alfonso II, nuevo monarca portugués, pretendía recortar.

 

En la primavera de 1211 el Monarca leonés acudía nuevamente a su refugio de Compostela para la consagración de la catedral de Santiago. La intervención del leonés en los asuntos portugueses, al lado de su hijo el infante Fernando, explica la ausencia de Alfonso IX en las Navas de Tolosa, al lado de las tropas leonesas. El 11 de noviembre de 1212 Alfonso VIII de Castilla, Alfonso IX de León y Alfonso II de Portugal establecían las Treguas de Coimbra, un acuerdo conjunto de mantener la paz entre ellos y emprender la guerra contra los almohades, bajo los auspicios del pontificado, regentado por Inocencio III. El acuerdo establecía un respeto de fronteras y reconocía el derecho de cada reino a emprender la reconquista por su sector fronterizo islámico. La proyección del acuerdo está en la recuperación, en 1213, de Alcaraz, por parte de Castilla, que asedia Baeza. Al tiempo, León llega a Alcántara y comienza a planear la ocupación de Cáceres y Mérida.

 

Entre 1213 y 1214 se produjeron cambios dinásticos preocupantes: falleció el infante Fernando de Castilla, con lo que el infante Enrique, niño, dejaba entrever la debilidad que se cernía sobre el frágil heredero al Trono castellano. Falleció también el infante Fernando de León, hijo de Alfonso IX y Teresa de Portugal, que había sido declarado heredero, dejando una difícil situación en la herencia de las dos infantas sus hermanas, Sancha y Dulce. Murió MuÊammad al-Nāşir, dejando un niño como heredero, lo que desencadenó la definitiva fragilidad almohade. Finalmente acabó sus días Alfonso VIII de Castilla. La personalidad de Berenguela, ex mujer de Alfonso IX, regente de Castilla por su hermano menor Enrique I, madre de los futuros Fernando III y Alfonso de Molina, marcó una impronta decisiva en esta coyuntura.

 

La muerte de Enrique I, en 1217, dio lugar a nuevas discrepancias: Berenguela, respaldada por los concejos de Extremadura y un sector nobiliario significativo, cedió sus derechos a su hijo Fernando. Por contra, el padre de éste, Alfonso IX de León, respaldado por Álvaro Fernández de Lara, reivindicaba sus derechos al trono castellano en virtud del tratado de Sahagún de 1158 entre los hijos de Alfonso VII: Sancho III de Castilla y Fernando II de León habían establecido el acuerdo por el que, si uno de ellos o sus descendientes murieran sin herederos, el superviviente ocuparía el trono vacante. En el verano de 1217 Fernando III accedía al Trono de Castilla, cuyo respaldo concejil y nobiliar era superior. Alfonso IX, contrariado, invadió tierras castellanas y logró de Berenguela y su hijo la devolución de algunos castillos, y, para contrarrestar la influencia castellana, decidió que sus hijas, las infantas Sancha y Dulce, serían sus sucesoras en el Reino de León.

✠ IMAGEN VIII.- “Fernando III, el santo”.




 

Es el momento en que Alfonso IX se replantea nuevamente el avance reconquistador, mientras Berenguela, como regente, solicitaba la tregua al califa Yūsuf II. Firmada la definitiva paz de Toro, entre Castilla y León, en el verano de 1218, el Monarca leonés comenzó a diseñar el corredor expansivo hacia Andalucía, hacia Sevilla: Cáceres, Trujillo, Montánchez, Medellín, Badajoz, que le permitiría afianzar su frontera meridional, siguiendo la Ruta de la Plata, para acabar con el reino de Badajoz. Para ello, estructuró la colaboración con las órdenes militares, sin las cuales sus proyectos no podían ser llevados a cabo. En una asamblea celebrada en Ciudad Rodrigo (16 de julio de 1218), Alfonso IX reunió a las órdenes de Calatrava, Temple, Pereiro-Alcántara y los Hospitalarios de San Juan; ausente estuvo la Orden de Santiago, cuyas relaciones con el Monarca pasaron por frecuentes altibajos a lo largo de todo el reinado.

 

Como monarca cristiano hispánico más fuerte, capaz de enfrentarse a los musulmanes, el Monarca leonés recibió también el apoyo de la Santa Sede: castellanos, cruzados gascones y caballeros de la órdenes militares eran el soporte fundamental de la línea fronteriza, cuando el Monarca leonés iniciaba una fallida conquista de Cáceres, comienzo del largo asedio a que sería sometida la plaza hasta su conquista definitiva.

 

El avance extremeño leonés y el manchego de los castellanos acercaban la línea fronteriza cristiano-islámica hacia el Guadiana-Guadalquivir, dejando ya totalmente consolidada la del Duero-Tajo. Por la paz de Boronal (13 de julio de 1219), León y Portugal interrumpían sus enfrentamientos, al finalizar los excesos de Alfonso II de Portugal contra los estamentos eclesiásticos de su reino. La tregua se firmaba por veinte años y suponía la no alteración fronteriza de la línea del Coa por parte leonesa. El portugués se comprometía a apoyar los derechos sucesorios de las infantas Sancha y Dulce al Trono de León, en un momento en que Berenguela de Castilla acordaba el matrimonio de Fernando III con una princesa de la dinastía Staufen, Beatriz de Suabia.

 

La intensificación de la lucha antiislámica comenzó a darle triunfos a Alfonso IX, que, en 1221, conquistaba Valencia de Alcántara y se decidía a asediar Cáceres en 1222. Se iniciaba la gran etapa ofensiva del Monarca leonés, a la vez que se debilitaba el imperio almohade a la muerte de Yūsuf II (6 de enero de 1224). El momento era aprovechado igualmente desde Castilla, que buscaba su propia expansión con el cerco de Jaén.

 

La política belicista de León no impidió a su Monarca convocar nuevamente Cortes: en Benavente (1228). Poco tiempo después, entre 1227 y 1229, Alfonso IX incorporó definitivamente Cáceres. En 1230 seguirían Badajoz, Montánchez, Mérida y Elvas, y, como había proyectado, dejaba expedito el camino hacia Sevilla. Era el final de un reinado. El papel desempeñado por las Órdenes militares, ejemplar en el caso de los caballeros de Alcántara, había sido decisivo. Durante su vuelta a Compostela, el Monarca leonés moría en Villanueva de Sarria en el otoño de 1230.

 

La sucesión al Trono de León no estaba clara: correspondía a los hijos de Teresa de Portugal y Berenguela de Castilla clarificarla y a ambas ex reinas colaborar en el entendimiento de sus respectivos vástagos. Las ciudades, la Iglesia y la nobleza leonesas también tuvieron un peso específico en ello: de hecho, el apoyo a las infantas Sancha y Dulce pronto se cifró en mucho más débil que el otorgado al Rey castellano, que contó desde el principio con el apoyo de la propia capital del reino, León. Ello explica que finalmente Fernando III, rey de Castilla, hijo de Berenguela, se ciñese también la Corona leonesa un mes después de la muerte de Alfonso IX, a pesar de no haber sido designado como heredero por su padre, que siempre se había inclinado por las infantas hijas de Teresa de Portugal. León y Castilla quedaban unidos definitivamente: había desaparecido el último monarca del Reino de León. Sus restos reposarían en su refugio compostelano. La figura yacente de Alfonso IX de León en su sepulcro del Panteón de la Catedral de Santiago de Compostela nos ofrece la serenidad en el rostro de un monarca que murió cuando tenía cerca de sesenta años.

 

FUENTES:

Gregoria Cavero Domínguez.

Real Academia de la Historia.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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Bibl.: J. González, Alfonso IX, Madrid, Instituto Jerónimo Zurita, 1944, 2 vols.; J. L. Martín, “La afirmación de los Reinos (Siglos XI-XIII)”, en Historia de Castilla y León, t. IV, Valladolid, Ámbito Ediciones, 1985; L. Suárez Fernández y F. Suárez Bilbao, “Historia política del Reino de León (1157-1230)”, en El Reino de León en la Alta Edad Media (1109-1230), León, 1993 (Colección de Fuentes y Estudios de Historia Leonesa, vol. 51), págs. 215-350; C. de Ayala, “Alfonso IX, último monarca del Reino de León”, en C. Álvarez Álvarez (coord.), Reyes de León: Monarcas leoneses del 850 a 1230, León, Universidad de León, 1996, págs. 193-215.



Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval. 

 

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes y hechos históricos.

 

✠  “LAS FUENTES HISTÓRICAS MEDIEVALES CRISTIANAS PARA LA CASTILLA ALTOMEDIEVAL.”




Crónicas.

✠  Crónica arábigo-bizantina del 741.

También llamada Chronica Byzantia-Arabica. Es una breve crónica de autor anónimo que comienza con la noticia de la muerte de Recaredo I en el año 601 y finaliza con el fallecimiento del califa omeya Yazīd II (720-724), la subida al trono de Hisham (724-743), y el anuncio de que Yazīd II ha dispuesto que, a la muerte de Hisham (su hermano), sea designado califa Walīd II (su hijo, 743-744).

Pese a concluir en el año 724, esta obra se fecha tradicionalmente hacia el año 741 (terminus post quem), porque en su cap. 39 incluye la noticia de la ascensión al poder del emperador León III (717-741) y da cuenta de la duración completa del gobierno de éste: “detentó el poder durante 24 años”. De ello se deduce fácilmente que el autor de esta crónica escribía tras la muerte de este emperador, acaecida en 741.

El título de Chronica Byzantia‑Arabica le viene dado en virtud del género al que pertenece, la crónica y de su contenido, pues, después de los primeros 14 capítulos, en los que siguiendo las Historias de los Godos, Vándalos y Suevos de Isidoro de Sevilla, incluye varias noticias sobre el reino visigodo, a partir del reinado de Suintila (621-631), se centra exclusivamente en la historia bizantina y musulmana. José Carlos Martín cree que su autor pudo ser un cristiano de levante convertido al Islam y que probablemente fue escrita originariamente en latín.

Se puede consultar la traducción anotada en http://e-spania.revues.org/329?lang=es#tocto1n2


✠  Crónica Mozárabe del 754.

También denominada Epitome Isidori Pacensis episcopi, Chronicon de Isidoro Pacensis, Anónimo de Córdoba y Continuatio Hispana anni DCCLIV. Es el testimonio histórico más completo y directo del siglo VIII que ha llegado hasta nosotros, lo que la convierte una fuente imprescindible.

Su anónimo autor es un clérigo mozárabe que, según distintas atribuciones, pudo haber vivido en Córdoba, Toledo o Zaragoza. Describe los hechos históricos desde el nacimiento del Islam hasta el año 754, datándolos por la cronología de los emperadores de Bizancio, la hégira, la era hispánica y los años de gobierno de los reyes visigodos y los califas omeyas. Se centra sobre todo primero en el reino visigodo y, posteriormente, en al-Andalus.

Edición utilizada en este sitio web: López Pereira, José Eduardo: Crónica mozárabe de 754. Edición crítica y traducción. Colección Textos Medievales, 58. Zaragoza, 1980.


✠  Crónica Albeldense.

También llamada Epítome ovetense. Se le da este nombre debido a que se ha conservado en un códice del año 976 escrito en el monasterio de Albelda de Iregua (La Rioja). Su autor es anónimo, aunque la mayoría de los estudiosos del texto proponen que sería alguien cercano a la corte real de Oviedo.

Es la primera crónica histórica del reino asturiano, la primera de las llamadas Crónicas Asturianas o del ciclo historiográfico de Alfonso III. Redactada hacia el año 881, tuvo dos ampliaciones, una en el 882 y otra en el 883. Es fundamental para el conocimiento de la historia del reino asturiano. Es la primera crónica en la que aparece el topónimo Castilla en referencia al año 866.

Edición utilizada en este sitio web: Juan Gil Fernández, José L. Moralejo y Juan I. Ruiz de la Peña: Crónicas asturianas, Oviedo, 1985. Texto latino en pp. 151-188. Traducción al castellano en pp. 223-263.


✠  Crónica Profética.

También pertenece al ciclo historiográfico de Alfonso III. Se trata de la segunda en orden cronológico pues está datada el 11 de abril del año 883 y se desconoce su autor. Combina su faceta de crónica con la texto religioso y de propaganda. Ha llegado a nosotros en dos códices: el rotense y en el mismo códice en el que aparece la Crónica Albeldense.

Comienza con una profecía de Ezequiel, continua con la biografía de Mahoma y el dominio musulmán de la península Ibérica y finaliza anunciando el próximo fin de la presencia musulmana para el día de San Martín (11 de noviembre) del 883. Como fuente lo más interesante es un apéndice añadido años después con el título Item nomina regum catolicorum legionensium, un listado de los reyes astures y leones hasta Ramiro II junto con algunos hechos, con cierta preferencia por el territorio riojano.

Edición utilizada en este sitio web: Juan Gil Fernández, José L. Moralejo y Juan I. Ruiz de la Peña: Crónicas asturianas, Oviedo, 1985. Texto latino en pp. 151-188. Traducción al castellano en pp. 223-263. No es una edición al uso sino que se hace referencia a los cambios o novedades que aparecen ella con respecto a la Crónica Albeldense.


✠  Crónica de Alfonso III.

La tercera de las crónicas, de la que también se desconoce su autor, nos ha llegado en dos versiones. La primera versión se llama Rotense, pues se encontró en un códice procedente de Roda de Isábena; la segunda se denomina, desde que así lo hiciera Flórez, Crónica de Sebastián de Salamanca (Crónica ad Sebastianum).

La versión más antigua u original parece ser la Crónica Rotense, con un latín más rústico, de autor anónimo, redactada en fecha poco posterior al año 883, aunque no antes del 884. Esta crónica original sería retocada por un clérigo, perfeccionando el latín y añadiendo y suprimiendo fragmentos, a la vez que ensalzaba a los reyes godos y trataba de exculpar al clero de algunos hechos que aparecían en la versión Rotense. Esta versión aparece precedida de una carta de Alfonso III a un tal Sebastián, del que no se sabe nada, aunque algunos han especulado con que fuera un obispo, coetáneo del rey, que habría regido las diócesis de Ercávica (Cuenca) y Orense. También se llama a esta versión versio regia.

Edición utilizada en este sitio web: Juan Gil Fernández, José L. Moralejo y Juan I. Ruiz de la Peña: Crónicas asturianas, Oviedo, 1985.


✠  Continuación de la Crónica de Alfonso III.

De autor desconocido, continua la crónica anterior con el resto del reinado de Alfonso III y los de García I y Ordoño II, hasta el 924. Ha llegado a nosotros dentro de la Historia Silense. Puede que fuera escrita en un momento indeterminado del siglo X.

Edición utilizada en este sitio web: Justo Pérez de Úrbel, Atilano González Ruiz-Zorilla, Historia Silense, Madrid, 1959, pp. 149-159. No se ha editado de forma separada.


✠  Crónica de Sampiro.

Sampiro es el primer cronista de esta época de nombre conocido. Era notario de los reyes Bermudo II, Alfonso V y Bermudo III y en 1035 fue nombrado obispo de Astorga. El texto fue redactado a principios del siglo XI y relata los hechos de los reinados de Alfonso III a Bermudo II, entre los años 866 y 999.

Se ha conservado refundido en la Historia Silense o Legionense (de forma más fiel), en el Liber Chronicorum del obispo Pelayo de Oviedo y en la Crónica Najerense.

Edición utilizada en este sitio web: Justo Pérez de Úrbel Sampiro. Su crónica y la monarquía leonesa en el siglo X,  Madrid, 1952.


✠  Historia o Crónica Silense o Legionense.

En los últimos años también se denomina Historia legionense. De autoría anónima, posiblemente por un monje que de joven profesó en un monasterio que denomina domus Semenis, que puede que estuviera ubicado en el área leonesa. Durante mucho tiempo se supuso que era un monje de Silos –esa es la razón de su nombre–, pero actualmente se rechaza esa teoría.

La fecha de elaboración se sitúa en el segundo decenio del siglo XII. Sigue fiel mente la Crónica de Alfonso III, y transcribe casi en su totalidad la Continuatio de dicha crónica y la Crónica de Sampiro, añadiendo datos de las campañas de Almanzor.

Edición utilizada en este sitio web: Justo Pérez de Úrbel, Atilano González Ruiz-Zorilla, Historia Silense, Madrid, 1959, pp. 149-159.


✠  Crónica del obispo don Pelayo.

También llamada Chronicon Regum Legionensium. Escrita por el obispo Pelayo de Oviedo y finalizada en algún momento posterior a 1118. La parte más original es la relativa a los reinados de Bermudo II a Alfonso VI, es decir, entre 982 y 1109. Es sobre todo fundamental para el estudio de Fernando I.

Edición utilizada en este sitio web: Benito Sánchez Alonso, Crónica del obispo don Pelayo, Madrid, 1924.


✠  Crónica Najerense.

Otras denominaciones: Crónica leonesa. Posiblemente compuesta por un monje del monasterio de Santa María la Real de Nájera hacia 1160, dedica un apartado al reino astur-leonés y otro expresamente al condado de Castilla.

Edición utilizada en este sitio web: Juan A. Estévez Sola, Crónica najerense, Ed. Akal, 2003.


✠  Liber Regum.

También llamado Libro de las generaciones y linajes de los reyes. Redactado entre 1194 y 12092 en idioma aragonés, es una crónica medieval anónima considerada la más antigua historia general de España escrita en una lengua romance. A la versión en castellano, traducida en torno a 1200, se la denomina Chronicon villarense. Escrito en romance navarro-aragonés, narra la historia desde los romanos hasta Alfonso VIII.

Serrano y Sanz, M.: «Cronicón Villarense: Liber Regum»; B.R.A.E., VI, 1919, pp. 192-220


✠  Chronicon Mundi.

También llamada Crónica Tudense. Escrita por Lucas, obispo de Tuy, el Tudense, terminada en 1236. La obra, escrita en latín, fue un encargo de Berenguela de Castilla en la que se reúnen datos extractados de otras crónicas posteriores a las de San Isidoro. Con ella, el tudense mantiene la idea unitaria de los reinos cristianos en la península, identificando a los pobladores de sus días con los visigodos anteriores a la invasión musulmana de 711.

Edición crítica en latín y castellano de Falque Rey, E: Chronicon Mundi, Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis (CCCM 74), Brepols, 2003.


✠  De rebus Hispaniae o Historia de los hechos de España.

También llamada Historia gótica o gothica. Escrita por Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, acabada en 1243. Ees una historia de la península ibérica escrita en latín por encargo del rey Fernando III el Santo. Consta de nueve libros. Jiménez de Rada empleó por primera vez en la historiografía hispana la ayuda de las fuentes andalusíes y desarrolló una visión de conjunto de todos los territorios peninsulares, tanto los reinos de Aragón, Navarra y Portugal como los de Castilla, León y sus antecesores, los reyes asturianos.

Se ha utilizado la traducción al castellano: Jiménez de Rada, Rodrigo. Historia de los hechos de España. Introducción, traducción, notas e índices de Juan Fernández Valverde, Madrid, Alianza Editorial, 1989.


✠  Estoria de España o Primera Crónica General.

Mandada compilar por Alfonso X el Sabio, escrita entre 1270 y 1290, la Estoria de España, conocida en la edición de Menéndez Pidal como Primera Crónica General, es un libro de carácter histórico que supone la primera historia de España extensa que no era una mera traducción del latín. Su contenido alberga cronológicamente desde los orígenes bíblicos y legendarios de España hasta la inmediata historia de Castilla bajo Fernando III.

La obra no llegó a culminarse en vida del rey Alfonso X. Por ello han llegado hasta nosotros varias redacciones en vida del monarca denominadas comúnmente «versiones alfonsíes», y refundiciones posteriores al siglo XIII llamadas «crónicas alfonsíes». La primera redacción del scriptorium del rey de Castilla fue elaborada entre 1270-1274 y recibe el nombre de Versión primitiva. Bajo la supervisión del propio rey se redactó en Sevilla entre 1282 y 1284 la llamada Versión crítica, algo más sintética.

Ya bajo Sancho IV se elabora, a partir de los materiales del equipo de Alfonso X, la denominada Versión sanchina, terminada en 1289. A ellas se sumarían, en el siglo XIV y siguientes, varias refundiciones derivadas del proyecto del rey Sabio que suelen denominarse «crónicas alfonsíes» entre las que los jalones fundamentales son la Crónica de Castilla (c. 1300), la Traducción gallega (c. 1312)?, la Crónica de 1344 y la Crónica de veinte reyes.

La edición de Menéndez Pidal de 1906, que tituló Primera Crónica General, es en realidad la fusión de dos manuscritos, de los cuales solo uno y la primera parte del otro, corresponden a la labor de Alfonso X. El resto de los materiales del segundo manuscrito que Menéndez Pidal creyó original del escritorio alfonsí, es en realidad un conjunto de refundiciones y continuaciones elaboradas desde los reinados de Sancho IV (1284-1295), hasta Alfonso XI en la primera mitad del siglo XIV.


✠  Crónica de 1344.

La Crónica general de España de 1344 (o Crónica Geral de Espanha de 1344), es una crónica histórica compilada por Pedro Afonso, conde de Barcelos e hijo natural del rey Dionisio I de Portugal. La crónica fue escrita en 1344 y modificada alrededor de 1400. El texto original de 1344 en portugués se perdió, pero el texto refundido de 1400 y las traducciones al español (castellano), de las dos versiones aún existen.


✠  Anales y latercula.

✠  Anales Castellanos Primeros.

También llamados Annales Castellani Antiquiores. Abarcan la historia entre el 618 y el 939, y que pudieron ser redactados hacia el 940. Atendiendo a la historia del reino astur-leonés, tienen un interés especial en la historia de Castilla.

Hemos utilizado la versión más actual publicada en: José Carlos Martín publicada en Los Annales Castellani Antiquiores y Annales Castellani Recientores: edición y traducción anotada, Territorio, sociedad y poder, nº 4, 2009, pp. 203-226. Se pueden también consultar en esta web: Anales Castellanos Primeros.


✠  Anales Castellanos Segundos.

Llamados Annales Castellani Recientores o Anales Complutenses por haber sido encontrados en el archivo de la Universidad de Alcalá de Henares. Abarcan desde el nacimiento de Cristo hasta el 1110.

Hemos utilizados la versión más actual publicada en: José Carlos Martín publicada en Los Annales Castellani Antiquiores y Annales Castellani Recientores: edición y traducción anotada, Territorio, sociedad y poder, nº 4, 2009, pp. 203-226. Se pueden también consultar en esta web: Anales Castellanos Segundos.


✠  Anales Compostelanos.

También llamados Anales Castellanos Terceros. Se encontraron en uno de los Tumbos de la iglesia de Santiago de Compostela. Contienen efemérides datadas referentes a la historia condal castellana.

Edición utilizada: José María Fernández Catón, El llamado Tumbo Colorado y otros códices de la iglesia compostelana. Ensayo de Reconstrucción. Publicado en Archivos Leoneses: revista de estudios y documentación de los Reinos Hispano-Occidentales, ISSN 0004-0630, Nº. 87-88, 1990, págs. 7-292.

Se pueden consultar en esta web: Anales Compostelanos.


✠  Chronicon Laurbanense o Anales de Lorvão.

Breve crónica procedente del monasterio portugués de San Mamede de Lorvão, redactada en el siglo XII, después del año 1118, y que ha llegado a nuestros días en el códice diplomático conocido como Livro dos testamentos de Lorvão (Liber testamentorum coenobii laurbanensis). Escrito en latín, se compone de dos partes bien diferenciadas, escritas por diferentes manos en letra visigótica. La primera contiene una nómina de abades; la segunda un nómina de reyes y seis efemérides. Estos tres reyes pueden ser aquellos que tuvieron jurisdicción propia en Galicia y Portugal en algunos períodos del reino de León: Ramiro II (926-931), Sancho Ordóñez (926-929) y Bermudo II (981-985).

Se pueden consultar esta web: Chronicon Laurbanense.


✠  Chronicum Lusitanum.

El Chronicon Lusitanum o Lusitano (también llamado Chronica Lusitana o Chronica/Chronicon Gothorum) es una crónica histórica enfocada en en los comienzos de la historia de Portugal, desde las primeras migraciones visigodas dentro del Imperio Romano (que las data en el 311), hasta el fin del reinado de Alfonso Enríquez, primer rey de Portugal (1139-1185).

La entradas de la crónica, ordenadas según la era hispánica, van siendo más extensas a medida que corre el tiempo.

El nombre de Chronicon Lusitanum fue otorgado por Enrique Flórez, quien lo editó en su España Sagrada XIV: 415-32, rechazando el nombre original de Gothorum Chronica.

Se puede consultar en esta web las entradas hasta fines del siglo XI: Chronicum Lusitanum.


✠  Chronicon Burgense.

Su nombre deriva de haber sido encontrado en un folio manuscrito, un obituario o calendario del siglo XIII, en el archivo de la catedral de Burgos. Parecen escritos en dicha ciudad y contienen noticias del reino de Castilla y también del reino de Navarra. Abarca desde el nacimiento de Cristo hasta la batalla de las Navas de Tolosa (1212).

Ediciones: Francisco de Berganza, Antigüedades de España, II (Madrid: 1721), 560–62; Enrique Flórez, España Sagrada, XXIII (Madrid: 1767), 307–10; y Manuel Martínez Añíbarro y Rives, Intento de un diccionario biográfico y bibliográfico de autores de la provincia de Burgos (Madrid: 1889), 49–50.


✠  Cronicón romance de Cardeña.

También llamado Chronicon de Cardeña II. Probablemente redactado en el monasterio de San Pedro de Cardeña. Es un laterculum de los reyes godos, astures, leoneses y castellanos hasta la muerte de Alfonso X en 1284. La mención del rey es ampliada con alguna noticia a partir del reinado de Mauregato. Publicado por Enrique Flórez, España Sagrada, XXIII, Madrid, 1767, pp. 376-380.


✠  Memorias antiguas o domésticas de Cardeña.

También llamado Chronicon de Cardeña I. Anales en romance redactados en Cardeña en el año 1327. Publicados por primera vez por Berganza, fueron reeditados por Enrique Flórez, España Sagrada, XXIII, Madrid, 1767, pp. 370-376.
Alcanza hasta 1327.


✠  Anales Toledanos I, II y III.

Son realmente tres anales. El primero abarca hasta 129; el segundo hasta el 1250 y el tercero llega hasta 1303. Los Anales Toledanos I tuvieron como fuente los Anales Castellanos Segundos. 

Edición utilizada: Julio Porres Martín-Cleto: Los Anales Toledanos I y II, Toledo, 1993.


✠  Chronicon perbreve Compostellanum.

Noticias sobre los reinados de Alfonso V, Bermudo III y Fernando I. Ed. A. López Ferreiro, Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, II, Santiago, 1899, p. 225.


✠  Laterculum regum ovetensium.

La obra más antigua de la historiografía astur. Se ha conservado formando parte de varios Anales como el Chronicon Compostellanum, el Chronicon Iriense y los Anales Portugalenses veteres. Elenco de los reyes astures desde Pelayo hasta Alfonso II redactado después del 791.

Ed. David, P. (1947): “Annales Portugalenses Veteres”, en Études historiques sur la Galice et le Portugal du vie au XIIe siécle. Lisboa, L’Institut Français au Portugal, pp. 291-310.


✠  Laterculum legionense.

Relación de reyes astures y leoneses hasta Ordoño III inclusive (954). Ha llegado en el códice del Fuero juzgo de San Isidoro de León que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Edición utilizada en este sitio web: Juan Gil Fernández, José L. Moralejo y Juan I. Ruiz de la Peña: Crónicas asturianas, Oviedo, 1985, p. 100.


✠  Nomina regum catolicorum legionensium.

Relación de reyes asturianos y leoneses hasta Ramiro II inclusive. Se ha conservado en los códices rotense, albeldense y el emilianense. 

Edición utilizada en este sitio web: Juan Gil Fernández, José L. Moralejo y Juan I. Ruiz de la Peña: Crónicas asturianas, Oviedo, 1985, p. 172.


✠  Chronicon Compostellanum.

Relación de reyes asturianos y leoneses hasta Fernando I. Conservado en los mismos códices que la Historia Compostelana.

Última edición en Emma Falque Rey, Chronicum Compostellanum, en Habis 14 (1983), 73-83.


✠  Genealogías Navarras del Códice de Roda.

Encontrados en en el códice Rotense, es la guía más fiable para la historia de los oscuros orígenes del reino de Navarra. Parece ser una recopilación del siglo XI. Incluye textos sobre los reyes de Pamplona, los condes de Aragón, de Pallars, de Gascuña y de Tolosa y de los reyes francos; episcopologios u obituarios de los obispos de Pamplona; la Epístola de Honorio a la milicia de Pamplona; una alabanza a la ciudad de Pamplona (De laude Pampilone); una canción epitalámica con música acerca de la reina Leodegundia Ordóñez, supuesta hija de Ordoño de León, a la que se le supondría casada con un rey pamplonés, quizá García Íñiguez, tras el fallecimiento de su primera mujer Urraca.
Se pueden consultar en: https://www.condadodecastilla.es/cultura-sociedad/fuentes-historicas/genealogias-del-codice-de-roda/

FUENTES:

Javier Iglesia Aparicio.

Condado de Castilla.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval. 

 

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes y hechos históricos.

 

✠  “EL CASTILLO DE MIRAVET, UN REFUGIO TEMPLARIO A ORILLAS DEL RÍO EBRO.”

 

En la margen derecha del río Ebro y a escasos kilómetros antes de que entregue sus caudalosas aguas al mar Mediterráneo, surge la figura imponente del Castillo Templario de Miravet. Su apelativo de Templario tiene su razón de ser, ya que a pesar de su origen islámico, y de mantenerse activo gran parte de la historia, sus enormes muros fueron construidos por los Templarios para poder ocultar sus grandes secretos.

✠ IMAGEN I.- “Castillo de Miravet”.  


 



La corona de Aragón y los Templarios.

La historia del Reino, posteriormente Corona de Aragón, con los caballeros de la Orden del Temple van inexorablemente unidas. En especial desde la muerte de Alfonso I el Batallador (1134), que tras morir  convierte, entre otros, a los templarios en sucesores de los territorios aragoneses. A pesar de que no acabarán por heredarlos, por injerencias de la más alta nobleza, les reportó una posibilidad única de intervenir en la política aragonesa. Desde ese momento serán imprescindibles en la tarea de conquistar y administrar los territorios musulmanes con los que fue agrandado el Reino de Aragón.

Los templarios y Ramón Berenguer IV.

El elegido para sustituir a Alfonso I fue su hermano Ramiro II, este último impuesto por la alta nobleza, estaba más decidido a dedicarse a la vida monástica que ha reinar el joven reino. Por lo que tras casar a su hija de un año de edad, con el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, decide dejar la corona en manos de su nuevo yerno.

La primera decisión del nuevo príncipe fue pactar con las órdenes militares religiosas, entre ellos la Orden del Temple, la polémica herencia de Alfonso I. Los territorios del Reino de Aragón serían hereditarios para la monarquía aragonesa, a cambio los templarios recibirían privilegios y grandes dominios de las nuevas tierras conquistadas. Tras el pacto todo estaba listo para la colaboración entre la monarquía, la alta nobleza y los templarios, para conquistar los territorios musulmanes del este de la Península Ibérica.

Conquista o reconquista, según se mire. Exactamente, no vamos en entrar en discusiones, para unos, en este caso los cristianos reconquista, para los musulmanes de enfrente, conquista.  Lo cierto que en pocos años el reino cristiano reconquistó todos los territorios al norte del rio Ebro, como por ejemplo Tortosa en el año 1148 o Fraga y Lérida de 1149.

Los dos últimos reductos musulmanes que quedaron fueron Siurana, un pequeño enclave situado sobre un peñón a más de 700 metros por encima del nivel de mar, y nuestro protagonista de hoy Miravet. Ambos resistieron hasta 1153 el asedio de las tropas cristianas.

La importancia del Castillo de Miravet.

Tras la conquista, Ramón Berenguer IV concede el territorio a  los templarios, que rápidamente inician la construcción sobre la fortaleza musulmana, de uno de los mejores ejemplos de castillo monasterio románico cisterciense, de la Península Ibérica. Su cometido reforzar las líneas defensivas que los ríos ejercían de forma natural en el Reino de Aragón. Por dicho motivo los reyes cristianos concedieron los templarios, aparte de Miravet, Tortosa también en el río Ebro, Monzón en el río Cinca y Gardeny en el río Segre, estos dos últimos con anterioridad a nuestro protagonista. Tras lo cual, los cuatro formaron una línea defensiva, que además sirvió como punta de lanza para la conquista de los territorios valencianos.

✠ IMAGEN II.- “Ramón Bereguer IV junto a sus esposa Petronila.”





La época de mayor esplendor de Miravet llegará con el rey criado como templario en el castillo de Monzón, Jaime I de Aragón (1213-1276). Durante este periodo, cuando se produjeron las grandes conquistas al sur del río Ebro y en el Mediterráneo, la sede provincial del archivo y el tesoro de la corona de Aragón tuvieron su sede en el Castillo Templario de Miravet.

El trágico asedio del Castillo de Miravet.

Como es conocido Jaques de Moley, el último Maestre de la Orden del Temple, es apresado en París en el año 1307. Mientras el Reino de Aragón bajo las órdenes de Jaime II, si primeramente duda de las terribles acusaciones a las que son sometidos los templarios, posteriormente decide pasar a la acción.

A partir de finales de ese año 1307 comienza la persecución de la Orden, que se hace fuerte en algunas plazas como la de nuestra historia de hoy, donde el asedio duró prácticamente un año, hasta que el 6 de diciembre de 1308 los templarios de Miravet capitulan ante el rey de Aragón, Jaime II. Aunque no todos, ya que seis de ellos entre los cuales se hallaba su comendador Berenguer de Sant Just, deciden proteger en la torre principal del castillo el archivo y el tesoro de la orden, hasta el punto de encontrar allí mismo la muerte el día siguiente.

El castillo de Miravet hoy día.

Nada más llegar te das cuenta de que el Castillo de Miravet es un lugar preparado para resistir largos asedios y batallas. Parapetados tras un enorme muro de piedra de más de 25 metros de altura, que parece surgir de la misma roca de la montaña donde se sitúa, encontramos una serie de elementos construidos por los templarios, para convertir Miravet en su refugio particular.

Plantas inferiores.

El acceso principal al castillo se efectúa por la barbacana, es decir una rampa de acceso fuertemente protegida y construida en ángulo para evitar los ataques directos contra la entrada del castillo. Nada más entrar encontramos una gran terraza distribuida en tres niveles para compensar los desniveles de la montaña, dicha terraza se encuentra totalmente amurallada. En la misma encontramos los restos de varios edificios templarios, como almacenes, corrales, e incluso una caballeriza, posiblemente usada por los templarios como almacén de grano. Este último junto a un huerto y un olivar permitieron el autoabastecimiento del castillo.

✠ IMAGEN III.- “Rampa de acceso al castillo.”





Otra pequeña puerta construida posteriormente nos  da acceso hoy día al interior del castillo. Lo primero que encontraremos será el patio de armas, que a parte de su clásica función como punto de reunión de las tropas, servía como punto de unión de las diversas estancias del castillo.

Las primeras dependencias que encontraremos alrededor del patio de armas fueron destinadas a la manutención de los habitantes de Miravet, estas fueron una cisterna excavada directamente sobre la roca y justo enfrente de la cocina principal. Esta última de gran importancia en la orden de los templarios, que a diferencia de otras órdenes, cuidaba muy bien la alimentación de sus caballeros de armas. La estancia anexa a estas es un gran comedor con una bóveda de cañón apuntada. No podía faltar un granero, una bodega y un almacén para recibir los pagos mediante especies de los ganaderos, agricultores e incluso pescadores de la zona.

✠ IMAGEN IV.- “Cocina del castillo de Miravet.”





✠ IMAGEN V.- “Comedor del castillo de Miravet.”





Planta superior.

En ella, a parte de las dependencias de los habitantes más ilustres del castillo de Miravet, como por ejemplo el Comendador, encontramos la iglesia del recinto. Los templarios debían cumplir con los diferentes rezos diarios, en un espacio decorado muy austeramente. Dicha iglesia era de planta basilical cubierta de bóveda de cañón, desde el ábside donde se encontraba una pequeña sacristía surgía un estrecho pasadizo que comunicaba la iglesia con la torre del tesoro, donde con toda probabilidad fueron derrotados los últimos templarios de Miravet.

✠ IMAGEN VI.- “Iglesia del castillo de Miravet.”





Aunque todavía quedaba una planta por encima, pero era simplemente una gran terraza de observación, se accedía y se accede por una estrecha escalera de caracol, y sus vistas son realmente impresionantes.

Miravet tras los templarios.

Tras la desaparición de la Orden del Temple, los hospitalarios se harán con el castillo de Miravet hasta la llegada de las liberaciones y desamortizaciones del siglo XIX. Desde ese momento comenzará un peregrinaje por las manos diferentes particulares, y no será hasta el año 1990 que recaía su titularidad en la Generalitat de Catalunya, hoy día propietaria del castillo.

Durante este periodo será testigo de escasas renovaciones destinadas a las nuevas guerras con artillería. En efecto será testigo de varias guerras, como la de los Segadores en el siglo XVII, la Sucesión en el siglo XVIII,  las guerras carlistas en el XIX y finalmente la guerra civil española del siglo XX.

FUENTES:

Caminando por la historia.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes y hechos históricos.

 

✠  “GAILLARD, EL CASTILLO EUROPEO INSPIRADO EN EL CRAC DE LOS CABALLEROS”.

 

Hace pocos días abordábamos una historia sobre la Tercera Cruzada, la cual acabó con el enfrentamiento de dos de los caballeros más importantes de la Edad Media, Saladino y Ricardo Corazón de León. El estudio que hoy os presentamos bien pudiera ser una continuación de aquella historia. Solo hace falta recordar la salida de Oriente de Ricardo I, tras no conseguir reconquistar para los cristianos la ciudad Santa de Jerusalén, y ante los problemas que en Europa le estaba causando su principal enemigo, su compañero de cruzada, el Rey de Francia Felipe II

Dos años tardó Ricardo I en regresar a Inglaterra, ya que, a su paso por Austria el rey de aquel país Leopoldo V, mandó que fuese arrestado para acusarlo de la muerte de su primo Conrado de Montferrato. De la prisión impuesta solo pudo salir gracias a la insistencia de su madre, la gran Leonor de Aquitania, tras reunir la suma de dinero requerida por sus carceleros. En la primavera de 1194 estaba de vuelta en Inglaterra y con las miras puesta en su gran rival.

Es preciso analizar el mapa de Francia para conocer la complejidad política del territorio de los francos a finales del siglo XII. A simple vista observamos la amplia relación de condados y ducados en los que el territorio de la actual Francia se hallaba dividida. El color azul, en los alrededores de Paris, era el único territorio propio de la Dinastía Capeto, la heredera de los reyes francos. Pero lo que nos interesa para nuestra historia es la situación del Ducado de Normandía, en aquellos momentos Ricardo Corazón de León era Rey de Inglaterra y Conde de Normandía, un territorio que no estaba dispuesto a perder.

La ventajosa posición de Normandía era un caramelo para Felipe II, dada la necesaria salida al mar para seguir expandiendo los territorios de Francia, el mejor camino el rio Sena. Es allí, precisamente al lado del pequeño pueblo de pescadores de Les Andelys, donde Ricardo I mandó construir el Castillo de Gaillard, para precisamente evitar dicha expansión.

✠ IMAGEN I.- “Francia a finales del siglo XII”.   


 




✠ IMAGEN II.- “Vistas desde el Castillo de Gaillard”.  


 


El castillo fue construido en solo dos años, los comprendidos entre 1195-1197, según algunos cálculos le pudo costar a la Corona Inglesa la nada despreciable cifra de 20.000 libras. Al no existir ningún tipo de documentación de la construcción se especula que pudo estar dirigida por el propio Ricardo Corazón de León, amparado en su visita a los diferentes castillos cruzados de Siria, entre ellos al célebre Crac de los Caballeros.

✠ IMAGEN III.- “El castillo de Gaillard en la actualidad”. 


   


✠ IMAGEN IV.- “Interesante imagen del Castillo de Gaillard en el año 1900”.    





Como aquel, contaba con anillos defensivos concéntricos, en este caso tres. En el interior se construyó la gran torre principal, para dar cobijo a la residencia real. Alrededor de la misma, se ubicaron las principales edificaciones para el mantenimiento de la tropa, véase, caballerizas, talleres, o almacenes, todo ello con el fin de resistir largos asedios. La muralla exterior era festoneada, en forma de pentágono y con cinco torres defensivas, en ellas se usó por primera vez un sistema importado de Siria, los matacanes, una especie de voladura desde la cual se podía arrojar los proyectiles de forma vertical, a los que intentaba escalar la muralla defensiva.

✠ IMAGEN V.- “Ejemplo de matacanes en el castillo de Caen”. 


  



El castillo era la instalación defensiva principal del rio, pero no la única, al otro lado del meandro se encontraba otra pequeña fortificación y entre ambas un entramado de cadenas que podían ser elevadas al paso de los barcos para impedir su avance. 

Muerte de Ricardo I y pérdida del Castillo de Gaillard.

Poco tiempo debió pasar Ricardo Corazón de León en el Castillo de Gaillard. En la primavera de 1199 dio muestras una vez más de su culo inquieto y firme propósito de pasarse la vida de guerra en guerra. El vizconde de Lemosín (actual Limoges), un tal Aimar V se hace fuerte en el castillo de Châlus Chabrol, por lo que Ricardo decide ir, para proteger el patrimonio de su madre Leonor en el Ducado de Aquitania. El asedio según todos los indicios parecía fácil, las fuerzas del vizconde eran pocas, pero el rey inglés no tomó las precauciones necesarias. Una de las noches, junto a su séquito, salió a comprobar los progresos del asedio sin su malla de cota habitual, con la mala fortuna que una flecha fue a parar en su desprotegido hombro. Una herida habitual en las guerras medievales, pero que ocasionó una gran infección a nuestro protagonista que murió unos días después

✠ IMAGEN VI.- “Ricardo Corazón de León en la Abadía de Fontevrault”.


    



El problema sucesorio de Ricardo I acabará pasando factura al Reino de Inglaterra, Arturo I de Bretaña había sido elegido por el propio Ricardo como su sucesor, pero durante la ausencia de este último en el periodo final de la Tercera Cruzada, el conde bretón había acercado posturas hacia el rey de Francia. Por lo que con el apoyo de su madre Leonor de Aquitania, Juan I era coronado rey de Inglaterra, uno de sus primeros cometidos eliminar la competencia. A ciencia cierta se desconoce los motivos de la muerte de Arturo I, pero la mano de Juan siempre ha revoloteado sobre esta.

Lo cierto es que el heredero inglés, Juan sin Tierra, pronto haría bueno su sobrenombre. La muerte de Ricardo y las disputas sucesorias, fueron aprovechadas por Enrique II para tomar posiciones en Normandía, este último además contó con la ayuda de nobles bretones y normandos poco dispuestos a confiar, tras los sucesos con Arturo I, en el rey inglés. En el verano de 1204 tras un largo asedio y la imposibilidad de Juan I de llegar a la defensa del Castillo de Gaillard, este caía en manos del rey Capeto.

Ocho siglos después de la construcción.

Recordemos que empezábamos comparando el Castillo de Gaillard con el Castillo del Crac de los Caballeros. Dicho esto, es evidente que hoy día no conocemos, tras la guerra de Siria, el estado del Crac de los Caballeros, pero antes de esta última guerra este pasaba por ser el mejor conservado del mundo, hecho que no es extrapolable a nuestro protagonista de hoy.

El Castillo de Gaillard fue espectador desde primera línea de la Guerra de los Cien años, en la que pasó de manos francesas a inglesas en numerosas ocasiones, por lo que sus destrucciones y reconstrucciones le llevaron a un deterioro continuado. En el año 1599, es decir un siglo y medio después de dicha guerra, el rey francés Enrique IV, mandó su destrucción debido al alto coste de sus reparaciones.

FUENTES:

José Mari.

Caminando por la historia..

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes y hechos históricos.


✠  “JAIME I EL CONQUISTADOR, ASÍ SE GESTÓ EL REY TEMPLARIO.”.

 

Hoy nos encontramos ante la historia de unos de los reyes más importantes de la Corona de Aragón. Podemos decir que además fue uno de los más conocidos, tanto por ser el más longevo en el cargo, con más de 60 años en el mismo, como uno de los mayores conquistadores entre los reyes aragoneses. A pesar de lo cual su valoración histórica se reparte entre los que le culpan de la extraña línea fronteriza que hoy separa las comunidades de Cataluña y Aragón, y los que le alaban como el fundador de los reinos cristianos de Valencia y Mallorca.

✠ IMAGEN I.- “Jaime I el conquistador”.  


  


 

El extraño engaño que propició el nacimiento de Jaime I.

La historia de nuestro personaje comienza en la primavera del año 1207, con el rey Pedro II camino del Castillo de Miraval situado en la Occitania, durante el periodo que esta perteneció a la Corona de Aragón. El motivo del viaje encontrase con alguna de las doncellas occitanas, con las cuales solía tener encuentros amorosos, debido a su nula convivencia con la reina María de Montpelier. Pero la trampa está servida por la nobleza, sobre el lecho se encontraba la reina, la necesidad de un heredero de la Casa de Aragón bien valía la treta. Según la tradición el rey cayó en el engaño, y nueve meses después en Montpelier nacía un niño muy rubio y con ojos claros.

✠ IMAGEN II.- “Inocencio III, y los cruzados contra los cátaros.”.


    


 

La elección del nombre del recién nacido corrió a cargo de un extraño juego. La reina mandó hacer doce grandes lirios, a los cuales bautizó con los nombre de los doce apóstoles, luego mandó prenderlos al unisono, con la promesa de poner al niño el nombre del que tardará más tiempo en consumirse. De esta manera fue bautizado en Montpelier con el nombre de Jaime, por el apóstol Santiago.

 

Jaime I rey a los cinco años.

Pero Pedro II no pareció que perdonara muy fácilmente el engaño. A los cuatro años el joven Jaime fue entregado al noble occitano Simon de Monfort, el motivo a simple vista pareció ser doble, por un lado casarse con la hija de este y por otro alejarlo de la reina. Lo cierto es que las relaciones entre el rey Pedro II y el noble occitano no pasaban por un buen momento, el llamamiento del Papa Inocencio III a la cruzada albigense enfrentaba las aspiraciones de ambos.

Por un lado Simon de Monfort debía defender los intereses católicos del Papa frente a los herejes cátaros, por otro el rey Pedro, aunque declarado católico debía temer perder el apoyo de los cátaros, verdaderos aliados de la Corona de Aragón, frente al poder central de los Capeto franceses. Sin duda estos pretendían usar la cruzada para arrebatar a los aragoneses el reino occitano.

 

Además de la consabida guerra, el año 1213 será nefasto para el joven heredero Jaime. La primera noticia e inesperada llegaba de Roma, María de Montperlier moría en la ciudad Papal, donde había acudido para pedir ayuda al Papa ante los desmanes de Pedro II. Pero no quedaría ahí la cosa, unos meses después el conflicto albigense tiene uno de los episodios más cruentos con la Batalla de Muret. En ella fallecía Pedro II luchando prácticamente en solitario contra los ejércitos cruzados dirigidos por Simon de Monfort, el encargado de custodiar al futuro rey de Aragón, menudo situación tan contradictoria.

 

Tras la muerte de Pedro II, el único heredero consanguíneo de la Corona de Aragón, un niño de cinco años, se hallaba custodiado por un potencial enemigo. La nobleza aragonesa no podía consentirlo así que una delegación encabezada por Nuño Sánchez se dirige Roma. Un inciso para presentar a este noble, auténtica mano derecha del rey Pedro II, especialmente tras su participación en la Batalla de Navas de Tolosa, tras la que fue nombrado señor de la Cerdaña y el Rosellón, dos de los condados catalanes bajo el paraguas de la Corona de Aragón.

 

Las prerrogativas de Nuño Sánchez al Papa Inocencio III tuvieron un efecto positivo. Este último ejerciendo como cabeza visible del cristianismo hizo llegar la orden a Simon de Monfort de la entrega del heredero a la nobleza aragonesa. De tal forma que a principios del verano de 1214, Jaime partía hacia un nuevo destino para seguir formándose como rey de Aragón. Su siguiente instructor sería un compañero de su padre en la derrota de Muret, el maestre de la Orden del Temple Guillem de Montredon, su destino el Castillo de Monzón, donde pasaría los siguientes tres años.

✠ IMAGEN III.- Castillo de Monzón. 




 

La coronación de Jaime I.

El camino hacía Aragón de nuestro protagonista no fue hecho en solitario, junto a él viajaba Ramón Berenguer, su primo, algunos años mayor que Jaime I y que actuaría dentro del castillo como su protector. Sin duda el paso de ambos por Monzón está repleto de incógnitas, lo que debía ser un lugar de aprendizaje, fue visto por ambos y por sus allegados como una especie de cárcel, o al menos es lo que se deduce de las memorias escritas por Jaime I. En las cuales describe su salida del Castillo de Monzón con un lacónico “no podían tenernos encerrados más tiempo”. Lo dicho, una incógnita y más tras ver como se acabará convirtiendo en uno de los reyes aragoneses más prolíferos en cuanto a conquistas, de la mano de sus supuestos raptores los Templarios de Aragón.

✠ IMAGEN IV.- “Las conquistas de la Corona de Aragón en el mediterráneo.”.  


  


 

Por otro lado destacar que el camino al Castillo de Monzón no fue realizado de forma directa. El clima de preguerra entre las diferentes facciones nobiliarias hizo que los nobles más afines al joven príncipe prepararan las denominadas “primeras cortes Catalano-aragonesas”. Estas se celebraron en el castillo de la Suda en la ciudad de Lérida, a pesar de que se suelen considerar las primeras, gran parte de la historiografía duda de esta afirmación. El motivo la gran preparación con la que contaban dichas cortes, a las mismas asistieron gran parte del clero, encabezado por arzobispos, obispos o los principales abades, los más destacados nobles y al menos diez jueces que debían atestiguar lo que allí se firmara.

De esta forma y en los brazos del arzobispo de Tarragona, Aspargo, entró el joven Jaime en el palacio de la Suda, donde se convirtió en Jaime I. Mientras Nuño Sánchez uno de sus protectores quedaba como regente del reino, el nuevo rey partía hacia Monzón para convertirse en un rey a la usanza de los templarios.

La salida del Castillo de Monzón.

El primero en ser “liberado” de Monzón fue Ramón Berenguer, tras un supuesto pacto con los templarios fue rescatado una noche y conducido al puerto marítimo de Salou, donde embarcó camino de la Provenza.

Por lo que respecta al rey Jaime I de Aragón fue rescatado unos días después por una serie de nobles contrarios a Nuño Sánchez, este último parecía estar disconforme con la salida del joven rey de Monzón, era evidente su futura pérdida de influencia.

Pese a estas discrepancias, dos días después de salir del Castillo de Monzón, el rey Jaime I hacia su entrada en Zaragoza, bajo las muestras de júbilo de sus ciudadanos. Acompañado por Rodrigo de Lizana, o Pedro Fernández entre otros, y ataviado con su primera cota de malla prestada. Tenía nueve años y todavía tuvo que esperar uno más, para que de nuevo en las Cortes de Lérida fuera declarado mayor de edad el 2 de septiembre de 1218.

De esta forma se ponía marcha uno de los reinados más fructíferos de la Corona de Aragón. Jaime I tuvo dos esposas, cinco hijas y cuatro hijos, dos de ellos llegaron a convertirse en reyes, como Pedro III y Jaime II. Pero además y junto a sus socios templarios y tras neutralizar las diferentes revueltas de la nobleza, conquistó las Islas Baleares, Valencia y por último Murcia, esta última perdida previamente por los castellanos. Jaime I, el rey Templario murió en el año 1276.

Por último os invito a conocer una de las mejores biografías de Jaime I




FUENTES:

Jose Mari.

Caminando por la historia.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.


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✠  “EL CASTILLO TEMPLARIO DE MONZÓN”.

 

Cuando el papa Clemente V cedió en la cuestión templaria ante Felipe IV de Francia, conocido como El Hermoso, la Orden Militar tuvo sus días contados. Tras las primeras detenciones en el país galo, se extrajeron confesiones bajo tortura. Así, el pontífice decretó que se arrestara a los templarios en toda Europa. Durante el 1308, Jaime II de Aragón fue tomando poco a poco las fortalezas del Temple de su reino. Lo hizo a regañadientes y dio un buen trato a los cautivos. Sin embargo, el castillo de Monzón no se rindió. La plaza fuerte oscense, la última aragonesa en caer, cayó el mayo de 1309.

Un castillo de origen árabe.

Mucho antes de que se diera la heroica resistencia del castillo de Monzón, este fue parte de una plaza árabe. Se desarrolló en los siglos IX y X. Primero en época Omeya y luego como punto de interés de varias Taifas, como las de Huesca y Zaragoza. A esta última fue a la que más atada estuvo. La fortaleza medieval apenas conserva elementos originales. El principal es la llamada Torre del Homenaje. Dominando el antiguo Monzón, se sitúa en el centro del sur del recinto, donde aguardan la mayoría de atractivos.

✠ IMAGEN I.- “Castillo templario de Monzón”.    




La estructura guarda relación con ciertas torres árabes cercanas, como la del Trovador en La Aljafería de Zaragoza. Tiene una planta perfectamente cuadrada, cada lado con 10 metros de extensión. Actualmente luce más chata de lo que era en el medievo. Las reformas modernas la recortaron para evitar convertirla en un blanco fácil para la artillería. Sea como fuere, durante toda la historia ha sido el centro neurálgico del lugar.

En el siglo XI pasó a manos cristianas por primera vez. Fue Sancho Ramírez, rey de Aragón y Pamplona al tiempo, quién la tomó junto a su hijo, el futuro Pedro I. Esto suponía un golpe en la mesa del pequeño reino, que vivía una etapa de expansión. El río Cinca, que controla en buena parte Monzón, fue un frente de batalla clave. El intercambio de manos fue habitual, con dos periodos de dominio musulmán confirmados. El primero fue de 1126 a 1130 y el segundo entre 1136 y 1141.
✠ IMAGEN II.- “Sancho Ramírez, rey de Aragón y Pamplona”. 


   




✠ IMAGEN III.- “Sala capitular y Torre del Homenaje”.    




La gran fortaleza templaria de Monzón.

Alfonso I El Batallador asentó las bases para el futuro del castillo de Monzón. El monarca dedicó su vida a guerrear y legó su reino a las Órdenes Militares. Esta intención no se hizo efectiva, pero sí consolidó la relación entre aragoneses y monjes-guerreros. Tras la tercera conquista de la fortaleza, Ramiro II decidió asegurar la situación y la cedió a los caballeros templarios.

Antes de esto el lugar había tenido diversos añadidos de los que apenas quedan registro. Por ejemplo, se levantó una iglesia en el segmento sueste de la colina en que se sitúa el edificio. Fuera de las murallas, estaba dedicada a San Juan. Se descubrió gracias a trabajos arqueológicos en el año 2000 y apenas quedan restos de los cimientos. Sin embargo, la inestabilidad impidió que el edificio terminara de conformarse.

El año en que los templarios se hicieron con el control fue 1143. Fueron ellos quienes elevaron una mezcla de fortaleza y convento, siguiendo los preceptos cistercienses de su Orden. Fruto de ello surgieron la mayoría de los espacios visitables hoy día. Por ejemplo, la sala capitular, una mole sin apenas decoración exterior que alcanza los 35 metros de largo. Bajo la misma se construyó un aljibe, bien protegido. En el extremo sur del complejo se elevó una torre dormitorio para los hermanos del Temple.

Cerca del anterior hito se sitúa la Torre de Jaime I. En el siglo XII, cuando se construyó, su función era la de calabozo. El castillo templario ya había tenido ese fin durante su época árabe y la mantendría en el futuro. No obstante, el nombre no viene de una reclusión, sino del hecho de que fuera el alojamiento de un rey-niño. El joven Jaime I, que acabaría siendo apodado El Conquistador, fue educado por los Templarios de Monzón entre agosto de 1214 y junio de 1217. Su tutor fue el Maestre de Aragón, Guillem de Montredon, fiel consejero del monarca durante toda su vida.

✠ IMAGEN IV.- “En primer plano Torre de Jaime I a la derecha y torreón de dormitorios a la izquierda”.  


  



También obra templaria es la iglesia de San Nicolás, marcial y de aspecto rectilíneo. Como el resto del lugar, entremezcla tanto románico final como gótico inicial. Su ábside semihexagonal es especialmente llamativo. De esta forma, servía tanto a la defensa como al culto. El conjunto, completado con enormes murallas y un acceso muy fortificado, hizo del castillo de Monzón inexpugnable. Durante esta época, la ciudad albergó varias veces las Cortes de Aragón, en la catedral local. Una muestra de su importancia.

El último castillo del Temple en Aragón.

Cómo se ha dicho al principio, el destino de esta fortaleza fue similar a las del resto de enclaves templarios aragoneses. Mientras que Peñíscola, Miravet o Tortosa cayeron durante el 1308, Monzón resistió hasta la primavera del año siguiente. Por ello es uno de los puntos más épicos asociados a la Orden del Temple en el norte de España. El ejército de Jaime II no pudo arrebatar el control mediante la acción directa. Por ello, planteó un exitosos cerco.

En contra de la creencia popular, los estudios más recientes no apuntan a un final aciago para los templarios aragoneses. Clemente V dejó a cada reino decidir qué hacer con los caballeros apresados y sus sirvientes. Tales acciones se interpretaron como cierto arrepentimiento por dejar vendida a la orden frente a Felipe IV de Francia.

Tras un breve periodo, el castillo de Monzón se dejó en manos de los Hospitalarios, los caballeros de San Juan, Orden a ña que se unieron numerosos caballeros templarios que fueron muy bien acogidos. El desplazamiento de la frontera al sur y la falta de conflictos hizo que durante los siglos XIV, XV y XVI pasara a un segundo plano. En este último se adaptó la sala capitular para que sirviera como cuartel. Sin embargo, no se adaptó en exceso sus características a las nuevas formas de guerra.

Una fortaleza moderna para Monzón.

Durante su historia el castillo de Monzón no dejó de lado su carácter militar. Durante la Guerra de los Segadores, en 1642, cayó en poder de Francia. Un año tardó en regresar a manos de Felipe IV de España. Este episodio dejó claro que su valor estratégico seguía siendo relativamente importante, al dominar el Cinca junto a lugares como Barbastro. Las mejoras que la convertirían en una fortaleza moderna se dieron a partir de entonces.

No obstante, fue durante la Guerra de Sucesión cuando la transformación fue más acusada. Pasó por manos austracistas y borbónicas. Bajo la bandera de Felipe V, en torno a 1710, se levantaron bastiones, se engordaron los muros para hacerlos resistentes a los cañones y se reforzó la triple puerta de acceso. Una escalera en zigzag dificultaba la tarea de posibles asaltantes. Asimismo, la Torre del Homenaje se recortó, como se ha comentado. Su aspecto final se había alcanzado.

✠ IMAGEN V.- “Baluarte frontal del Castillo de Monzón desde la rampa”.    





De nuevo poderosa, su guarnición no fue capaz de aguantar el embate del Mariscal Suchet durante la conquista napoleónica. Años después, el General Copons puso cerco al castillo de Monzón en 1813. Los franceses se plantaron y la resistencia fue numantina. Contestaron a la excavación de túneles por parte de españoles realizando los suyos. Una guerra de topos que evitó la voladura de la muralla.

Durante el febrero de 1814 la suerte cambió. Las intrigas de Juan Van Halen, militar conocido por haber militado en diversos ejércitos sin ser acusado de traición, hicieron caer a los franceses. Sin mediar sangre, una serie de documentos del afrancesado que había servido a José Bonaparte hicieron que se abandonaran las plazas de Monzón, Lleida y Mequinenza. Hasta finales de este siglo XIX pasó a ser un cuartel de artillería.

De bastión a Monumento.

Ya en el XIX, en sus últimos años, se acometieron diversas reformas en el castillo de Monzón. Volvió a tener un servicio asociado a lo bélico durante la Guerra Civil. Entonces, las caballerizas, excavadas en la roca de la montaña, fueron refugios antiaéreos. El Cinca fue uno de las fronteras claves entre golpistas y las eclécticas fuerzas republicanas. Una vez superado el conflicto, en 1941, fue declarado Monumento Nacional.

En 1997 nuevas obras asentaron la propia montaña, así como casas de alrededor de estas y partes del mismo castillo. El nuevo siglo conllevó interesantes añadidos para la fortaleza. Por ejemplo, en el 2000 se destaparon los restos de la iglesia de San Juan extramuros. También logró ostentar el título de Bien de Interés Cultural y sufrió una efectiva musealización en la primera década del siglo XXI. Además, es parte indispensable de la celebración del Homenaje a Guillem de Montredon, que recuerda hechos históricos relacionados con los templarios y el tutor de Jaime I

FUENTES:

España fascinante.

Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval.

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Pinceladas de historia de vuestra Praeceptoría Nacional del Priorato Templario de San Bernardo de Claraval. 

 

✠  Estudios y Análisis Históricos. 

 

✠  Efemérides, personajes y hechos históricos.

 

✠  “MULIERES TEMPLI”. COFRADESAS (CONSORORES), Y DONADAS DEL TEMPLE EN EL REINO DE NAVARRA (SIGLO XII).


  • INTRODUCCIÓN.

Una de las manifestaciones de espiritualidad y devoción religiosa inherente a la irrupción de los templarios en territorio hispánico, fue la fundación, en el primer tercio del siglo XII, de una cofradía de la milicia del Temple (“confratria Militum Templi”). Hasta el surgimiento de las Encomiendas locales como foco de atracción de fieles, el enclave fronterizo de Novillas (Zaragoza), fue el centro comendaticio que prestó cobertura espiritual a este grupo de asociados laicos. Pese al predominio masculino de sus integrantes procedentes del estamento nobiliario, las mujeres consiguieron integrarse en la órbita de una orden militar, cuya regla primitiva no contemplaba la presencia femenina en los establecimientos templarios. Ello dio lugar a diversas categorías de vinculación laical y al desarrollo de formas de vida semi religiosa que en ciertos casos podrían apuntar a la residencia en dependencias conventuales. Este estudio pretende analizar la integración laica en el Temple de un conjunto de mujeres de la aristocracia pamplonesa dentro del periodo inicial de propagación de los ideales de la milicia en territorio pamplonés y en el valle medio del Ebro. Aunque la modalidad de integración templaria está representada por el grupo de las cofradesas (consorores), nomenclatura con la que son denominados sus primeros asociados, algunas de sus integrantes manifiestan unas prácticas devocionales y comportamientos caritativos distintos, constituyendo la elección de sepultura un rasgo diferencial. Dentro de este colectivo femenino sobresalen dos significativos casos antagónicos, uno cuya interacción derivó en conflictividad con la orden, mientras que otro debió culminar en retiro monástico.





2. BREVE ESTADO